Una de jardines, parte I: Los jardines en la literatura.

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                «A la cueva servía de cercado un frondoso boscaje de fragantes cipreses, alisos y chopos, en donde tenían puesto su nido unas aves de rápidas alas, alcotanes y búhos, chillonas cornejas marinas de la raza que vive del mar trajinando en las olas.

En el mismo recinto y en torno a la cóncava gruta extendíase una viña lozana,florida de gajos.

Cuatro fuentes en fila, cercanas las cuatro en sus brotes, despedían a lados distintos la luz de sus chorros; delicado jardín de violetas y apios brotaba en su torno: hasta un dios que se hubiera acercado a aquel sitio quedaríase suspenso a su vista gozando en su pecho.»

Descripción del jardín cercano a la gruta de la ninfa Calipso. La Odisea de Homero.

               » Diciendo esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un jardín, en el cual entró con sus discípulos. Judas, el que había de traicionarle, conocía el sitio, porque muchas veces concurría allí Jesús con sus discípulos.»

Descripción del famoso Huerto de los Olivos (Getsemaní). Evangelio según san Juan, 18:1.

 

Huerto de los Olivos. Jerusalén.

                Me gustaría comenzar este artículo citando estos dos ejemplos sobre un tema del que se supone soy especialista. Decidí escribir sobre ello como una respuesta irónica hacia una compañera del blog que me recomendó escribir algo de lo “mío”, aunque pronto me di cuenta que lo mío, la agricultura, puede ser un poderoso filón si se plantea de la forma adecuada, porque cultura es cultivo y esto no es casualidad. Sin cultivos no tendría sentido hablar de egipcios, griegos o vikingos, porque nuestra historia tiene sus pilares en el desarrollo de la agricultura y la ganadería, momento en cual el hombre dejó de ser nómada.

                Podría haber empezado hablando sobre la evolución de la tecnología agrícola, los diferentes sistemas de riego a través de la historia o la revolución gastronómica que supuso descubrir determinadas especies vegetales, y será interesante reservarme estos temas para artículos futuros, pero hoy, quiero empezar por describir de manera  superficial y esquemática algunos de los ejemplos más representativos de jardines a lo largo del tiempo, puesto que estos locus amoenus o lugares idílicos ponen escenario a algunos de los hechos más relevantes dentro de la historia, de la literatura, de la religión y mitología.

                Para empezar, el término «jardín» es una palabra derivada del francés «jardin» cuyo significado es, literalmente, huerto. Así un jardín viene a ser un cultivo con una finalidad distinta a la económica, y que depende totalmente del contexto concreto.

Ejemplo de jardines como elementos “inspiradores”

Jardín del Edén:

                «Y Yahveh Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso ahí al hombre que había formado.Tomó, pues, Yahveh Dios al hombre, y lo puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y lo guardase.»

Libro del Génesis, cap. 2, vv. 8.

 

Jardín del Edén de Lucas Cranach

                La palabra Edén suele ser utilizada en lenguaje coloquial como sinónimo de Paraíso. La Septuaginta tradujo la palabra hebrea para “jardín” (gan) por la palabra griega parádeisos, que a su vez viene del persa pardês que significa huerto, parque o jardín. En cambio «Edén» es una palabra hebrea de origen acadio que significa «placer». . El uso de la palabra en el Génesis parece indicar más bien a una región geográfica, mientras que el Paraíso se refiere al huerto «al este» en esa región. Sin embargo, después se le llama “el jardín de Edén” , y en textos posteriores se le denomina “Edén, el jardín de Dios”. y “el jardín de Jehová”. A este hecho se debe la asociación de la palabra española “paraíso” con el jardín de Edén.

                  En la Biblia se indica que el huerto o jardín de Edén habría existido al oriente de la región también llamada Edén, una región que se hallaría en el Cercano Oriente. Igualmente se dice en el Génesis, “un río salía del Edén para regar el jardín, y desde allí se dividía, y se convertía en cuatro cabezas, llamados: río Pisón, que se dice, rodeó toda la tierra de Havila (Arabia); el río Gihón, que habría rodeado toda la tierra de Cus (Etiopía); el río Hidekel (río Tigris); que iría al oriente de Asiria; y el río Éufrates. La situación de los dos primeros confundió durante mucho tiempo a los estudiosos.Juris Zarins, de la Universidad del estado del Suroeste de Missouri, cree que un río hoy llamado Karun, que nace en Irán y fluye hacia el Golfo Pérsico, es el Gihón y que un lecho seco en el desierto de Arabia Saudí contuvo en su tiempo las aguas del Pisón Según este científico, el Edén se hallaba situado en la confluencia de los cuatro ríos en la región del Golfo Pérsico.

