Supersticiones de Navegantes

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Hola amijos, hoy les traigo algo que me llamó la atención el otro día mientras visitaba el museo ARQVA (ver aquí). Resulta que una amiga tenía que hacer fotos para un trabajo de la universidad. Mientras ella se quedaba encantada con aristas, soportes y demás polladas excitantes de arquitectos, yo estuve sumergiendome, nunca mejor dicho, entre tesoros hundidos de 4000 años de antigüedad. Pude apreciar la forma de construcción naval de distintas civilizaciones, los productos que transportaban y lo que nos viene a interesar hoy, sus ‘manías’ a la hora de navegar.

Empezaré con los romanos por ser los creadores del término «superstatio» (ubicación superior), que hacía referencia a las señales que los dioses, seres superiores, mandaban a los hombres. De todos es sabido lo tremendamente supersticiosos que los romanos eran, hasta tal punto que adoptaban a los dioses extranjeros sólo por temor a poder enfadarlos.

¿Os habéis preguntado porque romanos pintaban ojos en la proa de los barcos?  Pues esto es un prestamo de los griegos, quienes a su vez lo tomaron de los fenicios, quienes lo habían tomado antes de los egipcios. No es de extrañar que su significado posterior difiera mucho del original. Los egipcios  tallaban y/o pintaban  dos ojos en sus barcos para exponerse al mar, el ojo derecho identificado con el Sol, el dios Ra, pintado con colores oro, ocres vivos, anaranjados y rojos, y al ojo izquierdo con la Luna, Horus, el dios que todo lo ve, aún de noche, pintado con colores fríos, blancos, azules y negros. Siendo tan dura y expuesta al peligro la vida en el mar, poco puede sorprender que entre los navegantes del Mediterráneo, se extendiera la costumbre de pintar o tallar en proa del lado externo de las bandas de las naves, dos ojos, constantemente abiertos, para atisbar y eludir peligros que se escapan a la percepción humana. Sin embargo para los romanos, y para muchos otros, se convirtió en un elemento protector contra el «mal de ojo».

Cuando en 1808 el capitán de la Armada británica Collingwood supo que una mujer se encontraba a bordo de una de las naves de su escuadra, ordenó su desembarco inmediato mientras escribía en su diario: “Jamás he conocido a una mujer que viajara a bordo de un barco sobre el que no se cerniera la desgracia”. Esto es un común que se repite en muchas culturas y épocas diferentes. Cómo no, en Roma las mujeres tenían prohibido navegar, incluso subir a un barco. La verdad es que he estado buscando y no he encontrado mucho sobre ello, pero este hecho ha sido un recurso muy usado al escribir sobre marinos y piratas, un género del que yo disfruto especialmente.

Hablaba con un vigilante del museo que me comentó otra de las supersticiones romanas, estaba prohibido que se mantuvieran relaciones sexuales en alta mar, y me recordó bromeando que las mujeres no podían embarcar (no he de haceros un croquis, ¿verdad?). Durante las travesías tenían prohibiciones realmente curiosas, y dificilmente explicables, como no poder comer pollo o no poder cortarse las uñas…

Barco vikingo.

Seguimos, y esta vez con vikingos. ¿Os habéis preguntado de dondeviene la tradición de romper una botella de champagne para bautizar un barco? Bien, esta costumbre deriva de un viejo rito vikingo que consistía en «bautizar» con la sangre de un esclavo la embarcación en honor a los dioses.

Muchos de estos rituales tienen que ver con el miedo que los marineros a la muerte. Termino este post rescatando algunos de los más extendidos:

– Que un gallo cantara a bordo de la nave era considerado un mal augurio y si un tiburón seguía a la embarcación se pensaba que algún tripulante moriría.

– La creencia de que los marinos muertos se reencarnaban en albatros y que si se mataba alguno se tendría mala suerte por el resto de la vida.

– Creer que la presencia de sacerdotes en un barco atraía a las tormentas.

– El miedo a que un finlandés subiera a un barco, puesto que tenían fama de brujos.

– La creencia de que  los silbidos atraían las tormentas; y temer chocar una copa, pues supuestamente cada vez que se escuchaba el sonido algún marino moría en alguna parte del mundo.

– Los ataúdes eran considerados de mala suerte al igual que los muertos. Un protocolo bastante difundido cuando un marino moría a bordo consistía en meterlo en una mortaja con una bala de cañón dentro y coserle la nariz con la última puntada para que su fantasma no persiguiera el barco.

– Los hombres que caían al mar no eran rescatados ya que se consideraba que hacer eso era interferir con el destino y las decisiones de los dioses. Además, ver un cadáver flotando a la deriva era señal de mala suerte.

Escritor/Redactor/Editor: Kyrios Bromios

Una critica en “Supersticiones de Navegantes”

  1. […] En Nippur, una antigua ciudad sumeria, se encuentran los primeros vestigios de barcas de remo. En Chipre, las naves comienzan a ser agujereadas las cubiertas para cubrirlas con pieles. No obstante, los primeros punteros en la construcción de naves serían los egipcios, que no sólo crearon un importante ejército naval, sino que utilizaron los barcos para el comercio, la propia diversión y los viajes al más allá de sus faraones. En esta zona las barcas de juncos convivían con las de madera hechas con azuelas, que surgieron primeramente en Sirio-Palestina. Cabe destacar que por el momento no se han hallado restos arqueológicos de ningún astillero, pero los vestigios de grandes puertos como el de Kition en Chipre, han servido de gran ayuda para comprender cuán importante era el culto a las divinades para los supersticiosos marineros. Para leer más sobre ello pulsa aquí. […]

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