Escipión y los rehenes de Carthago

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Hace poco descubrí la importancia de uno de los actos más trascendentes de la historia de Roma, no tanto por lo que fue en sí, sino por todo lo que inspiraría posteriormente, y no es poco.  Resulta que participo en un grupo de recreación histórica dentro de las fiestas de Carthagineses y Romanos e  investigando sobre uno de nuestros actos pude descubrir lo que en el arte se conoce como la clemenciamagnanimidad o continencia de Escipión. Y uno se pregunta, y más viviendo en la ciudad donde sucedió: ¿Por qué hay tanta gente, incluido yo mismo, que no tenemos ni idea de lo que aquí sucedió?

Busto de Publio Cornelio Escipión, Museo Pushkin (Moscú).

Para empezar quiero contextualizar un poco «el asunto». Año 209 a.C. Una gran batalla iba a comenzar en la cartaginesa Qart Hadasht, actual Cartagena, las tropas romanas de Escipión cruzan el Ebro con 25,000 infantes y 2,500 hombres de caballería, dejando a Marco Silano con 3,500 hombres para defender el río Iban a marchas forzadas para aprovechar la dispersión de las tropas enemigas, producto de las disputas internas entre los principales líderes cartagineses: Asdrúbal Barca, Magón Barca y Asdrúbal GiscónLa relación entre estos generales no era buena y sus ejércitos estaban alejados unos de otros: Asdrúbal estaba en el centro de la Península, Magón cerca de Gibraltar y Giscón en la desembocadura del río Tagus (hoy Tajo), todos ellos a más de 10 días de distancia de Cartagena. Escipión puso la flota bajo mando de su amigo Cayo Lelio, a quien confió sus planes y él mismo tomó el mando de las fuerzas de tierra y avanzó hacia el sur a marchas forzadas con el grueso de su ejército, debían atacar Qart Hadasht en menos de 7 días. La importancia de esta conquista era vital y de su éxito dependería en gran parte la conquista de la península por parte de Roma. Intentad imaginar como sería la historia si los romanos hubieran fracasado.

Escipión empezó su asedio intentando derribar las murallas. Fue inútil, la ciudad estaba bien edificada. Así que planeó una estratagema para engañar a los cartaginenses. El asalto se produjo rápido Primero se retiraron del asedio a la muralla, los cartaginense creyeron que tenían la batalla ganada. Después iniciaron pequeñas escaramuzas en diferentes puntos, parecía que los romanos actuaban en un perfecto desorden y los de cartagineses se relajaron. La realidad es que los romanos se estaban aglutinando tropas en la zona de «El Almarjal».

Escipión ordenó un segundo ataque más tarde durante el mismo día, con la novedad de destacar un contingente de soldados atacando por el norte, a través del lago. Ayudado por el hecho de que la profundidad del lago era baja por los efectos de la marea, esta guerrilla logró escalar la muralla norte que se encontraba sin defensas y atacaron a los defensores por la retaguardia. Al mismo tiempo, las fuerzas navales consiguieron penetrar en la ciudad por el sur y en poco tiempo la ciudad entera cayó. Magón y los últimos resistentes, refugiados en la ciudadela (Arx Asdrubalis), capitularon y entonces dio comienzo el saqueo. En las inmediaciones de la ciudad los soldados romanos encontraron  un palacio en el que multitud de prisioneros pertenecientes a la nobleza íbera permanecían retenidos por parte de los cartagineses para asegurar la fidelidad del pueblo íbero en la guerra contra Roma. Fue en este marco donde Polibio, en su obra Historiae, nos narra la famosa escena:

A esta sazón, ciertos jóvenes romanos, bien instruidos de la inclinación de su general al otro sexo, trajeron a su presencia una doncella en la flor de su edad, y de peregrina hermosura, suplicándole admitiese este obsequio. Escipión, absorto con tan raro prodigio de belleza: «Si fuera simple soldado, dijo, no me pudierais hacer presente más dulce; pero siendo general, ninguno más despreciable»; dando a entender, en mi opinión, con este dicho, que en ciertos momentos de descanso y ocio hallan los jóvenes con el sexo un dulce pasatiempo y alivio de los cuidados; pero en tiempo de negocios, semejantes recreos perturban la tranquilidad del cuerpo y del espíritu.

