Numancia, la desesperación de Roma.

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 0.0/5 (0 votes cast)

Sobre el siglo II a.C., con celtíberos y romanos campando por Hispania, comenzó el principio de la guerra contra Numancia, ciudad asediada durante veinte años y  que fue destruida por los romanos.

Anteriormente a esto, alrededor de un centenar de tribus se situaron en la actual Península Ibérica: de oeste a este eran lusitanos, lusonos, vettones, vacceos, arévacos, belos, titos, carpetanos, berones, pelendonas, y muchísimas más tribus. Todos ellos son los llamados celtíberos, ya que se diferencian de los celtas de otras regiones europeas. Esta gente solía vivir, como es obvio, de la ganadería y la agricultura, además de la extracción de minerales.

Más o menos estamos en situación para centrarnos en la historia principal. Tiempo después de la llegada de estas tribus, cuando Roma ya pululaba por nuestras tierras, el general Nobilior (romano) tenía orden de atacar Segeda, capital de los belos, ya que ésta había comenzado a construir una muralla; acto completamente prohibido  por Roma. Cuando la legión se dirigía a la ciudad, los belos la abandonaron, refugiándose en Numancia, urbe de sus aliados arévacos. Segeda, aun vacía, fue destruida al completo.

El primer choque entre romanos y celtas corrió a cargo del general Caro (celtíbero), quien estaba al mando de veinte mil hombres. Nobilior perdió a una tercera parte de su ejército, a pesar de la victoria, y Caro murió luchando. El resto de celtíberos se guarecieron en Numancia. Sin embargo, el general romano no se dio por vencido, y acampó a las afueras de la ciudad, esperando los refuerzos: trescientos jinetes y diez elefantes. Esta imagen causó el terror entre las filas celtíberas, pero tuvieron suerte: un hondero acertó en la cabeza de un elefante, que, asustado y desorientado, atacó a quienes le rodeaban, enloqueciendo a su vez a sus semejantes. Los romanos tuvieron que retirarse humillados.

Esta fue la primera herida en el orgullo de Roma; tan horrible que incluso les costó encontrar nuevos alistamientos a las legiones, debido a la ferocidad de los celtíberos.

La siguiente campaña la encabezó Marco Claudio Marcelo, muy diplomático, que fue capaz de hacer pactos con las tribus de Hispania. Sin embargo, no le sirvió de nada, pues el Senado tenía el punto de mira en Numancia. Así que, Marcelo pidió rehenes y los liberó antes de llegar a Roma.

Lúculo, el sucesor de Marcelo, atacó a los vacceos ignorando que estos no habían tomado parte. Todos los habitantes de Cauca fueron asesinados, a pesar de aceptar las condiciones impuestas y de recibir un embiste desproporcionado. El orgullo de Roma se vio manchado de sangre, y pronto vería que, con Galba, las cosas irían peor.

Otros cónsules trataron el tema de Numancia, incluso uno de ellos, Hostilio Mancino, llegó a firmar la independencia de la ciudad para salvar la vida; aunque el acuerdo no ratificó en el Senado. Los romanos, ante tamaña humillación, llevaron a Mancino desnudo y maniatado a las puertas de Numancia, donde fue liberado por los habitantes, que no entendieron nada.

La desesperación de Roma fue tal, que tuvieron que saltarse la ley para nombrar cónsul a quien lo había sido en menos de diez años. De manos de Escipión llegó la derrota numantina. El cónsul sometió a sus legionarios, desmoralizados e inactivos, a un duro entrenamiento durante la primavera.

A mediados de noviembre, el ejército partió con dirección a Numancia, atacando y sometiendo a las ciudades vecinas, Palantia y Cauca, para que ayudasen a la causa romana y no a la numantina. Al llegar a  Numancia, los romanos construyeron varios campamentos, siete torres de vigilancia y una empalizada de diez kilómetros a las afueras de la ciudad. Bloquearon el río Duero clavando vigas en su lecho. No debían matar a los numantinos que saliesen al exterior, pues cuanta más gente hubiese dentro, más bocas tendrían que alimentar.

Los numantinos, que esperaban un frágil asedio, no tuvieron fuerzas suficientes para repeler el ataque, pues esta vez no se enfrentaban a un ejército, sino al hambre.

Una noche, un noble de nombre Retrógenes, junto con otros hombres, consiguieron cruzar la empalizada y llegar a Lantia, ciudad arévaca, donde reclutaron a cuatrocientos jinetes. Los lantiones esperaron hasta el amanecer su regreso, pero encontraron al ejército romano preparados para el sitio. Los cuatrocientos hombres perdieron la mano.

Cuando la desesperación empezó a llamar a las puertas de los numantinos, intentaron pactar con Escipión, pero éste hizo caso omiso; sólo estaba dispuesto a aceptar la rendición de la ciudad sin ningún tipo de piedad para sus habitantes. Ante esta situación, Numancia tuvo que matar a sus ancianos y enfermos para no tener que alimentarlos; pues si la ciudad caía, todos sin excepción serían convertidos en esclavos. Algunos hombres, alimentados con la carne de los muertos, atacaron como pudieron, fallando en el intento.

Ocho meses después, los romanos tomaron la ciudad. La quemaron, convirtiendo sus calles en un hervidero de cadáveres con signos de haber muerto a manos de compañeros o de las suyas propias.

El resto de ciudades celtíberas, con sus habitantes, ganados, tierras y prisioneros, pasaron a propiedad romana.

Los jóvenes celtíberos que auxiliaban las tropas legionarias se dispersaron, puede ser porque asesinaron a aquel Escipión, el que acabó con Celtiberia.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne.

Una critica en “Numancia, la desesperación de Roma.”

  1. VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0 (from 0 votes)

    Es una historia muy similar a la que viven los galos en la última batalla liderada por Vercingétorix…romanos capullos 🙁 xD

Escribe una critica