Los Almogávares – Parte II: Roger de Flor, la Venganza Catalana y Neopatria

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Tras las Vísperas Sicilianas, la Corona de Aragón puso a la Gran Compañía Catalana, estacionada en Sicilia, bajo el mando del nuevo protegido de la corte aragonesa, el alemán Roger von Blunt, más conocido en la historia como Roger de Flor. Este antiguo templario, expulsado de la orden por huir durante el asedio de San Juan de Acre con uno de los escasos barcos de la Orden cargado de tesoros y nobles que le pagaron con mas tesoros, entro como mercenario al servicio de Federico II, hijo de Jaime II de Aragón y nuevo rey de Sicilia. Bajo el mando de este se distinguió como brillante estratega y líder en la defensa de Messina en 1303, lo que llevo a que tomara el mando de los almogávares estacionados allí en Sicilia.

Debido a que Federico II quería deshacerse de los almogávares, que estaban causando conflictos en toda la isla y Roger de Flor quería alejarse de Federico II por su buena relación con el Vaticano (este podía reclamar la cabeza de Roger para entregársela a los Templarios), ambos acordaron aceptar un encargo del emperador de Bizancio Andronico II Paleólogo, que precisaba mercenarios para luchar contra los turcos seléucidas que atacaban a su Imperio.  Roger de Flor exigió el titulo de Mega Dux (Gran Duque) al emperador como precio anticipado de sus servicios y sus tropas, cifradas en 32 naves, 1500 caballeros y 4000 almogávares acompañados de sus mujeres e hijos (que curiosamente, tambien les acompañaban a las batallas para que los niños aprendiesen el negocio familiar). Este fue entregado sin ningún miramiento, lo que destaca el agonizante estado del antiguo Imperio Romano de Oriente.

Cuadro que representa la entrada de Roger de Flor en Constantinopla, capital del Imperio Bizantino.

Al poco de llegar a Constantinopla, donde Roger de Flor desposo a la princesa María Asanina, hija del Zar búlgaro Iván Asen III y una hermana de Andronico, ya se libraron los primeros combates, aunque estos fueron contra los genoveses, que veían peligrar su área de influencia frente a los aragoneses. El combate se saldo con 3000 muertos y escasas bajas de la Compañía, lo que llevo a que se le recordase como “la masacre de los genoveses”. Tras este combate y los festejos nupciales, la Compañía tardo poco en ponerse en marcha y empezar a guerrear contra los turcos.   La guerra se compuso en esencia de batallas cortas en las que catalanes y aragoneses lucharon en inferioridad contra el enemigo turco, que en todos los casos sufrió autenticas carnicerías, caracterizadas por las escasas bajas de los almogávares y por las numerosas suyas. Tambien destaco la recuperación de ciudades importantes de la Anatolia como Filadelfia, Magnesia y Éfeso. Esto rechazo a los turcos, que luego se reagruparon en un ejército de grandes dimensiones que se enfrento a la Compañía y sus recién llegados refuerzos en Kibistra, donde 30000 turcos se enfrentaron a 8000 almogávares, siendo los turcos puestos en retirada tras perder a 18000 hombres en combate. Esta derrota se debió principalmente a que los almogávares supieron desbordar y aislar varios grupos enemigos para poder afrontar una ventaja de 1 contra 4, aparte que el factor psicológico que mostraba a los almogávares como enemigos imbatibles y diabólicos hizo mella en el ejército turco.

Tras una amplia recuperación de territorio para Bizancio, alejar durante años la amenaza turca y derrotar a los alanos echándolos a las montañas de Armenia, el emperador decide nombrar a Roger de Flor Cesar del este de Anatolia. Su auge en la corte y adquisición de poder y títulos hizo que el hijo del emperador, Miguel IX sintiera celos y viese peligrar su situación. Por ello decidió invitar a Roger de Flor a una cena en palacio en la cual el postre fue que unos mercenarios alanos apuñalaran al comandante almogávar y su guardia.

Grabado que muestra el asesinato de Roger de Flor por mercenarios alanos durante una cena en el palacio del príncipe en Adrionopolis.

Quitando de en medio a Roger de Flor, Miguel esperaba una rápida dispersión de los almogávares y que el poder perdido pasase a sus manos. Pero lo que recibió fue noticias de que los almogávares estaban quemando y saqueando el Imperio bajo el liderazgo de sus adalides Bernat de Rocafort y Berenguer de Entenza. La venganza prosiguió durante meses, siendo muchas aldeas devastadas e incluso algunas ciudades, como Galípoli. Esto llevo a enfrentar a un ejército bizantino liderado por Miguel IX en Apros contra las fuerzas almogávares dirigidas por Rocafort (Entenza había sido capturado en un intento de reclamar refuerzos a la Corona de Aragón). La batalla enfrento a 31000 hombres de las varias naciones que contenía el Imperio Bizantino (alanos, macedonios, turcopolos, griegos…) contra 3000 almogávares, que debido a azares del destino, maestría en combate (un gesto brillante o bastante desquiciado de esta batalla fue que ante la carencia de lanzas pesadas enfrentaron a los catafractas bizantinos, con sus caballos cubiertos de malla, arrojándose bajo ellos y destripando al caballo por donde la malla no lo protegía, masacrando rápidamente a la unidad más poderosa del ejercito bizantino) o la furia que les poseía zanjaron un combate imposible con 26 bajas frente a las incontables del enemigo griego, que se retiro con su príncipe herido y un ejército maltrecho que los turcos supieron rematar.

Terminada la venganza, se proclamo el Consell de Dotze, un consejo en el que se erigió a Rocafort como líder indiscutible y se acepto un encargo del duque de Atenas, Walter V de Brienne, basado en luchar contra los griegos para otorgar el poder del sector a los franceses. Este tras expulsar a los bizantinos de la zona se niega a pagar a los almogávares, lo que desencadena una rebelión contra el  duque que concluye en la Batalla del rio Cefis, en la cual 3500 aragoneses se enfrentaron a 15000 franceses. La victoria fue posible otra vez a los almogávares gracias a que los franceses, que usaban caballería pesada, se quedaban atrapados en el barro de la zona, lo que la Compañía uso a su favor, aprovechando la inmovilidad enemiga para matarlos sin contemplaciones. Con esto los franceses fueron expulsados de la península balcánica y los almogávares colgaron las cuatro barras de Aragón en el Partenón, reclamando esas tierras para la Corona de Aragón, que las denomino Neopatria y las dispuso bajo el mando del rey de Sicilia.

Grabado en el que aparece Bernat de Rocafort, en el cual se muestra como es apresado por hombres del Rey de Napoles, el cual lo condeno a una prisión hasta el fin de sus días por su colaboración en las Vísperas Sicilianas.

La Gran Compañía se disolvió tras esta conquista, pasando a ser parte de los ejércitos que guardaban Neopatria o licenciándose para volver a su hogar en los Pirineos. A pesar de esto, los almogávares fueron excomulgados por el Papa por su ataque a tierras de la Cristiandad, y Neopatria se enfrento a un continuo conflicto con Francia, que apoyado por el Vaticano ataco varias veces la antigua Helade, aunque esto solo sirvió para sufrir más derrotas de los almogávares. Neopatria se mantuvo como territorio aragonés hasta 1391, año en el cual fue tomada por los turcos tras la conquista del Imperio Bizantino.

Escritor/Editor/Redactor: Zierzo

Una critica en “Los Almogávares – Parte II: Roger de Flor, la Venganza Catalana y Neopatria”

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    ¡¡¡ENTALTO ARAGÓN!!!

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