La «devotio ibérica»

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Muy buenas guerreros y guerreras lectores de este blog. Hoy os traigo algo especial, un artículo donde hablaré de uno de los actos de consagración a un líder más importantes de la antigüedad: la devotio o devoción. Y, ¿por qué es especial? Porque era algo muy nuestro, una práctica habitual entre los pueblos que habitaron la Península Ibérica y que tuve la ocasión de recrear con motivo de las fiestas de “Cartagineses y Romanos”.

Quiero empezar por definir lo que en Roma significaba este término. Devotio viene del del latín devotiones: ‘voto, consagración, dedicación’. El individuo nombrado “devoti” era considerado un tipo de “cliente”. Sin embargo, existe otra palabra para cliente, cliens (de cluere, «acatar», «obedecer»). En la sociedad de la antigua Roma, un cliente era el individuo de rango socioeconómico inferior que se ponía bajo el patrocinio (patrocinium) de un patrón (patronus) de rango socioeconómico superior. Ambos eran hombres libres, y no necesariamente se correspondía su rango desigual con las distinciones socio-familiares entre plebeyos y patricios; de manera que unos (los clientes) pudieran vivir sin envidia y los otros (los patronos) sin faltas al respeto (obsequium). Cuantos más clientes tuviera, a más prestigio (dignitas) accedía un romano que pretendiera ser importante.

Entonces, ¿qué diferencia a un cliens de un devoti? Pues aunque ambas tienen mucho en común, formando parte de las relaciones de clientela o patronazgo, el devoti se usaba exclusivamente en un ámbito militar. Esto no quiere decir que todos los guerreros al servicio de un superior fueran devoti, sólo aquellos que hubieran sido consagrados al líder tenían este reconocimiento.  El juramento era de índole religioso y formaba parte de las “mos maiorum» o costumbres ancestrales de los distintos pueblos de la antigüedad.

La devotio ibérica fue uno de los primeros ejemplos de devoción de los que se tiene constancia. Su uso era habitual enJuramento los pueblos íberos. Los clientes, consagraban su vida a una divinidad para que se dignase a aceptarla en el combate a cambio de la salvación de su jefe; por ello, debían protegerle con sus armas y su cuerpo aun a costa de su vida. De ahí, que los devoti, estuviesen obligados a suicidarse en caso de que su jefe muriera, ya que sus vidas eran ilícitas al no haber sido aceptadas en trueque por la divinidad. Cabe destacar que este vínculo se perfecciona posteriormente con un juramento a la diosa Tanit, la más importante de las diosas de la mitología cartaginesa. El íbero realiza la devotio ibérica a cualquier individuo, de ahí que esta institución tenga un carácter disociador, dado que no integra una conciencia de unión a modo o similitud del concepto de patria.

El ritual de la devotio ibérica era el mismo que en el caso de la clientela: la presentación del cliente al patrono, reconocerle como jefe, y la aceptación de dicha persona. Es posible que existiera una ceremonia especial, con un sacrificio ritual, del que quedarían vestigios en el juramento de Ampudio; quizás se tratara de un sacrificio humano y el de su caballo, ya que con ambos se refrendaban los pactos:

“Los que formaban el séquito de un caudillo deben permanecer con él en el caso de que éste muera. A esta suprema fidelidad llaman consagración o devoción.”

Plutarco, Sertorio, 14

Tessera de hospitalidadAlgunos pueblos celtíberos también respetaban esta institución, y otros pueblos tenían un tipo de clientela parecida: los galos la de los soldurii y los germanos el comitatus, aunque en esta no existía el juramento ante los dioses. La devotio se complementaba con otros pactos llamados de hospitium: mediante estos, una persona o un grupo, se integraba en otro. La relación subsiguiente era en plan de igualdad, sin la estrecha vinculación de la devotio.

Esta práctica estaba muy extendida, y no sólo se usaba entre miembros del mismo pueblo: según historiadores clásicos (Tito Livio y Plutarco entre otros), los generales romanos que fueron a la Península, utilizaron escoltas formadas por devoti. Para estos militares, la devotio tenía ventajas sobre la clientela romana: el juramento a los dioses obligaba al cliente con más fuerza, aunque era una fidelidad interesada como la de Sagunto a Roma o la de los edetanos a Escipión. Es probable que las defensas de ciudades como Numancia o Sagunto, y la resistencia que mostraban los guerreros frente a los romanos tuviese como fondo la devotio, que impedía su rendición sin órdenes directas de su jefe.

Diversas fuentes incitan a pensar la posibilidad de que la devotio ibérica desempeñara un papel importante en los orígenes del culto al emperador, ya que Q. Cecilio Metelo, durante la Guerra Sertoriana, recibió honores divinos de los indígenas en Córdoba; y al general romano le recibían en las ciudades con sacrificios y altares. Roma utilizó esta institución, al igual que el hospitium y otras, respetándolas primero y modificándolas conforme a sus  intereses después. Los centuriones, inspirados en este juramento, enseñaron a sus soldados el valor de la lealtad a sus oficiales, los “patroni”, nombrando este acto como “devotio alicui” y usando, como lo hicieron, a guerreros consagrados, devoti, para proteger su vida.

Para terminar os dejo con un par de imágenes relativas a la representación en las que un servidor participó y de la que estoy muy orgulloso. Se trata de una posible consagración a la figura del príncipe celtíbero Alucio, el mismo tipo que protagoniza la escena de la “Clemencia de Escipión” de la que ya hablamos en una entrada anterior. Un saludo.

Escritor/Editor/Redactor: Kyrios Bromios

Una critica en “La «devotio ibérica»”

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    Muy buena aportación,me ha encantado Kyrios, la más sincera enhorabuena por parte de un forofo de Roma.

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