Un testimonio de Ensiferum en Colombia

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Antes, durante y después

Por: Hyacintho Sol

Hace aproximadamente tres meses fue anunciado el primer concierto de Ensiferum en Colombia, casi un mes después se informó de su cancelación debido al «fracaso» del sistema de crowdfunding concebido para su financiación. Lo cierto, es que los ambiciosos promotores de naturaleza fantasmagórica (anónimos y sin antecedentes en otros eventos), pretendieron gestionar esta empresa sin levantar sospechas entre los diferentes interesados; finalmente desistieron de su cometido. Enhorabuena hubo un cambio de organización y el evento siguió su marcha, llegando a feliz término gracias al audaz esfuerzo de algunos seguidores de la banda.

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Publicidad Oficial.

Pocos son optimistas con eventos de este tipo en Colombia, el país es mejor escenario para bandas y géneros de otro calibre, y en cualquier caso, las expectativas de recaudación siempre son limitadas. No obstante, y descontado la reconocida y mutua fijación que Mägo de Oz y Colombia se profesan, tenemos el antecedente de bandas como Korpiklaani y Turisas en Bogotá. En efecto, el folk metal –en un amplio sentido del término– cuenta con una pequeña y leal fanaticada colombiana, siempre dispuesta a organizar y apoyar este tipo de aventuras.

A pesar del pesimismo generalizado tras un conato de cancelación y un tímido relanzamiento del evento, hubo un aumento en las expectativas debido a la insistente y casi artesanal promoción. Ciertamente, sin las facilidades que ofrecen las redes sociales y otras formas de difusión, este tipo de eventos sería una misión imposible en Colombia.

Como preámbulo al concierto, semanas atrás se organizó la Sexta Folk Night, un evento ya tradicional en el under bogotano del folk metal, que en esta oportunidad buscaba promover el concierto mediante el sorteo de entradas, entre otros artículos, y el anuncio de la banda telonera, escogida por quienes asistirían a Ensiferum de un menú de 12 candidatos. Inesperadamente los antioqueños Muyzkkubun fueron preferidos por los electores, sin embargo, esta banda que meses atrás abrió a Turisas, prefirió ceder este honor a sus escoltas en votación, la agrupación bogotana Flight Condor, que casualmente compartía escenario junto a Tremor aquella noche de mayo.

A tan sólo unos días del gran evento sobrevino una noticia que amenazaba con opacar la actuación de Ensiferum. La teclista Emmi Silvennoinen no podría asistir debido a ciertos compromisos personales. Como suele suceder en estos casos, sería sustituida por una pista. La nueva cayó como un baldado de agua fría para quienes esperaban tomarse una fotografía junto a la bella Emmi. Pese a esto, el interés de ver al resto de la banda sostuvo el entusiasmo entre los fans.

Ensiferum llegó a Bogotá el lunes 27 de mayo en horas de la noche, después de un largo y desgastante vuelo con escala en Alemania. Como es usual en Colombia y otras partes del mundo, la banda fue recibida en el aeropuerto por la usual caterva ansiosa de autógrafos y fotografías. Más tarde, tras un corto descanso en el Hotel, tendría lugar el último compromiso de ese interminable día. Una pequeña recepción donde se supone, el grupo departiría en compañía de algunos fans. Lo cierto es que resultó ser un tedioso asunto protocolario entre unos amables y extenuados músicos y una fila no muy larga de admiradores que empuñaban vinilos, discos y posters…, una fila eterna para aquel quinteto incompleto y sus acompañantes.

Por fin llegó el tan esperado día. Los ansiosos fans se apostaron en un rincón del parqueadero a cielo abierto del Teatro las Vegas Nevada, lugar de cita para cerca de 350 personas. Las horas previas al concierto transcurrieron con relativa normalidad salvo esos instantes en que los integrantes de Ensiferum hicieron efímeras apariciones. La lluvia amenazaba por momentos. Por allí rondó la fotografía de un sujeto de aspecto avieso cuya entrada estaba prohibida, seguramente algún desafecto de la organización. Al finalizar la tarde, los asistentes iniciaron su paciente ingreso; el interior del lugar resultó tener una estética peculiar, incluso con un dejo sensual que se anunciaba desde la misma entrada, que era custodiada por dos blancas estatuas de apariencia femenina y tentativa greco-romana, coronadas con piñas, auténticas piñas; quizá la tropical reminiscencia de algún evento anterior. Cruzando el portón blanco, una serie de escaleras y más estatuas que terminaron conduciendo al costado derecho de una amplia plataforma, el escenario. Bolas e iluminación para fiestas; un bar adaptado para juergas de todo tipo, con no más que frituras y agua embotellada de tres a cuatro veces su valor real, y un repertorio de licores cuya venta estaba prohibida (el evento seguramente incluyó a menores de edad). Al costado izquierdo del escenario, baños debidamente aseados con una estética igualmente sospechosa. Había un segundo nivel, un altillo que circunscribía todo el lugar, pero reservado para la prensa y algunos V.I.P. En definitiva, el teatro demostraba flexibilidad respecto al tipo de celebraciones que podía acoger, desde reuniones familiares hasta sórdidas juergas. Algo que desde luego poco importó a unos asistentes ya acostumbrados a diversidad de escenarios. Por otra parte, el aforo del lugar era de tales dimensiones, que todo el público se vio empequeñecido. Sin embargo, la disposición de la tarima y la «escasa concurrencia» permitieron una buena perspectiva prácticamente desde cualquier punto del teatro.

