La Presa De Asuán (II): La Derrota Del Ganador.

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Artículo realizado por: Paul Andrews

 Sir William Henry Willcox by Walter Stoneman

Sir William Henry Willcox por Walter Stoneman

Bienvenidos queridos lectores a la segunda entrega sobre la más majestuosa obra de ingeniería de la historia de Egipto: la Presa de Asuán.
Dejemos los estrambóticos intentos de Alhacén en el lejano pasado y saltemos a las puertas del siglo XX cuando, en pleno fervor tecnológico, ya se gozan de las tecnologías necesarias para desafiar al gran Nilo de una vez por todas.

En 1898, Egipto se encuentra bajo el pleno control del todopoderoso imperio británico, que quiere constantemente marcar su superioridad, autoridad y maquillada benevolencia con grandes obras que, a parte de beneficios prácticos obvios, aporten positiva propaganda a la ocupación.

Para solucionar los conocidos problemas de irrigación egipcios y transformar la región en el “granero del Imperio”; estos se encargan de construir el proyecto de ingeniería más increíble nunca antes realizado.

El ingeniero civil especializado en hidráulica y apasionado de historia, Sir William Willcocks,  fue la mente detrás de todo. Hijo a su vez de un experto en presas y control de irrigación, Willcocks era un hombre de aspecto estirado y formal, típicamente británico, pero que solo pisó físicamente el suelo tradicionalmente inglés para recibir las varias medallas otorgadas por la casa real a sus súbditos más destacados. Nace en 1852 en la India, mientras su padre desarrollaba las funciones tecnológicas necesarias para conseguir llevar agua corriente a las grandes urbes a orillas del Ganges, y allí se forma, siguiendo los pasos de su progenitor y aprendiendo directamente de él. A diferencia suya sin embargo, William no se limita a una formación precisa y aséptica de la disciplina, quiere innovar, quiere avanzar, disfrutar del gran auge tecnológico que envuelve el mundo. Las mentes inquietas necesitan, sin lugar a dudas, viajar y ampliar sus horizontes sin frenos y así, una vez licenciado, el joven Willcocks pone a disposición del imperio su intelecto para que este lo utilice en los mas recónditos lugares donde su tentacular poder consigue llegar. Después de un par de encargos como supervisor y ayudante, es nombrado en 1883, asistente para el Departamento de Obras Públicas del recién conquistado Egipto. Después de 10 años escalando puestos hasta llegar a ser director general de reservas hídricas, Sir William es encargado de solucionar el milenario problema de control de las inundaciones del Nilo. Su pasión por la historia le hace toparse con nuestro antiguo protagonista Alhacén y su fallido intento de construir una presa entra la primera y la segunda catarata. Su mente visionaria, en algunos aspectos muy parecida a la de su antiguo predecesor, junto con sus inmensos conocimientos técnicos le hacen pensar que quizás la hora ha llegado, quizás el Nilo se pueda controlar.

Construcción de la Presa

Construcción de la Presa

Tarda un año en diseñar y definir el proyecto pero solo 3 meses en conseguir la aprobación. Willcocks ha pensado a todo: la presa se construirá justo encima de la primera catarata, en un nivel litológico duro y sin filtraciones; el área inundada no afectará a ningún yacimiento arqueológico tanto codiciado durante el auge de la “fiebre de Egipto”; será lo suficientemente alta como para poder controlar las inundaciones en los 1000 km que la separan de El Cairo y contará con la opinión de los más famosos ingenieros de la época.

La Presa de Asuán

La presa de Asuán

La construcción durará desde 1898 a 1902, un tiempo extremadamente corto para su kilometro y medio de longitud y sus 22 metros de altura. Esto se debe a algunos detalles fundamentales en su construcción. El primero subraya el hecho de que se trata de una presa a contrafuerte de gravedad, ligeramente cóncava hacia aguas arriba, construida con desechos de albañilería (progenitor del hormigón moderno) por lo que no se necesita la apertura de canteras en los alrededores; el segundo es la instalación de numerosas puertas que disipaban los grandes caudales durante los periodos de más aporte hídrico. La guinda en el pastel es la construcción de una esclusa que permite el paso de barcos desde el curso bajo hasta la segunda catarata: un impresionante ahorro de tiempo y un gran incremento de movimiento de mercancías y personas a lo largo de todo el territorio.

