La navegación marítima en el Próximo Oriente

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Barca solar de Keops

No hay duda de que la navegación marítima es un arte, y también una ciencia. Desde tiempos inmemoriables ha sido un vehículo esencial de transporte para todo tipo de animales, objetos e incluso personas. Su historia se remonta a millones de años atrás, antes de la aparición de nuestra especie en la tierra. Sin embargo, la verdadera consolidación de esta técnica se dio en la zona del Próximo Oriente.

En Mesopotamia tenemos constancia de navegación marítima primeramente por su literatura. El célebre poema de Gilgamesh cuenta el mito del arca del diluvio, que todos conocemos por su versión judeo-cristiana:

Al quinto día había acabado el armazón, la superficie del puente era de un iku, de diez ninda la altura de cada pared; de un lado a otro cada uno de sus bordes medía diez ninda. Fijé luego su forma exterior y la dibujé… [t.XI, c. II, v. 56-63]

Pero no solo los escritos nos ayudan a reconstruir los esqueletos de estos vehículos marítimos. En todas las culturas que convivieron en este vasto territorio se han hallado maquetas increíblemente bien conservadas, que muestran hasta el último detalle de estas embarcaciones. De este modo, es importante destacar la famosa barca de Eridu (Mesopotamia). Hecha de terracota, es una barca de vela de tipo fluvial, con el mástil desplazado hacia la proa, que, desgraciadamente, no muestra la quilla, aunque no es muy difícil imaginársela, ya que si pones una quilla muy redondeada en una embarcación fluvial, esta choca con el fondo del río. Las primeras fueron construidas con juncos, que eran atados en sus extremos, lo que les daba esa apariencia en forma de «U». También eran calafateadas con betún, como nos muestran los vasos para el calafateo encontrados en Hacinebi Tepe (Turquía), o la propia Biblia (Éxodo, 2-3).

En Nippur, una antigua ciudad sumeria, se encuentran los primeros vestigios de barcas de remo. En Chipre, las naves comienzan a ser agujereadas las cubiertas para cubrirlas con pieles. No obstante, los primeros punteros en la construcción de naves serían los egipcios, que no sólo crearon un importante ejército naval, sino que utilizaron los barcos para el comercio, la propia diversión y los viajes al más allá de sus faraones. En esta zona las barcas de juncos convivían con las de madera hechas con azuelas, que surgieron primeramente en Sirio-Palestina. Cabe destacar que por el momento no se han hallado restos arqueológicos de ningún astillero, pero los vestigios de grandes puertos como el de Kition en Chipre, han servido de gran ayuda para comprender cuán importante era el culto a las divinades para los supersticiosos marineros. Para leer más sobre ello pulsa aquí.

El transporte y comercio local entre ciudades y pueblos que se encontraban en orillas opuestas del río se desarrolló a través de unas pequeñas barcas que han sobrevivido al paso del tiempo: las guffas,  grandes cestos, en comparación con los que nosotros conocemos, que se calafateaban y que se acompañaban de un remo.

Al morir, el ka de un egipcio viajaba en barca por la Duat, el «inframundo», para ser juzgado por Osiris.

 Mas pronto los egipcios se ven completamente desplazados por los fenicios, los grandes marineros, que colonizarían todo el Mediterráneo con sus trirremes de espolón movible.

Escritor/Editor/Redactor: Marta Sacri

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