Crítica: El hombre que conocía el infinito

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Por: Hyacintho Sol

La primera noticia que tuve de Srinivasa Ramanujan probablemente fue durante una muy pobre clase de matemáticas ya finalizando mi secundaria; recuerdo que el profesor, en su hastío por nuestra falta de interés y ante su evidente incapacidad pedagógica, resolvió dar un giro más «didáctico». Tal vez un relató sobre ciertas anécdotas relacionadas a la vida de matemáticos influyentes haría más llevadero el sinsabor de ese bodrio de curso. Las historias de matemáticos duelistas o de aquellos que irremediablemente terminaron locos fueron las que más captaron nuestra fugaz atención. Recuerdo que en algún punto hizo alusión a un genio de la India que, con una formación apenas elemental, logró destacables hallazgos matemáticos fuera de los círculos académicos occidentales. Esa, probablemente, fue la primera referencia que tuve de aquel misterioso genio.

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G. H. Hardy (Jeremy Irons) y Ramanujan (Dev Patel).

La siguiente fue en la película Good Will Hunting (1997), una interesante ficción dirigida por Gus Van Sant y escrita (aunque no lo crean) por Ben Affleck y Matt Damon, en la que este último interpretaba a Will Hunting, un joven autodidacta con un sorpréndete intelecto y una especial habilidad para las matemáticas no obstante su trabajo como conserje en el MIT. En cierto punto del filme el prestigioso profesor Gerald Lambeau (Stellan Skarsgård) surgiere a su antiguo compañero universitario, el profesor de psicología Sean Maguire (Robin Williams), que las capacidades de razonamiento de Hunting, a quien acababa de descubrir, son comparables a las del famoso matemático indio.

Cuando un matemático trasciende a la cultura popular ha de ser por logros notables en su trabajo; sin embargo, es difícil figurarse cómo una serie de avances per se en una disciplina tan abstracta como las matemáticas pueden reportarle tal renombre fuera del mundo académico. Afortunadamente, tras la lectura de un brillante libro de divulgación científica «comprendí» algo de la genialidad de Ramanujan. En un capítulo de Hiperespacio (2007), de Michio Kaku, se relatan algunas de sus hazañas y de su inadvertido servicio a la física teórica, además de ciertos pasajes biográficos que revelan la magnitud de su genio. Fue de hecho una misteriosa contribución suya en el área de las funciones modulares, la que curiosamente terminaría dando, décadas más tarde, alguna luz sobre el estudio de la críptica teoría de cuerdas, el modelo teórico aún en construcción que busca entender unificadamente todas las fuerzas conocidas de la naturaleza en un espacio multidimensional; ¿qué significa todo esto? Básicamente que estás funciones especiales son un eslabón fundamental de una teoría que pretende explicar todo el cosmos, tanto en su funcionamiento como en su origen.

Al término de esta lectura busqué más información sobre Ramanujan y pronto di con El hombre que conocía el infinito (2015), una película dirigida por Matthew Brown y basada en el libro homónimo (1991) de Robert Kanigel. Protagonizada por Dev Patel (el chico de Slumdog Millionaire) quien encarna al genio oriental, se centra en la peculiar relación que éste sostuvo con G.H. Hardy (Jeremy Irons), reconocido matemático británico de la primera mitad del siglo XX. La cercanía en el ámbito profesional solo es comparable al abismo que les separaba en lo personal. Así fue la relación entre ambos matemáticos y así lo muestra una cinta que sin embargo no termina de persuadirnos sobre la grandeza de Ramanujan.

Este biopic irremediablemente nos deja algunas inquietudes. Si bien se reconoce el genio del matemático indio, no queda muy clara cuál era la naturaleza de su trabajo salvo aquel fragmento en el que Hardy describe someramente un problema de particiones numéricas además de la resolución propuesta por Ramanujan. Y es que una película que intenta retratar a una mente excepcional debería valerse de recursos igualmente excepcionales para ilustrar a un público lego el significado de su contribución. Si bien no he leído el libro de Kanigel, me temo que Brown, quien recordemos también es guionista de esta adaptación, se abstuvo de tomar demasiados riesgos queriendo evitar una historia enrevesada con apuntes academicistas, en cambio, concentrándose en el desarrollo de varios contrastes, argumentalmente no siempre bien resueltos: un hombre hecho a sí mismo llegado de una colonia al corazón metropolitano de la élite académica blanca; el misticismo detrás de sus ideas matemáticas frente al desencantamiento ateo de Hardy; la convulsión política y el chovinismo exacerbados por una guerra y su embate sobre quienes expresan su pacifismo, entre ellos, un Bertrand Russell (Jeremy Northam) con un rol más bien ornamental.

Al principio de esta película hubo sin embargo una insinuación de cómo pudo abordarse alternativamente el problema pedagógico que supone llevar a la gran pantalla un tema tan complejo como las matemáticas. Me refiero al intento de Ramanujan de explicar poéticamente su trabajo a su esposa Janaki (Devika Bhise) acudiendo a la naturaleza y a los patrones que en ésta se pueden descubrir. A mi juicio, fue una oportunidad perdida no desarrollar más esta posibilidad: la aproximación al mundo de las matemáticas mediante metáforas, recurriendo a las formas, a las alegorías de la vida e incluso a aquella divinidad que según Ramanujan, inspiraba sus ideas. Lograr algo así no es imposible, más después del magistral manejo que se hizo de un tema también complicado en The Big Short (2015), esa excelente comedia dramática que aborda las causas de la explosión de la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos (2007-2008). Sin caer en un derrotero documental, supo ofrecer una variedad de aproximaciones, de ilustraciones, de perspectivas, y hasta de justa acidez, que nos introdujo, incluso con vértigo, en aquel jolgorio especulativo que desembocó en la última gran crisis económica mundial.

El hombre que conocía el infinito será una película intrascendente por mantener inaccesible la genialidad de Ramanujan al gran público, por el tono moralizante de una trama que intenta forzar la empatía con un protagonista gris con ocasionales muestras de ausencia, cuyas motivaciones y vicisitudes simplemente no son suficientes. Nunca conecté con este Ramanujan de Patel; es que ni siquiera me creí la relación con su esposa. A lo largo de esta cinta se insistió en la broma de que John Littlewood (Toby Jones) era producto de la imaginación de su colega y amigo G. H. Hardy; en perspectiva este chascarrillo me resulta tragicómico siendo que el espectral Ramanujan aquí representado encaja mejor como engendro de los anhelos del viejo Hardy.

Gunga Din, venido de la india para demostrar su valía al hombre blanco, como por arte de birlibirloque se transforma en una fantasmagórica alegoría, una moraleja sobre el exotismo de oriente y sus ignotas maravillas. No más que poesía, poesía de la mala conciencia.

