Marta Sacri

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Marta Sacri es una flautista de pico procedente de Madrid, España. Es la fundadora y principal compositora, así como flautista, de la banda de oriental metal Sechem. Junto a ellos ha llegado a tocar en diversos escenarios de la geografía europea entre los que destacan Varsovia, Lausanne, Hamburgo o Nuremberg.

Ha realizado colaboraciones con otros artistas del mundo del metal tales como Crusade of Bards o Melissa Bonny.

Marta Sacri

Marta Sacri

Entrevista a Alejandro Rincón de Arckanum Store

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Por: Hyacintho Sol

Lo que comenzara hace una década como un negocio de «música rara» perdido en un bazar de artesanías, ahora es un lugar de reunión de amigos en un reconocido centro comercial del centro de Bogotá. En tiempos en que el mercado de música en sus diferentes formatos físicos pierde terreno frente a los servicios de streaming, Arckanum Store se ha posicionado como una alternativa y un referente para los coleccionistas de folk metal y otros subgéneros. Gracias a la perseverancia de Alejandro Rincón, su fundador y principal socio, esta tienda es reconocida por el buen servicio que ofrece, la casi inagotable variedad de productos en su haber y por supuesto, aquello que la distingue de cualquier otro negocio de este tipo en la capital: aquí también se viene a pasar tardes agradables departiendo mientras se escucha música; doy fe de ello. Para muchos será desconcertante saber que en esta tienda no se vende música de Metallica, Iron Maiden o Slayer, porque su propósito, siendo fiel a sus principios fundacionales, es llamar la atención sobre otras bandas y géneros que poco se escuchan en Colombia. Esa más, este propósito trasciende las puertas mismas de Arckanum Store; Alejandro nos explica más:

Quiero iniciar esta entrevista preguntando, ¿quién es Alejandro Rincón?

Un hombre ya de 34 años. Coleccionista. Amante de la música, amante del terror, de la literatura de terror. Coleccionista empedernido de lo que en verdad me gusta. Me defino así no más.

Durante un tiempo llevó a cabo estudios profesionales de historia en la Universidad del Valle y en la Universidad Javeriana. ¿Qué intereses y qué lecciones le quedaron tras su paso por esta carrera?

Toda la vida me ha gustado la historia. Las dos universidades me enseñaron que uno debe estudiar o trabajar en lo que realmente le gusta; no dejarse llevar por la familia o no sé, (lo que) la situación lleva a vivir. Mucha gente estaba en desacuerdo con la carrera —aun así, lo hice, porque era lo que me gustaba. Yo creo que con la tienda también he aprendido eso, a que uno tiene que hacer lo que quiera, y eso me lo enseñó mi carrera: a estudiar y leer lo que uno quiera y hacer lo que uno desea.

¿Qué tipo de literatura disfruta leer?

Como te dije, a mí me gusta mucho coleccionar historias de terror; tengo una pasión por eso desde muy pequeño, aprendí a leer desde muy pequeño. Me gusta leer sobre historia. Obviamente disfruto también la novela policiaca, hace poco me estaba leyendo los cuentos completos de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle. También me gusta leer sobre religión, me gusta mucho ese tipo de literatura, creo que es la que más me gusta y que colecciono.

El folk metal ha sido un género musical que ha influenciado su gusto y su forma de ver el mundo, ¿cómo descubrió este género?, ¿por qué le gustó?

Cuando estudiaba historia me gustaba mucho la música andina, la música celta, la música del mundo en general, la ¡música japonesa me gusta mucho también! Y, alguna vez, en algún compilado que me prestó una persona —era de todo, había black, death—, escuché una banda que me llamó mucho la atención, fue Cruachan, que es folk black celta; y esa fusión entre metal, que era lo que me estaba gustando —yo estaba comenzando a escuchar metal más fuerte, o esa black metal— y lo que hicieran con instrumentos musicales autóctonos, me pareció… impresionante; fue un shock en ese momento, no pensé que ese tipo de cosas se pudieran complementar. Y de ahí comencé a investigar otro tipo de cosas. Fueron llegando otras bandas celtas: Primordial, Skyclad, Belenos, Bran Barr; después, como también me gustaba mucho la mitología nórdica, fueron llegando otras: Storm, Isengard. Y así comenzó el gusto por el folk metal, el ¡viking metal! Pero lo primero que me llegó fue un compilado, y la banda diferente fue Cruachan.

¿Cómo surgió la idea de organizar una tienda de discos que se enfocara en vender un tipo de música que, a diferencias de otros géneros de metal, en Colombia tiene poca fanaticada?

Creo que por eso mismo. Cuando intentaba buscar música original en Bogotá —porque yo estaba en Cali en ese entonces, y (además) viví mucho tiempo en Armenia—, ese tipo de música no se consigue fácil. A raíz de ir buscando llegué aquí (a Bogotá) a preguntar ese tipo de bandas: Isengard, Storm, cosas así, y en las tiendas —se supone que Bogotá era el lugar donde se pueden conseguir las cosas más fácil— no había nada, absolutamente nada, estaban las mismas bandas de siempre. A raíz de una decisión que tomé, me vine para Bogotá y se me ocurrió montar la tienda, porque no encontraba nada que me gustara, entonces sería un buen intento traer algo que no había; económicamente podía funcionar, y tal vez encontrar gente que también gustara de lo mismo, porque yo estaba seguro de que tenía que conseguir gente que escuchara ese tipo de cosas y no las consiguiera tan fácil, además en ese entonces no estaba el bum de youtube como ahora, todavía la gente conseguía cosas piratas. Y se me ocurrió la idea de meterle a ese asunto folk, y también vender literatura —entonces vendía más literatura— enfocada a eso: sobre todo, sagas, Eddas, mitología en general, de todo un poquito. Así comenzó la tienda, tal vez por querer ser diferente al resto.

¿Cuáles fueron las dificultades que tuvo a la hora de iniciar este proyecto comercial?

¡Uf!, la primera dificultad era, no el rechazo, pero sí la falta de apoyo —o ni siquiera eso, fue más como el temor a encontrar algo nuevo por parte de mi familia. Siempre he tomado decisiones muy drásticas en mi vida, y una de esas fue: «quiero hacer esto y lo voy a hacer». No recibí mucho apoyo al comienzo, y eso para una persona que va a comenzar es importante, además yo estaba en Bogotá solo. ¿Qué más dificultades? La envidia, ¡uy!, en el lugar donde yo comencé la tienda había otras tienditas pequeñas que vendían otras cosas, no iguales a las mías; me sentí muy atacado. Como que (a) la competencia les daba miedo, cuando no competíamos en absolutamente nada parecido, pero el solo hecho de que vendas música metal, ellos…, supongo que en su mente era metal del mismo. Entonces fue envidias y muchos choques al comienzo. Otro problema que hubo al comenzar fue incentivar a la gente a que escuchara cosas diferentes, porque la gente en Colombia es muy cerrada para escuchar cosas nuevas.

