La Guerra de los Cien Años, Inglaterra contra Francia (I)

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La Guerra de los Cien Años fue un conjunto de guerras libradas entre Inglaterra y Francia que se desarrollaron durante la Edad Media, entre los años 1337 y 1453. El origen de estos conflictos podemos encuadrarlo en la pugna de ambos reinos por controlar los territorios franceses en manos del país inglés.

Enrique II de Plantagenet, rey de Inglaterra, consiguió dominar, por herencia, Anjou y Normandía, y por su matrimonio con Leonor de Aquitania, los ducados de Guyena, Gascuña y Aquitania. Estos enclaves convirtieron al rey inglés en el más poderoso del momento, aún cuando debía rendir pleitesía al la corona francesa. Así comenzó la lucha entre ingleses y franceses, ya que estos últimos reclamaban la soberanía de los anteriores territorios. En 1259, por el Tratado de París, Enrique III de Inglaterra renunciaba sus posesiones francesas, aunque conservó Gascuña y Normandía a cambio de un tributo.

Enrique II de Inglaterra, de la casa Plantagenet.

Enrique II de Inglaterra, de la casa Plantagenet.

Algunos de los precedentes bélicos que se produjeron fueron la Guerra de San Sardos, entre 1324 y 1325, y la batalla de Cassel en 1328, por la que Felipe VI de Francia sofocaba una revuelta campesina en Flandes.

 En el año 1322 era reconocido como conde de Flandes Luis de Nevers, nacido en Francia y extremadamente fiel al rey francés. Desdeñó la alianza que sus predecesores mantuvieron con Inglaterra, así como la importancia de este reino en la industria textil flamenca. Debido a esto, Eduardo III de Inglaterra frenó las exportaciones de lana a Flandes, lo que perjudicó gravemente a los artesanos flamencos.

En 1328 moría en Vincennes Carlos IV de Francia, poniendo fin a la dinastía de los Capetos y consumándose la maldición de Jacques de Molay. Las posibles herederas (hijas de Luis X, Felipe V y Carlos IV, hijos de Felipe IV) habían sido desplazadas de la línea sucesoria por la Ley Sálica, promulgada por Felipe V. De esta manera, el trono francés pasó a manos de Felipe de Valois, primo de los anteriores y que reinaría como Felipe VI de Francia. A pesar de todas estas circunstancias que contribuyeron al estallido de la Guerra de los Cien Años, uno de los principales detonantes fue la pretensión de Eduardo III de Inglaterra de acceder al trono francés. Eduardo III era hijo de Isabel de Francia, hija de Felipe IV. A la muerte de su tío Carlos, Eduardo reclamó la corona de Francia que correspondía a su madre y, por consiguiente, a él mismo, a pesar de que los derechos de sus primas prevalecían sobre los suyos.

Felipe VI de Francia.

Felipe VI de Francia.

En 1339, Eduardo III utilizó Flandes como foco de rebelión contra Luis de Nevers, proclamándose allí mismo rey de Inglaterra y de Francia. Un año más tarde, la escuadra francesa era derrotada en L’Ecluse, aunque debido a la falta de recursos Eduardo firmó una tregua. En 1341, el monarca inglés se aprovechó de un conflicto sucesorio en Bretaña para convertir a este ducado en una base militar inglesa. En 1346 la guerra se estableció en Francia por el levantamiento de un noble normando, Godofredo de Harcourt. De esta manera, el ejército de Eduardo, aunque pequeño, saqueó ciudades como Rouen y Caen, pero finalmente tuvo que desplegarse al norte del país, donde se produjo el verdadero choque entre Inglaterra y Francia, en el humilde pueblo de Crécy-en-Ponthieu (Batalla de Crécy, 1346). Aunque el ejército de Felipe VI era mucho más numeroso, sufrieron una humillante derrota. Esto permitió a Eduardo III sitiar Calais hasta rendir la ciudad, por lo que Eduardo III consiguió una plaza fundamental. En aquel mismo año, el monarca francés pidió ayuda al rey de Escocia, David II, para que este atacase al norte de Inglaterra. Sin embargo, comandados por el arzobispo de York, las fuerzas inglesas lograron repeler el ataque (batalla de Neville’s Cross) y el rey escocés fue capturado y hecho prisionero hasta su liberación en 1358.

