Contemplando los paisajes de Saiva

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Por: Hyacintho Sol

En Saiva resuena la Suecia boreal. Su música bosqueja la melancolía de esos parajes indómitos, de esos bosques y riachuelos enmarañados, escoltados por la tibia aurora y los astros crepusculares. Es la tierra de nadie, donde cada estación impone su rigor y todo lugareño padece la feroz desolación. Su música nos remite a un mundo señero para el que la civilización no es otra cosa que una remota anécdota. De modo que, para adentrarnos en Saiva, tenemos que batir el soto, allí donde el misterio y la magia aguardan; ¿qué son esos frondosos bosques que repetidamente ilustran sus portadas, si no una declaración de intenciones?

Al escuchar el Finnmarkens Folk (2013), su primer trabajo, circunscrito a dos temas, fue imposible no reconocer algunas ideas del primer Lönndom. Era la rúbrica de Andreas Petterson: esa atmósfera tan rústica como sugestiva. Resulta interesante cómo dicho carácter sonoro revela de hecho un origen geográfico: en ninguna otra parte de Escandinavia se hace una música así. Pues la lejana Norrland, más yerma cuanto más cerca del ártico, no solo ha dejado su impronta en esta música, también ha sabido manifestarse en otros proyectos de la profunda Suecia. Hay una sonoridad común que distingue a las bandas de estos parajes. El black metal de aquí es otra escuela porque justamente proviene de una ética distinta, una concebida en el aislamiento —y en el caso de Saiva, surgida también de una singular convicción folclórica— que responde con dilección a su circunstancia, a su lugar y sus tiempos, en definitiva, al aura que Petterson y otros músicos de la zona respiran.

He seguido con interés la carrera de este músico desde sus años en Armagedda. Su arrojo para crear un arte de genuino arraigo no solo le condujo a emprender varios proyectos musicales, también le convenció de la difícil tarea de organizar, prácticamente desde la nada —y en la nada—, su propio sello discográfico: Nordvis Produktion (2005), cuyo centro de operaciones yace en la espesura lapona, territorio de renos y del misterioso pueblo saami. Desde entonces ha impulsado el trabajo de artistas de muy distintas vertientes, pero con quienes comparte ciertos ideales folclóricos y estéticos. De suerte que Saiva es parte de una ambición creativa mayor, permanentemente estimulada por la audaz renuncia de este hijo del norte a las comodidades de la vida urbana. Alguna vez, preguntado por la posibilidad de retomar Armagedda, fue tajante: «(…) la única manera sería que me encerraras en un apartamento en una gran ciudad y tirases la llave».[1]

El sencillo Sjiedvárre (2015) fue otro paso en la consecución de un sonido distintivo. El carácter de esta canción descuella del contraste permanente entre formas. Me refiero a esos arpegios introductorios que evocan otra realidad, que es también otra experiencia del tiempo: muy lejos de la civilización, las horas pasan con un sosiego enervante. El apaciguado ritmo de la batería contrasta con la agresividad contenida de las guitarras; ese choque narrativo entre el coro —cuya tesitura me atrevería a ubicar, a riesgo de equivocarme, en el barítono— y la desgarradora declamación de Petterson, que es también el contraste de la guitarra tremulante con ese esporádico solo, que finalmente se diluye con la canción misma.

En el otoño de 2017, finalmente salió a la luz su más reciente trabajo y primer álbum, Markerna bortom. Pero antes de referirme a este trabajo, debo advertir que, al estar escrito en sueco, así como en el aún más inaccesible finlandés (Mykät loitsut), ignoro sus temáticas concretas, lo que me resulta desafortunado, pues siempre he preferido trabajar sobre la base de reconocer el sentido de las canciones. De suerte que debí conformarme con la pura narración musical que, sin embargo, también ofrece elementos para descubrir. Evidentemente, soy incapaz de tratar esta música con la suficiente sobriedad.