Evidentemente el nombre de la tienda tiene origen en sus gustos musicales. Cuéntenos por favor, ¿por qué eligió el proyecto musical de Shamaatae como referente para la tienda?

¡Uf! A mí me pasa…, creo que eso le pasa también a mucha gente: que hay bandas que te marcan. Hay bandas puntuales que cuando tú escuchas, tienen ese dejo diferente: musical, lírico, que te [chasquea los dedos] cambia el chip, o te emociona o te recuerda algo, y muy pocas bandas han hecho eso. Creo que Arckanum fue una de las bandas que me mostró otra idea musical: líricamente, musicalmente; leyendo sobre Shamaatae… me pareció súper interesante. Además —porque tampoco vamos a echar mentiras— para la tienda fue un nombre muy llamativo, me parece que pegaba mucho. Sin criticar, veo que todas las tiendas tienen nombres muy básicos: ¡Tower Récords! —Quería algo diferente. Lo mismo el lema de la tienda, el de: La Verdadera Cultura del Metal. La «Cultura» lo anexé como…, no solo es música, también es literatura, poesía, dibujo, es todo: el metal y la concepción de un CD, y de crear una banda; se hacen muchas cosas. Tal vez por eso elegí tanto el lema como el nombre.

Tras la reubicación de la tienda a su lugar actual, ¿qué beneficios y qué nuevos retos trajeron este cambio?

¡Huy! La primera tienda era un lugarcito muy pequeño, [risas] era más pequeño que un cuarto normal, no tenía más de tres por tres. Comencé la tienda ahí y era muy difícil porque solo se podía atender hasta las siete de la noche; los vecinos eran muy complicados; el lugar era más (comercio) artesanal que de música, entonces: subir poco el volumen; no había internet. Todo muy complicado. Cuando vimos que comenzó a coger público, que ya llegaba mucha gente, cuando comencé a traer bandas, que tenía que vender boletas y había gente que llegaba muy tarde; viendo todos esos problemitas pequeños, me decidí a cambiar de lugar a uno más grande y que tuviera más posibilidades para cumplir las expectativas de las personas: de gente que trabajaba hasta las siete (y) hasta las nueve podía llegar a la tienda, gente que podía sentarse a tomar algo, pues ahora ya puedes entrar, charlar, tomar algo, escuchar música más tranquilo. Es un lugar más cerrado, más amplio, hay más cosas que la gente pueda ver, escoger. Yo creo que esos beneficios para mí, como vendedor, funcionaron; y la gente se sintió más tranquila y complacida de que pudieran disfrutar más del lugar, como yo quería. La idea es seguirlo mejorando. Por el momento creo que vamos en la dirección adecuada, creería que sí.

De la mano de Iron Wolves Productions y Ancestral Shield Producctions, Arckanum Store a organizado varios conciertos con bandas insignes de folk metal. Me gustaría que describiese las dificultades que usualmente afronta al organizar eventos de este calado.

Con Iron Wolves, que fue la primera (con) que trabajé, con Carlos Restrepo —él es amigo, porque mis socios no son solo socios sino amigos; no me gusta relacionarme con cualquier persona, tengo que tener un vínculo de confianza grande para trabajar bien—, el primero fue Korpiklaani (2010), yo trabajé con él Korpiklaani y Arkona (2013). Traer a Korpiklaani fue un riesgo muy grande, pero al mismo tiempo fue un reto que yo quería hacer: era traer una banda diferente a Colombia, no te puedo asegurar si Korpiklaani fue la primera banda de folk metal que vino a Colombia, porque Mägo de Oz ya había venido —X o Y la catalogarán como una banda de folk—, lo mismo Aztra de Ecuador, que estuvo en Pasto. Fue complicadísimo, porque tienes que confiar en un mánager de afuera, tienes que comenzar a aprender cómo son los tures, alquilar un lugar —nosotros cometimos un error grande, porque no conocíamos un lugar donde pudiéramos traer una banda de ese tipo; nos ofrecieron el (Teatro) Metropol, era un lugar para mil quinientas personas; Korpiklaani, en nuestros cálculos… pensamos eran doscientas…, fue muy complicado. Nos intentaron estafar: el organizador chileno; recuerdo que fue para el terremoto de Chile (2010), entonces fue un complique lo de los vuelos. Fue complicadísimo, pero se logró, que a últimas era la idea, o sea, que el primer concierto se hiciera, hubiera pérdidas o no; se hiciera y que la gente comenzara a darse cuenta de que podría funcionar. Después de eso, Carlos tenía sus proyectos personales, se alejó un poco de ello, y pues la idea de traer una banda continuaba, hasta que llegó Ancestral Shield. El segundo (concierto) que fue Turisas (2013), fue mucho más fácil de llevar, porque ya (teníamos) la experiencia del primero, o sea, qué tipo de lugares: más pequeños; qué tipo de gastos tienes que hacer o no, porque muchas bandas piden cosas que ni siquiera tocan; que si hay un vegetariano; que si hay una mujer; que cómo va a ser el hotel…, es muy complicado. Pero al mismo tiempo esos retos son no solo energizantes —que te motivan a hacer las cosas bien— sino que te dan esa alegría de que hay gente que te responde a ese esfuerzo. Cuando ya está la banda en el escenario, ver la reacción de la gente es lo que a uno le importa; a últimas los conciertos casi no los disfruto, porque estoy pendiente de los pagos, de que esté el sonido bien, de que si la luz está…, casi no disfruto los conciertos. Mientras pasa el tiempo, y tú coges experiencia, los vas disfrutando cada vez más, porque ya tienes mejor organizadas las cosas. La satisfacción personal —no tanto monetaria, (pero) obviamente lo haces para ganar—, el hecho de ver unas bandas a las que tanto respeto les tenías, y tenerlas acá, y que seas tú el que las traiga, es súper motivante. Pero dificultades siempre van a haber para todo tipo de conciertos.

Personalmente, ¿cuál ha sido el concierto más emotivo o memorable que ha organizado?

