¿Dónde vas, triste de ti?

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Alfonso XII

El siglo XIX fue una época muy convulsa para España, en la que predominó la lucha entre el Antiguo Régimen y las corrientes liberales, los moderados y progresistas, los carlistas y los partidos obreros. Se podría decir que no fue el mejor siglo que vivieron los españoles, pero dentro de ese agitado periodo destaca la figura de un proyecto a buen monarca, y digo proyecto porque, desgraciadamente, apenas pudo reinar diez años: Alfonso XII. También conocido como «El Pacificador», era hijo de Isabel II y su esposo, Francisco de Asís de Borbón, aunque las malas lenguas siempre rumorearon que fue fruto de uno de los múltiples deslices amorosos de la reina. Nació el 28 de noviembre (como yo y sí, este dato era de vital importancia) de 1857 en el Palacio Real de Madrid, sin embargo, siendo un niño tendría que exiliarse, ya que su madre fue destronada en la revolución conocida como La Gloriosa, en 1868. Alfonso fue el primer monarca que recibió formación en centros tanto militares como educativos extranjeros, lo que le aportó una enorme cultura y un contacto muy cercano con otros sistemas políticos europeos como el francés, el austriaco o el inglés.

Años después, su madre Isabel abdicaría sus derechos monárquicos en favor de su hijo, lo que hizo que el polifacético Cánovas del Castillo, líder del partido alfonsino, desplegara una intensa propaganda a favor del nuevo príncipe. Durante su estancia en una academia militar inglesa, Alfonso hace público el manifiesto de Standhurt, por el cual se define como un príncipe católico, español, constitucionalista y liberal, deseoso de servir a la nación. La mala organización de la República hizo que un golpe de estado militar le proclamara rey, comenzando así con el periodo denominado como Restauración Borbónica.

Lejos de hablar de sus aciertos políticos, que fueron bastantes, el tema en el que me centraré en este post es en su relación amorosa con su prima, María de las Mercedes. Esta es una historia que conmocionó a toda la nación española, sobretodo porque es un romance de cuento de hadas, un relato digno de la pluma de los escritores románticos.

María de las Mercedes nació a mediados de septiembre del año 1860, hija de la infanta Luisa Fernanda de Borbón, hermana de Isabel II, y el duque de Montpensier. Su madrina fue la propia reina Isabel, que acudió al bautizo junto a su hijo Alfonso, de dos años. Pasó su infancia en Sevilla, sin embargo, tuvo que partir al exilio durante el Sexenio Democrático. Durante los veranos visitaba de nuevo Madrid, y quizá fue en una de esas esporádicas visitas donde los jóvenes se volvieron a encontrar. Pronto comenzarían una relación amorosa, precisamente cuando ella tenía doce años y él catorce. De hecho, una vez el príncipe le escribiría a un amigo: «Cuando la vi, me di cuenta de que la quería desde antes de haberla conocido. Desde el primer instante comprendí el porqué de mi existencia».

Desataron un millón de críticas negativas cuando los primos decidieron casarse: su madre y tía, respectivamente, Isabel, se posicionó totalmente encontra del matrimonio, ya que el duque de Montpensier era uno de sus rivales más odiados. En las Cortes también se mantuvo una posición contraria al enlace, en la sesión del Congreso del 14 de enero de 1878, el famoso General Pavía argumentó que la boda era muy negativa para la política nacional. Un discurso mucho más duro fue el del ex-ministro Claudio Moyano, que afirmó que el matrimonio de un rey debe ser vigilado por los diputados, ya que era un tema nacional y el enlace con su prima no traía ninguna ventaja ni a nivel nacional ni a nivel internacional. A pesar de las duras críticas, Alfonso se mantuvo firme en su posición: «La mejor política en el matrimonio de un rey es buscar la mayor felicidad posible, y que mejor que dar al pueblo el ejemplo de un buen esposo y padre de familia, que es la base de la prosperidad de las naciones; esto me ha hecho tomar la resolución de unir mi suerte a la de mi idolatrada prima». La victoria en las votaciones fue aplastante. No sólo se ganó el respeto de los diputados, sino que en la calle el pueblo le recibió con vítores y aplausos: «Quieren hoy con más delirio a su Rey los españoles, pues por amor va a casarse, como se casan los pobres».

Alfonso XII

El 23 de enero de 1878 los madrileños se echaron a las calles de la ciudad para celebrar el tan esperado enlace real, el primero de la historia de la realeza española motivado enteramente por amor. La reina consorte fue aplaudida por todo el pueblo madrileño que se concentró en la Basílica de Nuestra Señora de Atocha para celebrar que el rey se había casado con una madrileña joven, guapa y enamorada. «Carita de cielo» fue su apodo, puesto que, cómo mencionó Cánovas del Castillo a favor del rey durante la sesión en las Cortes: «Los ángeles no se discuten». 

Pero todas las buenas historias de amor tienen un trágico final. Tras recuperarse de un aborto y cinco meses después de su boda, mientras sonaban las campanas de su dieciocho cumpleaños, la reina moría de tifus en el Palacio Real de Madrid. El rey, desolado, abandonó la Corte, retirándose al Palacio Real de Riofrío, donde se dice que lloró como un hombre, y no como un monarca. La muerte de la única reina consorte de España nacida en el país conmocionó al pueblo, que convirtió en mito la historia de amor de los jóvenes monarcas a través de la célebre canción, «¿Dónde vas Alfonso XII?«:

¿Dónde vas, Alfonso XII?

¿Dónde vas, triste de ti?

Voy en busca de Mercedes,

Que hace tiempo no la vi.

Ya Mercedes está muerta,

Muerta está, que yo la vi,

Cuatro duques la llevaban

Por las calles de Madrid.

[…]

El manto que la envolvía

Era de rico terciopelo

Y en letras de oro decía:
”ha muerto cara de cielo”

[..]

Ya murió la flor de mayo,

Ya murió la flor de abril,

Ya murió la rosa blanca,

Rosa de todo Madrid.

Fue enterrada en una capilla del Monasterio del Escorial, ya que al no dar a luz a ningún príncipe o infanta, no tuvo derecho a ser enterrada en el Panteón Real. Fue la principal artífice de la construcción de la Catedral de  Almudena de Madrid, por tanto sus restos fueron trasladados a la catedral en el año 2000, cumpliendo así el deseo expresado por Alfonso. «María de las Mercedes. De Alfonso XII su dulcísima esposa».

María de las Mercedes

Escritor/Editor/Redactor: Marta Sacri

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Una critica en “¿Dónde vas, triste de ti?”

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    Me ha gustado mucho 🙂 Aunque sea una historia de los Borbones jaja

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