El modo en que Markerna bortom inicia es fascinante, con esa melodía acústica en Lávket, que remite en el acto al Till Trevaren (2012) de Lönndom. La solemnidad de la recitación con que Petterson finaliza esta pieza se mantendrá, de diferentes formas, a lo largo del álbum. Es imposible no percibir en esos arpegios recurrentes el misticismo salvaje del paisaje, o el saber esotérico en esas palabras declamadas con brío. Cabe resaltar que músicos cercanos a Nordvis, fungen como artistas invitados. Reconozco el trabajo vocal de Erik Gärdefors en Där vindar vände y de J. Kaarna Kettunen en Mykät loitsut (por cierto, brillante pieza).

En este álbum, Petterson prescinde de la distorsión tremulante que caracterizó a sus anteriores trabajos. Es más acústico, más meditativo, incluso más cercano al ocultismo rockero de LIK. Aquellos tarareos chamanísticos que escuchamos en Sjiedvárre, aquí adquieren mayor relevancia, acentuando una atmósfera, descubriendo el crudo aislamiento de este mundo al oyente. Sus canciones suelen terminar sin prisas, se toman su tiempo, como los solsticios, pero de algún modo, el desolador trecho que pareciesen estar recorriendo, las trasciende, como si el mismo paisaje estuviera siendo evocado desde diferentes ángulos, desde diferentes canciones. El trabajo de teclados fue indispensable para tejer este entramado atmosférico a lo largo de esta obra devenida en un misterioso viaje de descubrimiento y autodescubrimiento; sus cerca de cincuenta minutos de duración transcurren sin siquiera notarlo, de suerte que Markerna debe ser escuchado sin prisas, con la debida parsimonia taciturna que nos exige su música.

Saiva es una reflexión desde el aislamiento, que permite al oyente entrar en comunión con el mundo del artista y con su estado de ánimo. Para lograr esto, Petterson tuvo que abjurar de los convencionalismos del black metal, manteniendo, no obstante, la herencia sonora y espiritual de Lönndom. De hecho, en este álbum reconozco un parentesco directo con el Fälen från norr (2007), me refiero a que comparten una misma aura chamanística y una misma sensación de travesía por un mundo desolador que rebosa de misterios y significados.

[1] Entrevista de Niklas Göransson (junio 2017) para Bardo Methodölogy. http://www.bardomethodology.com/articles/2017/06/28/nordvis-armagedda-interview/

Fabricando el elixir de los dioses. Entrevista a Pedro Reinoso

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Por: Hyacintho Sol

 «Nueve cantos supremos me enseñó el bello hijo

de Bölthur, padre de Bestla,

y un trago bebí del precioso hidromiel,

derramado en Ódrerir.»

Hávamál

Incursionar en lo artesanal es rebelarse contra una forma de hacer las cosas. Esta subversión de lo genérico y estandarizado de hecho impulsa algunas subculturas del hazlo tú mismo, que se inventan a sí mismas sobre la magia de un pasado imaginado. Toda una ética de la fabricación con la que simpatiza Pedro Reinoso, un ingeniero químico de la Universidad de los Andes que, a partir de su pasatiempo universitario predilecto, la preparación de hidromiel artesanal, se embarcó en una ambiciosa empresa: surgir con un producto de calidad en un mercado como el colombiano, dominado por licores de muy distintos orígenes. Sus estudios profesionales ciertamente son la piedra angular de la elaboración de un hidromiel de atributos distintivos, que busca mantener su espíritu artesanal, pero empleando técnicas más sofisticadas. Atrás quedó la inspiración mitológica y musical que dio origen a esta aventura, ahora el reto es perfeccionar y dar más identidad a un producto que busca abrirse espacio en un mercado difícil.

¡Pedro nos cuenta más!

Singular posicionamiento de marca. El Robo de Vigdri junto al busto de José María Espinosa, en la universidad que vio nacer esta idea.

¿Cuál es el origen de El Robo de Vigdri?

El Robo de Vigdri comenzó como un proyecto con un amigo, por ahí en el 2013, debido a que nuestros intereses en el metal congeniaban; en el viking metal y toda la mitología nórdica. Entonces descubrimos que existía un trago que se llama hidromiel, que era lo que tomaban los dioses del Asgard. Y nos interesó mucho. Entonces, nosotros estudiando ingeniería química, vimos un proyecto bastante interesante, y nos dio por comenzar: comprar la miel…

Desde el momento en que inició hasta la actualidad, imaginamos que hubo un proceso en el desarrollo de la receta. ¿Cómo fue ese proceso?