[Risas] Todos tienen algo especial. Te puedo hablar de cada uno y siempre va a haber una cosa especial, por ejemplo, el primero, que fue Korpiklaani. El segundo de Korpiklaani también lo recuerdo mucho porque fue la primera vez que hice un concierto con dos bandas (internacionales), que fueron Korpiklaani y Týr (2014). Todas tienen anécdotas diferentes. Creo que el más emotivo, aparte del primero de Korpiklaani: el de Ensiferum (2013). El lugar no era apropiado para ese tipo de conciertos. Muchos amigos nunca pensaron ver una banda de ese tipo. Ver a los amigos cercanos —a la gente que siempre te ha apoyado— disfrutar de un evento así… ver llorar a tu socio —con el esfuerzo que se hizo, lo difícil que fue—, para ti es motivante. (Eso) respecto a las otras personas. Para mí, el más motivante fue Graveland (2017), que es una banda que colecciono, que sigo hace años, que ha sido, no una inspiración para mi vida, pero la vida que ha llevado Rob Darken —de hacer las cosas por él solo, pasar por tantas ideologías, evolucionar musicalmente— sí tiene un dejo de lo que yo siempre quise hacer en mi vida, o sea, solo (e) ir constantemente evolucionando. Y ver esa banda en vivo, saludarlo (a Darken) de mano, que él viera mi colección (de su música), que el concierto iba a ser de la parte black metal (de su discografía) y tocaron una canción que ya es de la parte pagan…, eso emocionalmente fue fuerte.

Graveland en Arckanum Store. Alejandro Rincón a la derecha de Rob Darken.

¿Qué otras bandas le gustarían ver en Bogotá?

¡Uf! Bueno, esa pregunta está complicada. Si me refiero a las que ¡yo traería!, me gustaría mucho una banda grande, no estoy diciendo que las que haya traído no hayan sido grandes, sino una banda más importante en la escala de viking metal de la gente del común, no sé si me hago entender: hay bandas de viking muy buenas, pero hay otras que son más conocidas. A mí me gustaría traer a Enslaved, sería un reto brutal. Enslaved no solo le gusta al que escucha viking y pagan, que es mi caso, sino que también el público de los noventa que escucha black metal, que comenzó con Darkthrone, con Mayhem, con Emperor; Enslaved fue una de esas bandas, esa me gustaría. Me gustaría Moonsorrow, ¡uy…!, sería genial. Y si me voy más allá: bandas que se pudieran traer aquí, que es complicadísimo, pero que yo haría el intento: Metsatöll, esa banda me parece en vivo muchísimo mejor de lo que he escuchado en CDs. Sería majestuoso traer a Metsatöll, no en un escenario encerrado, sino (en) un Open Air con ellos.

Con el tiempo, Arckanum Store se ha convertido en algo más que una simple tienda de discos; algunos la ven como un lugar para conversar, conocer gente y pasar una tarde agradable. ¿A que cree que se deba esto?

Al comienzo con mi tienda no era una persona muy atenta para atender, tal vez era reacio a creer que mucha gente se pudiera interesar en las cosas que yo tenía. Tenía la esperanza, pero siempre he sido una persona muy seria en ese sentido. Al ver que había gente que compartía los mismos gustos musicales, que también estaba buscando cosas que alguna vez busqué y que yo podía ayudárselas a encontrar, hizo que la tienda no solo se convirtiera en un lugar para comprar, sino en un lugar para conversar, no solo conmigo, sino con gente que también estaba ahí, o sea, que estaba sentada escuchando algo, llegaba otra persona a escuchar: «¡Ve! ¿qué es esta banda?», la otra le comentaba; se conocían. Comenzó así. Pero la tienda era muy pequeña, entonces era muy difícil establecer ese tipo de cosas; por ende, se me ocurrieron (los) conversatorios de folk metal, para integrar (a) la gente. Mi idea siempre fue que el público comenzara a conocerse y apoyarse, a conversar, a mirar cómo surgían ideas, y creo que la gente respondió al llamado, tanto a los conversatorios, como después, llegar a la tienda a sentarse, a tomarse algo y conversar con otras personas de lo que quisieran —no todo es música—, de literatura, de series, de películas, de sus gustos. Y la tienda se fue convirtiendo en eso.

Hay un grupo de la tienda que ya son más que amigos convencionales, ya parece como una familia: todos están en los conciertos míos, apoyan, van, están, buscan, ayudan, yo creo que eso se volvió así porque la misma gente estaba buscando un lugar diferente. Mucha gente me lo dijo: «voy a tal lado…», y sí, tal vez sean amigos del dueño, pero solo (era) comprar y pagar, e irse; no había esa cosa de conversar, no de: «¿cómo estás y cómo está tu familia?», sino también, «¿¡Vea!, a ti te gusta esto?, ¿has escuchado esto? o ¿has leído sobre esto?» Entonces, muchos clientes a mí me han enseñado, como yo creo que les he enseñado a ellos. Creo que es eso, es la facilidad de conversar y de darle un poco más allá de la música y de la simple compra y venta.

¿Qué opinión le merece, en términos generales, la actual escena de metal colombiano?

Voy a ser totalmente sincero, creo que mucha gente de todas maneras sabe cómo pienso. A mí el metal colombiano, el 95% de bandas no me gusta, y el otro 5% las respeto, pero no me matan. Metal colombiano, la verdad, de coleccionar, como fan, muy poco. ¿Por qué? Soy de los que cree que la escena colombiana, primero, se estanca, y segundo, no entiendo por qué ellos al inspirarse por bandas de los noventas o de los ochentas, creen que el sonido tiene que ser igual al de los ochentas y los noventas. He escuchado bandas que, con todas las facilidades de estudios para que el sonido sea mucho mejor, quieren seguir sonando como suenan en los noventa y creen que eso es lo mejor. No me gusta eso. Y las líricas siempre me parecen muy banales, las bandas de black metal se centran en satanismo y lucifer y bla-bla-bla; las bandas de death metal es siempre lo mismo, muerte y destripación, y toda esta cosa. No conozco una banda en Colombia que haga algo diferente, y la banda que hace algo diferente, ya no está en Colombia, que para mí es Inquisition. Las líricas de Inquisition evolucionaron totalmente. Tú escuchas el «Into the Infernal Regions…» (y luego) a escuchar el «Bloodshed…», el último, son líricas totalmente diferentes, se nota la evolución de la banda. Y no lo lograron aquí en Colombia, pues con la pena de todo el mundo. He leído y he escuchado entrevistas de Dagon o de Jason pues, y él nunca habla mal de Colombia, pero él se hizo afuera, tengamos claro ese tipo de cosas.