Siete álbumes de metal inspirados en la obra de H.P. Lovecraft

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Por: Hyacintho Sol

…y la frenética música había acabado transformándose en una orgía desenfrenada e irreconociblemente automática que ninguna pluma podría siquiera intentar describir.

La música de Erich Zann

Lovecraft

Con seguridad ha sido el heavy metal, en su definición amplia, el género musical que más provecho ha sacado de la literatura de Lovecraft (1890-1937), el padrino estadounidense del terror cósmico, nacido en Providence, Rhode Island, en la antigua región de Nueva Inglaterra. Las razones de esta especial atracción no son difíciles de dilucidar. En el universo literario por él creado, la humanidad está a merced de fuerzas despiadadas e incompresibles; ya sea en el reino de los sueños o en algún paraje del mundo de la vigilia, allí aguarda oculto algún horror dispuesto a terminar con toda certidumbre humana sobre la naturaleza del mundo o de sus moradores. Todo un acervo literario que por décadas ha inspirado un sinnúmero de temas musicales; pero es con el arribo del heavy metal en sus diferentes vertientes, que la obra del atribulado escritor encontró un auténtico vehículo para llegar a nuevas generaciones de potenciales lectores. Desde sus inicios, este género musical ha estado comprometido con lo oscuro, lo numinoso, lo sórdido, lo incorrecto e indescriptible, y un larguísimo etcétera; desde luego, su maridaje con esta obra fue un paso lógico.

Un apropiado test de asociación de palabras traería a la mente de los amantes de diversos estilos de heavy metal, numerosas canciones, bandas, álbumes y portadas que exploran temáticas alusivas a este universo. Quién no recuerda Behind the Wall of Sleep (1970) de Black Sabbath; o el maravilloso instrumental The Call Of Ktulu (1984) de Metallica, en tiempos de Cliff Burton; las alusiones egipcias y lovecraftianas en Amongst the Catacombs of Nephren-Ka (1998) de Nile; los frenéticos solos de Azagthoth en Lord of All Fevers & Plague (1989) de Morbid Angel; el gran despliegue técnico en The Music of Erich Zann (1988) de Mekong Delta; o la fantástica Cthulhu Dawn (2000) de Cradle of Filth, con la que algunos crecimos.

La diversidad es amplia, prácticamente no existe subgénero del heavy metal que no haya incursionado en terrenos del terror cósmico. Asimismo, las interpretaciones de esta literatura son variadas y eso enriquece aún más el panorama. Ahora bien, ¿qué bandas y qué trabajos discográficos destacan en este ámbito?

Desde hace un tiempo me empeño en responder esta inquietud, identificando aquellos álbumes de temática lovecraftiana que, a mi juicio, mejor retratan este universo literario. Una iniciativa que surgió gracias a la inquebrantable curiosidad musical que padezco; es ese apetito por descubrir alguna joya en cualquier rincón de una tienda de discos, o quizás, en medio de una amena y malsana conversación al calor de un café, o en internet, donde ahora, casi como un formalismo, ocurren estos encuentros. En estos tiempos, lo underground es una cascada de experiencias que nos embiste sin aquella mística del encuentro de antaño, pues todo está al alcance de un clic.

Debo reconocer que fue un ejercicio tan frustrante como enriquecedor. Antes que nada, me impuse un sinnúmero de criterios de elección que incumplí no más iniciar esta pequeña aventura. Muy temprano advertí que, si bien hay muchísimas canciones comprometidas con el temario lovecraftiano, asimismo eran pocos los álbumes y menos aún las bandas que se abocan por completo a ello. Sin embargo, este pequeño traspié necesariamente me llevó a subgéneros que habitualmente no exploro y al descubrimiento de bandas interesantísimas, algunas de las cuales se volverían entrañables. Fue grato descubrir que la mayoría de trabajos aquí reseñados son recientes, lo cual da a pensar que la literatura de Lovecraft es inagotable en el mundo del heavy metal y que, con el tiempo, cada vez se hacen más y mejores apuestas musicales en torno a su nombre. Desde el principio sabía que, en un ejercicio como éste, la ecuanimidad es una exigencia ingenua, y a la postre serían intereses y pasiones muy personales los que entrarían en juego a la hora de escoger aquellos álbumes reconocidos por este artículo. No siendo más, me permito reseñar en orden ascendente dicha selección.

(Después de estas reseñas hay un vídeo con fragmentos de los álbumes seleccionados).

VII

CTHULHU de Ceremonial Castings

Género: Black Metal Atmosférico-melódico

Lanzamiento: julio 8 de 2014

Sello: Dark Forest Productions

DEL AQUELARRE AL HORROR CÓSMICO. Después de 18 años de continua maduración artística, Ceremonial Castings lanzó Cthulhu (2014), su noveno álbum y el segundo como apuesta conceptual. Los hermanos Superchi, mejor conocidos como The Witcher y OldNick, definen su música como Bewitching Black Metal. En efecto, la brujería es tema recurrente en sus trabajos, lo que no es capricho, como buenos hijos de Nueva Inglaterra estuvieron expuestos desde muy jóvenes a esas aterradoras historias en torno a los Juicios de Salem (1692-1693). De hecho, aseguran ser descendientes del juez John Hathorne (1641-1717), quien desempeñó un papel relevante en aquella ordalía sanguinaria, y por supuesto, de su tataranieto, el novelista romántico oscuro, Nathaniel Hawthorne (1804-1864), autor de La casa de los siete tejados.

La obsesión por la brujería está inscrita en la sangre de los Superchi, pero eso no les impidió adentrarse en otros parajes. No olvidemos su procedencia, de modo que su incursión en la imaginería lovecraftiana no fue sorpresiva. Sépase además que aquellos enjuiciamientos históricos impactaron también a Lovecraft, quien se permitió mencionarlos en sus relatos, e incluso, ubicar a Salem en los mismos. Fuera de esto, en su conocido ensayo, El horror sobrenatural en la literatura (1927), señala la influencia de dichos acontecimientos en los trabajos de varios escritores, entre ellos, por supuesto, el señor Hawthorne.

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Como siempre, las portadas de Kris Verwimp sintetizan lealmente lo que sus mecenas quieren trasmitir. La calidad de su trabajo le ha llevado a ser la primera opción de un sinnúmero de bandas de diferentes géneros.

De manera que la idea detrás del álbum Cthulhu surgió con mucha naturalidad. Una idea que además permitió gestar un salto cualitativo a la banda, llevando sus tradicionales sonidos sinfónicos a un plano más atmosférico. Esto se evidencia no más empieza la primera canción, The Great Old Ones, hábilmente ornamentada con rumores sintetizados que evocan mundos alienígenas. Mientras tanto, la flexibilidad vocal de The Witcher añade magia a esa atmosfera. Su rango de voces varia del gutural al rasgado, además de unos profundos y solemnes cantos en limpio que me recuerdan al Saruman de Christopher Lee.