Proceso: ensayo y error. Pues, al fin y al cabo, comencé investigando mucho en internet recetas caseras, porque, muy poca información se encuentra con respecto al tema de (la elaboración de productos de) bastante calidad —en internet más que todo. Hasta que encontré lo mejor que utilicé para definir mi receta: fue un libro (The Compleat Meadmaker), de un autor que se llama Ken Schramm, el cual habla sobre el hidromiel. Muestra recetas, dice formas de cómo encontrar sus propias recetas, y este tipo de cosas. Seguí intentado, ensayo y error, ensayo y error. Ya (cuando) tuve un producto establecido, decía: «a la gente le gusta, a algunos sí, a algunos no, entonces voy a comenzar a dejarme llevar por lo que me digan algunas personas, para que le guste a un global». He estado tratando de perfeccionarlo en los últimos lotes que he estado haciendo.

El hidromiel básicamente se conforma de tres ingredientes: agua, miel y una levadura. Obviamente el producto más importante es la miel, entonces, para esos efectos, ¿cuáles son los criterios que utiliza para seleccionar la miel? ¿Hay alguna miel especial que esté utilizando en el producto que actualmente tiene?

Eso es bastante complicado porque ninguna miel es igual a otra. Pues las abejas en su proceso de alimentación, se alimentan de la flora que esté más a su disposición en las cercanías del panal. Entonces existen cualquier cantidad de mieles, ninguna es parecida por la cantidad de abejas, el proceso de maduración de la misma miel dentro del panal; a veces se saca antes, a veces se saca después, eso varia muchísimo. Qué pasa con mis criterios para elegir una miel. Yo tengo un proveedor con el cual hice un estudio, que fue mi proyecto de grado en la universidad, en donde yo comparé esa miel, la de mi proveedor, con otra miel, porque solo pude hacer la comparación entre esas dos. Y encontré que esa miel era muy buena para la producción de hidromiel, según toda la teoría que viene detrás: características como el PH, minerales dentro de las mieles. Esa es la miel que utilizo en este momento, porque no (se) me ha dado la oportunidad de probar otras mejores; ya no tengo las herramientas del laboratorio para hacerle los análisis que necesito, y pues me ha funcionado bien hasta el momento, y esa ha salido buena.

Insignia de la competición de hidromel más prestigiosa del mundo.

Y entonces para la selección de la levadura…

Para la levadura. En el comienzo, yo no sabía nada del tema, cuando me comencé a empapar, me di cuenta que la levadura del pan hace el proceso fermentativo y todo esto, pero genera malos sabores y leyendo el libro que le comento, (Schramm) indica ciertas especies de levadura que son buenas para la producción de hidromiel. Qué pasa, acá en Colombia es muy difícil porque la levadura es una cuestión bastante estandarizada; si uno quiere características específicas, utiliza una; si quiere vainas diferentes, que le dé un aroma frutal, utiliza unas, porque eso está muy estandarizado. Yo comencé acá en las distribuidoras de insumos cerveceros en Bogotá, buscando una levadura para vino, y la conseguí en un lugar de un señor bien chévere que de hecho se interesó mucho en el tema y me dio una levadura específicamente para vinos semiblancos… —es que esas son por grados que uno quiere tener en el producto final. Y esa fue la que escogí.

¿Además de los tres ingredientes típicos, su hidromiel tiene algo más, digamos que le dé un toque más autóctono, o son simplemente los tres productos básicos?

Los tres productos básicos hasta el momento, pues es el hidromiel tradicional donde no se le añade ninguna especia ni nada, porque existen muchas variaciones de hidromiel. Hasta el momento yo hago la tradicional, pero se le podrían agregar frutas, especias, uva, cidra, lúpulo y malta para hacer como una cerveza…

Recientemente ha surgido un interés por el hidromiel a nivel mundial, tanto que hay otras experiencias en su producción artesanal aquí en Colombia, ¿a qué cree que se deba ese auge del hidromiel?

