La batalla de la discordia

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Por: Hyacintho Sol

¿En qué coinciden una canción de Alestorm y una placa conmemorativa en Cartagena de Indias, Colombia? Algo más que el hecho histórico al que ambas se refieren. En efecto, las diferentes aristas interpretativas en torno a este acontecimiento, una antigua batalla con un cierto viso legendario, despiertan nuestro interés por establecer esta relación.

La historia es siempre un escenario de disputa. Diferentes intereses, identidades y reivindicaciones se baten en la permanente interpretación del pasado. Estos debates no finalizan con la última palabra de ningún historiador y ocasionales controversias mediáticas, de hecho renuevan su vigencia. El 31 de octubre de 2014 sucedió en Cartagena de Indias, la ciudad turística colombiana por excelencia. Una visita oficial del príncipe Carlos de Gales y su esposa Camila Parker, duquesa de Cornualles, trajo consigo una agria pero no menos hilarante polémica. La también llamada Ciudad Heroica fue testigo del descubrimiento de una placa conmemorativa a los caídos en combate en la fallida invasión británica de 1741, durante la Guerra del Asiento, y protagonizada por los imperios de España y Gran Bretaña (1739-1748). Desde luego, el epicentro de esta polémica fue el texto bilingüe consignado en la placa develada por la pareja real (Montaño, 2014):

«En memoria del valor y sufrimiento de todos los que murieron en combate intentando tomar la ciudad y el fuerte de San Felipe, bajo el mando del almirante Edward Vernon en Cartagena de Indias en 1741».

Charles and Camilla unveil the commemorative plaque at the Fort of San Felipe, Cartagena

Ceremonia de develación de la placa conmemorativa frente a San Felipe de Barajas. Cortesía: Daily Mail.

La tormenta no demoró en llegar. Para no pocos ciudadanos ilustres, periodistas y políticos de toda calaña, dicha inauguración fue un despropósito histórico e incluso una afrenta a la soberanía nacional; entre ellos, un indignado gobernador agregó que (El Tiempo, 2014):

«La batalla contra los ingleses fue el combate más importante de los que ha librado el país en su historia, y poner una placa en honor a los ingleses es como si un banco pusiera una placa en honor a los ladrones que se lo robaron. Lo que vino Vernon fue a robar, a saquear a Cartagena, pero no pudo» (la cursiva es nuestra).

La cuestión progresivamente escaló en adjetivos e irritación hasta que un chovinista energúmeno decidió «hacer justicia por sus manos» y «desagraviar» a la Heroica violentando el novísimo y malquerido monolito. Fue inútil el llamado de un alcalde pusilánime que ávido de indulgencia popular, pidió retirar la placa a la Corporación Centro Histórico de Cartagena. Era tarde. El mazo de la reivindicación histórica no aguarda por decisiones burocráticas.[1]

No obstante, en el aire quedó una inquietud tras la bufa: ¿cómo un acontecimiento anterior a la emancipación neogranadina, supuso tal importancia como para desencadenar esa batahola mediática? Las razones no son claras e incluso tienen aristas espinosas. Parte del meollo radica en la construcción de la conciencia nacional colombiana, que trasciende las gestas independentistas y toma partido por la heráldica hispánica mediante un giro identitario conservador.[2] De este modo, en retrospectiva, la victoria española sobre la armada británica es acogida también como un triunfo colombiano. Los ejercicios contra-factuales suelen ser ociosos, pero en Colombia se proclama que de haber sido tomada en 1741, Cartagena y por consiguiente el resto del país (y por qué no, del continente), hubiesen terminado elevando loas en inglés a Edward Vernon.

