La Guerra de los Cien Años, Inglaterra contra Francia (II)

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La segunda fase de la Guerra de los Cien Años comenzó con la muerte del rey Juan II cuando aún estaba preso por los ingleses en 1364. Su hijo, Carlos, aunque venía gobernando durante más de diez años, fue coronado con el nombre de Carlos V. En este momento también se produjo la entrada en la guerra de los reinos peninsulares, especialmente de Castilla. Carlos V fue un gran político que supo rodearse de las personas adecuadas. En lo militar escogió a Bertrand du Guesclin, capitán de mercenarios y que se ganó la fama defendiendo Rennes entre 1356 y 1357. El problema de Carlos II de Navarra fue resuelto en la batalla de Cocherel por el conflicto sucesorio de Borgoña y que provocó la independencia del ducado.

Carlos V de Francia (izquierda).

En Castilla, mientras tanto, tenía lugar la guerra entre Pedro I El Cruel y su hermanastro Enrique de Trastámara. El primero prefería la alianza inglesa, lo que no gustó nada al reino galo ya que Castilla podría ser un gran enemigo. Los Trastámara, por su parte, precisaban del apoyo francés para derrocar a Pedro I. Así, Francia decidió apoyar las pretensiones de Enrique para ganarse un fiel aliado. Finalmente, en 1365, Enrique, refugiado en Francia, invadió Castilla acompañado de los routiers de Bertrand du Guesclin y apoyado por la nobleza castellana. De este modo Pedro I era derrocado y Enrique era coronado rey de Castilla como Enrique II, inaugurando en este reino la tan famosa dinastía de los Trastámara. Pedro se vio obligado a huir a Guyena y pedir ayuda a Eduardo de Gales, quien se ofreció a cambio del señorío de Vizcaya, y a Carlos II de Evreux, a cambio de Guipúzcoa, Álava y La Rioja (Tratado de Libourne,1366).

En 1367, Pedro I entraba en Castilla con el apoyo inglés, derrotando a su hermanastro en la batalla de Nájera. Fue restablecido como rey, pero se negó a cumplir el Tratado de Libourne, por lo que Eduardo y Carlos retiraron su apoyo. La alianza franco-castellana se reafirmó en el Tratado de Toledo (1368). Finalmente, Pedro I El Cruel fue derrotado, a la par que fallecía, por las fuerzas trastamaristas. Carlos V se aseguró con esta jugada maestra la amistad de Castilla en su lucha contra Inglaterra.

En 1369, Carlos V se vio con las fuerzas suficientes como para revisar el Tratado de Brètigny. Ese mismo año, el rey francés se sirvió de la flota castellana para impedir las comunicaciones entre Gascuña e Inglaterra y controlar el Canal de la Mancha. El ejército francés se renovó (pago a las tropas, reconstrucción de fortalezas), lo que permitió a Francia resistir los ataques ingleses sobre Artois y Normandía, así como derrotarlos en Pontvallain en 1370. En 1371, el Príncipe Negro saqueó Limoges; un gran error que acabó debilitando su poder. Juan de Gante, hijo de Eduardo III, asumió el mando de las fuerzas inglesas debido a la enfermedad de su padre y de su hermano. El año 1372 se cobró con una nueva derrota naval inglesa en La Rochelle, dando lugar a la hegemonía castellana del Atlántico Norte. En 1373, Juan de Gante cabalgó de Calais a Burdeos. Sin embargo, esto resultó poco efectivo, pues los franceses se dedicaron a resistir los ataques enemigos, dejándoles sin provisiones mientras ellos se guarecían en las fortalezas.

A pesar de todo, Juan de Gante no se dio por vencido y contrajo matrimonio con Constanza de Castilla, hija de Pedro I, y legítima heredera del trono castellano. Las aspiraciones de Juan resultaron infructuosas debido a las acciones de Du Guesclin. El abatimiento de Inglaterra desembocó en la Tregua de Brujas (1375), en la que Eduardo III aceptó Burdeos, Bayona, Cheburgo y Calais, territorios menores. Por primera vez la balanza se inclinaba a favor de Francia.

Ricardo II de Inglaterra.

El príncipe de Gales, Eduardo, moría en 1376, y su padre, Eduardo III, un año más tarde. Dadas las circunstancias heredó el trono el hijo del príncipe, Ricardo, sucediendo a su abuelo como Ricardo II, quien carecía de las habilidades políticas y militares de sus antecesores. En 1377 la flota francesa, bastante potenciada, atacó y saqueó el sur de Inglaterra, causando graves estragos; la flota castellana llegó a remontar el Tamésis e incendió el barrio londinense de Gravesend. Carlos V de Francia, quien había reconquistado numerosos territorios a los ingleses, moría en 1380, sucediéndole en el trono su hijo Carlos como Carlos VI. Entre 1380 y 1381 tuvieron lugar las campañas de Bretaña, que acabó con la alianza con los ingleses y la fuga de su duque, y la de Portugal, en la que el duque de Cambridge fue humillado.

A partir de de 1378 se produjeron varias revueltas, como la de los tuchins en el Languedoc, la del herelle de Rouen, o la de los maillotins de París, entre otras. Inglaterra, por su parte, trataba de inclinar la balanza a su favor, y en 1383 fue capaz de sitiar Yprés durante cuatro meses hasta que llegaron los refuerzos franceses. En octubre de ese mismo año moría el rey de Portugal, Fernando I, heredando el trono su hija Beatriz. Sin embargo, la niña tenía solo diez años, por lo que su madre, la reina Leonor, asumió la regencia. Juan I de Castilla estaba casado con Beatriz, siendo quince años mayor que esta, y se proclamó rey del país luso. Esto alertó enormemente a la población portuguesa por una posible anexión a Castilla. El conflicto desembocó en una guerra civil en la que se enfrentaron, por un lado, el monarca castellano, y un hermano por parte de padre de Fernando I de Portugal, Juan de Avís. Las Cortes de Coimbra apoyaron a este último como rey. Finalmente, en la batalla de la Aljubarrota (1385) Juan I de Castilla fue derrotado, manteniendo la alianza anglo-portuguesa la independencia de Portugal. En este contexto Juan de Gante reavivó sus aspiraciones al trono castellano, pero una vez más fracasó.

Juan I de Portugal, primero de la dinastía de Avís.

Entre 1390 y 1396 se iniciaron una serie de negociaciones de paz, en las que Inglaterra se aprovechó de la locura de Carlos VI de Francia. A pesar de ello, los ingleses solo conservaban Calais y los territorios comprendidos entre Burdeos y Bayona en Gascuña.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne. 

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