Como es costumbre en algunos encuentros bogotanos de Folk Metal, el abrebocas estuvo a cargo de Alfalunatic Teatro, que en esta ocasión dispuso una de sus mejores presentaciones. Continuando con su propuesta de talante místico, este dúo se precipitó en una danza ritual, que huelga decir, tuvo un avanzado componte técnico, por no decir acrobático, y que evocó momentos de fantasía y misterio en complicidad con el fuego y otros artilugios de origen artesanal. Al principio el público reaccionó con cierta indiferencia e incluso, con desconcierto; pero Alfalunatic supo captar su atención, que se hizo evidente en el silencio contemplativo de los asistentes, quienes en su mayoría se permitieron olvidar por unos instantes el escenario que tenían al frente, y atender a lo que este dúo tenía para ofrecerles, justo a sus espaldas.

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Alfalunatic en medio de su performance.

Tras esta majestuosa presentación, Flight Condor no tardó en subir al escenario. Ataviados con ropajes, maquillaje e indumentaria que evocaban el pasado indígena, hicieron sentir su presencia con el percutir de los tambores que sobresalían de la pista introductoria. No obstante, su fuerte repertorio metalero que incluía temas del que será su primer álbum, fue insuficiente para animar al público, que en términos generales se mostró desconectado de su propuesta musical. Desafortunadamente el violín se vio eclipsado la mayor parte de la presentación y esos momentos en que la flauta parecía hacerse con un mayor protagonismo, resultaban indescifrables a la luz del ritmo seguido por la instrumentación acompañante. En síntesis, la presentación de Flight Condor dio una sensación de aparente uniformidad entre sus diferentes temas. No hay que desconocer, sin embargo, que la calidad del sonido no fue la mejor en contraste a la que tuvo Ensiferum; por otra parte, si se quiere hacer un juicio ecuánime de los atributos y capacidades de esta banda, es mejor aguardar con paciencia el lanzamiento de su próximo álbum.

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Flight Condor en escenario.

Después de todo este preámbulo, llegó el momento de los portadores de la espada. Descamisados, con sus tradicionales «kilts» de cuero aparente y sus rostros apenas ornamentados con algunas pinceladas; hicieron su acostumbrada entrada envueltos en la melodía de Symbols e interpretando In my Sword I Trust. En ese justo instante, cualquier inquietud sobre la idoneidad del sitio, la eventual calidad del sonido o la disposición de la banda, se vio disipada con la contundencia y profesionalismo de estos músicos virtuosos. Todo el público reventó de emoción, la calidad del sonido era excelente, cada instrumento se distinguía a la perfección.

No nos recuperábamos aún de esta embestida musical cuando se escucharon los primeros punteos de Guardians of Fate. Estoy seguro que algunos guardábamos el anhelo secreto de corear en medio de una multitud y al unísono: – ¡Hey, Hey, Hey! – Durante ese apoteósico y breve instante, ya finalizando esta pieza concebida en tiempos de Jari Mäenpää.

Siguió su gran éxito From Afar, el tema que intituló a su álbum de 2009, y que probablemente dio a conocer esta banda a varios asistentes al concierto. Una canción con remarcado aire épico que nuevamente provocó el trance de la audiencia. Posteriormente, Burning Leaves, otro tema de su último álbum, que de hecho sirvió como una tregua, antes de sumergirnos en el bailoteo masivo que significó One More Magic Potion.

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Ensiferum en escenario. Como soy un pésimo camarógrafo nunca pude tomar una buena fotografía de toda la banda. Esta es la mejor que logré y torpemente no incluye a Sami.

WE´LL FIGHT TILL THE END! En efecto, el clásico del álbum Iron, Into Battle, fue el siguiente regalo de Ensiferum a una concurrencia ya embriagada con la majestad de estos guerreros finlandeses. Sin mucha antesala, mi tema preferido del From Afar se hizo sentir: Stone Cold Metal. Debo admitir que aquel interludio, cuando algunos silbamos al son de esa bella melodía, fue el momento más memorable de esta canción. Sin embargo, no hay duda que faltó ese efímero y encantador solo de evocación bucólica, interpretado por Emmi. Sin ella no fue lo mismo.

Como era de esperarse del tour promocional de su último trabajo discográfico, continuaron interpretando Retribution Shall Be Mine, en efecto, una de las pocas canciones con cierta contundencia del Unsung Heroes. Posteriormente el ya clásico Token of Time; un momento nostálgico para quienes hemos admirado la trayectoria de esta banda por varios años. Y después, una conmoción para los sentidos, el héroe de altamar hizo su aparición. Ahti nos ofreció una excusa para saltar con más ímpetu y gritar aún más fuerte.