Si bien la labor de OldNick al frente de los teclados es destacable, queda la sensación de que buena parte de los detalles elaborados para la ambientación fueron opacados por los demás instrumentos. La existencia de un segundo disco exclusivamente con el magistral trabajo de teclados, alimenta esa sensación. Este instrumento mereció un mayor protagonismo. Curiosamente, por su carácter plenamente atmosférico, dicho B-side resulta ideal como acompañamiento de juegos de rol con temáticas oscuras o propiamente lovecraftianas. Seguramente ya ha sido empleado con esos propósitos.

Si ocasionalmente el aporte de los teclados no se puede apreciar en toda su magnitud, respecto a las letras cabe decir algo parecido. Algunas resultan muy crípticas, como si hubiese un barullo de referencias de distintos relatos metidos en la misma canción; no obstante, esto termina sumando identidad a esa pretendida atmósfera de oscuridad y de saberes arcanos que la banda quiere expresar. ¿Qué agrupación de black metal puede preciarse de transmitir con absoluta transparencia sus letras?

Gran Nodens de la mano plateada,

Señor-abismal bajo las olas

Maestro secreto de lo abisal,

Yog-Sothoth se encuentra tras la Puertas

Crypt of the Kraken King

Bajo el auspicio de su propio sello, Dark Forest Productions, los hermanos Superchi han perfeccionado su arte. Sus nueve álbumes de estudio y la buena recepción que generalmente han logrado, así lo acreditan. Desafortunadamente, este último trabajo discográfico significó la partida de su baterista Mathew «Blood Hammer» Mattern, además de dar inicio al que seguramente será un prolongado hiato en la actividad de la banda. Un descanso merecido, esperemos que de ningún modo permanente.

VI

THE AWAKENING / LAST FIGHT OF THE PRIMORDIAL de Back to R’Lyeh

Género: Metal Progresivo-experimental

Lanzamiento: diciembre 23 de 2013 (digital)

Sello: Noma Records (físico)

¡LUCES, CÁMARAS…, ACCIÓN! En el mundo de la música los experimentos ocurren acaso por el hartazgo de unos inconformistas con un medio artístico saturado de lo mismo. Ese es el caso de Back to R’Lyeh y su ambicioso primer ópera-álbum The Awakening / Last Fight of the Primordial. Lanzado digitalmente en diciembre de 2013 y a la postre en formato físico bajo el auspicio de Noma Records, es el primer trabajo de unos españoles que exploran nuevas dimensiones musicales en su aspiración de acercarse a un universo literario que siempre exige innovación a la hora de ser representado audiovisualmente. Pero estos madrileños incluso van más allá al embarcarse en una reinvención del cosmos lovecraftiano y de sus posibilidades. En efecto, BtR’ es tanto una apuesta musical como literaria.

Definir esta banda es tan complicado como las estructuras de sus canciones. Obviando el término Avant-garde, que considero un eufemismo, una elegante disculpa si se quiere, que aparece con la incapacidad de catalogar un trabajo musical, es evidente que BtR’ bebe de muchas fuentes, no obstante, su alma conceptual es cercana al metal progresivo. Sus canciones varían en estructura y tiempos, involucrando diversidad de ritmos y estilos vocales, de este modo encontramos una vorágine de ritmos con pasajes vertiginosos que súbitamente abren paso a oasis de serenidad. Un metal progresivo que ligeramente coquetea con el jazz trocando de pronto en metal extremo, y no olvidemos la interlocución de voces limpias y guturales. Difícil de digerir si olvidásemos que estas peculiares estructuras musicales obedecen a un interesante relato subyacente, que los tiempos musicales tienen un correlato en los tiempos narrativos. Hay algo de cinematográfico en esta apuesta, casi como si pudiésemos llevar este álbum a la pantalla grande. Interesante pero ambicioso.

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Las formaciones tentaculares son recurrentes en las ilustraciones lovecraftianas. La portada de este trabajo estuvo a cargo de Toth Art Studio y Carlos Romo.

Y la ambición del vocalista y letrista «Hanz Beckert» llega lejos, pues este trabajo no es la típica adaptación de un cuento lovecraftiano en clave metalera. Estamos ante un relato original que reinterpreta el mundo del famoso escritor, no sin develar ciertos paralelismos con el cuento La llamada de Cthulhu (1928). Es la odisea de Basil Abscond, el atribulado héroe de esta historia que, por su avidez de conocimiento sobre una antigua secta, termina envuelto en hórridos incidentes con criaturas sedientas de sangre:

Entonces supe de los Durmientes,

Aguardando abajo en el abismo…

…ocultos desde que el sol era joven,

Soñando con su tiempo por venir…

Basil Abscond

A pesar de retomar la narración en primera persona que hace tan íntimo el terror de Lovecraft, los chicos de BtR’ dan un sentido muy diferente a su obra. Aquí el protagonista sí se siente en la capacidad de hacer frente a las terribles fuerzas de lo desconocido; no se amedrenta, y cual «Schwarzenegger» se pone a la vanguardia de una épica arremetida contra el origen de sus peores amarguras. Sin embargo, esta propuesta literaria termina desnaturalizado el horror cósmico, llevándolo si se quiere a un plano más prosaico de la ciencia ficción e incluso del género de aventura:

La última oportunidad de ganar esta batalla y la guerra,

Es una cabeza nuclear,

Apuntando a la grieta,

El dispositivo está armado y listo para explotar,

Condenadas bestias alienígenas,

Ahora para ustedes viene la noche…

Nuclear Warhead

¿Blasfemia contra Lovecraft? De ningún modo, solo una manera alternativa de abordar su legado en coherencia con una propuesta musical alejada de toda ortodoxia. BtR’ muestra que se pueden proponer cosas interesantes y distintivas apelando a una mitología literaria concurridísima en el ámbito metalero. Eso sí, aquí desaparece buena parte de la oscuridad que ambienta los cuentos del autor en aras de un relato entregado al vértigo y al heroísmo de celuloide. Desde luego, este álbum puede ser auténtica kryptonita para quienes están cómodos con el metal extremo de inspiración lovecraftiana. Mientras tanto, los buscadores de nuevas experiencias en materia musical probablemente apreciarán mejor este disco, difícil de escuchar, pero muy interesante cuando se comprende de qué va.

V

FROM VOID TO OCEAN de Space God Ritual

Género: Doom Metal

Lanzamiento: noviembre 10 de 2014

Sello: Morose Music Inc.