Posteriormente diversos autores también señalaron este acto modificándolo, generalmente, para ensalzar la figura de Escipión y del pueblo romano, autores como Floro, Silio Itálico, Apiano, Dion Casio y destacando a Tito Livio en su obra Ab Urbe condita libri:

Poco después, los soldados llevaron ante él a una doncella adulta que había sido capturada, una muchacha de tan excepcional belleza que atraía todas las miradas por donde quiera que iba. Al preguntarle sobre su país y familia, Escipión se enteró, entre otras cosas, de que había sido prometida a un joven noble celtíbero de nombre Alucio. De inmediato, envió a buscar a sus padres así como a su prometido, quien, según supo, estaba languideciendo hasta morir de amor por ella. Al llegar este último, Escipión se dirigió a él con términos estudiadamente paternales. «Hablando de joven a joven», le dijo, «puedo dejar de lado cualquier reserva. Cuando tu prometida fue capturada por mis soldados y me la trajeron, se me informó de que ella te era muy querida, lo que su belleza me hizo creer completamente. Si me fuesen permitidos los placeres propios de mi edad, especialmente los del amor casto y legal, en vez de estar preocupándome con asuntos de estado, habría querido que se me perdonara por amar demasiado ardientemente. Tengo ahora el poder de ser indulgente con otro amor: el tuyo. Tu prometida ha recibido el mismo trato respetuoso desde que está en mi poder que el que hubiera tenido de estar entre sus propios padres. Se te ha reservado, para que se te pudiera entregar como un regalo virgen y digno de nosotros dos. A cambio de este don, solo espero una recompensa: que seas amigo de Roma. Si me consideras un hombre tan recto y honorable como los pueblos de aquí creyeron hasta ahora que eran mi padre y mi tío, podrás asegurar que hay muchos en la ciudadanía romana como nosotros, y estar completamente seguro de, a día de hoy, en ningún lugar del mundo se encontrará nadie a quien desees menos tener por enemigo que a nosotros o a quien anheles más tener como amigo.

El joven estaba abrumado por la timidez y la alegría. Tomó la mano de Escipión, y pidió a todos los dioses que le recompensaran, pues a él le resultaba imposible devolver en consonancia con sus sentimientos o con la bondad que Escipión le había mostrado. Luego se llamó a los padres y familiares de la muchacha. Habían traído una gran cantidad de oro para su rescate, y cuando les fue entregada libremente pidieron a Escipión que lo aceptara como regalo suyo; haciéndolo así, declararon, manifestarían su mucha gratitud por la devolución, ilesa, de la joven. Al pedírselo con gran insistencia, Escipión manifestó que lo aceptaría, y ordenó que lo pusieran a sus pies. Llamando a Alucio le dijo: «Además de la dote que vas a recibir de tu futuro suegro, recibirás ahora esto de mí como regalo de bodas». Le dijo entonces que tomara el oro y lo guardase. Encantado con el presente y el digno trato que había recibido, el joven regresó a su hogar y llenó los oídos de sus compatriotas con las alabanzas, justamente ganadas, de Escipión. Entre ellos había llegado un joven, decía, en todo similar a los dioses, abriéndose camino mediante su generosidad y bondad de corazón tanto como por el fuerza de sus armas.

Sobre la verdadera naturaleza de lo que allí ocurrió mucho podemos especular, siendo la opción más probable que lo que llamamos «clemencia de Escipión» fuera poco más que la «prudencia de Escipión», ladecisión de Escipión fue esencialmente política: la presencia en Cartagena de un gran número de rehenes mantenidos por los cartagineses como prenda de la fidelidad de distintos pueblos indígenas de la península ibérica, ofreció a los romanos la posibilidad de realizar una operación de gran alcance. Los liberaron sin más pago que volver a sus lugares de origen, convirtiéndose así en los mejores embajadores posibles de Roma.

