La Presa De Asuán (I): La Derrota Del Genio.

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Artículo realizado por: Paul Andrews

 

Alhacén

Alhacén

El control de la naturaleza para la obtención de un gran número de recursos siempre ha sido una prerrogativa del hombre y siempre ha constituido el combustible necesario para mover el motor de la curiosidad y el ingenio.

La presa de Asuán es reconocida como una de las primeras grandes obras de Ingeniería Geológica de la historia moderna de nuestra civilización y, como tal, goza de una historia enrevesada, legendaria e increíblemente milenaria. La protagonista de esta primera parte, sin embargo, no es la gran obra que hoy podemos apreciar desde el espacio; sino mas bien su primitiva idea y un hombre, poco conocido, pero fundamental en el desarrollo de nuestra historia y, lo creáis o no, en el de nuestras vidas cotidianas.

Viajemos pues una vez mas atrás en el tiempo con la mente, hasta el califato chiita de la Dinastía Búyida (actual Irak), alrededor del 960 después de Cristo, donde nace en el seno de una familia noble, Abūʿ Alī al-Ḥasan ibn al-Ḥasan ibn al-Haytham, mejor conocido como Alhacén.

Siendo el tercer hijo varón de la familia, es excluido de la labor política y representativa obligatoria para sus hermanos mayores y es libre así de dedicarse al estudio de las ciencias y de las artes. Su ciudad natal Basra, no obstante, a pesar de ser un importante centro político y comercial, no ofrece grandes atractivos culturales y el joven estudioso agota pronto la sabiduría local. Desde su plena adolescencia hasta su joven edad, por lo tanto, Alhacén viaja a lo largo de los diferentes califatos para profundizar sus estudios y, con el paso del tiempo, se interesa siempre más por las Ciencias Naturales, la Física y la Matemáticas. Las guerras religiosas y territoriales que se desarrollaban en Europa hacieron que los califatos vivieran una época de maravilloso esplendor y fervor artístico, científico y cultural, donde la brillante mente de Alhacén encontró el terreno óptimo para desarrollar un conocimiento interdisciplinar extremadamente amplio.

Después de 10 años sin residencia fija, sin embargo, Alhacén acaba los contactos que su nombre noble le proporcionaban y decide regresar a Basra donde, reluctantes y bajo la influencia del anciano padre, sus hermanos lo declaran visir de la provincia de Bassora. A la muerte del jefe familiar y una vez al mando de la casa, su hermano mayor aprovecha como escusa la falta de fe religiosa de Alhacén para alejarlo definitivamente.

El todavía joven árabe se encuentra de repente sin ningún apoyo, pero una mente privilegiada no se queda fácilmente sin recursos. La suerte quiere que a finales del 990 a.C, el califa del Cairo Abu ‘Ali Mansur Tāriqu al-Ḥākimm, un personaje particularmente interesado en la Astronomía y las Ciencias Naturales, conoce a Alhacén y este consigue ganarse su confianza gracias a las teorías sobre la esfericidad de la tierra y el brillo de las estrellas pero, para acogerle definitivamente en su palacio, Al-Ḥākim quiso algo concreto.

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Las Crecidas Anuales del Nilo (http://mas-historia.blogspot.com.es)

Al carecer de conocimiento militar, Alhacén se concentra sobre el mayor problema social de la región: las descontroladas inundaciones del Nilo. Sin un  estudio científico previo, nuestro protagonista propone al califa un proyecto hidráulico capaz de controlar tal fenómeno e incluso de utilizar y regularizar el caudal de agua para conseguir un aporte constante a las zonas agrícolas egipcias. Solo el hecho de concebir, en el 1000 antes de cristo, sin precedentes y sin prácticamente conocimiento geológico y ambiental (faltarán de 700 a 1000 años para ello) una obra de esta magnitud, puede dar idea de la capacidad de extrapolación mental de Alhacén o, cuanto menos, de su locura.

Al-Ḥākim, extremadamente escéptico, le concede 3 años de tiempo para los estudios y el diseño de la obra ya que, a pesar de lo descabellado que parecía el proyecto, su éxito le proporcionaría la supremacía absoluta sobre los demás califas.

Alhacén recorre el Nilo estudiando todos los detalles posibles para poder solucionar el problema, pero se da pronto cuenta que sus dos principales ideas, la construcción de malecones de contención y el ensanche del cauce, no son ni lejanamente viables.

Al llegar a la planicie entre la primera y la segunda catarata del Nilo, cerca de Abu Simbel, una idea aún más descabellada se presenta en la mente de Alhacén: construir una presa que cierre el paso al río, inunde el altiplano entre los dos saltos y regule así el curso de las aguas. El proyecto convence al califa que, sin hesitación, da el visto bueno al comienzo de las obras. Las viejas canteras utilizadas siglos atrás para la construcción de los grandes templos y las pirámides se reabren y el proyecto se pone en marcha.

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Las Cataratas del Nilo (Videron, 2001)

Pero pronto, demasiado pronto, se presenta un problema: Alhacén había cometido un error.

En el altiplano, las crecidas del río son dobles en el calado y tres veces mayores en llanura de inundación que en el valle más al norte; la presa necesaria tiene que ser 6 veces mayor en tamaño a la inicialmente diseñada, llevaría años replantearla, décadas conseguir los materiales necesarios, probablemente siglos en construirla.

Alhacén había cometido un error…un error que no se le iba a perdonar…un error que marcó su vida…un error que marcó las nuestras.

Al-Ḥākim había anunciado a los cuatro vientos el proyecto y la perdida de credibilidad frente a los demás califas, dada por el fracaso del mismo, no podía perdonarse. Alhacén lo sabe y decide fingir haber perdido la razón y haber enloquecido completamente a causa del fracaso. El califa decide no justiciarlo y lo relega en un palacio en el barrio universitario del Cairo, del que no puede salir.

Nuestro visionario no ha enloquecido, pero si está muy afectado por el gran error cometido y decide dedicarse maníacamente a la postulación de tratados de física, matemática y óptica.

Es justo aquí que Alhacén marca nuestras vidas, es aquí donde entiende que las ideas y la filosofía necesitan distanciarse de la ciencia o cuanto menos, que las ideas, para ser ciencia, necesitan ser probadas, rectificadas, demostradas teniendo en cuenta todas la variables, descritas de manera clara e inequívoca. En sus numerosos tratados el gran pensador se transforma en el primer científico moderno, desarrolla la teoría de los números primos y la aplica a la geometría para explicar la reflexión y la refracción de los rayos, utilizando también estas para probar la esfericidad de la Tierra.

Modelo de Visión de Alhacen

Modelo de Visión de Alhacen

Es justo aquí cuando Alhacén se eleva como primer ingeniero, primer científico y primer pensador racional práctico.

Es justo él quien nos enseña por primera vez que el método vence los fallos, que la globalidad del pensamiento y la capacidad de organizar y describir prácticamente nuestro entorno es la única vía posible para permitirnos satisfacer esa milenaria y ancestral manía que tenemos de adaptar, cambiar y transformar nuestro entorno a nuestras necesidades, a nuestra curiosidad, a nuestros caprichos.

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