FROM BOOKHOUSE WITH HORROR. Escuchar Space God Ritual es un ejercicio de remembranza, un retorno a los fundamentos del doom metal. En su haber tiene 4 álbumes de estudio producidos con un apasionamiento artesanal. Y es que Brendan Butler, mente maestra de este proyecto, ilustrador ocasional, además de manejar el pequeño sello Morose Records, ha incursionado en la escena doom con trabajos de creciente calidad y apoyándose en el ingenio y perseverancia de un intermitente círculo de colaboradores. Algo meritorio si consideramos el escaso apoyo de los circuitos discográficos tradicionales; y también paradójico, siendo Portland una tierra fértil para el doom. En tanto que Bookhouse, el estudio de grabación y biblioteca erigido por Butler y compañía, siga en pie, SGR continuará ofreciéndonos buenas producciones.

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Entre el vasto bestiario lovecraftiano, vaya uno a saber qué diablos es esa cosa: ¿Shub-Niggurath o acaso alguno de sus nauseabundos retoños?

Desde sus inicios, esta banda se ha inspirado en el horror lovecraftiano para dar un sentido muy propio a su música. Pero es con su tercer álbum que estos chicos de la costa oeste, lejísimos de la vieja y tenebrosa Nueva Inglaterra, concibieron un auténtico tributo a la literatura y la mitología del atormentado genio de Providence. Lanzado en noviembre de 2014, From Void to Ocean es un viaje por este universo de espanto, revelándonos algo de la ominosa naturaleza de los Grandes Antiguos y de su influencia turbadora en la psiquis humana:

Un caos reptante ha robado mi voluntad

Puedo oír voces inhumanas levantarse en himnos inauditos

desde los albores de nuestra insignificante raza.

Aeons Upon Aeons

Pero no vayamos tan lejos. La grotesca y vívida portada del disco, magníficamente ilustrada por el portugués Zé Burnay, es un indicio peculiarmente colorido de lo que se avecina. Con los primeros riffs y unos arreglos de evocación arcana, rápidamente lo comprendemos. Por su parte, el distintivo canto de Alexander Olaff nos remite de inmediato a los tiempos dorados del doom, obviando que su estilo tiene tantos admiradores como detractores. Para gustos hay colores; y debo admitir que, cuando pululan bandas de metal extremo de inspiración lovecraftiana, las propuestas diferentes pueden ser refrescantes. Acaso un canto limpio y unos buenos acordes basten para ganar nuevos adeptos al horror cósmico. A propósito, es oportuno destacar los buenos oficios de Lee Waldron al frente de las guitarras rítmicas; un miembro fundador y asimismo ocasional, a quien debemos también la ocurrencia juvenil que dio nombre a esta banda.

Las canciones de este álbum son breves historias sobre algunas de las más horrendas criaturas salidas de la pluma de Lovecraft. Y cómo podría faltar, la canción que da nombre a este trabajo es desde luego una advertencia de los padecimientos que aguardan a la humanidad tras el advenimiento del terrible Cthulhu:

Desde el Vacío al océano viene el Señor

En las profundidades se reúnen sus hordas

En sus sueños él trama la caída del hombre

Y las grietas aparecen en los muros oníricos

From Void to Ocean

Volviendo a los arreglos musicales, se advierte que, con el tiempo y la experiencia ganada, el trabajo de producción ha mejorado sustancialmente. En este álbum las estructuras de las canciones son más complejas que en los anteriores, e incluso hay unos interesantes atisbos orquestales que dan una atmósfera apropiadísima como en la obertura de War Of The Elder Gods. Las guitarras distorsionadas siempre lo están en sus justas proporciones, dando un toque de suciedad que nunca desencaja. En fin, un poco más de 40 minutos de buena música.

Quienes atesoran la literatura de Lovecraft y además disfrutan los ritmos lentos del doom clásico, encontrarán que en este álbum confluyen sus amores. Por su parte, quienes tienen el oído bien curtido al fragor del metal extremo, me temo que probablemente no encontrarán en SGR un vehículo apropiado para conocer o redescubrir al padrino del terror cósmico. En todo caso…, disfrútenlo.

¿What kind of unspeakable sounds will come out soon from the mysterious Bookhouse?

P.D. Quiero agradecer a Brendan Butler por tomarse la molestia de buscar y enviarme las letras de este álbum y permitirme hacer una investigación más profunda.

IV

SWALLOWED BY THE OCEAN’S TIDE de Sulphur Aeon

Género: Death Metal

Lanzamiento: enero 11 de 2013

Sello: Imperium Productions

EL TERROR ABISAL. Vislumbro cómo pudieron ser las macabras experiencias oníricas de Lovecraft en su infancia. Quizás fue recurrente aquella en la que era engullido por un vórtice tentacular, una ominosa marea que lo conducía a las profundidades del océano. Imaginen el terror y la impotencia del ahogamiento, de estar a merced de una criatura que te destroza la cordura antes que las entrañas. Algo de ese espanto a los mares y sus misterios se reconocen en el debut de los alemanes de Sulphur Aeon con Swallowed by the Ocean’s Tide. Su música es la perfecta banda sonora de un mar embravecido, de una tormenta sobre el Pacífico, o mejor, en sus profundidades.

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Sin palabras.

Pero iniciemos con su aterradora portada, impactante como pocas. Sin duda uno de los mejores trabajos del ilustrador sueco Ola Larsson. El paisaje abisal nos muestra el despertar de Cthulhu tras un larguísimo sueño de urdimbres misantrópicas. Entre tanto, la sugestiva obertura es una invocación a esa monstruosa deidad allá en sus aposentos submarinos; entre líneas se reconoce el célebre y protervo salmo Phnglui mglwnafh Cthulhu Rlyeh wgahnagl fhtagn…, En la Ciudad de Rlyeh el difunto Cthulhu aguarda soñando. Inmediatamente, como una bofetada magistral inician los primeros acordes de Torsten Horstmann, encadenados a los baquetazos de Daniel Dickmann. Es la épica Incantation. Frenetismo y mucha técnica nos aguardan de aquí en adelante.

En este death metal prolijo a la hora de concebir atmosferas, se descubren algunas reminiscencias de la venerada Dissection; esa melodiosa solemnidad. No obstante, este es un proyecto con voz propia y bajo la batuta creativa de Horstmann, que inició labores en 2010 arropándose en un espíritu de total libertad compositiva. Por eso, ha sido asombroso el tempranero reconocimiento alcanzado en la escena del death alemán tras su debut con Swallowed…, numerosas reseñas dan testimonio de eso.

