Sargón, el primer emperador.

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Mesopotamia, la cuna de la civilización. Durante el segundo milenio a.C, la región se encuentra dividida en numerosas ciudades-estado amuralladas, y, a su alrededor, se encuentran varios asentamientos destinados a la producción agrícola. Los zigurats dominan el paisaje, tan imponentes, tan grandes, y, la escritura cuneiforme está en pleno apogeo. Mas en una de estas ciudades vive el hombre que cambiará el destino de acadios y sumerios: Sargón el Grande.

En aquella época varias ciudades-estado se disputaban la hegemonía en el territorio del Tigris y el Eúfrates: Sargón de AcadUruk, Lagash y Kish. En esta última vive el hombre en el que centraremos nuestra historia. Según su leyenda, el nacimiento de Sargón se llevó a cabo en secreto. Ni siquiera él mismo llegó a saber quién era su padre y, en su tablilla, da poca importancia al origen de su madre, aunque es muy probable que fuera una gran sacerdotisa. Aún así, se labró un futuro bastante prometedor, haciéndose copero (sagi) del rey de Kish, lo que significaba ser su hombre de confianza, su apoyo más directo. Irónicamente, el mejor amigo del monarca le traiciona dando un golpe de estado y obteniendo el poder de la ciudad.

Hombre de gran ambición, se lanza hacia la conquista de Sumer, el sur de Mesopotamia. Destruye en poco tiempo a una de las ciudades rivales, Uruk, y los supervivientes se refugian bajo el brazo de Lugalzagesi de  Umma, el máximo enemigo de Sargón. La victoria de nuestro protagonista fue aplastante. Los sumerios cayeron ante los arcos y los carros de guerra acadios. El monarca de Umma fue capturado y llevado a Nippur encadenado del cuello.  Tras este acontecimiento se lanza a por el control del Norte, donde llega hasta Ebla. Y, por último, consigue que la monarquía elamita (de Elam), huya y se refugie en Arguán, conquistando así el territorio de Susa.

Comienza una nueva era, la del Imperio Acadio. La capital se traslada a Agadé, una nueva ciudad fundada por el propio emperador. Los sumerios, sometidos, se ven obligados a hablar una lengua que no es la suya, el acadio, y a usar tácticas de guerra diferentes, aquellas que les hicieron perderlo todo. Para estar seguro del control de las ciudades, pone al mando de estas a sus familiares más próximos; así, su hija Enheduanna se convertiría en la suma sacerdotisa de Nanna, en Ur, la primera mujer que firmaría sus palabras. Sus otros dos hijos, Rimush y Manishtutu, también serían enormemente relevantes en la historia del imperio.

Mapa del Imperio Acadio.

Mapa del Imperio Acadio.

 

Escritor/Editor/Redactor: Marta Sacri

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