Hay bandas que de verdad no he escuchado, que me recomiendan mucho de aquí de Colombia, que tienen ese toque de lo que ahoritica es el bum del orthodox black metal. Pero como coleccionista, el metal colombiano no es lo mío; muy pocas bandas tengo. Y las bandas que he intentado apoyar, siempre son las que veo, puedan ser diferentes. Hay bandas que intentan hacer epic atmospheric; en ningún otro lado quieren apoyar eso, porque aquí en Colombia se vende es death, tharsh, black. Entonces, bandas como Cóndor, que es un death doom diferente; como Dreams Of Nature, que hace epic atmospheric, que ya está grabando con la Northern Silence, que tiene un Split con Eldamar, que es una banda que en el 2016 marcó como un bum, como Lustre, como este tipo de bandas; hay bandas aquí en Colombia que pueden funcionar así. ¡Coldnight!, la de depressive black metal que grabó con la MAA de Japón, o sea, son géneros que en Colombia no ha abordado bien. Entonces tal vez es eso, como el estancamiento de la música, lo mismo de siempre, creería yo. Es lo que no me gusta de la escena colombiana.               

Y respecto al desarrollo del folk metal en Colombia, ¿qué opina?

Va lento, pero ahí va. Cuando comencé con Korpiklaani no había bandas. Buscar teloneros, eso es un problema muy grande que tiene la escena en Colombia. Traigo una banda de afuera de folk metal y no hay teloneros, es decir, no hay bandas de folk metal que puedas apoyar para que la gente las conozca y comiencen a seguir. Por ejemplo, en Korpiklaani, hice el concierto y puse tres teloneras, una de ellas fue Hishatana, que es death, pero las líricas son indigenistas; Horde Thor, de Medellín, que es viking folk metal; y Chaquen, que es una de las bandas que —volviendo a la pregunta anterior— yo respeto aquí en Colombia, porque a pesar de todo el tiempo que ha pasado, ellos mantienen su idea, no se han vendido, siguen haciendo dark metal con líricas de acá. Pero qué pasa, en el concierto de Graveland volvió a tocar Chaquen, porque no hay otras bandas nuevas para elegir.

Si quieres hacer un festival grande, con cuatro bandas y tres bandas colombianas, van a ser siempre las mismas. No hay bandas porque en Colombia la gente quiere hacer lo mismo: black metal, tharsh metal; entonces ves un evento de tharsh y 35 bandas de tharsh haciendo eliminatorias; 30 de death cuando hay un festival de death; 35 de black —yo he visto un concierto de black de 12 bandas la misma noche. Y de folk metal no hay nada. Que se me vengan a la cabeza (bandas) que tengan un álbum prensado, original, bien hecho: no hay seis. El problema es ese, no se arriesgan a hacer algo diferente y cuando están comenzando a hacer algo diferente y ven que el público no los apoya, se rinden [chasquea los dedos] y comienzan a hacer otras cosas. Lo he visto. He intentado apoyar y a lo último se rinden, no quieren seguir. Hice Folk Nights, eran eventos de folk metal cada tres meses, cada cuatro meses, después se fueron alargando por lo mismo, porque no había bandas, y poner las mismas siempre, la gente se va a aburrir. La idea es que entres a innovar. El folk metal aquí no arranca por el mismo apoyo de la gente que siempre quiere lo mismo; les da miedo innovar, buscar otra cosa a ver si de pronto puede funcionar. Esa es mi opinión respecto al folk de acá.

Arckanum Store no sería posible sin el compromiso y la confianza de sus actuales socios y amigos, ¿qué palabras tiene para ellos?

¡Uf!, yo comencé la tienda como Arckanum Store con una empresa pequeña que se llama Maiden of Ravens de una persona que comenzó conmigo. Siempre he tenido pequeños socios. Al comienzo era yo solo, no me gusta trabajar con cualquier persona, me gusta que la gente sea dedicada, que cumpla, sobre todo, cumplir con lo que prometes hacer, entregar o decir, lo tienes que hacer. Y encontrar personas aquí es complicado. Comencé con Maiden of Ravens, creaba accesorios góticos. Ella se fue. Y cuando comencé a fortalecer la tienda, cuando me pasé al otro lado, decidí darle un espacio a cada una de las personas que al comienzo, digamos no eran socios, sino que vendían sus productos allá, porque también estaban empezando, por ejemplo en el caso de Drakkar. Comencé vendiendo los cuernos de ellos y eran solo cuernitos; la idea de ellos también fue mejorando. Ellos también vendían por su lado, pero yo les estuve apoyando al comienzo mucho, ya después les propuse: «¡seamos socios!, hagamos el lugar más grande, cogen un pedazo de la tienda, un stand para ustedes solos y hagan lo que quieran». No es la ventaja que les doy, es lo que ellos se han ganado a punta de confianza: tener su lugar, vendan lo que quieran, hagan lo que quieran, (pero) en la tienda solo atiendo yo, cuando alguien necesita cosas soy el que las vende. Drakkar fue de los primeros, que es una empresa de joyería nórdica, los que hacen cuernos. También llegó Ancient Spirit, (que después) se cambió el nombre a Ad Noctum, que es Wilson Silva (quien se encarga) de las camisetas, camisetas exclusivas que hace. Él tiene algo muy parecido a mí que es el amor al folk metal. Tiene una banda de folk metal, y todas sus camisetas y sus ideas siempre van relacionadas con este asunto: camisetas únicas, que no sean del común, no (del tipo) Iron Maiden —vuelvo y repito, no estoy criticando a los que les gusta estas bandas, sino que el mercado se satura de lo mismo. Él vende algo diferente, entonces también me animé a esto. Otro amigo, que es Mauricio Ballesteros, el de Brutal Toys, (vende) figuras de colección, pero él también es apasionado por ese mundo vikingo, entonces las figuras de él van relacionadas a ese tipo de cosas; ahoritica está vendiendo armas de colección: katanas y cosas de éstas, que también se relacionan mucho con este asunto. Lo mismo Biotech Productions, de Nicolás Rubio, él es desde hace poco socio, pero lo conozco hace mucho tiempo, porque mi tienda comenzó vendiendo cosas originales, pero también tenía copias, las copias eran de bandas muy raras, o sea, nunca copie un CD de… Darkthrone, yo copiaba ¡bandas raras!, o sea, te estoy diciendo raras en el caso de… ¡Dub Buk!, por ejemplo. Entonces: «¡Ah!, a ti te gusta el pagan, mira, te recomiendo esta banda; si la quieres original, me traes la copia, yo la guardo, y te descuento el precio de la copia por darte el original». Era motivar a la gente a comprar original cosas diferentes. Yo comencé trabajando con Nicolás ese tipo de cosas, porque Nicolás tenía un local de música, pero lo tenía muchísimo más grande que yo, de música quemada y todo este cuento; entonces (a) dividir cosas con él, después cerró la tienda y comenzó a hacer banderas, camisetas, a hacer otros productos, entonces también lo llamé a la tienda. Y el último que llegó fue Blast Store, también son dedicados a figuras, pero ya es una cosa más abierta a, no solo lo vikingo o lo que (usualmente) manejamos, también series y (otras) cosas, porque he notado que mucha gente que escucha folk metal y les gusta este mundillo diferente, también tiene gustos similares en cuanto a películas, series, ¡al animé!, literatura, entonces la mayoría de personas que obviamente les gustan estas cosas ve Vikings o Game Thrones. Ellos se centraron en ese tipo de figuras y cosas. En el momento somos esos socios y con todos hemos trabajado súper bien, me apoyan en los conciertos, ha funcionado supremamente bien. He tenido otros que con el tiempo se fueron o no funcionó porque, como te digo, con eso he sido muy estricto. Pero pues…, palabras para ellos: totalmente de agradecimientos, o sea, la tienda no sería Arckanum Store si no fuera por el apoyo de ellos como empresas.