El death metal ha tenido una antiquísima atracción por la literatura lovecraftiana. Eso no es misterio. Y si bien Sulphur Aeon de ningún modo revoluciona el género, sí tiene éxito creando una atmósfera que escenifica los horrores ancestrales descritos por Lovecraft; de hecho, a mi parecer, es uno de los grupos de death que mejor lo hacen.

Más allá de las fronteras del espacio

agujeros de gusano engullen el tiempo

secretos enterrados bajo las estrellas

encerrados en dimensiones de horror.

From the Stars to the Sea

Naturalmente Sulphur es una banda para los amantes de metal extremo. Y no se dejen engañar por su frenesí, debe ser apreciada con celo ya que está llena de detalles, de arreglos, de cambios de ritmo y de pasajes majestuosos que la alejan del estereotipo, de la redundancia compositiva y de ese carácter tan soporífero que padecen algunas bandas con pretensiones semejantes. Estos chicos hacen buen metal, y si disfrutan este álbum, seguramente lo harán con su siguiente producción, Gateway to the Antisphere, un gran trabajo que se saborea desde la portada misma, otra colosal obra de arte de Larsson.

III

NON-EUCLIDEAN SPACES de Anthropia

Género: Metal Progresivo-sinfónico

Lanzamiento: marzo 15 de 2015

Sello: Adarca Records

CONFLUENCIA DE SONIDOS EN EL TEATRO DEL HORROR. Un gran acervo creativo es necesario para representar musicalmente y con originalidad el universo de Lovecraft, así como ese algo no precisamente literario, acaso supra-literario, que sutilmente se asoma en algunos de sus textos. Anthropia es una de pocas bandas que, con mucho ingenio, logra ese cometido. Es esa inventiva que se traduce en música de calidad y que de a poco les trae reconocimiento en la escena del metal progresivo francés e internacional.

Estos artesanos del sonido, naturales de Niza, ya cuentan con tres álbumes en su haber, y su última producción, una auténtica ópera sobre los Mitos de Cthulhu y otros escritos de Lovecraft, es también una síntesis de diferentes influencias artísticas. Si quisiésemos definir su música detalladamente, diríamos que hacen un metal progresivo con elementos de power sinfónico, aderezados con algunos pasajes acústicos magistralmente ejecutados por Hugues Lefebvre, líder de la formación y vocalista junto a Nathalie Olmi, de cuya protagónica voz se reconoce el carácter de esta banda. Asimismo, este álbum tiene invitados de renombre como el consagrado Arjen Anthony Lucassen (Ayreon) en los pasajes narrativos, o Edu Falaschi (ex-Angra, Almah), que interpreta un interesante dueto con Olmi en The Snake Den, una canción que también se sirve de Pascal Allaigre en la guitarra; la lista de invitados es cerrada por Laurent Tardy, al frente del piano en la bellísima The Part of Them in Me. La formación permanente es completada por Yann Mohuad en las guitarras, Julien Negro en el bajo y Damien Rainaud en la batería. Curiosamente, la mayor parte de esta alineación participó en Hamka, una banda de orígenes similares en la costa sur francesa.

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Randolph Carter explorando los senderos más prohibidos en la geografía de sus sueños. Trabajo del ilustrador David Demaret.

Dando protagonismo al apesadumbrado Randolph Carter y sus experiencias oníricas, los de Anthropia se lanzan a un singular viaje por el perverso cosmos del maestro del terror: desde la Madriguera de la Serpiente, allá en las colinas detrás de Arkham; desde el tenebroso Yuggoth, allá en los lejanos confines del sistema solar; nos revelan lugares de geometrías inefables que apenas se dejan bosquejar en el título de este álbum. Valiéndose de un peculiar estilo literario, introducen la voz de personajes clásicos de la imaginería lovecraftiana como Asenath Waite o del mencionado señor Carter; pero también arrojan a este teatro del horror al mismísimo Lovecraft, cuyo papel, como si se tratara de un demencial retorno sobre sus pasos, consiste en repasar algunos fragmentos fruto de su propia pluma:

Ella (la señorita Waite) era morena, pequeña y muy atractiva, pese a sus ojos saltones. Algo en su expresión hacía que la gente sensible evitara su trato. Era su origen el causante de que la gente del común la evitara.

The Part of Them in Me

Paráfrasis del cuento «La cosa en el umbral»

Invocado solo para dar vida a sus relatos, ¡vaya tormento! Si Back to R’Lyeh tuvo pretensiones cinematográficas con su primer álbum, los de Anthropia, insinuaciones dramatúrgicas con el suyo. La canción que da cierre a este trabajo nos revela con un cierto humor negro parte del trasfondo de Non-Euclidean Spaces: ¿Acaso no somos objetos de algún tipo de narración? ¿Qué somos cuando no autores, en este curioso teatro de la vida?

De cierto modo

Todos somos estrellas de cine

En las glosas del guion de alguien

Recitando nuestras líneas

E inadvertidamente

Estamos interpretando un papel

Toda nuestra vida

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Más allá de cualquier reflexión sobre la condición humana que pueda insinuarse en este trabajo, resulta asombrosa la forma como todo ese entramado narrativo es consumado musicalmente. La magia de los arreglos orquestales y los ritmos de las canciones ayudan a eso, sin embargo, y sin más dilación, debemos destacar las incursiones acústicas de Lefebvre, como en el tema Silver Twilight Lodge, basado en el estudio número 11, de evocación tanto melancólica como misteriosa, del maestro brasilero Heitor Villa-Lobos. Y no olvidemos el muy exigente instrumental Fuoco, también una adaptación, en este caso, del maestro francés Roland Dyens. Es evidente la influencia que tiene la guitarra clásica y sus capacidades en la música de Lefebvre.

Y la inventiva de este artista no termina en lo musical. Además de producir los trabajos de Anthropia de forma independiente bajo el sello Adarca Records, también contribuyó en una ingeniosa campaña de crowdfunding para financiar este último trabajo.

Definitivamente, cuando el apasionamiento acompaña a una buena idea, suceden cosas interesantes.

II

HEAD OF THE DEMON de Head of the Demon

Género: Blackened Doom Metal

Lanzamiento: septiembre de 2012 (Vinilo 12″)

Sello: The Ajna Offensive (CD)

LA INQUIETANTE ESCULTURA LABRADA CON MALDAD. De esencia minimalista, guitarras distorsionadas, ritmos lentos y pocas concesiones. Así es la cabeza del demonio esculpida por estos suecos sin recato. Una escultura que me atrevo a vaticinar, será objeto de culto, como aquellas reliquias veneradas por esa siniestra y ubicua secta de La llamada de Cthulhu (1928). Y no se engañen por su tesitura minimalista, estar ante semejante entidad, es adentrarse en una atmosfera espesa y esotérica. Quien ose escuchar a la ciclópea criatura, inadvertidamente se entrega al ritual, a su cadencia, a su morbo primordial.

