Historia y cultura china (I). Los comienzos de la civilización.

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Desde hace miles de años, China ha estado habitada, como así afirman los restos de los primeros homínidos al sureste del país. Nuestra especie, el Homo Sapiens, apareció en China alrededor de 30000 a.C., en el desierto de Ordos, en el norte, y en el suroeste.

Hace 4000 años, en lo que hoy conocemos como China, surgieron tres grupos culturales, neolíticos, económicamente parecidos, pero de culturas distintas. La zona del norte, bañado por el río Amarillo, poseía tierras fértiles que permitían el cultivo del cáñamo y de árboles frutales, así como la aparición de prados, ideales tanto  para el ganado, como para los poblados. Sus inviernos eran muy duros, como cabe esperar, y las precipitaciones, abundantes; por lo que no eran raras las inundaciones.  La zona meridional tenía un clima estable y húmedo; gracias a las trombas del río Yangtse, se desarrolló una agricultura basada en el cultivo del arroz y de las legumbres. La franja del sur poseía un clima tropical, y una economía fundamentada en la pesca.

Hueso oracular.

En el 1600 a.C. comenzó la Edad de Bronce china con su primera dinastía documentada: los Shang. Esta dinastía vagó por los alrededores buscando minas de cobre. Así, los Shang se asentaron en seis capitales distintas, de las que se han excavado tres: Erh-li-t’ou, Anyang y Cheng-chou; situadas en las actuales provincias de Henan, Hubei, Shandong, y el norte de Anhui. También se ha descubierto otros yacimientos en el sur, lo que demuestra que lograron expandirse. Además, mantuvieron relaciones comerciales con el norte y centro de Asia oriental.

Utensilios de bronce pertenecientes a la era Shang.

La economía de los Shang se basaba, mayormente,  en la agricultura, con cultivos como el arroz o el trigo.             También cuidaron de animales como cerdos, perros, bueyes, ovejas, e incluso gusanos de seda. La metalurgia también tuvo cierta importancia, pues usaron armas y herramientas, así como recipientes de bronce. La sociedad era noble, con un rey que poseía tanto poder militar, como religioso. El monarca también tenía libertad para elegir a los gobernantes, y a cambios éstos debían ofrecerle ayuda militar cuando lo necesitase, (algo que conocemos).  Por lo tanto, existían tres estamentos: el pueblo, la clase sacerdotal, (responsables de los documentos de gobierno, y de la adivinación), y la aristocracia. Los Shang adoraban a sus ancestros, así como a multitud de dioses, por lo que eran politeístas. Sobre todos ellos, destaca el dios Tian, señor de los cielos.

Los Shang fueron derrotados en el siglo XI a.C., y con su desaparición se inició la dinastía Zhou. Según la leyenda, él último monarca Shang era un rey cruel y libidinoso, fue expulsado a manos de un Zhou, quienes eran mucho más guerreros. Éstos provenían de una etnia diferente, situada en la frontera noroeste; pero pronto se impusieron en el área del río Amarillo, así como en las zonas del Yangtse. Ubicaron la capital en Hsi-an, en el valle del Wei, y poseían un territorio vinculado al soberano y a las élites. Disponían, además, de un sistema muy parecido al feudalismo europeo, y de muchísimas influencias culturales provenientes de los Shang, por lo que compartieron aspectos muy similares.

Los Zhou lanzaron una campaña militar para conquistar el norte y el sur, y así abarcar desde Manchuria, Mongolia hasta las regiones situadas a ambos lados del Yangste. Abandonaron las creencias de los Shang, como es obvio, y adoraron a la deidad, Tian, dios de los Cielos. Los reyes Zhou se denominaban a sí mismos “Hijos del dios cielo”. Empleaban el bronce para objetos rituales, armas y útiles, aunque los campesinos seguían usando aperos de piedra. Cultivaron arroz, mijo, y cebada, como los Shang. Los campesinos pagaban impuestos, y había mercados. Sin embargo, los señoríos más poderosos empezaron a volverse burócratas, y se creó el cargo de administradores, entre ellos destacó Confucio.

Confucio, pensador chino, fundador del confucianismo.

Hacia el 770 a.C., y debido a una serie de conflictos internos, los Zhou se vieron obligados a abandonar el valle del Wei, y mudarse a la capital del este, Lo-yang. Poco a poco, su poder fue en detrimento. No pasó mucho tiempo hasta que los pequeños reinos que poseían los Zhou se rebelaron, y consiguieron lograr la supremacía. Los Qin fueron los más militares, y unieron exitosamente los últimos estados Zhou para formar el primer Imperio Chino.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne.

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