La tienda cumple 10 años, ¿qué enseñanzas le ha dejado esta aventura?

Primero, lo que te he dicho: uno no tiene que rendirse a la primera que la pase mal. Con Korpiklaani fue un problema, se perdió plata, nos intentaron robar, hubo muchos problemas en la organización. Pero si nosotros nos rendimos a la primera, entonces pasaría lo que tanto estoy criticando de las bandas de acá, que al hacer algo diferente y ver que no funciona, automáticamente tienes que venderte: «el folk metal no funciona, entonces sigamos vendiendo las bandas de siempre». La enseñanza que me ha dado la tienda es que, si perseveras, de a poquitos puedes ir logrando cosas mucho más grandes: traer una banda que nunca la gente creyó ver; conocer gente gracias a esa banda, gente que en verdad apoya no solo la música, sino que también te muestra que como personas, valen la pena, que no son… voy a decirlo claramente: tengo problemas con la gente que ve el metal como un modo de vida de drogas, alcohol, sexo y… «solo vamos a ir a un bar a ver cómo levantamos viejas mientras escuchamos metal, y el metal es esto: si no te vistes de cuero y de negro, con una camiseta, entonces no eres metalero». No. Estoy totalmente en contra de ese tipo de cosas. Yo uso camisetas, pero una camiseta no significa nada. Hay gente que te puede aportar mucho más y que ni siquiera tienen un dije. Entonces, ese tipo de personas han llegado a la tienda y son (con) las que uno comienza a retroalimentarse de lo que ellos sean, y ellos también de uno. O sea, se forma una cosa fuerte, creo que eso también me lo dejó la tienda: clientes que ya son amigos muy cercanos que apoyaron toda la idea y que aún van y son los que ayudan a difundir todo lo que es la tienda. Eso también me lo ha enseñado la tienda, que sí hay personas que pueden compartir ese gusto y ese ánimo por mejorar las cosas.

¿Qué más me ha dejado la tienda? Me ha enseñado a perseverar con tantos eventos negativos que pueden llegar a pasar. No solo en la vida personal, sino con toda la envidia que puede llegar a manejar una persona pública, porque me conocen, hay personas que saben que Arckanum Store es Alejandro Rincón. La envidia que (se) puede manejar en Colombia, en el círculo del metal, es impresionante. Entonces, ¿qué te enseña la tienda? Que si haces las cosas bien, por más envidia, puedes seguir adelante. No estoy diciendo que todo lo que haya hecho, ha sido perfecto pero sí creo que estoy haciendo las cosas bien porque veo que la gente responde a las ideas que tengo, y sigue aumentando no solo en cuanto a ventas, sino a lo que busco, que es un grupo, una cohesión de personas que les guste este mundo del folk y del viking. Gracias a amigos he escuchado otros géneros nuevos como puede ser el post black. En Colombia no hay tiendas que manejen post black; esa es otra cosa que estoy intentado mostrarle a la gente: ¡géneros diferentes!, cosas diferentes, (para luego) intentar traer una banda de post black, algo diferente, que no sea del común de los conciertos que se hacen acá.

¿Planea alguna celebración conmemorativa?

La teníamos planeada, pero a raíz de un asunto muy personal, no se pudo concretar. Tal vez para el otro año hagamos algo, pero la celebración que teníamos pensado hacer se canceló.

Usted ha ayudado organizar un sinnúmero de eventos entre conciertos, conversatorios, Chivas Folk, Folk Nights; ¿qué otros proyectos tiene en mente?

¡Uf! Siempre he querido hacer —así sea pequeño— un Open Air, así sea con bandas locales mientras tanto. Lo difícil es conseguir esas bandas locales. Hacer algo a las afueras de Bogotá, en algún pueblo donde uno pueda tener un sonido decente, donde se pueda acampar bien, porque no me gusta hacer las cosas a las malas. Me interesa algo que suene bien, donde pueda haber teatro —en muchos de mis conciertos invitaba a un grupo de teatro (AlfaLunatic) que ahoritica está en Dubái, les está yendo muy bien y ojalá les siga yendo muy bien. La idea siempre fue esa, no solo música, (sino) poesía, teatro, el debate. Llevarlo afuera, como un Open Air donde no solo sea música, sino se pueda hacer… no sé, un conversatorio sobre (por ejemplo): «cómo influencia al folk metal la naturaleza», y poder vivir ese tipo de cosas, escuchar un río, escuchar cantar un pájaro. Siempre me ha gustado esa idea de hacer algo afuera. Y otra cosa que siempre he querido hacer, es intentar, en lo posible, retomar los conversatorios, pero no como los hacia antes. Porque antes, aunque llamábamos gente, no había algo que siempre me ha gustado, el debate: que no todo el mundo esté de acuerdo con lo que digas, que alguien también dé su opinión; pero algo más universitario, no solo el grupito de los que escuchamos música, también gente que sepa sobre el tema y que pueda debatir y me puedan enseñar. Esas dos cosas son proyectos a largo plazo; y seguir con las Folk Nights, si se puede; seguir con la Chiva Folk, que ha resultado interesante.

Alejandro, ¿cómo se ve en diez años?