                Esta era un área de hace unos 32000 años gozó de un clima saludable, pero que en el 15000 a.c. se volvió árida, obligando a emigrar a los pastores y nómadas que allí vivían. Alrededor del 6000- 5000 a.C. el clima cambió de nuevo y las áridas extensiones del este y del nordeste de Arabia Saudí y el suroeste de Irán florecieron de nuevo. Zarins propone que los nómadas volvieron de nuevo y a antiguos agricultores, antepasados Obeid de los sumerios. Al hacerse sedentarios y sufrir el severo ajuste que ello supuso, es de suponer que transmitieron la tradición de un paraíso perdido milenios antes, donde era posible vivir de la tierra sin tener que cultivarla.

Jardines en la literatura griega antigua:

                «Cerca del inmenso muro, en frente del palacio, un jardín de cuatro fanegas, cubierto de árboles, se encontraba apesadumbrado por sus frutos, humedecidos por el rocío. Una palmera extendía su follaje masculino sobre otra palmera hembra, como testimonio de su deseo. Un peral de espléndidos frutos crecía a la par de otro peral de la misma edad y desde temprano le canturreaba, mientras en su agitación golpeaba con sus ramas al vecino tronco de un aceitoso olivo. Las hojas de los mirtos se agitaban con los vientos primaverales en las proximidades de un laurel que las rechazaba. Un viento perfumado sacudía el rígido follaje de un ciprés de hermosas hojas. Y entre la dulcífera higuera y el húmedo granado, el fruto púrpura crecía cerca del fruto violeta de la planta de al lado; el manzano florecía cerca de otro manzano. Sobre las sabias hojas del quejumbrosos jacinto, queridas por Febo, estaban grabadas muchas letras naturales; y, mientras el Céfiro soplaba por el nutricio jardín, Apolo, insaciable de deseos, extendió su movediza mirada Pero, al ver que la planta del adolescente era sacudida por los vientos se acordó del disco; y tembló por miedo a que el celoso viento hiciera mal al muchacho, hiriéndolo en los pétalos. Si es cierto que un día, tras verlo Apolo diseminado en el polvo, con sus ojos que no lloran, dejó rodar una lágrima. La impronta sobre la flor reprodujo el llanto de Febo que ha inscrito en el jacinto su lamento espontáneo.»

El Jardín de Electra, «Dionisiacas«, III de Nono de Panópolis.

Otro posible ejemplo puede ser el Jardín de las Hespérides, el cual visita Heracles en su undécimo trabajo. Este Jardín era el huerto de la diosa Hera, la esposa de Zeus, y estaba cuidado normalmente por tres mujeres cuyo cometido era salvaguardar los manzanos. La manzana ha sido siempre un símbolo importante en la mitología indoeuropea, como en la vikinga o este ejemplo griego.

Las Hespérides y las manzanas doradas

En la mitología griega los jardines ocupan un importante lugar en la mayoría de relatos. Las descripciones no escatiman en detalles, son largas y ricas, y estos lugares son escenario de multitud de sucesos importantes. Había cierto «componente místico» y sagrado, con un fuerte simbolismo, las flores y los árboles a menudo eran representaciones de dioses o, mucho más a menudo, tenían tras de sí alguna historia trágica tal como hemos visto en el texto de Nono, en la que el jacinto, flor, contiene el alma de Jacinto, héroe amante de Apolo, que fue asesinado por Céfiro por haber preferido a éste.

Muchos árboles tenían su origen en mitos parecidos, a continuación os dejo una lista con ellos:

Álamo: son las Helíades, hijas del Sol, que al llorar la muerte de su hermano Faetón fueron metamorfoseadas en álamos.

Almendro: es la joven Filis o Fílide, que abandonada por Demofonte se ahorca, es transformada en un almendro sin hojas.

Anémona: plantas nacidas de la sangre de Adonis

Azucena: es la flor que brota en el suelo al derramarse del pecho de Hera cuando amamantaba a Heracles.

Ciprés: era Cipariso, hijo de Télefo, transformado en ciprés en un momento de tristeza por haber matado a un ciervo.

Hiedra: era un joven que se hizo coreuta de Dioniso. Danzando en honor del dios se desploma en el suelo, brotando una flor del mismo nombre que tenía el carácter del joven, pues da tantas vueltas como cuando el joven bailaba.

