El incendio que devastó Londres.

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El 2 de septiembre de 1666 se desató un fuego incontrolable en la casa de Thomas Farynor, el panadero del rey Carlos II. Al parecer, éste se dejó el horno encendido y poco a poco, las llamas se extendieron por toda la zona de Pudding Lane. Esa noche hacía un fuerte viento, sumado a la sequía de 1665 que dejó las viviendas (de pilares empapados en brea) resecas, pero a los vecinos no les preocupó aquello; los incendios eran habituales. Ni el alcalde ni Samuel Pepys se alarmaron al avistarlo. El rey ya había avisado al “Lord Mayor” que tomase medidas para parar los incendios el año anterior, pero éste no le dio importancia, pues llamas similares habían sido dominadas con facilidad. Sin embargo, ninguno de ellos sabía que el incendio se cobraría la ciudad.

El domingo por la tarde las llamas asolaron el río Támesis. Llegados a este punto, y después de que el incendio se propagara por unos depósitos llenos de carbón, coñac, madera y aceite, cundieron todas las armas. Aquello era el mismísimo infierno, incluso el año en el que se produjo parecía una ironía del destino.

Las demoliciones llegaron demasiado tarde por culpa del alcalde, para entonces, 13.000 casas habían sucumbido, al igual que unas 87 iglesias. Los bomberos rompieron las cañerías de la zona, dejando sin suministro a cientos de personas. Todas las tiendas del Puente de Londres fueron arrasadas, al igual que los edificios financiaros: El Guidhall y el Royal Exchange. La catedral de San Pablo quedó totalmente destruida, probablemente fue el edificio más afectado. El fuego llegó a River Fleet, destruyó el castillo de Baynard e incluso se atrevió a amenazar la corte del rey. Gran parte del Londres medieval, que hoy muchos no podemos disfrutar, desapareció bajo el peso de la gran tea.

En lugar de acusar al panadero como causante del desastre, los extranjeros, franceses y holandeses, enemigos de Inglaterra, sufrieron linchamientos y persecuciones.

El miércoles el incendio fue sofocado gracias a la acción del rey mediante el derribe de los edificios. Asimismo, las llamas acabaron con los últimos vestigios de la Gran Plaga de Peste Bubónica del año anterior.

A pesar de todo, no hubo que lamentar demasiadas víctimas, según los registros. Ocho personas perdieron la vida, pero probablemente entre los barrios pobres y los cadáveres irreconocibles y calcinados, hubo muchas más. Todas las calles de la ciudad se reconstruyeron siguiendo el plano que antes tenían, ensanchando las calles y edificando en ladrillo en vez de en madera.

A día de hoy, The Monument recuerda el lugar donde comenzó el incendio, y The Golden Boy of Pye Corner donde se extinguió.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne. 

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