Yo pienso que acá en Colombia, los productores de hidromiel que yo conozco que estén tratando de impulsar la bebida como tal, tienen alguna filiación a la mitología nórdica. Porque en culturas como la nuestra esa bebida se perdió. Y a nivel mundial, el crecimiento es increíble, en Estados Unidos, de hecho —en la investigación que hice de mi proyecto grado—, la rama de productores de hidromiel es la que tiene el crecimiento más grande a nivel Estados Unidos; en 2013 solo había cuarenta empresas y ya en 2016 había cuatrocientas. Entonces es una cosa loca. Acá en Colombia, los que estamos, tratamos de impulsar el producto, porque es un producto que, debido a la cerveza y al vino, se olvidó mucho. Entonces todo este tipo de cosas antiguas, como el hidromiel —la bebida alcohólica fermentada más antigua adoptada por la humanidad— se están tratando de impulsar; esa cuestión de lo vintage, todo esto se está tratando otra vez de sacar de la tierra y volver a esos productos que olvidamos. De pronto, puede ser eso, más que todo esa apropiación de lo antiguo.

¿Cree que aquí en Colombia particularmente hay una relación entre estas experiencias de producción artesanal de hidromiel y el auge de fenómenos musicales como el viking metal o el folk metal?

Total, total. De hecho, pienso yo, que lo único que hace que exista hidromiel acá en Colombia, es eso. Porque, lo que le comentaba: los pocos productores que existimos acá en Colombia, que se conozcan, definitivamente tienen una filiación con el viking metal, folk metal, black metal, todo lo que tenga una mínima relación con la cultura nórdica. Porque eso sí, no conozco a la primera persona que sepa de hidromiel (y no sepa de esta música), a menos de que ya sea un conocedor bastante de alcohol o de bebidas fermentadas, como para que diga: «no, yo conozco el hidromiel y nunca he escuchado el viking metal, no tengo ni idea qué es la mitología nórdica». Aunque hay muchas personas que conocen el hidromiel por sagas como Harry Potter o una serie como Vikings, todo ese tipo de cosas; pero los que impulsan (esta producción) son la gente que escucha viking metal y folk metal, principalmente.

En un entorno donde predomina la cerveza, el aguardiente o incluso el vino, como en Colombia, ¿cómo ha sido la recepción de su producto?

La recepción es un sí y es un no, porque acá en Colombia al fin al cabo el hidromiel es un vino. Se ha visto un crecimiento con respecto al consumo de productos vínicos acá en Colombia; hay muchos estudios al respecto.

Como la cerveza, como el aguardiente; es imposible luchar contra eso, porque eso va arraigado en la cultura colombiana…, digamos una Póker, un Águila o el aguardiente Néctar. Pero, en cuanto a la recepción, lo que yo como productor busco, es enfocarme en dos nichos: las personas que tienen mucho interés en la mitología nórdica, y las personas que tienen bastante interés en las bebidas alcohólicas fermentadas, porque hay muchos amantes de los vinos y las cervezas, que no solo se enfocan en tomar Póker por embriagarse, sino que en serio tienen un paladar para esto.

En este momento se podría decir que esto es un proyecto bastante artesanal. A pesar de que usted es ingeniero químico, aún tiene rasgos artesanales, y entiendo que se quiere mantener en ese estado.

La idea es esa, yo en este momento tengo bastantes proyectos con respecto al hidromiel, es mi proyecto de vida. La idea es mantenerlo artesanal, sí, porque pienso que la parte de industria no me llama nada la atención —de micro-filtraciones y todo este tipo de cosas— porque le quita muchas propiedades de un buen producto.

La competencia internacional no da tregua en Mazer Cup.

¿Hacia dónde ve el proyecto a futuro, qué vislumbra, qué otras metas tiene para este producto, por ejemplo, en términos de posicionamiento, de marketing, de mayor desarrollo empresarial?