¿Acaso un exceso en la interpretación de la historia patria? La toponimia cartagenera es un indicador de la importancia atribuida a los éxitos del teniente general Blas de Lezo en la construcción de la identidad nacional. A solo unos metros de la desafortunada placa, desde 2009 permanece otra inscripción (González, 2011):

«HOMENAJE AL ALMIRANTE D. BLAS DE LEZO Y OLAVARRIETA

Esta placa se colocó para homenajear al invicto almirante que con su ingenio, valor y tenacidad dirigió la defensa de Cartagena de Indias. Derrotó aquí, frente a estas mismas murallas, a una armada británica de 186 barcos y 23.600 hombres, más 4.000 reclutas de Virginia. Armada aún más grande que la Invencible Española que los británicos habían enviado al mando del Almirante Vernon para conquistar la ciudad llave y así imponer el idioma inglés en toda la América entonces española. Cumplimos hoy juntos, españoles y colombianos, con la última voluntad del Almirante, que quiso que se colocara una placa en las murallas de Cartagena de Indias que dijera:

“AQUÍ ESPAÑA DERROTÓ A INGLATERRA Y SUS COLONIAS”

CARTAGENA DE INDIAS, MARZO DE 1741»

(la cursiva es nuestra).

Placa Conmemorativa a la victoria de Blas de Lezo

Placa conmemorativa de la gesta de Blas de Lezo en Cartagena de Indias. Cortesía: Blog de Julia González

Una interpretación ciertamente problemática, pues esta cimentación del ideario nacional tiene aspectos cuestionables como menos. El asunto se aclara revisando ligeramente la historiografía de la Guerra del Asiento:[3] un conflicto con un cariz geopolítico y económico, relacionado a los derechos comerciales con las colonias hispanoamericanas. El acuerdo de Utrecht (1712-1715), que dio ciertas concesiones comerciales a Gran Bretaña,[4] escenificó un escalamiento de las tensiones diplomáticas por el aumento del contrabando y la piratería, que culminaron con el famoso episodio de la oreja de Jenkins,[5] el singular pretexto para la declaratoria de guerra británica a España.

La Cartagena sitiada por el vicealmirante Vernon era un puerto estratégico para la entrada y salida continental de materias primas, mercancías y esclavos. Si tenemos presente esto, comprenderemos que la magistral defensa de Blas de Lezo, tenía no mayor propósito que garantizar la explotación y tránsito de los recursos americanos hacía la metrópoli. Por otra parte, es audaz atribuir algún tipo de conciencia nacional criolla a los defensores de la ciudad-puerto, más allá de su sentimiento como españoles de ultramar. Semejante anacronismo está soterrado en ideas ulteriores, asociadas a la construcción de la identidad colombiana. La «batalla lingüística» para imponer el inglés resulta pues una fabulación que colorea aquel acontecimiento. En cualquier caso, el colonialismo británico generalmente tuvo más intereses comerciales que de aculturación, como es el caso del español.

Todas esas declaraciones de indignación se basan en argumentos como mínimo, carentes de contexto a la luz del momento histórico aludido; y es menester reconocer tiempos y lugares. Esta guerra tuvo un significado especial para sus protagonistas: mientras España la celebró como una victoria definitiva para prolongar sus pretensiones coloniales, la humillada Gran Bretaña prefirió relegarla al olvido institucional. La emergente potencia marítima tuvo que esperar para hacerse al dominio del comercio mundial. Con el tiempo quedó demostrada la superioridad del capitalismo mercantilista anglosajón sobre el ibérico tardo-feudalismo extractivo. Menos de un siglo después, en aquel disputado territorio del Nuevo Mundo, apareció un experimento republicano, una nación con apenas noción de sí misma, a la que diferentes contingencias histórico-políticas terminaron por bautizar como Colombia. Un país anhelante de gestas para su legendario.

Llegados a este punto, nos gustaría profundizar en el deshonor británico por el desastre en Cartagena; cómo se tejió una suerte de tabú en torno a estos hechos; y cómo Alestorm de cierta manera reproduce, quizá inadvertidamente, aquel silencio vetusto.

De la humillación a la fantasía

Cuando Vernon capturó Portobelo (actualmente Panamá) al inicio de la Guerra (1739), hubo tal euforia en las huestes británicas que fue compuesta la patriótica Rule, Britannia! La naciente opinión pública inglesa rebosaba de optimismo pero desconocía que la campaña en el istmo no cumplió todas las expectativas, especialmente en términos del botín capturado. El almirante se conformó entonces con destruir las defensas del lugar.