La Peste Negra que asoló Europa entre 1346 y 1355 mermó muchísimo la guerra, al igual que la falta de recursos y los intentos del Papa por la paz. Aún así, durante estos años sí tuvieron lugar ciertos enfrentamientos bélicos. Los ingleses obtuvieron una nueva victoria naval en Winchelsea (1350) al derrotar a la flota de Alfonso XI de Castilla, aliada del país galo. Aquel mismo año, Felipe VI de Francia fallecía en mitad de la guerra, heredando el trono su hijo, Juan II El Bueno. Este rey no tenía habilidades políticas y fue incapaz de sacar a Francia de la gran crisis que sufría. A partir de este momento la guerra se convirtió en una sucesión de escaramuzas, sin grandes batallas, en la que los mercenarios fueron los grandes protagonistas.

Peste Negra

En 1355, Eduardo de Gales, apodado “el Príncipe Negro” e hijo de Eduardo III, recorrió 1.125 km desde Burdeos a Narbona, junto con un ejército de 4.000 hombres, para saquear los dominios de Juan de Armagnac, lugarteniente del rey francés. Finalmente, el Príncipe Negro se dirigió hacia Tolosa, atravesando el Garona. Muchos pueblos sufrieron ataques y saqueos; la ciudad de Carcasona fue incendiada y Narbona logró resistir gracias a su ciudadela. Posteriormente volvió a cruzar el Garona, atravesando el Midi sin encontrar obstáculos, por lo que los señores de estas tierras buscaron la protección de los ingleses. Simultáneamente, el rey Eduardo III aseguraba la frontera que limitaba Inglaterra con Escocia.

Carlos II de Evreux, rey de Navarra y apodado “El Malo”, aspiraba a la corona francesa y se oponía al gobierno de Juan II, por lo que existía la amenaza de que se aliase con Inglaterra. En 1356, Juan II le hizo preso por traición a la Corona. Ante estos hechos, Felipe de Navarra, hermano de Carlos, se alió con el bando inglés. De este modo, un pequeño ejército liderado por Enrique de Lancaster fue envidiado a Bretaña, asediando distintas ciudades. Al mismo tiempo, el príncipe Eduardo avanzó hasta Bourges, saqueando lo que encontraban a su paso. En Tours, Eduardo esperó la llegada del duque de Lancaster, frenado por la crecida del Loira. En el sur de Poitiers, el príncipe fue sorprendido por el ejército francés, librándose allí la Batalla de Poitiers (septiembre de 1356). A pesar de la superioridad numérica, el Príncipe Negro venció y logró apresar a Juan II.

El delfín Carlos se hizo cargo del reinado de Francia. Dada la desastrosa situación de Francia, el heredero tuvo que afrontar una gran crisis, que dio paso a numerosas revoluciones, campesinas, como la de la Jacquerie (1358), y burguesas, como la los burgueses de París, así como las fechorías de los mercenarios y las intrigas de Carlos II de Navarra.

Efigie de Eduardo de Gales, el Príncipe Negro.

Efigie de Eduardo de Gales, el Príncipe Negro.

Eduardo III volvió a invadir el norte francés por problemas con el pago del rescate de Juan II. El rey inglés se dirigió a Reims para ser coronado rey de Francia, aunque ante la resistencia de la ciudad propuso un trato: si Francia ofrecía mas dominios a Inglaterra él renunciaría a la corona francesa. Dicho y hecho, en 1360 era firmado el Tratado de Brétigny, que concedía una tercera parte del territorio de Francia a los ingleses.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne. 

 

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