Si todo sigue en el rumbo en el que va, creo y espero seguir con la tienda. Muchas veces he pensado en cerrarla, por razones ajenas a la escena musical, por motivos muy personales. Pero siempre hay algo que te impulsa otra vez a no rendirte. Cuando llevaba tres años y pasó lo de Korpiklaani, fue uno de los momentos en que dije: «yo cierro porque perdí plata, no puedo seguir porque no tengo con qué» y alguien llegó y dijo: «usted tiene que seguir, venga lo apoyó, seguimos, hágale, métale la ficha que la idea es buena», y la idea funcionó; se fueron trayendo después más bandas. Creo que en diez años me veo todavía con la tienda. Me gustaría, en diez años también, ayudar a producir CDs. Si hay bandas acá, no que lo merezcan, porque tiene que haber bandas muy buenas que pueden subir, sino que sea el compromiso con eso. Me gustaría tener una especie de sello discográfico; tener una especie de zine, una revista importante. Las ideas están ahí, pero hay cosas que no permiten que uno las haga. Me veo también, de pronto en diez años, como tour mánager, ya trayendo conciertos no solo para Colombia, sino poder vender conciertos a otros lugares, conocer otros lugares, aprender de ese otro público y de otras personas que también traen esas bandas y fortalecer la escena aquí en Colombia, que es la idea, o sea, el folk metal aquí puede funcionar, no solo el folk, el viking, el pagan, (sino) el post-black, que es algo que estoy comenzando a escuchar ¡mucho!, (o) el atmospheric black. Las cosas diferentes.

Ya hay gente aquí que trae thrash, death, que tiene eventos muy importantes como el Festival del Diablo, como el Metal Millenium; ya hay eventos así, con bandas de power, gothic, thrash, death. Pues entonces, ¿Por qué no se puede hacer algo más grande con esos géneros que sé que aquí en Colombia gustan mucho, pero que todavía falta fortalecer? Me veo así en diez años.

Alejo, muchas gracias por su tiempo.

Gracias por la entrevista. La verdad, hace rato que quería que me entrevistaras. Me parece excelente tu blog —y si no se han leído esos «siete de Cthulhu», es de lo mejor que he leído.

Contemplando los paisajes de Saiva

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Por: Hyacintho Sol

En Saiva resuena la Suecia boreal. Su música bosqueja la melancolía de esos parajes indómitos, de esos bosques y riachuelos enmarañados, escoltados por la tibia aurora y los astros crepusculares. Es la tierra de nadie, donde cada estación impone su rigor y todo lugareño padece la feroz desolación. Su música nos remite a un mundo señero para el que la civilización no es otra cosa que una remota anécdota. De modo que, para adentrarnos en Saiva, tenemos que batir el soto, allí donde el misterio y la magia aguardan; ¿qué son esos frondosos bosques que repetidamente ilustran sus portadas, si no una declaración de intenciones?

Al escuchar el Finnmarkens Folk (2013), su primer trabajo, circunscrito a dos temas, fue imposible no reconocer algunas ideas del primer Lönndom. Era la rúbrica de Andreas Petterson: esa atmósfera tan rústica como sugestiva. Resulta interesante cómo dicho carácter sonoro revela de hecho un origen geográfico: en ninguna otra parte de Escandinavia se hace una música así. Pues la lejana Norrland, más yerma cuanto más cerca del ártico, no solo ha dejado su impronta en esta música, también ha sabido manifestarse en otros proyectos de la profunda Suecia. Hay una sonoridad común que distingue a las bandas de estos parajes. El black metal de aquí es otra escuela porque justamente proviene de una ética distinta, una concebida en el aislamiento —y en el caso de Saiva, surgida también de una singular convicción folclórica— que responde con dilección a su circunstancia, a su lugar y sus tiempos, en definitiva, al aura que Petterson y otros músicos de la zona respiran.

He seguido con interés la carrera de este músico desde sus años en Armagedda. Su arrojo para crear un arte de genuino arraigo no solo le condujo a emprender varios proyectos musicales, también le convenció de la difícil tarea de organizar, prácticamente desde la nada —y en la nada—, su propio sello discográfico: Nordvis Produktion (2005), cuyo centro de operaciones yace en la espesura lapona, territorio de renos y del misterioso pueblo saami. Desde entonces ha impulsado el trabajo de artistas de muy distintas vertientes, pero con quienes comparte ciertos ideales folclóricos y estéticos. De suerte que Saiva es parte de una ambición creativa mayor, permanentemente estimulada por la audaz renuncia de este hijo del norte a las comodidades de la vida urbana. Alguna vez, preguntado por la posibilidad de retomar Armagedda, fue tajante: «(…) la única manera sería que me encerraras en un apartamento en una gran ciudad y tirases la llave».[1]

El sencillo Sjiedvárre (2015) fue otro paso en la consecución de un sonido distintivo. El carácter de esta canción descuella del contraste permanente entre formas. Me refiero a esos arpegios introductorios que evocan otra realidad, que es también otra experiencia del tiempo: muy lejos de la civilización, las horas pasan con un sosiego enervante. El apaciguado ritmo de la batería contrasta con la agresividad contenida de las guitarras; ese choque narrativo entre el coro —cuya tesitura me atrevería a ubicar, a riesgo de equivocarme, en el barítono— y la desgarradora declamación de Petterson, que es también el contraste de la guitarra tremulante con ese esporádico solo, que finalmente se diluye con la canción misma.

En el otoño de 2017, finalmente salió a la luz su más reciente trabajo y primer álbum, Markerna bortom (Las tierras de más allá). Pero antes de referirme a este trabajo, debo advertir que, al estar escrito en sueco, así como en el aún más inaccesible finlandés (Mykät loitsut), ignoro sus temáticas concretas, lo que me resulta desafortunado, pues siempre he preferido trabajar sobre la base de reconocer el sentido de las canciones. De suerte que debí conformarme con la pura narración musical que, sin embargo, también ofrece elementos para descubrir. Evidentemente, soy incapaz de tratar esta música con la suficiente sobriedad.

El modo en que Markerna bortom inicia es fascinante, con esa melodía acústica en Lávket, que remite en el acto al Till Trevaren (2012) de Lönndom. La solemnidad de la recitación con que Petterson finaliza esta pieza se mantendrá, de diferentes formas, a lo largo del álbum. Es imposible no percibir en esos arpegios recurrentes el misticismo salvaje del paisaje, o el saber esotérico en esas palabras declamadas con brío. Cabe resaltar que músicos cercanos a Nordvis fungen como artistas invitados. Reconozco el trabajo vocal de Erik Gärdefors en Där vindar vände y de J. Kaarna Kettunen en Mykät loitsut (por cierto, brillante pieza).