Posteriormente, tras dos intentos de tomar Cartagena (13-20 de marzo de 1740 – 3 de mayo de 1740) o quizá de probar sus defensas, Vernon aumentó la apuesta: en Jamaica reunió 186 naves y 27 mil hombres (dependiendo de la fuente); la mayor flota conocida hasta entonces. El convoy navegó rumbo a las puertas del virreinato bajo el mando conjunto de Vernon (fuerzas de mar) y Wentworth (fuerzas de tierra).

«Bien pasado el mediodía los catalejos informaron de más velas en el horizonte, en posición de línea, a la manera de los primeros navíos, y en claro despliegue de fuerza intimidatoria. El resto de las naves fue apareciendo lentamente hasta poblar el horizonte por completo, como si, de repente, el mar se convirtiera en un bosque multicolor de palos y banderas de guerra» (Victoria, 2011; 148).

En efecto, el 13 de marzo de 1741 la enorme armada fue avistada desde la costa neogranadina, dando lugar a varias escaramuzas tácticas. Tras 16 días de combate, la superioridad británica se hizo manifiesta cuando tomaron diferentes posiciones españolas. Finalmente Vernon logró hacerse con la bahía y desplegar sus fuerzas por tierra, mientras los defensores se replegaron al Castillo San Felipe de Barajas. Un gran avance. El triunfo parecía inevitable y el confiado almirante envió emisarios a Gran Bretaña con un anticipado parte de victoria.

Desde luego Londres celebró la impresionante hazaña de su armada. Incluso se acuñaron medallones y monedas conmemorativas que ridiculizaban al enemigo español y en particular a Blas de Lezo (Victoria, 2011). El belicoso parlamento que presionó al razonable premier Robert Walpole para iniciar la guerra, se declaró satisfecho y a la expectativa de más detalles sobre semejante proeza. No obstante, las nuevas que llegaron del Caribe fueron una puñalada a los intereses británicos en las américas. No solo perdieron Cartagena. Fueron aplastados frente a las murallas de San Felipe.

Medalla Conmomorativa

Medalla conmemorativa acuñada durante la prematura celebración de la victoria británica en 1741. Aquí se muestra a Blas de Lezo «rindiendo honores» al victorioso almirante Vernon. Cortesía: Mohorte.

Un pedestre y nocturno ataque para tomar el mencionado fuerte, que inesperadamente estaba rodeado por un foso recién cavado, terminó en una amarga lección. Las escaleras de los atacantes no alcanzaron el pretil de la fortaleza y el tiempo que éstos tardaron en comprender su error, fue suficiente para que el fuego español los diezmara. La movida del teniente general funcionó. Vernon perdió a muchos hombres no solo durante el ataque, también en la retirada mañanera, cuando los defensores en franca persecución los masacraron.

Abrumado en su incredulidad, el almirante prolongó los hostigamientos algunas semanas hasta reconocer su derrota y retornar a Jamaica.

Esta batalla fue el principal testimonio de una guerra que tardó siete años más en finalizar, y que se saldó con un agrio statu quo ante bellum. España obtuvo una victoria dolorosa e insípida, en tanto que la deshonra británica quedó manifiesta cuando el rey Jorge II proscribió de los anales la derrota en Cartagena, desde entonces, devenida en un asunto evadido por la historiografía oficial y apenas reconocido por el público en general. Por supuesto no sorprende que en la cultura popular sean mínimas las referencias a esta batalla; por eso, una canción de «heavy metal» sobre el tema resulta llamativa, más aún, tratándose de la producción de una reconocida banda británica como Alestorm.