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Revela y estremece.

Louis Jean Desprez (1743-1804) fue el artífice del grabado que sirve como portada de este trabajo: una reinterpretación de la mítica Quimera. Alada y tricéfala, bajo la oscura complicidad de un arco, está devorando a un hombre que de por sí, ya reposa en sus entrañas. Es una ilustración exuberante, con exóticos matorrales que salvaguardan a criaturas repugnantes (inapreciables salvo en el grabado original); o esos restos de pasadas carnicerías, que solo agregan hedor a un panorama ya viciado por la luz menguante de una luna que parece escabullirse ante el grotesco espectáculo. Aquí la ausencia de color y la nitidez de los trazos, son apenas una advertencia de lo que nos aguarda musicalmente.

En efecto, sus canciones pertenecen a un mundo lóbrego y de inquietante sosiego, que resuena con esas guitarras tocadas como antaño, pero con un sabor distintivo. Son piezas de más de cinco minutos de duración que por su distorsión y lenta cadencia, trocan en un sugestivo y traicionero brebaje. Al principio de They Lie in Wait Riding the Waste hay una voz lejana, tal vez femenina, tatareando la melodía, y ese precisamente es el efecto de este álbum…, algo de su música se queda contigo, traiciona tu juicio y de pronto tienes esos riffs en la cabeza. El brebaje hace efecto, como los buenos relatos del genio de Providence; algo dejan removiendo tus entrañas.

Por sus dimensiones, cabría esperar de estos temas una mayor extensión en sus letras, generalmente reducidas a un puñado de líneas. De hecho, esa es parte de su magia; en algunas canciones las palabras tienen un papel más bien testimonial, la narración continúa de manera extralingüística. Qué más lovecraftiano que eso.

Dentro de sus santuarios

Los laberintos se entrelazan

En un diseño mórbido

Más allá de la mente de Euclides

By Titan Hand

Si bien los creadores de este álbum pretendieron no revelar sus identidades, es relativamente sencillo descubrir que Konstantin Papavassiliou (ex-Kaamos, ex-Saturnalia Temple) encabeza este proyecto musical. Este guitarrista admite que originalmente las canciones tenían texturas más pesadas y distorsionadas, pero en tanto fueron ensayadas, mejoró la afinación de las guitarras para aclarar los riffs. De modo que la distorsión presente en el producto final, de ningún modo es esa trampa fangosa en la que terminan cayendo algunas bandas de doom. Aun así, Head of the Demon puede resultar tediosa para el oyente desprevenido debido a la estructura repetitiva de sus canciones, tardas en el cambio de ritmos. Por eso, ésta es una de esas bandas que merecen ser escuchadas en las circunstancias adecuadas; con la suficiente paciencia se descubren esos rasgos tan atrapantes de la cabeza del demonio.

I

DREAMQUEST de Evol

Género: «Desconocido»

Lanzamiento: mayo 8 de 1996

Sello: Adipocere Records

LA BANDA SONORA DE LOVECRAFTEvol es un asalto a los sentidos, es desconcierto y atmosfera en sus justas proporciones. Ellos anduvieron por la senda del onirismo donde confluyen la belleza solemne y el espanto demencial. Su vocación por lo oculto, ahora, dos décadas más tarde, se me antoja legendaria. Pareciese que esta búsqueda de ensueño no quedase anquilosada en su época, y que, con cada ceremoniosa escucha, redescubro su exótico fuego, que no termina de consumirse, que no termina de consumirme.

Provenientes del Véneto, al norte de Italia, los de Evol hicieron de su música un lugar de culto, así como un corpus de experimentación prácticamente indefinible. Saber a ciencia cierta en qué género se inscriben, es ilusorio. Sus tres álbumes acusan cierta evolución, en tanto que todos guardan algo en común: esa prolija capacidad de transportar al oyente. Algunos definen esta banda como un black metal con varios apellidos: atmosférico, medieval, folk, etcétera, acaso como un intento de desentrañar su naturaleza por pedacitos. No obstante, es discutible incluso que sea black metal en toda regla, así su estética visual inaugural, el uso de corpse paint, estuviese ajustada al canon blackmetalero de principios de los noventa; o que estuviese relacionada con bandas contemporáneas fácilmente encasillables en este género. Por otra parte, sacar el comodín de la manga y catalogar su música de avant-garde, es una impostura. Me gusta pensar en estos artistas como creadores de sueños, de nuevas realidades; sus letras y sus sonidos van siempre en esta dirección, y quizá es hacia allá donde deba buscarse una definición más apropiada de su música, no obstante, prefiero dejar esta cuestión abierta a debate.

La historia del trabajo Dreamquest comienza dos años antes de su lanzamiento. En 1994 es publicada la segunda demo-tape de estos paduanos, titulada The Dark Dreamquest Part I. Allí destacan temas como Sad Doom of a Dark Soul o The Ancient King of Ice, ambos retomados en este álbum. A pesar de la crudeza de esta primera grabación, fácilmente se reconoce esa atmosfera tan peculiar que identificaría a la banda en años siguientes.

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Arquitecturas imposibles y espectrales se alzan a la vista en esta búsqueda de ensueño. Ilustración del estudio Kromatos.

Este álbum descansa conceptualmente, en su mayoría, en el póstumo y extraño relato de Lovecraft, La Búsqueda en Sueños de Kadath la Desconocida (según la Editorial Alpha Decay), sobre las vicisitudes de Randolph Carter en el País de los Sueños y su búsqueda de la maravillosa ciudad del sol poniente, Kadath, donde reposan los dioses oníricos. De este modo, Evol nos trae una interpretación de diversos pasajes y lugares relatados en este sorprendente cuento que, curiosamente, fue repudiado por su autor, entre otras razones por considerarlo un producto no de su voz auténtica; según él, allí no estaba todavía su sello, sino el de su tan admirado, Lord Dunsany (1878-1957).

De la soberbia creativa del Príncipe de la Agonía, o Giordano Bruno, como también se hace llamar el fundador de Evol, se reconoce cierta coincidencia intelectual con Lovecraft, a quien este músico considera un alma noble, un igual, por decirlo de algún modo; probablemente identificando en él, una misma altivez heroica ante la vida moderna y sus tragedias. No importan las décadas que les separan, ambos artistas son críticos de la sociedad moderna a la que consideran decadente, y de cierto modo, sus respectivas obras responden a un menester escapista, por la aventura en otros mundos más allá de las miserias y vacuidades que pululan en éste. En este sentido, el Dreamquest es un álbum construido como baluarte para las nobles almas en busca de catarsis, de aventura, de escape. Y qué mejor escape que la literatura del taciturno maestro de Providence llevada a un escenario impecablemente musicalizado.

