La leyenda del herrero de Bor

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Cuando subí el post acerca de las hadas eslavas, me pidieron que escribiera alguna leyenda o cuento relacionada con ellas. Pues bien, hoy acabo de recordar una pequeña historia acerca de un herrero que se une en matrimonio con un hada. Pero vamos a especificar un poco. Este hada con la que se casa el herrero no es un hada común, es una lamia. En la mitología grecolatina, las lamias son algo así como vampiresas modernas y en la mitología búlgara, es un monstruo de varias cabezas (sí sí, como la hidra). En cambio, en nuestra mitología íbera, las lamias son hadas que viven cerca de fuentes y ríos y, que a pesar de su extremada belleza, esconden un pequeño secreto. Este pequeño secreto es el que va a descubrir nuestro herrero, a si que como yo también lo conozco, lo compartiré ahora mismo con vosotros:

Entre las provincias de Gerona y Lérida, en Cataluña, podemos encontrar una pequeña comarca, la Cerdaña. Esta pequeña región conserva una historia acerca del matrimonio de un humano con un hada que el folclorista catalán Joan Amades se encargó de plasmar en una de sus obras con el nombre de «El fargaire de Bor y la encantada de la Cova de la Fou». Dice entonces la leyenda que una mañana cualquiera, un herrero de Bor fue al bosque a por leña para poder encender su fragua. Cerca de la cueva de la Fou, se encontró con una mujer de grandísima belleza y él, deslumbrado, le pidió la mano. La muchacha aceptó, aunque con una única condición: que nunca tratase de verla desnuda. Al herrero no le pareció gran cosa y así los dos se casaron y se mudaron a un palacio que tenía el hada en el fondo de la cueva. El palacio era grandioso, con muchas habitaciones y de un lujo excepcional y los dos vivieron felices. En un principio, el herrero nunca la vio desnuda. Se levantaban y se acostaban a oscuras y ella se cambiaba en una habitación diferente pero, todos sabemos que la curiosidad del ser humano es muy grande. Un buen día, el herrero decidió saber qué era lo que pasaba, ¿Por qué no podía ver desnuda a su mujer? y fue a la habitación donde se había encerrado su esposa. Miró por el agujero de la cerradura y vio con gran sorpresa que su mujer tenía los pies hendidos como las cabras. A partir de entonces, el hada le echó de la cueva, donde nunca más pudo entrar.

Así es, las lamias tienen normalmente pezuñas, garras o pies de ave. Menudo chasco. Otra característica principal, aunque esta engloba a todas las hadas, es que suelen poner una condición para casarse con un humano ¿y qué pasa? Que los humanos siempre solemos caer. El hada desaparece y el hombre cae en desgracia. Un fin trágico para esta serie de leyendas.

Ejemplo de una lamia, esta con pies adaptados al agua.

Ejemplo de una lamia, esta con pies adaptados al agua.

La leyenda  podéis encontrarlas en el libro «Guía de los seres mágicos de España: Hadas» de Jesús Callejo.

Escritor/Editor/Redactor: Marta Sacri

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