La Vulcanalia: la gran victoria celtíbera.

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Para definir el nombre de esta batalla, se usó la fecha en la que se vivió, la Vulcanalia, en el año 153 a.C. Estas fiestas estaban dedicadas al dios de la fragua y la herrería, Vulcano, y eran celebradas sobre el 23 de agosto.

Ese año, coincidiendo con esta fecha, los romanos, bajo el mando del consul Nobilior, marcharon sobre la capital de la tribu celtibera de los belos, Segeda, a orillas del Jalón, con un ejercito de 30.000 hombres. Esto se debió a que Roma usó como excusa para un ataque planeado de antemano a Segeda el hecho de la violación de un tratado que impedía a esta construir murallas, cosa que en aquel entonces les era muy necesario debido a un gran crecimiento de la población y por ello, Segeda tiro las viejas, amplió la ciudad y empezó la construcción de unas nuevas.

Muros destruidos de Segeda, actualmente localizados en Mara, Zaragoza.

Con este pretexto, Roma marcho sobre Segeda, que, sin defensas, acudió a su vecina, la ciudad arevaca conocida como Numancia. Esta ciudad celtíbera de gran renombre y reconocida por su legendaria resistencia al invasor, acogió a los segedenses que no podían combatir (ancianos, niños y algunas mujeres) y dirigió un ataque coordinado contra Nobilior unida a los segedenses, dirigiendo ambos ejércitos el jefe belo de Segeda, un caudillo guerrero llamado Caro.

Caro manejó con maestría la superioridad tecnológica y estratégica que disponía aprovechando su potencial en caballería, honderos y conocimiento del terreno, además del gran apoyo que era la forja celtíbera, que crearon poderosas armas con secretos hasta hace poco olvidados de las que se obtenía un acero letal y poderoso, que en aquel enfrentamiento pulverizaba escudos y cotas romanas, obligando a Roma a adoptar los reconocidos escudos rectangulares con borde metálico y las corazas de placas de acero. Con todo esto, la confederación celtíbera, formada por 25.000 hombres y mujeres, aplastó con contundencia a los romanos de Nobilior.

As tallado en Segeda, en el que se ve un líder belo cabalgando.

Las consecuencias del combate concluyeron en grandes pérdidas para los celtíberos, que no solo vieron arder la ciudad de Segeda antes de entrar en combate, si no que además perdieron a uno de sus más grandes líderes, el segedense Caro, que murió en una valiente carga de caballería. Aun así hubo un gran número de supervivientes celtíberos que se reagruparon en Numancia y lucharon allí hasta su muerte, forjando con su sangre otra leyenda, la de la resistencia numantina.

Para los romanos, las consecuencias fueron mucho peores. Nobilior sobrevivió, pero de su ejército no quedó mucho más que su guardia personal. Los legionarios perdieron rápidamente el control de la situación y la organización táctica y las deserciones en combate no se hicieron esperar. Roma sufrió el primer golpe a su orgullo en su joven historia pero no el último en tierras celtíberas, ya que estos guerreros desequilibraron continuamente su férrea organización militar y la mentalidad autómata de sus legionarios, causando un gran número de derrotas. En la Vulcanalia este efecto fue tal que la derrota en Roma se sufrió tanto que declaró la Vulcanalia como día nefasto, causando que ese año se guardase un luto de una semana (Algo que solo ocurrió una vez más, en el saqueo de las hordas galas de Brenno a Roma) y que ningún general romano combatiese en los años venideros en esa fecha siempre que pudiera evitarlo, siendo considerada como un mal fario y dia de desgracias.

Recreación de la Vulcanalia en la población de Mara, Zaragoza.

Escritor/Editor/Redactor: Zierzo
 
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