Victory Song fue un recordatorio para todos los presentes, de cuál es la naturaleza y el valor artístico de esta banda. Sin duda, un muy apropiado final para el álbum del mismo nombre; pero que en esta ocasión, fue el preámbulo ideal para un tema que no podía faltar en cualquier repertorio de Ensiferum. De hecho, como suele ocurrir en otros conciertos, Petri Lindroos nos brindó esa ya tradicional pista. Debíamos «tärärear» el principio de dicha canción, que más o menos rezaba así: – ¡Tätärärä-Tätärärä! – Definitivamente Iron fue uno de los temas más esperados. Para mí, de hecho, guarda un significado especial, pues esa canción me tomó desprevenido hace unos años, presentándome a una banda de nombre peculiar, e invitándome a sumergirme en la escasa discografía que tenía entonces; y con el tiempo, a adentrarme en el maravilloso mundo de Väinämöinen, Ahti Lemminkäinen e Ilmarinen.

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Repertorio de Ensiferum. Muy amablemente uno de los ingenieros de sonido de la banda me permitió tomar esta fotografía.

Estábamos exhaustos cuando la banda se tomó unos minutos de descanso para salir con renovadas energías y ofrecernos un glorioso desenlace. Retomaron sus armas y en el ocaso de este concierto dieron inicio a Twilight Tavern, otro gran éxito del From Afar y uno de los temas más exigentes a nivel técnico para las guitarras, que Lindroos y Toivonen supieron ejecutar con desenvoltura. Pero aún faltaba el que a mi juicio, fue el momento más emotivo de aquella noche. Como evocando la magia de un antiguo kantele, las guitarras empezaron a entonar LAI LAI HEI, una maravillosa e inmortal pieza de auténtico folk metal, que seguramente será coreada por muchos años, justo como sucedió esa cálida noche.

¡Vimos una estrella fugaz, desde el borde del mundo!

Que sus primeras líneas estuviesen consignadas en finlandés, no importó a quienes las declamamos a viva voz, hermanados en el seno de esta obra maestra de Ensiferum. Seguramente algunos, conmovidos, permitieron que sus ojos hablasen por sus almas; la atmosfera imperante desnudaba aquel sentimiento colectivo.

Definitivamente una gran noche. Pero hacía falta un par de canciones más. En primer lugar Battle Song, el perfecto final para esta velada dedicada al folclore y la mitología finlandesa; y como si se tratase de una bonificación para un público que se ganó el afecto de la banda, el clásico de Rossini, la Obertura Final de Guillermo Tell.

Finalmente, Ensiferum se despidió cortésmente frente a su agradecida audiencia, mientras sonaba una graciosa canción de folk finlandés. Todo ha terminado.

De este memorable concierto cabe destacar algunas cosas. El comportamiento del público fue bueno en términos generales. Por otra parte, definitivamente en tarima, Sami Hinkka es el tipo más carismático de la banda; durante todo el concierto estuvo animando al público para que bailásemos y disfrutásemos de cada canción. Se movía tanto que en cierto momento, se dañó el sujetador de su bajo y el manager de la banda tuvo que hacer un improvisado arreglo con cinta; aún así, siguió brincando y haciendo gestos graciosos.

El repertorio musical estuvo completo. A mi juicio, los temas del Unsung Heroes fueron suficientes para ser el tour promocional de un álbum con varios detractores. Teniendo en cuenta el repertorio de conciertos anteriores, quizá faltaron canciones como Deathbringer from the Sky o Tale of Revenge. Pero la mayoría quedamos satisfechos con lo que la banda nos ofreció.

Encendidas las luces, el feliz público empezó a abandonar el lugar ordenadamente y sin prisa. Sin embargo, la propagación de algún tipo de gas lacrimógeno por parte de un desadaptado, intempestivamente nos sacó de esa fascinante impavidez en la que aún nos encontrábamos, recordándonos con fría crueldad que estábamos en Bogotá, en Chapinero, y que se aproximaba la media noche.

2 criticas en “Un testimonio de Ensiferum en Colombia”

  1. VA:F [1.9.22_1171]
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    Me he emocionado mucho al leer esta nota. Casi pude rememorar con mucha fidelidad aquella noche en que los dioses de Asgard cruzaron el atlántico para desenvainar sus guitarras en una tierra desconocida para ellos. Una noche mágica, cargada de una energía que lo cubría todo. Valió la pena el viaje (con todas las vicisitudes) que hice desde Armenia – Quindío sólo para ver a esta majestuosa banda. La mejor. Ojalá vuelvan pronto. Les dejo el link de LAI LAI HEI que realicé aquella noche, con excelente calidad en la imagen y el sonido.
    Saludos,

  2. VN:F [1.9.22_1171]
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    Oscar, me alegra que te haya gustado esta reseña. Gracias por tu aporte, el video tiene muy buena calidad.

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