Orgétorix el Conspirador

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Artículo realizado por: Paul Andrews

Editor: Marta Sacri

Entre las grandes rivalidades de la historia, la que enfrentó a romanos y celtas es, sin duda alguna, una de las más llamativas y famosas. Sin embargo, la mayoría de datos que conocemos sobre ello nos han llegado a través de escritos romanos y, por tanto, están impregnados de estereotipos, errores intencionados y omisiones. Como afirma el dicho: “La historia la hacen los ganadores”, así que la idea de una sociedad celta atrasada, desorganizada y bárbara en comparación a la más noble, avanzada y limpia civilización itálica es la imagen, claramente errónea, que nos ha llegado. Entonces, encontramos casi olvidadas en los oscuros rincones de la historia personalidades interesantes y fundamentales en el recorrido del tiempo y de los acontecimientos como la de Orgétorix el Conspirador.

A diferencia de cómo nos quieren hacer ver los historiadores romanos, la sociedad celta del primer siglo antes de Cristo tiene una organización muy precisa y una subdivisión social clara, aunque menos fuerte que la de Roma. De este modo, durante el consulado del neo-conquistador Julio César, entre nuestros amados helvecios surge  un exponente de la aristocracia local llamado Orgétorix (traducido el rey-guerrero), que, movido por sentimientos patrióticos, de independencia y para intentar salvar el legado y la cultura celta, empezó a planificar su atrevida conspiración.

Inscripción con el nombre del helvecio

Inscripción con el nombre del helvecio

Gracias a su carisma y a su habilidad política consiguió convencer a su pueblo para comenzar una migración masiva desde su tierra natal hacia el sur de la actual Francia, donde se reunirían con el rey de los sécuanos, Castico, y el de los heduos, Dumnórix, (conocido por los seguidores del grupo Folk Metal Eluveitie por su aparición en la canción «(Do)minion» del álbum «Everything remains (as it never was)») para unir los tres ejércitos e intentar expulsar a los romanos al otro lado de los Alpes. El plan comprendía la subdivisión del territorio reconquistado en tres porciones con el mismo Orgétorix como rey de Helvecia. Como parte del trato ofreció a Dumnórix su propia hija.

No obstante, el ambicioso proyecto naufragó cuando un misterioso chivatazo alertó a las autoridades helvéticas aliadas de los romanos, que, enseguida, llamaron a el Conspirador a juicio. El día de la audiencia Orgétorix se presentó con un ejército de 10.000 soldados rebeldes y a pesar de haber sido condenado a morir en la hoguera consiguió, sin mucho esfuerzo, escaparse con sus propias piernas.

Las traiciones no acabaron aquí, ya que pocos días después del juicio Orgétorix murió misteriosamente mientras iba a reunirse con sus aliados cerca de Lugdunon. Entre las hipótesis se habla de un sicario, un envenenamiento o hasta de un inexplicable suicidio.

La conspiración, sin embargo, continuó con Dumnórix al mando de las operaciones y fue  su inicial éxito el que llevó al comienzo de la famosa Guerra de las Galias, donde Julio César comenzó a acaparar su enorme éxito.

El Conspirador anhelaba tanto ser rey que se hacía llamar de ese modo; deseaba de tal manera la independencia y la libertad del pueblo helvecio que sacrificó una tranquila vida de lujos, a su hija y su propia vida por ello, pero los intereses, las alianzas corruptas y la fuerza romana pudieron finalmente con la última chispa de orgullo celta.

Moneda celta con la cara de Orgétorix

Moneda celta con la cara de Orgétorix

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