El oficio de las armas – El orden de caballería (2ª Parte)

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 0.0/5 (0 votes cast)

Aquí se comiença el libro de la vanda que fizo el rrey don Alfonso de Castilla. E la rrazón porque se movió a fazerlo es porque la más alta e más pregiada orden que Dios en el mundo fizo es la cavallería. E esto por muchas rrazones, señaladamente por dos: la primera porque la fizo Dios para defender su fe, la segunda otrosí para defender cada uno sus comarcas e sus tierras e sus estados.” – Alfonso XI de Castilla

En esta introducción a las leyes de la caballería, descritas por Alfonso XI el Justiciero en su obra «Ordenanzas de la orden de caballería de la Banda», es descrito a la perfección el concepto de caballería medieval: religiosidad, nobleza de sangre y poder militar. Estas características se mostrarán comunes en múltiples tratados de caballería de la época, como los escritos poor Ramón Llull (Libro de la Orden de Caballería), Don Juan Manuel (Libro del cavallero et del escudero), Alonso de Cartagena (Doctrinal de Caballeros) entre otros.

Alfonso XI de Castilla

En todos estos libros observamos una clara actitud recopilatoria, recogiendo y actualizando códigos y leyes de los siglos anteriores, en pleno apogeo de las órdenes militares religiosas, inicialmente asociadas a las cruzadas. Abundan en estos escritos las referencias bíblicas destinadas a justificar y magnificar los deberes y actitudes del caballero, enfatizando siempre la religiosidad inherente a estos supuestos guerreros de Dios. Quedan así consagradas sus armas a las diferentes virtudes cristianas, justificando la unión de guerra y religión, y atribuyendo una inspiración divina a los actos de dichas órdenes, como puede verse en el siguiente fragmente del «Libro de la Orden de Caballería» de Ramón Llull.

 2. Al caballero se le da espada, que está hecha a semejanza de cruz, para significar que así como Nuestro Señor Jesucristo venció en la cruz a la muerte en la que habíamos caído por el pecado de nuestro padre Adán, así el caballero debe vencer y destruir a los enemigos de la cruz con la espada. Y como la espada tiene doble filo, y la caballería está para mantener la justicia, y la justicia es dar a cada uno su derecho, por eso la espada del caballero significa que el caballero debe mantener con la espada la caballería y la justicia.

3. La lanza se le da al caballero para significar la verdad, pues verdad es cosa recta y no se tuerce, y verdad va delante de falsedad. Y el hierro de la lanza significa la fuerza que tiene la verdad sobre la falsedad, y el pendón significa que la verdad se muestra a todos y no tiene miedo de la falsedad ni del engaño. Y la verdad es el apoyo de la esperanza, y así con las demás cosas relativas a la verdad que significa la lanza del caballero.

Si bien podemos distinguir entre órdenes religiosas y órdenes laicas, son estas últimas, exentas del carácter votivo-monacal de las primeras, las que proliferarán tras las cruzadas y la caída de órdenes religiosas como  la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón (comúnmente conocidos como Templarios) y la Orden de Malta (caballeros Hospitalarios) entre otras. Las nuevas órdenes laicas estaban conformadas por hombres de linaje noble, cuyo propósito primigenio era, al igual que el de sus predecesores religiosos, defender la fe cristiana y al pueblo. Pero estos nobles objetivos, más propios de los libros de caballerías, no se ajustaban en absoluto a la realidad. La creación de estas órdenes, fue impulsada por reyes como Alfonso XI de Castilla, que buscaban unir a los nobles y poder así controlarlos (no olvidemos que el mayor enemigo de un rey de la época era la propia nobleza), conformando con ellos una clase militar con que dominar sus territorios.

Los caracteres religioso y laico llegan a confundirse en la Orden de Santiago, la orden militar más importante de España. Los caballeros de Santiago, reconocidos como religiosos por el papa Alejandro III en una bula emitida el 5 de julio de 1175. Esta bula garantizaba a la orden todos los privilegios y exenciones de otras órdenes monásticas.

Aunque dicha bula recomendaba el celibato, los caballeros de santiago, al organizarse por la regla de los agustinos, aceptaron únicamente los votos de pobreza y obediencia, no estando obligados a aceptar voto de castidad, por lo que podían contraer matrimonio siempre y cuando se contase con la autorización del rey y de los maestres.

Don Francisco de Quevedo, miembro de la orden de Santiago

Podemos tomar la misma orden de Santiago como ejemplo de lo que serán las ordenes militares de su época, una orden a la que todas las familias de la nobleza ambicionaron pertenecer durante siglos debido a su enorme prestigio, remuneraciones (tanto monetarias como territoriales) y exenciones legales. El elitismo de la orden se ve reflejado en sus requisitos de acceso, por los cuales solo podían acceder “aquellas personas que tuvieran raza ni mezcla de judío, musulmán, hereje, converso ni villano, por remoto que fuera, ni el que hubiera sido o descendiera de penitenciado por actos contra la fe católica, ni el que hubiera sido o sus padres o abuelos procuradores, prestamistas, escribanos públicos, mercaderes al por menor, o hubieran tenido oficios por los que hubieran vivido o vivieran de su esfuerzo manual, ni el que hubiera sido infamado, ni el que hubiera faltado a las leyes del honor o ejecutado cualquier acto impropio de un perfecto caballero, ni el que careciera de medios decorosos con los que atender a su subsistencia.

El aspirante tenía que pasar después a servir tres meses en las galeras y residir un mes en el monasterio para aprender la Regla, si bien estos requisitos con el paso de los años se fueron suavizando, igual que se suavizaron las obligaciones y funciones de la orden, hasta convertirse en un club de elite con matices sectarios que poco parecido guardaba con la orden original. Este triste fin sin embargo, sería compartido con el tiempo por todas las órdenes militares que sobrevivieron.

Link al «Libro de la orden de caballería», de Ramón Llul (adaptación): Aquí

Autor/Editor/Redactor: Iván Jötnamorðingi

Escribe una critica