Scriptoria: el arte de la iluminación

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Códice Calixtino

Siempre recordaré la magia de aquel momento, en que mis manos sostuvieron un enorme libro, encuadernado en madera y piel, paginado en pergamino y lleno de inscripciones desgastadas por el inexorable paso del tiempo, realizadas en el viejo hablar de mi tierra, y mayor fue la magia cuando, pasando páginas, encontré un número, una fecha: 1417

Sin adentrarnos en polémicas de religión, podemos afirmar con rotundidad que los monasterios cristianos de la Edad Media fueron los mayores transmisores y guardianes del saber antiguo. Esta tarea fue realizada por monjes que fueron más allá de la copia y manufactura de documentos, llegando a elaborar un arte único e irrepetible que convierte cada libro en un tesoro de incalculable valor.

El proceso de creación de estas obras de arte era realmente complejo, y pasaba por multitud de manos hasta su finalización

 El trabajo comenzaba en la curtiduría, con la selección de pieles más adecuadas para dos menesteres: Primero, la piel que serviría para la encuadernación, y segundo, las pieles más finas y con menos imperfecciones para obtener los pergaminos que conformarían las páginas.

Antes de realizar la encuadernación, los artesanos realizaban el trabajo más importante. De los diferentes artesanos por cuyas manos pasaría el códice, los más importantes eran sin duda el calígrafo y el iluminador, que trasladarían los textos, mediante su arte,  al pergamino.

Miniatura de un Scriptorium

El calígrafo o copista era el encargado de la copia de los textos, trabajo realizado con una minuciosidad que nada tiene que envidiar de las impresoras modernas. Cada letra, escrita en la tipografía dominante de la época, entre cuyas más utilizadas encontramos la caligrafía beneventana y la caligrafía gótica. Esta escritura se realizaba mediante el uso de plumas de ave y tintas de confección artesana cuya fórmula era el secreto mejor guardado de cada Scriptoria.

El iluminador era el encargado de “dar luz” a los manuscritos, mediante la realización de los dibujos, celosías y  letras capitales. Estos dibujos, conocidos como “miniaturas”, eran realizado habitualmente con pintura al temple, en la que se utilizaban pigmentos mezclados con diversos productos que conformaban de nuevo una fórmula celosamente guardada por cada Scriptoria.

Una vez finalizado el trabajo de iluminación, los pergaminos eran cosidos y encuadernados en piel y madera, quedando el trabajo terminado para su almacenamiento en la biblioteca del monasterio.

Una vez finalizados, los manuscritos iluminados quedaban repletos de una belleza y una magia que hechiza a todo aquel que disfruta de las maravillas que encierran los libros.

Reproducción actual de la encuadernación de un códice

En mi próximo artículo, intentaré desvelaros algunos de los secretos del arte de la copia e iluminación de manuscritos.

Escritor/Editor/Redactor: Iván Jötnamordingi

4 criticas en “Scriptoria: el arte de la iluminación”

  1. VN:F [1.9.22_1171]
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    ¡Muy chulo el artículo! 🙂 Dejas entrever bastante que estás loquito por estos manuscritos! xD

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    Me encantan si xD de hecho estoy planteandome el aprender a iluminar codices

  3. VN:F [1.9.22_1171]
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    Y estudiar «Ciencias y lenguas de la Antiguedad»? esa carrera mola cacho!

  4. […] monjes irlandeses, los cuales las recopilaron durante siglos, escribiéndolas en códices en sus scriptorium. Macpherson y su obra tuvieron una gran influencia en su época, ya que esta obra fue el primer […]

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