En este álbum Petterson prescinde de la distorsión tremulante que caracterizó a sus anteriores trabajos. Es más acústico, más meditativo, incluso más cercano al ocultismo rockero de LIK. Aquellos tarareos chamanísticos que escuchamos en Sjiedvárre, aquí adquieren mayor relevancia, acentuando una atmósfera, descubriendo el crudo aislamiento de este mundo al oyente. Sus canciones suelen terminar sin prisas, se toman su tiempo, como los solsticios, pero de algún modo, el desolador trecho que pareciesen estar recorriendo, las trasciende, como si el mismo paisaje estuviera siendo evocado desde diferentes ángulos, desde diferentes canciones. El trabajo de teclados fue indispensable para tejer este entramado atmosférico a lo largo de esta obra devenida en un misterioso viaje de descubrimiento y autodescubrimiento; sus cerca de cincuenta minutos de duración transcurren sin siquiera notarlo, de suerte que Markerna debe ser escuchado sin prisas, con la debida parsimonia taciturna que nos exige su música.

Saiva es una reflexión desde el aislamiento, que permite al oyente entrar en comunión con el mundo del artista y con su estado de ánimo. Para lograr esto, Petterson tuvo que abjurar de los convencionalismos del black metal, manteniendo, no obstante, la herencia sonora y espiritual de Lönndom. De hecho, en este álbum reconozco un parentesco directo con el Fälen från norr (2007), me refiero a que comparten una misma aura chamanística y una misma sensación de travesía por un mundo desolador que rebosa de misterios y significados.

[1] Entrevista de Niklas Göransson (junio 2017) para Bardo Methodölogy. http://www.bardomethodology.com/articles/2017/06/28/nordvis-armagedda-interview/

Fabricando el elixir de los dioses. Entrevista a Pedro Reinoso

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Por: Hyacintho Sol

 «Nueve cantos supremos me enseñó el bello hijo

de Bölthur, padre de Bestla,

y un trago bebí del precioso hidromiel,

derramado en Ódrerir.»

Hávamál

Incursionar en lo artesanal es rebelarse contra una forma de hacer las cosas. Esta subversión de lo genérico y estandarizado de hecho impulsa algunas subculturas del hazlo tú mismo, que se inventan a sí mismas sobre la magia de un pasado imaginado. Toda una ética de la fabricación con la que simpatiza Pedro Reinoso, un ingeniero químico de la Universidad de los Andes que, a partir de su pasatiempo universitario predilecto, la preparación de hidromiel artesanal, se embarcó en una ambiciosa empresa: surgir con un producto de calidad en un mercado como el colombiano, dominado por licores de muy distintos orígenes. Sus estudios profesionales ciertamente son la piedra angular de la elaboración de un hidromiel de atributos distintivos, que busca mantener su espíritu artesanal, pero empleando técnicas más sofisticadas. Atrás quedó la inspiración mitológica y musical que dio origen a esta aventura, ahora el reto es perfeccionar y dar más identidad a un producto que busca abrirse espacio en un mercado difícil.

¡Pedro nos cuenta más!

Singular posicionamiento de marca. El Robo de Vigdri junto al busto de José María Espinosa, en la universidad que vio nacer esta idea.

¿Cuál es el origen de El Robo de Vigdri?

El Robo de Vigdri comenzó como un proyecto con un amigo, por ahí en el 2013, debido a que nuestros intereses en el metal congeniaban; en el viking metal y toda la mitología nórdica. Entonces descubrimos que existía un trago que se llama hidromiel, que era lo que tomaban los dioses del Asgard. Y nos interesó mucho. Entonces, nosotros estudiando ingeniería química, vimos un proyecto bastante interesante, y nos dio por comenzar: comprar la miel…

Desde el momento en que inició hasta la actualidad, imaginamos que hubo un proceso en el desarrollo de la receta. ¿Cómo fue ese proceso?

Proceso: ensayo y error. Pues, al fin y al cabo, comencé investigando mucho en internet recetas caseras, porque, muy poca información se encuentra con respecto al tema de (la elaboración de productos de) bastante calidad —en internet más que todo. Hasta que encontré lo mejor que utilicé para definir mi receta: fue un libro (The Compleat Meadmaker), de un autor que se llama Ken Schramm, el cual habla sobre el hidromiel. Muestra recetas, dice formas de cómo encontrar sus propias recetas, y este tipo de cosas. Seguí intentado, ensayo y error, ensayo y error. Ya (cuando) tuve un producto establecido, decía: «a la gente le gusta, a algunos sí, a algunos no, entonces voy a comenzar a dejarme llevar por lo que me digan algunas personas, para que le guste a un global». He estado tratando de perfeccionarlo en los últimos lotes que he estado haciendo.

El hidromiel básicamente se conforma de tres ingredientes: agua, miel y una levadura. Obviamente el producto más importante es la miel, entonces, para esos efectos, ¿cuáles son los criterios que utiliza para seleccionar la miel? ¿Hay alguna miel especial que esté utilizando en el producto que actualmente tiene?

Eso es bastante complicado porque ninguna miel es igual a otra. Pues las abejas en su proceso de alimentación, se alimentan de la flora que esté más a su disposición en las cercanías del panal. Entonces existen cualquier cantidad de mieles, ninguna es parecida por la cantidad de abejas, el proceso de maduración de la misma miel dentro del panal; a veces se saca antes, a veces se saca después, eso varia muchísimo. Qué pasa con mis criterios para elegir una miel. Yo tengo un proveedor con el cual hice un estudio, que fue mi proyecto de grado en la universidad, en donde yo comparé esa miel, la de mi proveedor, con otra miel, porque solo pude hacer la comparación entre esas dos. Y encontré que esa miel era muy buena para la producción de hidromiel, según toda la teoría que viene detrás: características como el PH, minerales dentro de las mieles. Esa es la miel que utilizo en este momento, porque no (se) me ha dado la oportunidad de probar otras mejores; ya no tengo las herramientas del laboratorio para hacerle los análisis que necesito, y pues me ha funcionado bien hasta el momento, y esa ha salido buena.

Insignia de la competición de hidromel más prestigiosa del mundo.

Y entonces para la selección de la levadura…

Para la levadura. En el comienzo, yo no sabía nada del tema, cuando me comencé a empapar, me di cuenta que la levadura del pan hace el proceso fermentativo y todo esto, pero genera malos sabores y leyendo el libro que le comento, (Schramm) indica ciertas especies de levadura que son buenas para la producción de hidromiel. Qué pasa, acá en Colombia es muy difícil porque la levadura es una cuestión bastante estandarizada; si uno quiere características específicas, utiliza una; si quiere vainas diferentes, que le dé un aroma frutal, utiliza unas, porque eso está muy estandarizado. Yo comencé acá en las distribuidoras de insumos cerveceros en Bogotá, buscando una levadura para vino, y la conseguí en un lugar de un señor bien chévere que de hecho se interesó mucho en el tema y me dio una levadura específicamente para vinos semiblancos… —es que esas son por grados que uno quiere tener en el producto final. Y esa fue la que escogí.

