Las Guerras Cántabras II – De Lancia a Aracilum.

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Hoy prosigo con lo comenzado hace un par de semanas, una crónica sobre las Guerras Cantábricas que asolaron el Norte Ibérico durante el final del siglo I a.C. La guerra, a pesar de las más que notables victorias de los héroes celtas Gausón y Corocotta, se declinaba de forma favorable al Imperio Romano. Probablemente, dos de las batallas que comentare hoy fueron esenciales para ello: la destrucción de la ciudad de Lancia, que provoco la rendición incondicional astur, y el asedio invernal del Monte Vindio, uno de los episodios más trágicos para el bando cántabro solo superable por los acontecimientos del Monte Medulio.

El primero de estos dos asedios sucedió en Lancia, el último castro y capital de los astures. Actualmente situada en Villasabariego, León, esta ciudad fue el último baluarte de la resistencia  Astur liderada por Gausón, que tras un intenso asedio llevado a cabo por las legiones I Vernacula y IX Hispana. De la toma de la ciudad no se tienen extensos datos aparte de que el número de bajas astures fue elevado y que la batalla concluyo con la rendición de Gausón y todas las tribus astures, cerrando el frente astur, que no volvió a presentar ningún tipo de resistencia contra Roma.

Ruinas de Aracilum, en León.

A pesar de la victoria, la legión I Vernacula no fue perdonada por su anterior deshonra y fue obligada a estacionarse como fuerza de seguridad en el territorio astur. La legión IX Hispana acudió a ayudar a sus compañeros de la legión IV Macedonia en el frente cántabro, en el cual Corocotta seguía manteniendo una activa resistencia y se necesitaban refuerzos, ya que Augusto había sitiado a un numeroso contingente cántabro en la cima del monte Vindio, en plena cordillera Cántabra.

Los romanos, al no poder acceder a la montaña sin ser detectados, hostigados y, probablemente, aniquilados, decidieron crear fortificaciones en todas salidas de la montaña y esperar al frio invierno del Norte Ibérico. El resultado no se hizo esperar y se mostro de su forma más despiadada y atroz: los soldados cántabros morían de inanición debido a la falta de suministros, y los que sobreviven a la inanición mueren de enfermedades aun más horribles como la hipotermia, que aniquilo a la totalidad de guerreros cántabros que ocuparon la montaña, que morirían seguramente con estoico orgullo apelando la acción a alguno de sus cuasi desconocidos dioses pensando que esa era su voluntad y asimilarla sin contemplaciones era el camino más directo a la inmortalidad.

Panoramica del monte Vindio, Cantabria.

El ultimo castro cántabro, Aracilum, cayo poco después de un largo asedio y encarnizada lucha en la que los cántabros vendieron cara su piel, ya que el oficial romano al mando, Antistio, preciso de cinco legiones a su mando, entre ellas algunas de las anteriormente citadas como la IV Macedonia, IX Hispana o I Vérnacula para tomar la ciudad, que establecida sobre una montaña de 100 metros tuvo que asediar rodeándola con una empalizada de 10 metros de altura y guarnecida con tres fuertes. Los supervivientes huyeron al norte más profundo, donde se reunieron con el líder Corocotta quien preparo una última resistencia que Roma jamás olvidaría…

Recreación en el evento "Las Guerras Cántabras" de Aracilum en Aradillos, Cantabria

Continuare a partir de aquí y narrare el final de esta cruenta guerra que tiño de sangre la nieve de las montañas cántabras…

Autor/Editor/Redactor: Zierzo

2 criticas en “Las Guerras Cántabras II – De Lancia a Aracilum.”

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    Solo una. La última foto es en Los Corrales de Buelna. Fiesta Guerras Cantabras. Un saludo

  2. VA:F [1.9.22_1171]
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    Thanks for the info! De Aracilum no encontre mucho material y me salio esta foto, asi que supuse que seria en Aradillos. Muchas gracias por avisar 🙂

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