Mi idea en este momento, es comenzar a sacar un mayor stock, mientras hago unos estudios con respecto al tema, lo que queda de este año. Tener stock para seguir promocionándolo por las redes sociales, que es el motor máximo en marketing, barato y fácil. En su momento la idea es fundar una cervecería, una planta para producción de hidromiel, y comenzarlo a impulsar en bares supermercados, sitios específicos de vinos; es tratar de meter el producto en el mercado.

¿Eso quiere decir que quiere incursionar en el mercado de la cerveza artesanal?

También. Ese es mi enfoque, pero sin dejar de lado como producto principal de lo que vaya a hacer, el hidromiel, porque es mi producto estrella. Lo denominaría como una cervecera artesanal, pero al fin al cabo el producto de esta empresa sería el hidromiel y, en segundo plano, la cerveza.

¿Se podría decir entonces que el proyecto enfocado al hidromiel, es llegar a consolidar un producto de muestra colombiano, que digan: «este es un hidromiel colombiano»?

Exacto. Por mi parte pienso que los productores acá no le hemos podido dar ese empujón de decir que acá en Colombia también se puede llegar a producir hidromiel como lo hacen en Estados Unidos y en Europa. Me encantaría poder llegar a ser el primero que diga: «es el hidromiel que se produce en Colombia, se vende en todos los supermercados». Para mí ya pasó de un trasfondo solamente de mi filiación con respecto a la cultura nórdica, sino a un producto al cual se le puede sacar un valor agregado increíble.

¿Se ve exponiendo su producto en un futuro en una competición?

Ese es mi sueño, y poder a llegar a tener algún premio al respecto. La única competencia importante a nivel mundial, con respecto a hidromiel, se llama de Mazer Cup, la hacen en Estados Unidos, y ellos reciben de hecho hidromieles de otros países, y los ponen en competencia entre ellos. Y sería para mí un honor poder competir y llegar a tener un producto de tan buena calidad que pueda llegar a tener algún premio o ser el mejor en alguna categoría, eso para mí sería increíble.

Pedro, muchísimas gracias por esta entrevista.

Gracias a usted.

Reseña: Los Pilares de la Tierra

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Por: Hyacintho Sol

Tan imponente y ambiciosa como la catedral que se describe en sus páginas, y a la sazón tan insólita para un Ken Follet conocidísimo por sus novelas de suspense. Los Pilares de la Tierra (1989) es una ficción histórica que, con lucidez, ensambla una variedad de elementos no sencillos de articular, revelando así un arriesgado talante literario. La construcción de una catedral y la emergencia de una ciudad, que si bien ficticias, funcionan con elegancia en el ajedrez de la geopolítica inglesa de mediados del siglo XII, un convulso periodo de la historia anglonormanda que de hecho ofrece un escenario soberbio para el apuntalamiento de unos personajes impecablemente elaborados, cuyas ambiciones, secretos y temores, impulsan con buen ritmo una historia no exenta de misterio, brutalidad y pasión. Eso sin olvidar el prolijo léxico arquitectónico, fundamental en esta obra y una de las mayores apuestas del autor.

El mundo aquí representado se aleja de aquellos relatos que edulcoran la vida medieval. Los laberínticos callejones de villas informes, rebosantes de actividad y que hieden en una confusión de residuos humanos y animales, como debe suceder en un mundo en el que termas y acueductos romanos son acaso leyenda. Pululantes casuchas se apeñuscan dejando poco a la privacidad. Señores y albañiles, mercaderes y clérigos, y prostitutas; todos aprenden a tolerarse en este pequeño universo de miserias claustrofóbicas e inéditas libertades. La vida en el burgo puede ser brutal, pero en los extramuros lo es todavía más. En los bosques y a la vera de los caminos, donde los proscriptos son señores; o en las tierras de labranza, donde los ciervos padecen un curioso cautiverio. Son todos paisajes ferales a los que algunos son arrojados por sus felonías y en los que otros han morado por generaciones, sometidos por el tributo y la superstición.