Laurel: era la ninfa Dafne, amada por Apolo, que al no corresponder al dios y ser perseguida fue transformada en el laurel por su padre, el dios-río Peneo.

Loto: era una diosa cuyo destino era hundirse en el fango, gracias a su perseverancia la joven finalmente pudo salir con la forma del loto.

Mirra: era la madre de Adonis transformada por lo dioses en el árbol de la mirra.

Mirto: era Mirsine, una joven ateniense, muy bella, protegida por la diosa Atenea, que, al ser matada por envidia, fue convertida en planta.

Narciso: era un hermoso joven que despreciaba el amor y muere al quedarse contemplado en las aguas, brotando en su lugar la flor del mismo nombre.

Olivo: creado por Atenea con la punta de su lanza para la ciudad de Atenas.

Orquídea: era el hijo de un sátiro y una ninfa, Orchis, que en estado de embriaguez sedujo y violó a una sacerdotisa, condenado a ser devorado por los dioses, sus padres lo transformaron en una flor.

Rosa: Afrodita, en su nacimiento, quiso probar su poder creando algo igual de bello que ella.

Tomillo: brotó de una lágrima derramada por Helena de Troya.

Violeta: ninfa que tratando de huir de Apolo quedó convertida en una flor.

Jardines en los clásicos de la literatura de occidente:

                «¡Oh Calisto y Melibea, causadores de tantas muertes! ¡Mal fin haya en vuestros amores, en mal sabor se conviertan vuestros dulces placeres! Tórnese lloro vuestra gloria, trabajo vuestro descanso. Las hierbas deleitosas, donde tomáis los hurtados solaces, se conviertan en culebras, los cantares se os tornen lloro, los sombrosos árboles del huerto se sequen con vuestra vista, sus flores olorosas se tornen de negra color. «

Tragicomedia de Calisto y Melibea de Fernando de Rojas.

Huerto de Calisto y Melibea. Salamanca.

«JULIETA: ¿Cómo has entrado aquí? ¿Con qué objeto? Responde. Los muros del jardín son altos y difíciles de escalar: considera quién eres; este lugar es tu muerte si alguno de mis parientes te halla en él.

ROMEO: Con las ligeras alas de Cupido he franqueado estos muros; pues las barreras de piedra no son capaces de detener al amor: Todo lo que éste puede hacer lo osa. Tus parientes, en tal virtud, no son obstáculopara mí.»

Romeo y Julieta. William Shakespeare

«Nuestros peregrinos pasaron por Aranjuez, cuya vista, por ser en el tiempo de primavera, en un mismo punto les puso la admiración y la alegría; vieron iguales y extendidas calles, a quien servían de espaldas y arrimos los verdes, que las hacían parecer de finísimas esmeraldas; vieron la junta, los besos y abrazos que se daban los famosos ríos Henares y Tajo; contemplaron sus sierras de agua; admiraron el concierto de sus jardines y de la diversidad de sus flores; vieron sus estanques, con más peces que arenas, y sus exquisitos frutales, que, por aliviar el peso a los árboles, tendían las ramas por el suelo; finalmente, Periandro tuvo por verdadera la fama que deste sitio por todo el mundo se esparcía. Desde allí fueron a la villa de Ocaña…»

Los trabajos de Persiles y Segismunda. Miguel de Cervantes.

Jardín de Aranjuez. Madrid.

«Irmo, el menor, es el patrono de las visiones y los sueños. Los jardines de Irmo se encuentran en Lorien, en la tierra de los Valar, y es el más hermoso de todos los lugares del mundo, habitado por muchos espíritus. Estë la Gentil, curadora de las heridas, es su esposa. Gris es su vestido, y reposo es su don. No camina durante el día, pero duerme en una isla en el lago de Lórellin, sombreado de árboles. Las fuentes de Irmo y Estë calman la sed de todos los que moran en Valinor; y a menudo los mismos Valar acuden a Lorien y encuentran allí reposo y alivio de la carga de Arda.»

El Silmarillion. J. R. R. Tolkien

«[…]pero era de noche y teníamos el parque que nos ocultaba a las miradas indiscretas. Sería algo muy diferente el cometer ese delito en Piccadilly, tanto de noche como de día. «

Drácula de Bram Stoker.