Hace unos meses decidí emprender este artículo cuando un amigo me compartió su última adquisición discográfica: el Sunset on the Golden Age. Reconozco francamente que mi interés por esta banda es vacilante, pero en aquel momento, cuando examiné el librillo del álbum advertí que uno de sus temas se titula 1741 (The Battle of Cartagena). La curiosidad surgió de inmediato y decidí escucharlo mientras revisaba la letra. Fue sorpresivo descubrir que dicha canción es más un preámbulo fantástico y heroico de la batalla, que un relato de lo que en ésta aconteció. Entonces escudriñé en el siguiente tema, quizá allí habría una continuación apropiada. De ningún modo; Mead from Hell es una vorágine psicotrópica muy propia de unos bucaneros al servicio de la ebriedad. Evidencia del entrañable vínculo con Korpiklaani, pero no del desastre británico en San Felipe de Barajas. En ninguna parte del mencionado álbum estaba la prevista segunda parte.

Sunset on the Golden Age

Portada del Sunset on the Golden Age (2014), último trabajo discográfico de Alestorm. Cortesía: Blog Diabolus in Muzaka.

La batalla de Cartagena solo ornamenta el título de la canción. En algún pasaje se alude a los intentos previos por tomar la ciudad: Twice struck, and twice we’ve failed. Y el coro insiste en que ésta es el destino final:

“The skies are burning with thunder
The seas are ablaze with flame
Set the course for Cartagena
The sands of time will remember
our names
The skies are burning with thunder
The seas are ablaze with flame
Set the course for Cartagena
History is written today”

Sin embargo, al «retumbe de cañonazos» y justo ad portas del enfrentamiento…, concluye la canción. A todas luces un final inesperado, conociendo la predilección de bandas como ésta por las grandes batallas. ¿A qué se debe esa omisión de los acontecimientos en Cartagena? Naturalmente, sería necio pretender un debate sobre cómo escribir canciones con alusiones históricas; esta inquietud obedece más al interés por indagar en el imaginario contemporáneo sobre esta guerra. Y es que tal efugio quizá responda al tradicional desentendimiento británico con dichos sucesos, con el tabú en torno al fracaso de Vernon.

En este mismo sentido, la canción ofrece otros indicios de la mencionada elusión histórica. En este relato Vernon y Blas de Lezo desaparecen, es la heroica travesía de unos misteriosos corsarios rumbo a lo desconocido; una aventura hábilmente embellecida en el presagio de una derrota inminente:

“An omen of dread
Which no man can deny
The legends hold true
We must turn back or die”

Ciertamente Christopher Bowes prefirió una alusión a Rule, Britannia!: Now Britannia rules the waves, que a God damn you, Lezo! Esta última frase, atribuida presuntamente a Vernon tras verse derrotado.

Algunos textos nos comunican algo precisamente por lo que se abstienen de decir. Y es que esta batalla, ahora como hito para tres naciones, persiste como objeto de controversias e interpretaciones. Unas veces magnificando su importancia y extrapolando gratuitamente sus eventuales consecuencias, u otras, desconociendo su relevancia geopolítica o simplemente haciendo eco de la antigua proscripción documental que pesa sobre la misma. Al parecer, la ecuanimidad es solo una aspiración fantástica a la sombra de San Felipe…

Tal vez el próximo álbum de Alestorm nos sorprenda con una segunda parte de la Batalla de Cartagena. Por demás, cabe resaltar que 1741 es una entretenida y bien lograda canción. ¡Os invito a escucharla!

REFERENCIAS

Alcalde de Cartagena ordena retirar placa que destapó príncipe Carlos.  (5 de Noviembre de 2014). El Tiempo. Recuperado de: http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/retiran-placa-del-principe-carlos-en-cartagena/14790659

GONZÁLEZ, Julia. (31 de marzo de 2011). Blas de Lezo – El hombre que defendió un Imperio. [Mensaje en un blog]. Recuperado de: http://anecdotas-historia.blogspot.com.co/2011/03/blas-de-lezo-el-hombre-que-defendio-un.html

‘Me les adelanté a los políticos’: hombre que rompió polémica placa. (5 de Noviembre de 2014). El Tiempo. Recuperado de: http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/un-hombre-rompen-placa-de-cartagena/14796760

