Lady Jane Grey, la Reina de los Nueve Días.

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Ayer, mientras leía biografías de los Tudor (a muchos os sonará por la serie), recordé a una muchacha que durante nueve días fue reina de Inglaterra.

Os pondré en situación: Inglaterra, siglo XVI, acaba de fallecer Eduardo VI, hijo de Enrique VIII y Jane Seymour, con tan sólo quince años y sin descendencia. La línea de sucesión la encabeza María Tudor, hija de Enrique VIII con Catalina de Aragón, católica; Isabel, su medio hermana e hija de Ana Bolena, la sigue, ella es totalmente protestante; la tercera  Frances Brandon, hija de María Tudor, duquesa de Suffolk, reina de Francia y hermana menor de Enrique VIII (no confundir con Bloody Mary); la cuarta es Jane Grey, nieta de María Tudor e hija de Frances Brandon.

Jane Grey, también sobrina de Enrique VIII, nació el 12 de octubre de 1537, aunque según las recientes investigaciones pudo haber nacido en la primavera de 1536 ó 1537, en Londres. Era hija de Henry Grey y Frances Brandon, y su tutor fue el mismo que el de Isabel I (¡Armada Invencible! ¡Bú!). Aprendió francés, latín, griego e italiano, convirtiéndose en una de las mujeres más cultas de su época; incluso prefería los libros que las partidas de caza, típicas de aquel siglo. Gracias a la influencia de su padre y la de sus tutores, fue protestante.

Con nueve años, Catherine Parr, sexta esposa de Enrique VIII, la acogió en su casa. Al morir ésta, su marido, Thomas Seymour (dado que el rey había muerto y Catherine había quedado viuda se volvió a casar), se hizo cargo de la pequeña Jane, de tan sólo 11 años. Thomas intentó casarla con Eduardo VI, pero fracasó; se dice que las ansías de poder de este hombre le llevaron a intentar casarse con Isabel I e incluso con la mismísima Jane.  Mientras, el joven rey de Inglaterra yacía gravemente enfermo de sarampión, que acabó desembocando en tuberculosis; un amargo camino hacia la muerte. En primavera de 1553, su estado empeoró si cabe; y no tenía heredero. Con la Tercera Acta de Sucesión, María e Isabel volvieron a formar parte de la línea sucesoria, aunque bajo la ley seguían considerándose ilegítimas. Además, Enrique VIII declaró que si ninguno de sus hijos tenía heredero, el trono pasaría a la descendencia de su hermana pequeña, María Tudor.

Jane pasó a manos de John Dudley;  temeroso de perder su status cuando María, quien parecía querer cambiar el estado religioso del país, o Isabel ascendieran al trono, casó a su hijo Guilford con la joven.

Dudley padre escribió a María Tudor diciéndole que su hermano Eduardo deseaba verla debido a su salud, ocultándole su muerte. Durante el viaje, María fue apresada y encerrada en la Torre de Londres; aún así, se enteró del fallecimiento del rey y escribió una carta al Consejo proclamándose como reina. John  Dudley presionó al Consejo alegando que María no era adecuada para acceder al trono por el divorcio de sus padres, por ser católica y por ser mujer. Así, el 10 de julio de 1553, Jane Grey se convirtió en la “Reina de los Nueve Días”. La muchacha no tenía ni idea de lo que tramaban a sus espaldas, y en cuanto se enteró, rehusó, aduciendo que María era la legítima heredera. Al final, presionada por su padre, aceptó la corona, aunque su esposo no fue rey.

Durante esos nueve días, Jane fue la marioneta de su familia, y el palacio era un corral de intrigas y peleas. Mientras tanto, los seguidores de María habían formado un ejército para mostrarle su apoyo. El noveno día de su reinado, junto con su marido y su padre, fue encarcelada en la Torre de Londres. Los tres fueron juzgados como traidores en noviembre de 1553.

Cuando parecía que las cosas salían redondas, María Tudor se encontró con un nuevo problema: La Rebelión protestante. Fue acaudillada por Thomas Wyatt, debido al inminente matrimonio entre Felipe II de España y María Tudor.

Wyatt fue arrestado cinco días de la ejecución de Jane. Una ejecución apoyada por los españoles (nosotros siempre metiendo las narices…). La joven, de tan sólo 16 años, fue decapitada el 12 de febrero de 1554, junto con su marido. Días después su padre la siguió.

Jane Grey, ya en el cadalso, pronunció un discurso antes de morir:

“Gente buena, yo he venido aquí a morir, y por una a ley que estoy condenada. El hecho contra la reina era ilegal, y el consentimiento no a por mí, pero tocando la adquisición de los mismos y el deseo por mí o en mi nombre, yo me lavo las manos en la inocencia de allí, delante de Dios y el rostro de ustedes, buenos cristianos, el día de hoy.”

A día de hoy, la imagen que nos queda de Lady Jane es la de una pobre muchacha engañada por las ansías de poder de otros. Como es obvio, era totalmente inocente de los crímenes de los que se le acusaban; y, con bastante probabilidad, fue una gran mujer.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne.

2 criticas en “Lady Jane Grey, la Reina de los Nueve Días.”

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    Pobre chavala…
    Si hubiera quedado con vida de esa situación, no hay ninguna duda de que sería una de las mujeres mas prósperas en Inglaterra y en Europa.

  2. VA:F [1.9.22_1171]
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    La verdad es que da mucha lástima, ya que ella no tenía ni idea, y encima era culta para su edad (tan sólo 16 años) y para la época. Hubiera sido interesante saber cómo habría gobernado esta mujer, sin ser un títere, claro.

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