La inesperada muerte del heredero al trono de Inglaterra desencadena una pugna por el poder que tardará casi dos decenios en resolverse. Matilde de Inglaterra, segunda en la «línea de sucesión» se enfrenta a su primo Esteban de Blois quien es entronizado por los barones en contravía de los designios de su tío, el anterior monarca, Enrique I, para quien su hija es la legítima heredera. La confrontación está servida y Follet aprovecha este panorama para tejer una compleja historia que da cuenta de grandes hitos de la época como la batalla de Lincoln o el asesinato de Thomas Becket, pero vistos desde la perspectiva de unos personajes ajenos a las altas esferas del poder y que, sin embargo, el autor posiciona como definitorios en el desarrollo de los acontecimientos relatados.

Representación de Enrique I en su duelo por la muerte de su hijo y heredero al trono. British Library.

Los grandes personajes de esta novela del algún modo son peregrinos en un mundo de incertidumbre y hostilidad, no en vano son los tiempos de La (bien llamada) Anarquía (1135-1153). Un joven y tenaz prior, habituado a la vida monástica, que debe enredarse en los entresijos de la alta política para poder reconstruir la catedral de Kingsbridge; un albañil y su familia que ven en esa reconstrucción la salvación de una segura muerte por inanición; los herederos de un conde depuesto que, arrojados a la vergüenza y la miseria, buscan la restitución de sus derechos nobiliarios y justamente es Kingsbridge el sitio que les permite cultivar sus esperanzas.

Casi que elemental, una buena historia se debe también a unos buenos antagonistas. Y en efecto, esa incertidumbre y hostilidad aquí son hábilmente personificadas por figuras como el astuto obispo Waleran Bigod o su aliado incidental, el ominoso William Hamleigh. El éxito de esta novela se debe en parte a este contubernio, sabiendo mantenernos expectantes ante su pertinaz malevolencia.

En tanto que pasan los capítulos percibimos a Kingsbridge como un refugio frente a la barbarie y el caos acechante, algo así como un último baluarte del civismo, y la Catedral en construcción representa precisamente un proyecto de orden. Es cuando entra en sazón ese lenguaje arquitectónico tan exquisito y a la vez tan misterioso en el que Follet nos lanza sin prólogo o glosario, instituyéndolo como un código de orden y virtud, y refiriéndolo a las diferentes partes que sostienen un monumento, una edificación que de hecho sustenta alegóricamente una manera de entender y de entenderse en el mundo; y si sus pilares no resisten a la adversidad, irremediablemente el mundo se nos vendrá encima.

Ilustración de Matilde de Inglaterra del siglo XV, British Library.

En los Pilares de la Tierra presenciamos la transición entre la quizá austera arquitectura románica y la exuberante verticalidad gótica. Cada una con su respectiva naturaleza, con sus aspiraciones y en virtud de éstas, con sus propias dimensiones. Reconocer la belleza en las proporciones de una catedral, y saber la ciencia de sus formas y materiales es acercarse a la perfección y de algún modo, también a la redención. Las motivaciones de Tom Builder para empeñarse en construir no necesariamente son las mismas que las de su hijastro y aprendiz Jack, pero de algún modo ambos vislumbran, así como el prior Philip, que con la terminación de la catedral el mundo sería un poco mejor. De modo que esos arcos ojivales, esos contrafuertes necesarios, la disposición de las arcadas, el estilo del presbiterio e incluso el simbolismo detrás de los números, serían todos elementos para configurar un nuevo orden, una especie de De civitate Dei. Las catedrales góticas saben hacia donde apuntan.

Cuando los hombres se entregan a la locura de la sangre y la civilización se cae a pedazos, las mujeres demuestran su valía. Ahora quiero aludir a los personajes más fascinantes de esta novela, por lo menos en mi opinión. Sin duda a Ellen. Así sin más, sin apellido o título nobiliario, de franco abolengo silvestre. Ellen de los bosques, la emancipada, la bruja, como si se tratase de la mítica Diana encarnada. Rebelde e instruida, obviamente es una mujer singularísima en tiempos de superstición, y por todo eso tan temida y odiada; a ella no le importa, sabe quiénes la aman. Y como testigo privilegiada de las infamias e injusticias de que son capaces los poderosos, elige siempre el camino del exilio y la sublevación.

