Scriptoria, do it yourself (Caligrafía)

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Como lo prometido es deuda, a lo largo de este artículo espero descubriros un poco más sobre el arte de la iluminación, y quizá algún lector se descubra a sí mismo como un escribano o un iluminador de talento.

Como vimos en el artículo “Scriptoria, el arte de la iluminación”, en la confección de un códice se ocupaban varios artesanos, cada uno de ellos especialista en una materia, pero este trabajo a día de hoy se ve reducido a un único artista: nosotros mismos.

Puesto que no nos vamos a poner a curtir pieles en nuestra propia casa, lo ideal sería conseguir pergaminos en alguna tienda especializada, pues las tintas empleadas no nos servirán sobre el papel.

 

CALIGRAFÍA:

Para caligrafía son imprescindibles tres cosas: una pluma, tinta, y mucha paciencia.

Las plumas mas adecuadas para la caligrafía son indudablemente las plumas de ganso, aunque si se busca algo más esplendoroso y con propiedades similares, las plumas de faisán también son una opción. Estas plumas deben ser cortadas con un cortaplumas, de modo que quede como vemos en la siguiente imagen.

El acabado recto de la punta es imprescindible para una correcta caligrafía gótica.

 

Tras el corte de la pluma, se procede a su endurecimiento. Para esto, pondremos arena de cuarzo en una olla, y cuando este bien caliente, introduciremos la punta de la pluma durante dos minutos aproximadamente. Hecho esto, nuestra penna scriptoria quedará lista para escribir.

Lo siguiente que deberemos preparar será la tinta ferrogálica. Aunque cada scriptorium utilizaba una receta propia, guardada en riguroso secreto, nosotros utilizaremos una receta básica recogida en diversos tratados de la época. Para su fabricación necesitaremos agallas de roble, goma arábiga (que servirá de aglutinante), sulfato de hierro (que podemos obtener sumergiendo clavos y tornillos viejos en vinagre durante 4 días y filtrando el liquido después) y agua.

Agallas de roble

 

La receta se resume en dos sencillos pasos:

1. Hervir las agallas aplastadas (50gr) en 500ml de agua.

2. Mezclar el sulfato de hierro con la decocción de las agallas y con 20gr de goma arábiga.

Esta tinta, es al principio de un color muy débil pero por efecto de la oxidación con el oxígeno del aire, se convierte en una tinta muy duradera y se vuelve cada vez más oscura hasta convertirse casi en negra. Debido a que la coloración de esta tinta se basa en la oxidación, se desaconseja usarla sobre papel, o con plumas metálicas.  Además se recomienda mantener los pergaminos en una humedad y temperatura estables.

 

 

Con todo esto, ya no tenemos más que practicar caligrafía con paciencia y tesón y ponernos manos a la obra.

Esperando que os haya gustado, en el siguiente artículo detallaré el uso de la pintura al temple en el arte de la iluminación.

 

Escritor/Editor/Redactor: Iván Jötnamordingi

 

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