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Me declaro culpable de presumir de mis tesoros. La edición de este libro tiene un interesante prólogo de Javier Calvo, un valor agregado que hace de ésta, un interesante espécimen para cualquier anaquel lovecraftiano.

Pero las influencias en el trabajo de Giordano Bruno no se agotan en lo literario. También reconocemos cierta identidad con la ambientación del giallo, aquel cine italiano de terror y suspenso cuya música resultaba tan envolvente. Evol está hecho de una parafernalia dramática equiparable a ciertos pasajes de este cine de antaño, algo que se detalla especialmente en las incursiones ambientales y en solitario de los teclados de Bruno, como en Sona-Nyl o Cathuria, por supuesto, temas del Dreamquest. Una influencia intermediaria procede de la fantástica Goblin (1972), viejos abanderados del rock progresivo italiano, y vaya casualidad, también colaboradores frecuentes del director Dario Argento, insignia del giallo, en la composición musical de películas de culto como Profondo Rosso (1975) o Suspiria (1977). Una pista aún más antigua procede de la también italiana, Jacula (1968), insoslayable antecesora de Evol. Es evidente la coincidencia de papeles entre Doris Norton, Fiamma Dello Spirito, en Jacula, y Suspiria, The Princess of Disease, en Evol. Ambas proveen un aura de tal sensualidad y misterio a sus respectivos trabajos, que éstos perderían buena parte de su magia de no ser por sus magníficas interpretaciones vocales. Además, hay una canción del Dreamquest que retrotrae al oyente perspicaz directamente a los tiempos de Jacula; la intempestiva y frenética incursión del organista Roberto Scarpa Meylougan en The Black Crystal of Astar, inevitablemente me arrojan, siempre con pasmo, a las obscuras atmósferas logradas por el misterioso Charles Tiring en el mil veces asombroso, Tardo Pede In Magiam Versus. ¿Acaso no es el Dreamquest una musicalización a la italiana, de las letras del genio de Providence?

Escucha mi voz, óyela en el frío de la noche, síguela a través de la oscuridad…,

será… tu guía por este viaje. Verás extraños mundos y criaturas de pesadilla.

Toma mi mano, acompáñame en el Reino de la Noche Eterna.

Escucha Su voz, óyela en el frío de la noche, síguela a través de la oscuridad…,

será… tu guía por este viaje. Verás extraños mundos y criaturas de pesadilla.

Toma Su mano, acompáñame en el Reino de la Noche Eterna.

Dreamquest (Intro)

Con este ensalmo para las «almas nobles», inicia nuestra búsqueda de ensueño, a mi juicio, el álbum de metal que mejor representa el sentir de relato alguno de Lovecraft. A lo largo de este viaje se experimentan un sinnúmero de sensaciones que retratan los contornos de un mundo de maravillas, locura y horror, el País de los Sueños, refugio de innombrables entidades cósmicas y de solitarios buscadores de fantasía. Todos departimos allí, en ese efluvio demencial que se remonta a las «absurdas» maquinaciones de un perturbado escritor de la primera mitad del siglo XX. Algunas canciones asoman con pasajes acústicos, inteligentes antesalas que renuevan permanentemente el dramatismo de nuestro viaje; de hecho, en The Ancient King of Ice, éste es el episodio cumbre de la canción, cuando Suspiria, al tañido de la guitarra, nos narra sus anhelos, o quizás, los nuestros también:

“Te echo de menos,

Oh, mi Rey,

¿Dónde está tu tierra?

¿Dónde están tus globos?”

Algunos recordamos la primera vez que escuchamos esta banda, sus interludios acústicos y narrativos, esa peculiar magia al fin y al cabo; recordamos dónde estábamos y qué hacíamos cuando fuimos emboscados por su atmosfera. No es sorpresa, su música fue un salto cualitativo, una incursión a nuevos mundos, a la sazón muy diferente de cualquier otra cosa que se haya hecho, y por esto mismo, permanentemente incomprendida e injustamente vilipendiada. Su luz siempre estará con los cazadores de fantasía, con quienes buscamos ocasional resguardo del mundo; es un balsámico resplandor para las nobles almas. Si bien estos italianos iniciaron y concluyeron su música en los estertores de un siglo, de un milenio, su fuego permanece porque su signo es la trascendencia; mientras deambulen por ahí esas curiosas almas, su luz perdurará, como aquellos impolutos palacios de marfil vislumbrados por Randolph Carter al contemplar las perfumadas junglas de Kled…, alguna vez, en su búsqueda de ensueño.

Evol knows the gate. Evol is the gate. Evol is the key and guardian of the gate.

P.D. Quiero agradecer a Giordano Bruno Folin por tomarse el tiempo de ayudarme a traducir del italiano la canción introductoria, homónima del álbum Dreamquest.

¡Salve The Prince of Agony!

Vértigo y sosiego

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Por: Hyacintho Sol

Vértigo y sosiego

***

Seducción.

Mahakali recuerda

en la prominencia eterna

del abismo estamos.

***

Convicción.

Diva bendita

ausculta

desde la hondonada.

***

Decisión.

Siempre orgullosa

augura

vértigo y sosiego…

***

Hyacintho Sol

En honor de Jon Nödtveidt, tras 10 años de su muerte.

Precisión y belleza de un poema de Safo

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E invitación a leer dos textos

Por: Hyacintho Sol

Escribir en este espacio ha sido una oportunidad ideal para desarrollar crítica y libremente diferentes temas, y a la postre, reivindicar algunas manifestaciones culturales que a mi juicio merecen reconocimiento. Tal vez, labor ingenua en un mundo donde los contenidos audiovisuales son por excelencia más accesibles al gran público; donde el interés por lo inmediato y ligero es ley, y el ejercicio de la lectura suele depender de los incentivos «correctos», esos que aquí no poseemos. Escribir en estas circunstancias es como envasar mensajes y tirarlos al mar; pero que grato es cuando algún peregrino los rescata, y esos pequeños triunfos valen la pena.

Safo y las Pléyades

Ahora sin embargo, escribo como entusiasta estafeta, sencillamente porque mis consideraciones sobran a luz del tratamiento que, desde diferentes fuentes, se ha hecho del tema que aquí abordaré. Me limito a divulgar esta nueva con poco despliegue mediático, pero que conmovió a más de uno, incluyéndome, y liberó nuestra imaginación con la sola resonancia de un poema de aproximadamente 25 siglos. Por allá en el 550 a.C., Safo de Mitilene, mejor conocida como Safo de Lesbos, compuso estas líneas:

Δέδυκε μεν ἀ σελάννα
καὶ Πληΐαδες‧ μέσαι δὲ
νύκτες‧ πάρα δ᾽ ἔρχετ᾽ ὤρα,
ἔγω δὲ μόνα κατεύδω.

