Mitología vasca [Segunda parte]

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Tras haber publicado la primera parte de la entrada, vamos con la segunda, en la que hablaré de algunos lugares y objetos importantes y las creencias relacionadas con los difuntos.

La etxea para los vascos significaba mucho más que una simple casa, al igual que los caseríos implicaban más que unas posesiones. La vivienda es el espacio donde la familia realiza sus actividades cotidianas; debían protegerla (se creía que el fuego cumplía esta función). Incluso los lugares adyacentes al hogar servían de cementerio familiar. Con la llegada del cristianismo, la ubicación del cementerio cambió a suelo parroquial donde la prole disponía de un espacio para sus muertos. Los vascos recordaban a los antepasados; con ofrendas e invocando sus almas; las cuales, desprendiéndose del difunto, adoptarían forma de luces y sombras que vagarían bajo tierra. Por las noches regresarían a sus antiguas casas. Podrían ayudar a sus familiares vivos si los invocaban. La señora de la casa, etxekoandre, se encargaba de las tradiciones y del espacio de la iglesia y del cementerio (hilarrieta o ilargieta).

El cementerio, como ya he dicho, se ubicaba al lado de la iglesia, principalmente debido al aumento de población. Allí se enterraban inhumados a gitanos y sin techo. En el siglo XVIII las autoridades vascas enterraron por la fuerza a los difuntos de las familias que se negaban a darles sepultura en un cementerio que estuviera fuera del recinto de la iglesia.

En la prehistoria se construyeron muchos dólmenes por todo el País Vasco. Los pastores se solían parar delante de estas piedras (Tartoloetxe, casa de Tártalo, Sorginetxe, casa de brujas) a orar ya que se creía que ahí enterraban los gentiles a sus muertos.  Los crómlech recibían el nombre de Zugarramurdi o Nafarroa.

El asiento o jarleku era el sepulcro interior de una iglesia o de una casa. Era como una especial de altar donde se ofrendaban a los muertos, tarea que realizaban las mujeres. Las ofrendas eran principalmente comida: como pan de varias puntas, carne y animales sacrificados, y la tabla de ofrendar la luz.  En Guipúzcoa dejaban un carnero o un buey en la puerta de la iglesia.  El jarleku siguió cumpliendo su función de altar de ofrendas hasta que se dispusieron bancos en las iglesias.

La argizaiola (tabla de ofrendar la luz) era la ofrenda más importante, ya que iluminaba el mundo de la oscuridad. Para ello se usaban velas (ezkozigor) que se enroscaban alrededor de una tabla de cera. Como se ve en la imagen, tenía forma humana y podían estar labradas (no todas eran así). Al ser una ofrenda, se colaba en el jarlekua.

La estela funeraria era monumentos de piedra con cierta semejanza a una figura humana. El lugar donde más estelas se han encontrado ha sido en Euskal Herria, alcanzando su máxima expansión en el siglo XVII y desapareciendo en el siglo XIX. Solían representarse en ella los utensilios del difunto, aunque también se usaban soles, estrellas, animales, etc, o incluso un dibujo de la casa.

En el País Vasco, como veis, el culto a los difuntos era muy importante. Por ejemplo, cuando alguien agonizaba se llamaba al primer vecino por la derecha yendo a la iglesia para que llamase al cura y al médico. También avisaba a los animales, en especial a las abejas. Si el sufrimiento era largo, se levantaba una teja en el techo para que el alma saliese fácilmente al exterior. El cuerpo sin vida se transportaba por un camino que tenía cada casa (camino de difuntos o de la iglesia). No se podía usar ningún otro sendero, aunque éste fuera mucho más largo. Se hacían las respectivas ofrendas en el jarlekua, y luego se quemaba  el colchón del difunto en el primer cruce del camino, arrojando agua bendita y orando. Después de esto, se celebraba el banquete en casa del fallecido; alabando su figura, y terminando la velada con risas y bromas.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne 

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