Las Nueve Nobles Virtudes vikingas

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Para entender las Nueve Nobles Virtudes debemos retroceder en el tiempo; más o menos a los siglos VII y IX d.C., cuando fue escrito el poema Hávamál.  El poema narra una serie de “mandamientos” que se deben cumplir para alcanzar la sabiduría. Estas normas regían la sociedad vikinga como símbolo moral.

La primera parte habla del comportamiento hospitalario que se debe tener con los huéspedes, es decir, Gestaþáttr, la parte del invitado. La siguiente sección, Loddfáfnismál, habla de aspectos morales, éticos; de la conducta en general. La tercera parte está dedicada a Rúnatal, o canción de Odín, ya que está narrada desde su punto de vista: Odín nos cuenta el secreto de sus runas y cómo alcanzó su sabiduría. Por último tenemos el  Ljóðata, que habla de los misterios de Odín, la transmisión del conocimiento y una lista y una guía de conjuros rúnicos.

Bueno, una vez que sabemos todo esto, pasemos a hablar de cada una de las virtudes. Todas ellas poseían un reconocimiento dentro de la sociedad vikinga; no eran normas que cumplir a rajatabla, sino más bien una guía sobre cómo comportarse.

La primera de ellas, es el coraje: “Sé audaz y valeroso. Lucha por tus convicciones”. Para vivir acorde con tus creencias éticas estaba claro que tenías que ser valiente, poseer el coraje suficiente para seguir adelante con una decisión; el coraje no sólo de aplicaba al campo de batalla. Sin embargo, no significaba que cometieras acciones estúpidas por tus convicciones, ya que tenías que hacerlo de forma sabia.

La segunda es la sinceridad: Debías estar seguro de ti mismo para que tus creencias y acciones fuesen verdaderas. Tampoco debías mentir, pues era un acto cobarde; viviendo acorde con tus creencias, el inventar no te haría falta. Las verdades de los demás, aunque fuesen diferentes, no podían afectarte; sólo tenías que respetarlas. En resumen, que fueras sincero contigo mismo. Sin embargo, podías mentir si con ello conseguías algo bueno.

La siguiente es el honor, que está muy relacionado con los principios del coraje. Sin honor no podías ser un verdadero guerrero, ni siquiera humano. Es difícil definir esta virtud, pero básicamente es la integridad o dignidad de una persona, y no sólo tiene que ver con tu reputación. Como con el coraje, demostrabas tu honor aferrándote a tus creencias, que nunca deben ser influencias por los demás.

La lealtad significaba ser fiel a tu Dios, a tus creencias (otra vez), a ti mismo, a tu familia y a tus amigos. Debías defenderlos sin importar el coste de ello. Si alguien mataba a algún miembro de la familia, otro miembro debía buscar venganza y poner las cosas en su sitio. En este caso la venganza significaba una obligación por y para tus seres queridos. Necesitabas de honor, lealtad y fidelidad para ser un verdadero amigo.

L a disciplina es importante para vivir con tu propio código moral. El verdadero guerrero ignoraba la corrupción política así como las normas culturales. Si el guerrero quería vivir según sus reglas, también debía controlar sus acciones. Algunas cosas legales están contra los principios de su persona, al igual de que cosas ilegales podrían estar a favor. Por lo que, al final, debía desarrollar una gran autodisciplina.

Hospitalidad: El guerrero debía tratar a los demás con respeto y dignidad. Los vikingos creían que los dioses visitaban a las personas con forma humana, y si eran irrespetuosos con la gente, también podrían serlo con los dioses. El guerrero es cortés con los desconocidos porque lo rige su código.

La laboriosidad significaba llanamente la disposición para trabajar. Debías trabajar lo mejor que pudieses y hacerlo con orgullo. Los vikingos despreciaban a los vagos que se creían dioses. El guerrero siempre trabajaba duramente por su familia. La mediocridad no era aceptada, todo debía hacerse con cuidado y detalle. Ellos mismos sobrevaloraban su capacidad, tenían grandes expectativas en su trabajo.

Como octava virtud tenemos la autonomía, es decir, tener la libertad y personalidad para actuar. No significaba que al guerrero le gustase la soledad y no disfrutase la compañía de otras personas; quiere decir que no depende de otros para sobrevivir. Su principal deber es cuidar de su familia, y nunca estará cómodo si su bienestar depende de algo que no puede controlar. Depender de algo o alguien por necesidad era peligroso. Por eso mismo, tenía que ser independiente y no influenciable.

Por último nos queda la perseverancia. No podías rendirte antes tus errores, ya que debías seguir adelante, intentando mejorar; de otra forma, las Nueve Noble Virtudes no podrían ser aplicadas. El guerrero no debía abandonar si algo se torcía; no podías intentar ser un guerrero, o lo eres o no lo eres. Tropezarse significaba aprender y estar convencido de hacerlo mejor la próxima vez.

Con estas virtudes enseñaban a los niños e intentaban vivir según sus principios. De hecho, Asatrú, una religión neopagana basada en los dioses nórdicos, incluye estas virtudes en sus directrices.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne

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4 criticas en “Las Nueve Nobles Virtudes vikingas”

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    Esas mismas cosas juramos en el Frej Bolt xDD Es una buena forma de vivir.

  2. VA:F [1.9.22_1171]
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    En definitiva, esto se puede resumir de la siguiente forma: «La religión es simplemente una serie de códigos y conductas morales y todas van a decir más o menos lo mismo».

  3. […] […]

  4. VA:F [1.9.22_1171]
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    Las nueve nobles virtudes no son históricamente correctas. Nunca existieron y no hay evidencia de su existencia antes de que las inventara el Odinic Rite en los años 70

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