La conquista romana de Carthago Nova (Qart Hadast).

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En la época en la que fue conquistada, 209 a.C. Carthago Nova (Qart Hadast) era la capital de la Península, llena de riquezas y la principal base de operaciones de los cartagineses. La población de la ciudad, entre ciudadanos libres, rehenes, esclavos, senadores establecidos temporalmente y la guarnición de la urbe, era de unas 20.000 personas. Además, la villa contaba con importantes yacimientos mineros en la sierra de Cartagena y Mazarrón. En definitiva, Carthago Nova era una ciudad muy próspera y que tenía una situación estratégica, en la periferia de Hispania comunicando con el Mediterráneo y África, bastante privilegiada.

Cartagena daba a una especie de laguna que poseía algunos pasos para llegar a la ciudad andando, pero sobretodo era más accesible cuando bajaba la marea. 

Publio Cornelio Escipión, procónsul del ejército en Hispania, convirtió la urbe en objeto de su devoción. Desde tierras catalanas partió hacia la ciudad, por mar y por tierra, pues ambos despliegues debían converger en Qart Hadast, Escipión avanzó junto con su ejército y en siete días se plantó en sus puertas, escondidos tras la colina de Ares. El ejército construyó rápidamente una trinchera y una empalizada.

Los romanos no tuvieron apenas tiempo para descansar, pues al día siguiente comenzó el ataque por mar y por tierra. Unos 2.000 hombres atacaron la puerta principal que daba al istmo. Dentro de la ciudad, el gobernador trataba de proteger las zonas más débiles, por lo que Magón decidió enviar a sus hombres a defender el istmo, y consiguieron amedrentar a los romanos que se replegaron esperando refuerzos.

El combate estuvo muy igualado y la puerta principal no paraba de vomitar soldados. Sin embargo, la superioridad numérica romana empezó a notarse mientras que los cartagineses, agotados, debían seguir luchando contra un enemigo más descansado. Los púnicos no tardaron en huir, tratando de refugiarse en la ciudad. No obstante, los romanos los persiguieron, y quienes no murieron a sus manos fueron aplastados por sus compañeros. El pánico cundió por las murallas y apenas pudieron cerrar las puertas debido a la mole de cadáveres que se acumulaba en ellas.

Escipión, al ver que el terror había estallado entre las filas enemigas, mandó a las tropas que le quedaban contra las murallas de Qart Hadast. Para su sorpresa, fue una empresa difícill. Las murallas eran demasiado altas, lo que implicaba construir escalas muy largas, que se rompían con facilidad al portar a demasiados hombres. Además, ante el enemigo eran presa fácil. Aunque algunos romanos consiguieron llegar, los cartagineses eran demasiados en aquel momento y gozaban de posiciones ventajosas. Escipión y sus hombres tuvieron que retirarse.

Cuando los habitantes de la ciudad celebraban la victoria, el ejército romano atacó con todas sus fuerzas. Los cartagineses no podían aguantar otro asalto, estaban demasiado cansados y apenas tenían armas arrojadizas. Los romanos trataron de asaltar la máxima extensión de muralla posible, por lo que el área a defender era demasiado grande para un ejército tan mermado.

Publio Cornelio Escipión, conquistador de Qart Hadast.

Mientras tanto, 500 hombres cruzaban la laguna en el momento en el que la marea había bajado. Llegaron a una zona de muralla completamente desprotegida, por lo que nos le fue difícil tender escalas y entrar en la ciudad. Así, rompieron los cerrojos de la puerta principal sembrado la confusión, y los apostados en ella entraron a borbotones. Desde el mar, la flota consiguió hacerse con otro trozo de muralla, por lo que de repente la ciudad se hallaba llena de soldados romanos.

Escipión se hizo con la colina de Hefaistos y ordenó que se masacrase la población de la ciudad, mientras que con una pequeña guarnición se dirigió a la ciudadela. Magón trató defenderse, inútilmente, y acabó rindiéndose.

Así, Hispania volvió a quedar abastecida tras el despilfarro de otras guerras entre las innumerables armas de la ciudad, las riquezas que poseía y los yacimientos mineros. Sin duda, un botín que no pudo desagradar a Roma.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne. 

Una critica en “La conquista romana de Carthago Nova (Qart Hadast).”

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    Muy interesante 🙂 Muy poco hemos hablado de los cartagineses (por no decir nada) a pesar de ser uno de los grandes pueblos de la Edad Antigua!

    Retomando el tema de la riqueza de Hispania, recuerdo haber leído en el museo de Lisboa que, a pesar de ser el oro galo el más famoso, el oro que teníamos aquí en Hispania era de mucha mejor calidad 😀 pero los romanos lo agotaron muy pronto 🙁

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