Zenobia, la mujer que se rebeló.

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En el año 245 d.C., en lo que hoy es Siria, nació Septimia Bathzabbai Zainib, mejor conocida como Zenobia; igual de bella que Cleopatra, más inteligente.

Zenobia estaba casada con el príncipe y cónsul Odenat, y cuando éste fue asesinado, junto con su hijo fruto de otro matrimonio. Ambos hombres eran un impedimento para que el hijo de Zenobia, Vallabato, ascendiera al poder, por ello existen suposiciones de que ella misma los envenenó para hacerse con la regencia.

Palmira, cerca de Tadmor, estaba situada en el Oasis de Afqa y era paso obligado para las caravanas que venían desde Persia. Además, era el punto fronterizo entre los dos grandes imperios de la época: Roma y Persia. Sin embargo, Palmira se hallaba bajo poder romano desde el siglo I d.C.

Zenobia era hija de un influyente ciudadano de la ciudad, y al parecer tuvo que disfrutar de una excelente educación. Hablaba perfectamente arameo, copto, árabe y griego. Favoreció el auge las artes y tenía altos conocimientos sobre política y administración; además, su destreza con el arco era igual al de los soldados de Palmira. 

Desde siempre, sintió una gran admiración por Cleopatra VII Tea, la más famosa de todas. La imitó todo lo que pudo: bebía de sus mismas copas, portaba joyas similares a ella e incluso llegó a usar parte de su ajuar. Afirmaba ser descendiente suya pues Cleopatra fue una reina helenística, y Palmira había formado parte de un reino helenístico posterior.

Cuando Zenobia tomó las riendas del poder, embelleció la ciudad de Palmira: reforzó sus murallas y torres, templos, monumentos, jardines… Se rodeó de personalidades, como del teólogo Pablo Samosata, y el filósofo, Casio Longino. Su principal interés religioso fue promover una versión “más judía” del Cristianismo, aunque también se dice que fue adoradora del Sol. La ciudad de Palmira gozaba de una prosperidad y gloria nunca vista en aquella época; 150.000 personas poblaban sus calles. Asimismo, Zenobia no dudó en ampliar sutilmente las fronteras de su reino que alcanzaron desde Asia menor hasta el mismísimo Egipto.

En el siglo III d.C. el Imperio Romano era un auténtico caos, y Zenobia aprovechó aquella situación para sublevarse. Al mismo tiempo, Aureliano fue proclamado emperador de Roma y no tardó en devolver paz al conflicto. Enfocó su mirada en Zenobia y su imperio, y rápidamente impulsó una campaña contra ella. Fue derrotada en Emesa (Homs) e intentó huir para suplicar al rey Chapur de Persia. Sin embargo, los romanos la capturaron junto con su hijo en el río Eúfrates.

Punto y final para el Imperio de Palmira y sus cinco espléndidos años. Zenobia fue llevada a Roma y exhibida con cadenas de oro y diamantes. No se sabe a ciencia cierta cuál fue su destino final, pero al parecer Aureliano la perdonó debido a su belleza y pasó sus últimos días como matrona romana en Tívoli.

Mujer de cabellos oscuros, señora del desierto sirio.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne. 

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