Y en su versión transliterada:

Dédyke men a selána

 kai pleíades. Mésai de

 nýktes. Pará d’érjet óra.

Égo de móna katéudo

De todas las traducciones descritas en un ensayo al que pronto haré alusión, escogí ésta de Carlos Montemayor y resuelta en dos versos:

Se han puesto la luna y las Pléyades; ya es media

noche; las horas avanzan, pero yo duermo sola.

Melancólico pero sobrio; su belleza es su sencillez. Este Poema de Medianoche, como suele intitularse, es conocido gracias a un antiguo manual de métrica. Como buen ejemplo de la poesía lírica, concibe una comunión entre la soledad percibida allá en el horizonte celeste y aquélla soportada por la narradora en su intimidad. Sin embargo, estos versos también codifican con elegancia el período del año en que fue inspirada su composición: cuando el ocultamiento de dichos astros antes de una media noche. Y solo después de más de dos milenios de avances técnicos y científicos, se logró datar con cierta puntualidad el advenimiento de esa musa en la vida de nuestra poetisa.

No es frecuente que la astronomía como ciencia de los fenómenos celestes se aproxime a un tema tan ajeno como lo es el análisis poético. Sucede que esta investigación ha resultado bien útil para poner a prueba las capacidades de un avanzado software de cartografía astronómica y de paso, comprobar una interesante tesis acerca de la datación de este poema.

En el año 1990, los científicos computacionales Israel Herschberg y Johan Mebius concluyeron que  este poema fue escrito a finales de invierno o principios de primavera, un lapso de tiempo que no es inusual para la composición y quizá declamación ritual de la poesía de naturaleza amatoria. Por su parte, la reciente apuesta de Manfred Cuntz y compañía (2016) consistió en revisar esta conclusión mediante el uso, entre otros, del programa Starry Night versión 7.3, tomando como referencia (valga decir que de manera parcialmente arbitraria) el año 570, fecha en que según sus fuentes presuntamente murió Safo; y suponiendo también a Mitilene, capital de Lesbos, como lugar de avistamiento.

Temí que al leer su artículo para la Journal of Astronomical History and Heritage, y titulado Revisión de la datación estacional del Poema de Medianoche de Safo, me toparía con un ladrillo muy técnico y retador, pero descubrí en cambio una amena y metódica indagación de todas las pistas disponibles para dar sentido historiográfico y astronómico a este poema: ¿Cómo pudieron saber con certeza los antiguos lesbios cuándo era la media noche? Bueno, quizás con la clepsidra, un antiguo instrumento que medía el tiempo con la caída del agua en diferentes envases. ¿Acaso la situación geográfica de Mitilene afectó la observación de Alcíone, la estrella más brillante del mítico asterismo? Sin duda, y esto se relaciona con la puesta aparente de las Pléyades siendo observadas a simple vista desde este lugar y en diferentes días del año. Desde luego, para su entendimiento cabal, ciertas explicaciones requieren el manejo de algunos conocimientos especializados como la extinción atmosférica o el método de visibilidad estelar durante los crepúsculos de Belokrylov. No obstante, éstas no son limitantes para que un lector desprevenido comprenda a grandes rasgos el propósito y hallazgos de dicha investigación.

En últimas, un artículo realmente interesante, de cuyos atributos se destaca el vínculo que logra establecer entre saberes de diferentes disciplinas: desde la arqueología hasta la astronomía; desde la geografía hasta la poética. La confirmación de la tesis de Herschberg y Mebius –quienes apropósito tienen el mérito de haber llegado a esta conclusión sin disponer de instrumentos de medición avanzada–, aterriza sin muchos apuros. A manera de epílogo, Cuntz y compañía terminan reconociendo el aporte informal que Safo hizo al antiguo saber astronómico.

Embelesado con esta novedad, decidí buscar más información sobre el misterioso poema con el ánimo de escribir algo al respecto, entonces di con un fascinante ensayo de Gabriel Zaid para la revista Letras Libres y titulado Un poema de Safo. Resultó ser una imponente exégesis, palabra por palabra, de todos sus versos con el pretexto de dilucidar los orígenes de la poesía lírica amorosa. Allí se detiene a repasar algunas traducciones en lengua castellana. Y no solo eso, también se refiere al oscuro asunto de la datación tomando como base el trabajo de Cornelius Castoriadis,[1] un filósofo y psicoanalista griego que, contradiciendo los estudios ya mencionados, ubica la fecha de composición 10 años después, en el 580 a.C, y señalando a la primera luna nueva de la primavera como testigo probable de esta obra de Safo.[2] El mismo Zaid naufraga en su intento de comprobar esta conjetura recurriendo a diversos planetarios virtuales en la web. Finalmente se limita a expresar sus frustraciones y anhelos al respecto:

«Tampoco pude encontrar información segura sobre el calendario agrícola en la antigua Grecia. Ojalá que alguien pueda verificar la tesis de Castoriadis, y de paso las afirmaciones agrícolas de Hesíodo, que no entendí.» (pág. 44)

¿Acaso el misterio en torno a este asunto terminó a la luz de los últimos hallazgos? Me gustaría creer que la última palabra no ha sido dicha, y que aún quedan piezas por encontrar. Lo que sí me quedó claro de este ensayo es que sería advenedizo de mi parte intentar si quiera abordar el problema interpretativo de estos brevísimos versos. Su lectura ha sido un deleite y al mismo tiempo fue una auténtica lección sobre cómo aproximarse a temas de este calibre.

Desde entonces he limitado mis esfuerzos a recrear en mi cabeza esa oscura, mediterránea y fría noche en la que Safo de Lesbos sintió el peso de la soledad cayendo desde las cornisas del firmamento.

Lecturas recomendadas:

Cuntz, M; Gurdemir, L; Gerorge, M. Seasonal dating of Sapphos Midnight Poem’ Revisited. En: Journal of Astronomical History and Heritage, 19(1), 18–24 (2016).

Zaid, G. Un poema de Safo. En: Letras Libres (Edición España), 18(3), 42–45 (2008).

 

[1] Figuras de lo pensable. Encrucijadas del laberinto VI: publicado póstumamente. La edición usada por Zaid es de Cátedra (1999), también hay otra en español del Fondo de Cultura Económica (2001).

[2] Por su parte, el equipo de Cuntz es claro en afirmar que la referencia a la puesta de la luna en el poema de Safo, no ofrece información valiosa para hacer una datación más precisa. Según ellos, la mención de la ausencia de la luna es irrelevante para estos efectos.