Roma en Hispania durante el siglo V d.C

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En muchas ocasiones hemos oído hablar de “la Caída de Roma”, igual que de muchos pueblos como vándalos o suevos, e incluso de los visigodos. Pero, ¿en qué medida afectó esto a nuestra península?

Hispania, como se ha dicho más de una vez en este blog y es conocido por todos (espero), era una provincia romana. Está considerada de vital importancia por los recursos que tiene, tanto alimenticios como de minerales. Pero  era una provincia limítrofe, aunque fuese con el mar; esto quiere decir que estaba prácticamente en la otra punta del Imperio, lo que provoca que el control llegue a ser algo menor. Dadas estas características, parece obvio que Hispania fuese una de las primeras en presentar problemas.

Mapa de la península Ibérica en el siglo V

En el año 406 se sabe que varios pueblos cruzaron la frontera romana, animados por diferentes motivos. El principal fue la presión ejercida por otros pueblos, especialmente los hunos. Rápidamente se expandieron por todo el Imperio, e Hispania por sus características no iba a ser una excepción. Varios años después cruzaron los Pirineos (409 d.C.) y se asentaron en la provincia. Parece que desde un primer momento Roma aceptó esta situación, porque se firmó una especie de “contrato” en el que se repartían las tierras peninsulares: Roma se quedó con Tarraconiensis, los alanos en el centro de la península, los vándalos asdingos se asentaron en Gallaecia, los vándalos silingos en Baetica y finalmente los suevos en el centro y este de la península.  Las causas y consecuencias de este tratado son muy varias. La primera y más evidente es que permitiendo el asentamiento de los pueblos, Roma conseguiría que se calmasen y que la situación no empeorase con la población. La estabilidad se logró gracias al control de los latifundios y una posible cercanía entre los pueblos invasores y los hispanorromanos. En cuanto a las consecuencias, la principal fue que Roma decidió contratar a los visigodos, que estaban asentados en Tortosa, para que “limpiasen” la península a partir del año 414. Este sería el principio del fin.

Los visigodos eran una rama de los godos, que se había dividido entre ellos y los ostrogodos. Los visigodos fueron errando desde el Imperio de Oriente hasta finalmente llegar a la Galia, donde mediante un foedus se les permitía establecerse sin ningún problema. Lo único que se les pidió a cambio era que tenían que controlar la Península y realizar numerosas incursiones. Estas campañas se sucedieron entre 416 y 418, y permitieron que Hispania volviera a estar en la órbita del Imperio Romano. [meter que pasa en este periodo].

Otra de las cuestiones que se deben resolver es… ¿en qué medida Hispania no estaba en esa órbita? Un claro ejemplo de la falta de presencia romana en la península es  la situación de los suevos. Por desgracia las fuentes relacionadas con el primer período de este pueblo son bastante escasas, además de ser un pueblo muy poco estudiado (aunque últimamente la situación está cambiando). Lo que sí que se puede sacar en claro es que en el 411 los suevos, tras ya establecerse en Gallaecia y parte de Lusitania, formaron lo que se ha querido llamar reino. En realidad se desconoce el alcance de la estructura política de los suevos, porque parece que fue más bien una concentración del pueblo en torno a un mismo lugar o ciudad. Lo que sí se sabe es que Rekhila (d. 448) sí que ya fue un rey y que conquistó gran parte de la península, como Baetica, Lusitania y parte de Cartaginensis. Por lo tanto, hay que dudar de que Roma si estuviera plenamente cualificada permitiese que un reino se asentase de forma ya definitiva en lo que se supone que siguen siendo sus terrenos, porque hay que recordar que tenían un foedus.

Ahora volvemos al territorio del Imperio Romano en la península, porque está muy relacionado con la situación que los visigodos se encontraron al entrar en ella. El Imperio Romano jamás consiguió  hacerse con el control de los pueblos del norte, entre los que encontramos a los astures, los cántabros o los vascones, de los que se sabe aún menos que de los suevos. Además fueron muy comunes los bagaudas, aunque hubiesen desaparecido casi por completo en el siglo IV. Los bagaudas eran un grupo de bandidos de procedencia varia, ya fuesen esclavos, desertores, germanos o incluso algunos campesinos. Durante estos primeros años del siglo V se dedicaron a fustigar sin descanso toda la zona de Navarra y el Ebro, zona que de nuevo quiero recalcar pertenecía al Imperio Romano de Occidente. En el año 415 los visigodos comienzan a entrar ya en la península, concretamente por Tarraconensis. Ya  en ese año se tiene conocimiento de la existencia de ciertos enclaves en torno a la actual Barcelona, y al año siguiente se produce la expedición de Valia, un general visigodo que consiguió controlar en cierta medida toda la península.

Bagaudae

Como se ha comentado con antelación en el 418 los visigodos firman su foedus para establecerse en la Galia y se crea el llamado Reino Visigodo de Tolosa, formando Hispania parte de él. En un primer momento este reino está bajo control del Imperio Romano, aunque esto era más en la teoría que en la práctica. En los primeros años de este reino los visigodos se dedican únicamente a hacer incursiones por todo el territorio peninsular, que se saldan con la desaparición del pueblo de los alanos (aunque se cree que pudo haber desparecido antes) y con la expulsión de muchos de los vándalos. Con los que tuvieron más dificultad fue con los suevos, que llegaron a invadir gran parte de su territorio en algunas ocasiones, aunque finalmente fueron derrotados. El establecimiento de los visigodos en Hispania fue progresivo aunque tampoco lento. La penetración se realizó por medio de los campesinos que empezaban a trabajar los terrenos baldíos y los soldados que trabajaban para Roma pero que finalmente se quedaban ahí tras terminar las campañas. Según pasan los años la presencia visigoda es cada vez más abundante en toda la península, pero la romana y casi escasea. El final de esta agonía se produce con el reinado de Eurico (466-484), que se declara independiente de Roma.

Aunque quizá este ejemplo no pueda ser el más fiable, es inevitable no hablar de él. El principal cronista de época fue Hidacio, de Hispania. El cronista, contemporáneo de la mayor parte de los hechos que escribe, hace un rápido repaso de la historia de Roma desde la Batalla de Adrianópolis hasta el año de su muerte, 469. Gran parte de lo que él relata está relacionado con las invasiones bárbaras, ya sea dentro de la península como en Francia o el terror que causaban los hunos. A lo largo de su relato hace referencia a numerosos reyes y numerosos generales, algunos romanos, otros no. En un primer momento, después del año 409, Roma sí está presente en la península, o al menos por medio de los visigodos. En los primeros veinte-veinticinco años la presencia o fuerza de Roma es innegable, incluso podemos hallar la presencia de algunos militares romanos en la península y no solo a mercenarios visigodos. Lo que sí es cierto es que muchas de las batallas son lideradas por los visigodos y el control del territorio se logra gracias a ellos. Ya a partir de los años treinta del siglo la presencia de los romanos empiezan a ser cada vez más escasa,  mientras que los suevos y los vándalos empiezan a tomar cada vez más fuerza. Durante los años hasta la independencia del reino visigodo hay numerosas batallas entre este pueblo y los vándalos, los suevos o incluso pueblos más minoritarios como astures o cántabros. En muchas ocasiones la presencia romana se limita únicamente a mensajeros para intentar pactar algún tratado de paz o incluso ese papel queda relegado a los obispos. En varias ocasiones parece que solo hablan con el emperador en asuntos muy claves como tratados de paz.

Escritor/Editor/Redactor: Bárbara Tinuviel

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