                   Se ve claramente en estos ejemplos que los jardines tienen varias funciones en la literatura, pero siempre son lugares especiales y esenciales en las historias. En el caso de Tolkien suelen ser un lugar de ensueño y paz, aunque en ocasiones son nombrados como un lugar de reunión y de fiesta. Pero al igual que un jardín puede ser un lugar para una fiesta y para multitud de personas, también destaca su visión como un refugio, algunos amantes se ven furtivamente en los jardines, siendo estos el escenario de grandes escenas, como en «Romeo y Julieta» o en «La Celestina». Los jardines también se han utilizado como símbolos de caída y de debacle, quizá por la similitud de la muerte de las plantas y de su nacimiento, y evocan cierta sentimiento melancólico, rememorando tiempos mejores, muchas de las tristes escenas de La Celestina o de Romeo y Julieta también sucedieron en estos sitios.

Posible jardín de Romeo y Julieta.

Jardines en la poesía.

Cuántas veces he ido en hora temprana a los jardines:
las ramas me recordaban la actitud de los amantes.
¡Qué hermosas se mostraban cuando el viento las entrelazaba como cuellos!
Las rosas son mejillas; las margaritas, bocas sonrientes, mientras que los junquillos reemplazan a los ojos.


Ibn Hafs al-Yazir

El poeta es jardinero. En sus jardines
corre sutil la brisa
con livianos acordes de violines,
llanto de ruiseñores,
ecos de voz lejana y clara risa
de jóvenes amantes habladores.
Y otros jardines tiene. Allí la fuente
le dice: Te conozco y te esperaba.
Y él, al verse en la onda transparente:
¡Apenas soy aquel que ayer soñaba!
Y otros jardines tiene. Los jazmines
añoran ya verbenas del estío,
y son liras de aroma estos jardines,
dulces liras que tañe el viento frío.
Y van pasando solitarias horas,
y ya las fuentes, a la luna llena,
suspiran en los mármoles, cantoras,
y en todo el aire sólo el agua suena.

Los jardines. Antonio Machado.

¿Te acuerdas de aquel sur en el rojo verano?
Entré en la breve noche para gozar tu huerto:
Rincón de madreselva, dos pequeños naranjos,
Y aquel jazmín tan negro, de tanto olor, rodando
La falda del ciprés que sube al cielo.
Bañó el árbol la luna, y se mojó mi boca.
Y que cansados luego las aguas y las rosas,
El ciprés, los naranjos, el ladrón de aquel huerto.
Y todo fue furtivo: el alba, luego el sueño.

Huerto en Marrakech. Francisco Brines.

En el espejo lívido, el jardín

copia sus grandes frondas amarillas;

el cielo azul es más divino en él,

en él se ríen pájaros y brisas.

Y la rica moldura de oro antiguo

pone al cuadro de luz descolorida

un marco de ilusión, pálido, triste,

lleno de realeza y fantasía…

Jardín en el cristal; ventana abierta

a otros parques, beldad no conocida,

que eres el norte para el sur, el este

para el oeste; ¡falsa maravilla!,

hiendes la dura lobreguez del muro

y vas a dar a una esperanza lírica

la plenitud de música y de amor

de tus inciertas frondas amarillas.

Después, la tarde cae… y en el crepúsculo

leve, sedoso, ¡en el espejo pinta

un paisaje más dulce que el paisaje,

un adiós más eterno que el del día!

En el espejo lívido. Juan Ramón Jiménez.

 «Desde un rincón sentado el tiempo

existe fuera del jardín., pero adentro

todo es tranquilidad, sosiego, armonía.

El jardín. Luis Cernuda.

                Poco tengo que decir sobre los jardines en la poesía, para cada autor reflejan algo diferente, pero lo que es indiscutible es que son un gran recurso alegórico, muy atractivo a nivel poético y dotado de gran intimidad. Pero los jardines no sólo han sido importantes en las artes, también son piezas claves a lo largo de toda la Historia, sin embargo, los «colgantes de Babilonia», La Alhambra o el Central Park pueden esperarnos hasta la siguiente parte del artículo. Espero que os haya gustado. Me despido con esta maravillosa canción de Joaquín Rodrigo que la describe como la captura de «la fragancia de magnolias, el canto de los pájaros y el chorro de las fuentes» de los jardines de Aranjuez:

Escritor/Editor/Redactor: Kyrios Bromios

BIBLIOGRAFÍA: Descripciones de jardines y paisajes en la literatura griega antigua.  Marcos MARTÍNEZ Universidad Complutense de Madrid.

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