El 10 de diciembre de 1902, de mano del Duque de Connaught y Strathearn, se inauguraba la majestuosa Presa de Asuán; William Willcocks había ganado la milenaria batalla contra el Nilo, se le habían otorgado medallas reales, el había controlado su curso, creía haberlo hecho, estaba seguro de ello.

Pero la historia nos enseña, o por lo menos intenta hacerlo, que nuestra ciega obsesión por controlar la naturaleza nunca consigue totalmente subyugar esta a nuestra voluntad; el error de Alhacén, su fracaso en subvalorar el poder del Gran Río, William lo había vuelto a cometer. Estaba seguro de haber ganado su batalla pero no estaba preparado para las consecuencias de sus acciones. La presa se demostró demasiado pequeña para soportar las mas importantes embestidas; Willcocks diseño rápidamente una ampliación de 5 metros de altura y 250 de longitud que se llevó a cabo entre 1907 y 1912 (entre parones políticos y problemas bélicos) pero su imagen estaba comprometida y fue destituido de su cargo cuando todavía no habían terminado las obras.

Marchó a Sudáfrica para dedicarse a proyectos de menor envergadura, destronado por sus incertidumbres pero una vez mas convencido de que ya los problemas se habían resuelto. Sin embargo, un tal Sir Murdoch Macdonald, Consultor del Ministerio Obras Públicas de la colonia egipcias, atacó contundentemente el trabajo de Willcocks sosteniendo, sin que se hubieran presentado nuevas incidencias, que la ampliación era todavía insuficiente y que era necesario aumentar de otros 9 metros la altura y 200 la longitud. Sir William atacó, insultó e impugnó las cartas en contra de Macdonald pero sin éxito. Siguiendo nuevamente con las extrañas analogías con el pasado; que ven los protagonistas de esta gran hazaña acabar presos; por culpa de la animosidad de las respuestas, Willcocks fue encarcelado por calumnia y falsa declaración. Permaneció solo un año tras las rejas de las cárceles de su Majestad, pero perdió todo el prestigio, la influencia y la posibilidad de opinar sobre cualquier asunto oficial. Fue un golpe demasiado dura al animo y al físico de Sir William que poco tiempo después, solo (nunca había tenido el tiempo de formar familia) y cubierto por el desprecio de la sociedad ingeniera y las instituciones, murió en 1932 en el hospital inglés de El Cairo.

Primera Ampliación de la Presa de Asuán

Primera Ampliación de la Presa de Asuán

La nueva ampliación se llevó a cabo en 1933 y encima se le añadió un generador para aprovechar energía hidroeléctrica, Macdonald era el verdadero ganador, el por fin se había asegurado la fiabilidad y la durabilidad de la gran obra.

Sir Murdoch no era un visionario, no era un soñador, pero su mente fría había permitido resolver una vez por todas cualquier incidencia que se hubiera podido presentar.

Famosa es la frase que pronunció en la nueva inauguración: “Para que esta presa se caiga, hace falta que todos los dioses egipcios se pongan de acuerdo y nos echen el Nilo entero encima”

El 13 de octubre de 1946 empezó a llover al sur de la segunda catarata…No paró en 10 días… Los dioses le habían escuchado…

La Presa De Asuán (II): La Derrota Del Ganador., 5.0 out of 5 based on 2 ratings

Una critica en “La Presa De Asuán (II): La Derrota Del Ganador.”

  1. VA:R_U [1.9.22_1171]
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    ¡Artículo interesantísimo y magníficamente escrito! ¡Me ha encantado la definición de “maquillada benevolencia” del Imperio Británico! ¡Enhorabuena una vez más!

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