También a Aliena de Shiring. Otra desterrada; de su hogar y privilegios, de su destino, de sus ensoñaciones pueriles y románticas. Es la niña intempestivamente convertida en mujer. Si Ellen es una Diana insumisa, Aliena pues, una vestal mancillada. Pero su grandeza radica en su resurgimiento, en su resolución para afrontar la adversidad y en su espíritu emprendedor. Necesariamente ella debe romper con todo miramiento aristocrático y rehacerse en un oficio impropio de su alcurnia, y de paso labrar su camino para saldar la promesa hecha a su padre, el gran propósito que la impulsa por años.

Fachada principal de la Catedral de Brístol (1140), cuyas dimensiones y acabado gótico son similares a los descritos por Follet para la Catedral de Kingsbridge.

Naturalmente debemos reconocer la genialidad de Follet a la hora de construir a sus personajes, para dotarlos de tal profundidad y motivaciones que, según sea el caso, se nos vuelvan entrañables o despreciables con igual fervor. Los Pilares de la Tierra es una novela larga, pero con un ritmo excepcional, rica en episodios brillantes y trepidantes que estimulan una ávida lectura. Este libro no es exclusivo para los apasionados por la Edad Media, cualquiera que guste de las buenas historias lo puede apreciar. De su lectura solo quedo con la frustración de visualizar, digamos, inapropiadamente las formas arquitectónicas relatadas, en gran medida por mi limitado conocimiento de este lenguaje.[1] Sin embargo, sencillamente no es requisito ser versado en arquitectura medieval para disfrutar de este libro. Es suficiente con imaginar aquellos tiempos en que Jerusalén figuraba como el centro del mundo en la cartografía teológica, cuando Bizancio y Roma estaban muy lejos de una Inglaterra más bien periférica y caótica. E imaginar cómo, en el sur de aquella atribulada isla, a la sombra de una floreciente catedral, una diminuta villa se va erigiendo en fortín de la civilización frente a la barbarie reinante.

[1] Para aquellos que tengan inquietudes sobre la arquitectura de Los Pillares de la Tierra les recomiendo este artículo en dos partes de un lector desengañado: Blog de Domingo Pliego Vega.

Olzhych en sus ruinas

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Por: Hyacintho Sol

Oleh «Olzhych» Kandyba (1907-1944)

Entre ruinas crece la belleza. En su reposada soledad, en su desperdigamiento, en la forma como la naturaleza se dispone, poco a poco, reclamando su lugar. Como si ésta supiese de ante mano que toda nuestra soberbia creativa es pura ensoñación. Con sorna nos recuerda que el tiempo todo lo pulveriza. Allí se han alzado banderas, empuñado lanzas, levantado templos…, y consignas; allí han muerto y amado los moradores de antaño. Todos están ahí como ruinas, ocultos en un rompecabezas irresoluto.

Pero no todo está olvidado. Algunos románticos insisten en desentrañar los misterios de las ruinas; de algún modo buscan reconstruir aquello que ha sido derruido por la erosión y las vicisitudes, aquello que no volverá a ser. Su obstinación por leer el pasado es heroica. Deambulan por estos restos intentado devolver el sentido, la forma y el color. Ocasionalmente su paciente exploración es recompensada; el mundo nos devuelve algo a sabiendas de que a él terminaremos regresando. Ofrece más acertijos para deleite de todos, mientras aquellos continúan escarbando en el pasado intentando develar el último misterio: quiénes somos.

Es una labor heroica porque es trágica. Nadie sabe cuándo el último arqueólogo se paseará por las ruinas. Nadie sabe quién será el último en recordar, en hacer preguntas y conciliar con los muertos. Y cuando nadie más quede para indagar, ¿qué quedara de nuestro nombre?

Mientras tanto, la belleza se asoma con el musgo, la hierba y la hojarasca. Dándole un nuevo atributo a nuestros recuerdos y olvidos…

Debo reconocerlo. Esta reflexión sobre despojos y memorias no es más que una divagación en torno a las palabras de un paseante de ruinas y mártir de lejana patria:

Es fácil y claro yacer con el pecho apuñalado

En la hierba enredada, en el rocío sobre el suelo húmedo.

Lo veo todo, mi profundo sueño es calmo.

Mis cejas se estiran libres sobre mi frente recta.

