La Tregua De Navidad

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Artículo realizado por: Paul Andrews

Portada del Daily Mirror del 4 de Enero de 1915

Portada del Daily Mirror del 4 de Enero de 1915

Queridos lectores, las navidades se acercan. Puede que las estéis esperando con ilusión, que no soportéis este periodo, que solo os interese descansar. Pero esta costumbre de origen religioso está tan arraigada en nuestra cultura desde hace siglos y es compartida por tantos pueblos que es inevitable no ser parte de ella de alguna u otra manera.
Con el fin de alcanzaros, sea cual sea vuestra posición en estos días, y que quizás podáis compartir este relato con vuestros seres queridos, me gustaría que este articulo se distancie un poco del frío relato histórico e intente crear un atmosfera un tanto diferente; un atmosfera fría en el tiempo pero cálida en los ánimos, cierta en los acontecimientos pero con un aura legendaria.

Este es un relato viejo un siglo; esta es la historia de la Tregua de Navidad.

 Es la víspera de navidad del año 1914; en las trincheras del frente occidental las tropas británicas hincan sus rodillas en el barro desde hace semanas, el cambio de guardia acaba de sonar y los soldados tienen que apoyarse contra las paredes de suelo helado para dejar pasar sus cansados compañeros. Les envidian un poco, ellos han sobrevivido una guardia más.
Un agujero en la llanura de Ypres es probablemente el peor sitio para pasar las navidades, pero tanto británicos como alemanes tienen la moral alta, ¡el 1915 será seguramente el año que decidirá el conflicto!

Ya falta poco para volver a casa.

tregua-de-navidad-1914

Soldados Jugando al Futból

Pero ahora la oscuridad, el frío, la soledad y el silencio sustituyen abuelos, padres tíos y sobrinos y en vez de una mesa adornada solo hay tablas podridas; ni siquiera hay ratas por las trincheras.
De repente las centinelas británicas saltan al alerta. Hay ruido desde las líneas enemigas. ¿Es posible que los condenados alemanes ataquen justo ahora, justo hoy?
Pero pronto la expresión de miedo por un posible ataque cambia a una de asombro; están cantando, en alemán si, pero una canción muy conocida: Noche de Paz.
Los ingleses, sin realmente entender lo que está ocurriendo, responden con su versión gritando aún mas fuerte. El improbable coro llena esa landa desolada, un filo de humanidad se hace brecha en ese muro de odio helado y pronto ambos bandos cantan juntos; juntos y solos, cada uno pensando en sus seres queridos, a la vez que el hombre que quizá les impediría volver a verles nunca.
A gritos se acuerda una tregua, pero siempre cabe la duda de si era todo una trampa. Así que solo cuando algunos con coraje se levantan de la trinchera y empiezan a andar en la “tierra de nadie” sin ser tiroteados que los demás entienden que es todo cierto. Decenas en principio, millares de hombres con el pasar de las horas, salen de sus malditos agujeros en el barro y se encuentran cara a cara con el enemigo, pero esta vez, para intercambiarse cigarros, whisky, chocolate, jugar a las cartas y recolectar y enterrar los cuerpos de los caídos en esa “tierra de nadie” donde nadie en batalla podía quedarse más de lo estrictamente necesario (Hasta se rumorea que un partido de futbol fue organizado y que los alemanes ganaron 3 a 2).

El espíritu de fraternidad se extendió a otros frentes cercanos, en algunos casos fue efímero, pero en el lugar donde surgió perduró hasta casi hasta el mes de marzo de 1915.
Sin embargo, los altos mandos de ambos bandos recibieron con disgusto la noticia e intentaron de diferentes maneras acabar con cualquier tipo de manifestación de amistad. Entre los mayores cargos que públicamente condenaron el evento se encuentra el General británico Horace Smith-Dorrien, que fue destituido seis meses más tarde, y un joven alférez de la infantería alemana: Adolf Hitler.

Folleto Con Fotografías de Soldados Durante La Tregua

Folleto Con Fotografías de Soldados Durante La Tregua

 En el frenesí bélico la distorsión de la realidad es inevitable, las demostraciones de humanidad son consideradas una falta de disciplina, “ser” humano un defecto. La guerra no acabó en 1915, la mayoría de esos hombres murieron de mano de aquellos con los que habían compartido ese histórico momento y para evitar que episodios similares volvieran a ocurrir, los altos mandos obligaron a bombardear las líneas enemigas cada víspera de festividad.

Esta historia no tiene un final feliz, en la guerra no hay sitio para ello, pero en nuestro ser, internamente, en esa lucha entre instintos feroces y pacíficos, si dejamos estos últimos prevaler, nos encontraremos mucho más felices y en armonía con nuestro entorno, sea este un cálido hogar, sea este un sucio agujero helado.

Sed Felices.

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