El dramatismo histórico de Paul Delaroche

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Paul Delaroche, cuyo verdadero nombre era Hippolyte Delaroche, nació en París, en el año 1797, dentro del seno de una familia adinerada. Fue, sobre todo, un pintor que plasmó en sus obras los acontecimientos históricos de la época con gran dramatismo. Así, Delaroche dio paso al género de l’anecdote historique.

Desde muy temprana edad tuvo claro que quería ser un artista, a pesar de que su primo le ofreció un puesto en la Biblioteca Nacional. Por ello, y gracias al apoyo de su padre, Paul consiguió entrar en la Escuela de Bellas Artes en 1816, bajo la tutela de Louis-Etienne Watelet. Poco después entró al estudio de Antoine-Jean Gros, de quien recibe una clara influencia.

En 1822 debutó con su obra Cristo descendido de la Cruz; en ese mismo Salón, Gericault exhibió Dante y Virgilio en el infierno, cuadro que se considera como el inicio del Romanticismo francés. Sin embargo, Delaroche no obtuvo cierto reconocimiento hasta 1824, cuando expuso Juana de Arco en prisión. En esta obra se puede apreciar la unión entre el Romanticismo, que Delaroche no terminó de abrazar, y el Neo-clasicismo.

Debido al incipiente interés de Francia en la cultura inglesa, Delaroche pintó una serie de obras sobre la historia de Inglaterra; una de ellas, La Muerte de la Reina Isabel, es uno de los cuadros más famosos y célebres del pintor.

En 1832 es nombrado profesor de la Escuela de Bellas Artes parisina, donde ejerció hasta 1843, cuando uno de sus estudiantes falleció a causa de una novatada. Por ello, Delaroche decide cerrar su atelier.

Aunque hacía años que ya no exponía, desde 1837, Delaroche no cesó su actividad como pintor hasta el día de su muerte, el 4 de noviembre de 1859.

Los críticos puntualizan en que, quizás, su genio radica en las escenas representadas; donde los personajes son captados en el momento exacto, como si de un drama se tratase. Un ejemplo de ello es Bonaparte cruzando los Alpes, en la que el célebre francés monta una mula, tiene frío, y está cansado; algo totalmente diferente a lo pintado por Jacques-Louis David. Además, la obra de Delaroche no siempre es históricamente exacta, pues prefiere prestar atención al realismo de la pintura.

Delaroche nunca llegó a ser un pintor famoso, ni completamente reconocido por su trabajo; pero está claro que sus obras transmiten algo, una tragedia que se queda impregnado en la retina del observador.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne.

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