Sin embargo, las interpretaciones sobre este gesto influyeron notablemente en la sociedad romana. El significado moral del tema es el triunfo de la virtud sobre el deseo; osea, no tanto clemencia o perdón, como más bien continencia o autocontrol, lo contrario del vicio clásico denominado akrasia. La figura de Escipión se exalta hasta límites heroícos y se le convierte en un modelo de comportamiento en Roma. Es evidente la comparación de esta actitud con la opuesta que representa Agamenón en el comienzo de la Iliada, al resistirse a devolver a Criseida a su padre, el sacerdote Crises, lo que provocó el castigo de Apolo y una concatenación de hechos que llevaron al enfrentamiento con Aquiles.

Fue en el renacimiento cuando con la recuperación de las ideas y obras clásicas este tema volvió a ver la luz. Su reproducción en las artes fue un tema recurrente hasta finales del siglo XIX, hasta un punto que a mi, personalmente, me ha llegado a asombrar. Literatura, música, escultura, pintura… os recomiendo que busquéis sobre ello. Aquí os dejo algunas de las más importantes:

En la música:

  • Scipione affricano, de Francesco Cavalli. Libreto de Nicolò Minato. Estrenada en el Teatro de los Santos Giovanni e Paolo de Venecia en 1664. Reposiciones: Ancona, 1666; Nápoles 1667; Ferrara y Florencia, 1669; Bolonia, 1670; y Roma, 1671.
  • Scipione nelle Spagne, de Alessandro Scarlatti. Libreto de Apostolo Zeno. Teatro de San Bartolomeo de Nápoles en 1714.
  • Scipione nelle Spagne, de Antonio Caldara. Libreto de Apostolo Zeno. Hoftheater de Viena en 1714.
  • Scipione nelle Spagne, de Tomaso Albinoni. Libreto de Apostolo Zeno. Teatro de San Samuele de Venecia en 1724.
  • Scipione, de Georg Friedrich Händel. Libreto de Paolo Rolli. King’s Theatre de Londres 1728. Repuesta en 1730.
  • Scipione in Cartagine nuova, de Geminiano Giacomelli. Libreto de Frugoni. Piacenza 1730.
  • Scipio Africanus, de Carl Heinrich Graun. Libreto atribuido a Gottlieb Fiedler. Estrenada en Brunswick en 1732.
  • Scipione nelle Spagne, de Giovanni Battista Ferrandini. Libreto de Apostolo Zeno. Estrenada en Múnich en 1732.
  • Scipione nelle Spagne, de Carlo Arrigoni. Libreto de Apostolo Zeno. Estrenada en Florencia en 1739.
  • Scipione in Cartagine, de Baldassare Galuppi. Libreto de F. Vanneschi. Estrenada en el King’s Theatre de Londres en 1742.
  • Scipione nelle Spagne, de Baldassare Galuppi. Libreto de Agostino Piovene. Estrenada en el Teatro de S. Angelo de Venecia en 1746.
  • Scipione, de Francesco Araja. Libreto de Bonechi. Estrenada en San Petersburgo en 1745.
  • Scipione nelle Spagne, de Ferdinando Bertoni. Libreto de Agostino Piovene. Estrenada en Milán en 1768.
  • La clemenza di Scipione, de Johann Christian Bach. Libreto anónimo. Estrenada en el King’s Theatre de Londres en 1776.
  • Scipione in Cartagena, de Luigi Caruso. Libreto de Bellini. Estrenada en Venecia 1779 y en Roma en 1781.
  • Scipione Africano, de Giuseppe Francesco Bianchi. Libreto de Nicolò Minato. Estrenada en Nápoles en 1786.
  • Scipione, de Giordano Giordani. Libreto de E.Giusti. Estrenada en Rovigo en 1788.
  • Scipione Africano, de Gioacchino Albertini. Libreto de Nicolò Minato. Estrenada en Roma en 1789.
  • Scipione in Cartagena, de Giuseppe Farinelli. Libreto de Luigi Andrioli. Estrenada en Turín en 1815.

En la pintura:

Escritor/Editor/Redactor: Kyrios Bromios.

 

Una critica en “Escipión y los rehenes de Carthago”

  1. […] a la figura del príncipe celtíbero Alucio, el mismo tipo que protagoniza la escena de la “Clemencia de Escipión” de la que ya hablamos en una entrada anterior. Un […]

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