¿Además de los tres ingredientes típicos, su hidromiel tiene algo más, digamos que le dé un toque más autóctono, o son simplemente los tres productos básicos?

Los tres productos básicos hasta el momento, pues es el hidromiel tradicional donde no se le añade ninguna especia ni nada, porque existen muchas variaciones de hidromiel. Hasta el momento yo hago la tradicional, pero se le podrían agregar frutas, especias, uva, cidra, lúpulo y malta para hacer como una cerveza…

Recientemente ha surgido un interés por el hidromiel a nivel mundial, tanto que hay otras experiencias en su producción artesanal aquí en Colombia, ¿a qué cree que se deba ese auge del hidromiel?

Yo pienso que acá en Colombia, los productores de hidromiel que yo conozco que estén tratando de impulsar la bebida como tal, tienen alguna filiación a la mitología nórdica. Porque en culturas como la nuestra esa bebida se perdió. Y a nivel mundial, el crecimiento es increíble, en Estados Unidos, de hecho —en la investigación que hice de mi proyecto grado—, la rama de productores de hidromiel es la que tiene el crecimiento más grande a nivel Estados Unidos; en 2013 solo había cuarenta empresas y ya en 2016 había cuatrocientas. Entonces es una cosa loca. Acá en Colombia, los que estamos, tratamos de impulsar el producto, porque es un producto que, debido a la cerveza y al vino, se olvidó mucho. Entonces todo este tipo de cosas antiguas, como el hidromiel —la bebida alcohólica fermentada más antigua adoptada por la humanidad— se están tratando de impulsar; esa cuestión de lo vintage, todo esto se está tratando otra vez de sacar de la tierra y volver a esos productos que olvidamos. De pronto, puede ser eso, más que todo esa apropiación de lo antiguo.

¿Cree que aquí en Colombia particularmente hay una relación entre estas experiencias de producción artesanal de hidromiel y el auge de fenómenos musicales como el viking metal o el folk metal?

Total, total. De hecho, pienso yo, que lo único que hace que exista hidromiel acá en Colombia, es eso. Porque, lo que le comentaba: los pocos productores que existimos acá en Colombia, que se conozcan, definitivamente tienen una filiación con el viking metal, folk metal, black metal, todo lo que tenga una mínima relación con la cultura nórdica. Porque eso sí, no conozco a la primera persona que sepa de hidromiel (y no sepa de esta música), a menos de que ya sea un conocedor bastante de alcohol o de bebidas fermentadas, como para que diga: «no, yo conozco el hidromiel y nunca he escuchado el viking metal, no tengo ni idea qué es la mitología nórdica». Aunque hay muchas personas que conocen el hidromiel por sagas como Harry Potter o una serie como Vikings, todo ese tipo de cosas; pero los que impulsan (esta producción) son la gente que escucha viking metal y folk metal, principalmente.

En un entorno donde predomina la cerveza, el aguardiente o incluso el vino, como en Colombia, ¿cómo ha sido la recepción de su producto?

La recepción es un sí y es un no, porque acá en Colombia al fin al cabo el hidromiel es un vino. Se ha visto un crecimiento con respecto al consumo de productos vínicos acá en Colombia; hay muchos estudios al respecto.

Como la cerveza, como el aguardiente; es imposible luchar contra eso, porque eso va arraigado en la cultura colombiana…, digamos una Póker, un Águila o el aguardiente Néctar. Pero, en cuanto a la recepción, lo que yo como productor busco, es enfocarme en dos nichos: las personas que tienen mucho interés en la mitología nórdica, y las personas que tienen bastante interés en las bebidas alcohólicas fermentadas, porque hay muchos amantes de los vinos y las cervezas, que no solo se enfocan en tomar Póker por embriagarse, sino que en serio tienen un paladar para esto.

En este momento se podría decir que esto es un proyecto bastante artesanal. A pesar de que usted es ingeniero químico, aún tiene rasgos artesanales, y entiendo que se quiere mantener en ese estado.

La idea es esa, yo en este momento tengo bastantes proyectos con respecto al hidromiel, es mi proyecto de vida. La idea es mantenerlo artesanal, sí, porque pienso que la parte de industria no me llama nada la atención —de micro-filtraciones y todo este tipo de cosas— porque le quita muchas propiedades de un buen producto.

La competencia internacional no da tregua en Mazer Cup.

¿Hacia dónde ve el proyecto a futuro, qué vislumbra, qué otras metas tiene para este producto, por ejemplo, en términos de posicionamiento, de marketing, de mayor desarrollo empresarial?

Mi idea en este momento, es comenzar a sacar un mayor stock, mientras hago unos estudios con respecto al tema, lo que queda de este año. Tener stock para seguir promocionándolo por las redes sociales, que es el motor máximo en marketing, barato y fácil. En su momento la idea es fundar una cervecería, una planta para producción de hidromiel, y comenzarlo a impulsar en bares supermercados, sitios específicos de vinos; es tratar de meter el producto en el mercado.

¿Eso quiere decir que quiere incursionar en el mercado de la cerveza artesanal?

También. Ese es mi enfoque, pero sin dejar de lado como producto principal de lo que vaya a hacer, el hidromiel, porque es mi producto estrella. Lo denominaría como una cervecera artesanal, pero al fin al cabo el producto de esta empresa sería el hidromiel y, en segundo plano, la cerveza.

¿Se podría decir entonces que el proyecto enfocado al hidromiel, es llegar a consolidar un producto de muestra colombiano, que digan: «este es un hidromiel colombiano»?

Exacto. Por mi parte pienso que los productores acá no le hemos podido dar ese empujón de decir que acá en Colombia también se puede llegar a producir hidromiel como lo hacen en Estados Unidos y en Europa. Me encantaría poder llegar a ser el primero que diga: «es el hidromiel que se produce en Colombia, se vende en todos los supermercados». Para mí ya pasó de un trasfondo solamente de mi filiación con respecto a la cultura nórdica, sino a un producto al cual se le puede sacar un valor agregado increíble.

¿Se ve exponiendo su producto en un futuro en una competición?

Ese es mi sueño, y poder a llegar a tener algún premio al respecto. La única competencia importante a nivel mundial, con respecto a hidromiel, se llama de Mazer Cup, la hacen en Estados Unidos, y ellos reciben de hecho hidromieles de otros países, y los ponen en competencia entre ellos. Y sería para mí un honor poder competir y llegar a tener un producto de tan buena calidad que pueda llegar a tener algún premio o ser el mejor en alguna categoría, eso para mí sería increíble.

Pedro, muchísimas gracias por esta entrevista.

Gracias a usted.