MOHORTE, Alejandro. (2014). La batalla de Cartagena de Indias. Museo de l’Iber. Recuperado de: http://www.museoliber.org/wp-content/uploads/2014/07/La-batalla-de-Cartagena-de-Indias.pdf

MONTAÑO, John. (31 de Octubre de 2014). Príncipe Carlos y su esposa destaparon placa histórica en Cartagena. El Tiempo. Recuperado de: http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/visita-del-principe-carlos-a-cartagena/14772837

RUBIANO, Rafael. (2010). Miguel Antonio Caro y el pensamiento conservador ante las independencias hispanoamericanas. Universidad de Antioquia. Recuperado de: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1692-25302010000100010

VICTORIA, Pablo. (2011). El día que Cartagena derrotó a Inglaterra. Editorial Planeta Colombia: Bogotá.

Wikipedia. Sitio de Cartagena de Indias (1741). Recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Sitio_de_Cartagena_de_Indias_(1741)

ILUSTRACIONES

Ceremonia de develación de la placa conmemorativa. Fuente: http://www.dailymail.co.uk/wires/pa/article-2826255/City-removes-plaque-honouring-Brits.html

Placa conmemorativa de la gesta de Blas de Lezo. Fuente: http://anecdotas-historia.blogspot.com.co/2011/03/blas-de-lezo-el-hombre-que-defendio-un.html

Medalla conmemorativa. Fuente: http://www.museoliber.org/wp-content/uploads/2014/07/La-batalla-de-Cartagena-de-Indias.pdf

Portada del Sunset on the Golden Age. Fuente: http://www.angrymetalguy.com/things-might-missed-2014-alestorm-sunset-golden-age/

NOTAS

[1] Aquí la justificación que ofreció el orgulloso ciudadano por su acto de «desagravio»: grabación.

[2] En la segunda mitad del siglo XIX y especialmente durante La Regeneración (1878-1898/1900), surgió un movimiento político que defendía una transformación de la organización del entonces federalizado Estado colombiano; una avanzada que incluía también a sus cimientos simbólicos e ideológicos. Pensadores y políticos como Miguel Antonio Caro identificaron en el legado hispánico, un modelo para encaminar los destinos de la atribulada nación. Si bien radical por su antiliberalismo reaccionario y por su idealización del hombre hispánico, esta postura es un indicio del ambiente intelectual que apostó por reconsiderar el proceso histórico colombiano, concluyendo que no se podría construir una nación viable, rompiendo con las tradiciones y la cultura hispánica. De este modo, Caro intentó suscribir el proceso nacional al devenir civilizatorio español: «Nuestra independencia viene de 1810, pero nuestra patria viene de siglos atrás. Nuestra historia desde la conquista hasta nuestros días, es la historia de un mismo pueblo y de una misma civilización» (Rubiano, 2010).

[3] Para esta breve reseña histórica se tomaron como fuentes el trabajo divulgativo de Mohorte (2014), la novela histórica de Victoria (2011) y especialmente, la siempre invaluable Wikipedia.

[4] Véase el «Asiento de Negros» o el «Navío de Permiso».

[5] La historiografía británica reconoce a la Guerra del Asiento como War of Jenkins Ear (Guerra de la Oreja de Jenkins), debido al incidente en el que supuestamente se vieron involucrados el guardacostas español La Isabela y el contrabandista inglés Rebecca, capitaneado por Robert Jenkins (1731). Según el testimonio de este corsario al parlamento inglés, el capitán del navío español, Juan León Fandiño, abordó su embarcación y le cortó una oreja espetándole: «Y lo mismo le haré a tu rey si a lo mismo se atreve» (Mohorte, 2014; 18). Este incidente ocurrido en 1731 terminó «desencadenando» ocho años después la Guerra del Asiento.

Una critica en “La batalla de la discordia”

  1. VA:R_U [1.9.22_1171]
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    Orgulloso de nuestro pasado latino . Un abrazo desde España

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