EL OFICIO DE LAS ARMAS (Parte 1)

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Las armas fueron probablemente los primeros utensilios creados por el hombre: primero la piedra y el palo, luego en un alarde de originalidad, juntaron ambos y crearon los garrotes y las lanzas, pasando mas tarde por las espadas, hasta llegar a la creación de increíbles ingenios tecnológicos como los actuales rifles de precisión o los misiles de crucero.

No es de extrañar pues, que todas las sociedades de la historia giren entorno a la guerra, y que los hechos históricos de mayor renombre, sean las guerras y sus participantes. Alejandro Magno, Julio César, Escipión, Viriato, Napoleón, el Gran Capitán, Spinola, Rommel… son tan solo unos pocos de la larga lista de personajes que asociamos con la historia, todos ellos conocidos por sus proezas militares.

Ambrosio Spínola, a la derecha. La rendición de Breda, Velazquez

Siendo la guerra la piedra angular de la historia de toda civilización, encontramos necesariamente toda una cultura entorno a esta: guerreros, armas, mitos, anécdotas, historias y leyendas que siguen cautivándonos después de miles de años, historias sobre el honor de aquellos hombres ¿pues quién no ha soñado alguna vez con empuñar la espada en un combate épico contra el enemigo del bien y la justicia? Soñamos pues con algo que no hace tanto tiempo era una forma de vida, una manera de entender el mundo, un oficio… el oficio de las armas.

El oficio de las armas fue el término usado, principalmente durante la edad media, para referirse a aquellos que vivían de la guerra, fueran estos caballeros, hombres de armas o mercenarios. Y aunque la función de todos ellos era similar (si no la misma), las diferencias eran evidentes en tanto que los caballeros eran de sangre noble, con ideales religiosos, supuestamente puros y honorables, y los mercenarios y hombres de armas eran en su mayoría plebeyos con suerte, nobles sin fortuna, soldados que tenían el combate como medio de vida y subsistencia… y hasta ahí sus diferencias.

Representación del Cid Campeador, el mercenario más famoso de la historia de España

Por unos u otros intereses o ideales, estos guerreros consagraban su vida al combate, perfeccionando las artes marciales (marcial, que proviene de Marte, dios de la guerra) hasta puntos que hoy en día pocos pueden igualar. Los combatientes más entregados entrenaban a diario, para mejorar su físico y su técnica, a un nivel que superaba con creces el entrenamiento de atletas actuales, y con una dieta a base de, literalmente, pan y agua.

Todos estos entrenamientos y filosofías los vemos reflejados en tratados de la época, como los diversos códigos de caballería escritos en la Provenza francesa, y en las regiones de Cataluña y el reino de Valencia, así como las obras de tratadistas como Sigmund Ringueck (s.XIV), cuyos escritos nos han permitido reconstruir las artes de combate que emplearon nuestros antepasados.

Ilustracíon del "Fechtbuch", tratado medieval de esgrima.

A lo largo de una serie de artículos, espero desvelaros lo que para muchos será un misterio, una historia de romanticismo caballeresco, así como poder quemar todos esos mitos hollywoodienses acerca del guerrero medieval.

Autor/Editor/Redactor: Iván Jötnamorðingi

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