***

Fue largo porque caminamos a través de valles, montañas y acantilados;

El mundo no estaba contento con nosotros –tenaz, arrogante y enfadado,

Las líneas siempre se rompieron con severidad y fuerza,

Los colores a nuestro alrededor estaban cayendo como piedras.

***

El color también ha cocido nuestra piel y cabello.

Las batallas dejaron rasgos ásperos…

…Es fácil y claro yacer en la hierba enredada…

Hierba y flores tomarán mis colores.

***

Oleh «Olzhych» Kandyba; Ciclo del Bronce, 1932

Con seguridad esta traducción mía no rescata cabalmente el sentido del original en ucraniano, entre otros motivos, por estar basada en dos versiones en inglés. Irremediablemente por el camino se habrán diluido algunos matices. No sobra decir que busqué en vano un ejemplar en español. Sin embargo, a grandes rasgos creo haber reconocido en este poema de Olzhych una perspectiva heroica del hombre sumergido en el mundo indómito, pero también una visión trágica, pues el mundo exige el retorno del hombre a su seno. A pesar de nuestras idas y vueltas, de nuestras virtudes y miserias, de principio a fin estamos sometidos a los avatares del mundo como si de un pacto inquebrantable se tratara. Tras el final de aquel pacto solo quedan algunos vestigios, apenas unas ruinas.

Al contextualizar este poema en el Ciclo del Bronce «бронза» publicado por el autor en 1932, se puede comprobar la influencia que tuvo la formación de Olzhych como arqueólogo en su literatura. No es de extrañar que algunos de sus poemas retraten el mundo prehistórico y específicamente intenten reconstruir los fundamentos existenciales de su nación.[1] Por ende, su poesía alejada de todo lirismo es sin duda un llamado al deber patrio, a que un pueblo tome conciencia de sí mismo y asuma las riendas de su destino. Sus palabras fueron el estandarte de sus acciones en tiempos convulsos. Sus bríos patrióticos le llevaron a una temprana muerte a manos del nazismo. Sachsenhausen fue testigo de la terminación de su pacto con el mundo. De él ahora nos quedan algunos retazos, como ese poema.

Me inicié en su obra gracias a la música de unos compatriotas con auténtica vocación por merodear entre ruinas. Los versos aquí traducidos fueron musicalizados por la banda Drudkh, leyendas del black metal eslavo. Donde los horizontes terminan «Там, де закінчуються обрії», fue el título elegido para la canción surgida de este maridaje estético. Declamada con esa atribulada rabia que caracteriza a Thurios, es de hecho parte de un más amplio homenaje a Olzhych. En total produjeron tres poemas musicalizados y un melancólico instrumental para este trabajo discográfico, cuyo título puede ser traducido como Alejamiento «Відчуженість».

Desde luego Alejamiento es una reinterpretación de Olzhych bajo una perspectiva sombría y definitivamente melancólica. Tal vez estos músicos identificaron los escenarios de su poesía como lugares de retiro y contemplación. A lo largo de todo este álbum la soledad indómita en bosques y valles es protagonista. Su atención pareciese estar más puesta en el retorno a la tierra. No hay duda, ésta es la particular invocación de Drudkh ante las ruinas de Olzhych.

Tal vez fue predestinado para mí

Seguirte a través de los bosques

Agazapado en la penumbra

hasta el final de mis días

Para encender mi fuego al otro lado del valle.

***

Para salir y correr a tu chimenea

En la mañana

Para tocar con mi rostro los alisos

Que son testigos silenciosos de abrazamientos

***

Quizá allí, en las sombrías orillas del silencio

Te seguiré a través de los bosques

Agazapado en la penumbra

Y buscaré tu rastro en la hierba cubierta de rocío.

***

Oleh «Olzhych» Kandyba; Ciclo del Pedernal, 1931

Interpretado por Drudkh bajo el título de El interminable sendero solitario

Solo el viento recuerda mi nombre…

[1] Cabe mencionar que su disertación doctoral giró en torno a la cerámica neolítica pintada en Galitzia, una región de Europa del Este ubicada entre Polonia y Ucrania.