El ocio en Roma: La prostitución

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Como bien se sabe, el sexo en la Antigua Roma no estaba demasiado mal visto. La prostitución estaba a la orden del día y además las que lo ejercían debían estar censadas, puesto que debían pagar sus propios impuestos. En algunas ocasiones no se las distinguía del resto de mujeres, pero en otras ocasiones debían llevar vestidos púrpuras para distinguirse de las respetables. Eran tan normal, que incluso el cauto Catón afirmaba:

Es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de tener que molestar a las esposas de otros hombres”.

Era normal que los hombres se acostasen con prostitutas, e incluso tomaban a sus propias esclavas.

En cuanto a la prostitución masculina, se sabe que también había hombres que la ejercían. Sus servicios eran contratados tanto por hombres como por mujeres, y solían ser chavales jóvenes. Se colocaban en las esquinas de los baños o termas para esperar a que alguien les contratara. También es conocido que las mujeres más pudientes llegaban a pagar grandes cantidades para poder yacer con un gladiador.

Bustuariae: Eran las prostitutas de los cementerios, que durante el día actuaban como las “lloronas”. Sus principales clientes eran aquellos que se habían quedado viudos y aprovechaban que estaban en el cementerio para quitarse las penas. Sus llantos eran una mezcla de gemidos y lamentos que atraía a los hombres. Algunas conocidas son Licia, que alcanzó una importante fama, y Nuctina, de la cual se cuentan algunas leyendas. Se dice que pertenecía a una cofradía de bustuariae, y que su precio era de dos áureos. Al parecer, cuando terminaba con sus servicios se colocaba las monedas en los ojos y se encerraba en su propia tumba.

Copae: Trabajaban en las tabernas o Caupona. En esas tiendas se vendía bebida y comida y consistía en un establecimiento con una barra donde la gente tomaba lo que había pedido.

Delicatae: Eran las prostitutas de alta categoría, que ofrecían sus servicios a altos mandos militares, a senadores, a pretores o a los propios imperator.

Doris: Eran consideradas rameras, y no llevaban nada de ropa. Estaban prohibidas en los campamentos de las legiones, puesto que se creía que transmitían enfermedades venéreas. Aún así, formaban parte de la comitiva que seguía a las legiones.

Famosae: Eran las que ya de por sí eran ricas y se dedicaban a la prostitución por diversión y placer. Son de las que no han quedado más testimonios al pertenecer a la clase alta. Entre las más conocidas encontramos el caso de Mesalina, la esposa del emperador Claudio. Esta mujer aprovechó una de las muchas ausencias de su marido para apostar con el gremio de las prostitutas que ella aguantaba con más hombres. El grupo envió a una de sus mejores prostitutas para “enfrentarse” a Mesalina. La noche se saldó con veinticinco coitos realizados por la enviada y se dice que el recuento final de Mesalina fue de doscientos hombres, puesto que estuvo toda la noche practicándolo.

Forariae: Eran las que trabajaban en los caminos para los viajeros .

Fornicatrices: Trabajaban en los arcos de los edificios o debajo de los puentes. Eran una “atracción” muy normal en los teatros romanos, puesto que entre obra y obra o durante estas los clientes se acercaban a ellas y practicaban el sexo en la calle.

Lupae: Eran las que ejercían en los lupanares, lugares dedicados exclusivamente a la prostitución. Se señalizaban con un símbolo fálico y ellas se colocaban en la puerta para atraer clientes. Solía ser habitual que en cada puerta de la habitación estuviese la tabla de precios.

Noctilucae: Las que trabajaban durante la noche. Las Bastuariae pertenecen a esta clase. También están las Nonariae,  que no podían ejercer hasta las nueve de la noche.

Proseda: Se situaban enfrente de su propia casa, que solía ser más bien pequeña. De este tipo de prostituta nos queda un ejemplo, la emperatriz Teodora.

Prostibulae: Eran las que ejercían en las calles sin ningún tipo de control. Roma obligaba a las prostitutas a que estuviesen registradas en un censo para obtener la licencia de prostitución. Son las contrarias a las meretrices. Eran perseguidas por estas e incluso llegaban a ser asesinadas porque les quitaban los clientes.

Otros tipos de prostitutas podrían ser: Blitidiae, chicas de clase muy baja que ejercían en lugares donde se vendía el tipo de bebida que da su nombre; Gallinae, puesto que al terminar robaban todo lo que tenía el hombre; Amasiae, sacerdotisas de Venus; Quadrantiarae, que eran consideradas las de nivel más bajo.

Sexo en Roma

Autor/Editor/Redactor: Barbara_Tinuviel

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4 criticas en “El ocio en Roma: La prostitución”

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    Prostitutas de los cementerios, nunca lo hubiera imaginado…

  2. VA:F [1.9.22_1171]
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    Muy interesante 🙂

  3. VA:F [1.9.22_1171]
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    Buen post…

  4. VA:F [1.9.22_1171]
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    Buen Post, pero podias citar las fuentes. Por ejemplo, ¿de que libro es la cita de Catón?

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