Te voy a dar yo a ti misterio (I): Los cráneos precolombinos

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Artículo realizado por: Marta 

Queridos lectores, muchos ya conocéis mi intenso amor -NÓTESE LA IRONÍA- por los programas y revistas dedicadas a lo paranormal y esotérico, cuyas infinitas  teorías llevan al lector al desconocimiento y la confusión. Por ello, he decidido comenzar una serie de artículos bajo el nombre de «Te voy a dar yo a ti misterio», en los que explicaré las respuestas científicas y actuales a los paradigmas «misteriosos» que tantas páginas y documentales ocupan. Este primer artículo tratará sobre la deformación artificial de los cráneos en las culturas precolombinas de América, cuya explicación es meramente religiosa, pudiendo encontrar paralelismos en numerosas culturas a lo largo del globo. Sí señores, se puede explicar algo sin necesidad de meter alienígenas de por medio.

En primer lugar, comencemos con la fotografía de un cráneo de la cultura Nazca, fechado en torno al 200-100 a.C:

cráneo nazca

Introducción

La alteración del cuerpo humano es y ha sido una actividad común en todas las culturas del mundo, cada una haciendo especial hincapié en sus patrones de belleza. Todos conocemos el interesante caso de la deformación de los pies en las jovencitas chinas o los collares que hacen que las mujeres Padaung sean apodadas «las mujeres jirafa». Por cierto, no ha sido demostrado todavía que todas ellas sean alienígenas. Bromas aparte, estas alteraciones se observan casi desde la aparición del hombre, teniendo ya esculturas egipcias con cráneos deformados y documentos griegos que describen a los «cabezas largas» durante el siglo I a.C.

Existe un gran número de formas de deformar, de manera artificial y a base de la aplicación de fuerza, un cuerpo. Esta alteración debe realizarse durante la etapa de crecimiento del individuo y, en el caso de la deformación craneal, era usual colocar placas de madera bien sujetas y vendadas en distintos lugares del cráneo para que este creciera siguiendo el patrón deseado.

Los hallazgos arqueológicos han permitido averiguar numerosos detalles acerca de la alteración artificial del cuerpo humano, siendo el continente americano uno de los lugares con mayores pruebas de ello. Una de las primeras culturas en realizar esta práctica fue la olmeca, una de las más complejas de Mesoamérica. Su periodo de hegemonía se extiende desde el 1.500 al 400 a.C y su área de influencia abarcó desde el este de Veracruz hasta el oeste de Tabasco, con los ríos Coatzacoalcos y Papaloapan como límites naturales. En la cultura olmeca se observa una organización sociopolítica de jefatura compleja, como demuestran sus ciudades -San Lorenzo, La Venta, Tres Zapotes, etc-, en las que se han encontrado vestigios de canalizaciones, plazas, estructuras para el juego de pelota -para saber más sobre este juego pulse aquí– y, sobre todo, edificios y monumentos de carácter administrativo y religioso, indicando así que ya existía una diferenciación social considerable.

Pero, ¿por qué os estoy contando este rollo? Precisamente porque es necesario entender esta creación de una nueva jerarquía y la «institucionalización»  de una serie de creencias religiosas para poder llegar a comprender el porqué de estas alteraciones.

cabeza olmeca 1 San Lorenzo

Cabeza olmeca nº1 de San Lorenzo

La legitimación del poder a través de la religión

Se han escrito numerosas teorías acerca del inicio de las desigualdades sociales, las más interesantes afirman que existe una relación directa entre la recolección de recursos exóticos y/o escasos por parte de una minoría y su ascenso en una jerarquía. Sea como sea,  las sociedades mesoamericanas desarrollaron una estructura social en la que la élite superior se sustentaba sobre las clases inferiores de esta jerarquía desigual y, por tanto, tuvieron la necesidad de legitimar su posición en la pirámide a través de creencias religiosas. Dada la importancia que las culturas precolombinas brindaban al culto a los ancestros, la nobleza maya creó una compleja ideología que sostenía que este grupo social privilegiado descendía directamente del dios Quetzalcóatl, aquel que en el origen de los tiempos, a la hora de repartir los oficios entre dioses recibió la tarea de dirigir y mandar al resto, por poner un ejemplo. Las élites mesoamericanas hicieron poco a poco creer a sus poblaciones que esta jerarquía había sido impuesta por los mismos dioses, que era totalmente necesaria para el orden del universo, y que estos  eran los vínculos que existían entre la divinidad y el mundo de los hombres. Tanto es así, que se realizaban numerosos rituales de tipo chamanístico a los que solo podían acceder determinados individuos. Por otro lado, los gobernantes y la casta sacerdotal utilizaron el arte y la simbología como instrumento de propaganda para asentar de forma más sólida esta ideología en la que ellos se situaban en lo más alto.

Arte y simbología como instrumento de propaganda

Estatuilla olmeca que posiblemente represente a un chamán transformándose en jaguar.

Estatuilla olmeca que posiblemente represente a un chamán transformándose en jaguar.

Es imposible explicar de manera detallada el método de actuación de estas élites, así como la totalidad de la ideología que esconden sus obras de arte,  sobre todo porque a pesar de habernos ido un poco por las ramas, este artículo sigue queriendo explicar qué hay tras la deformación de los cráneos humanos de manera artificial. Esta vez iremos al grano. Por regla general, los individuos mesoamericanos que mostraban signos de alteración en sus cráneos estaban relacionados con gobernantes o gente situada en la cúspide de la pirámide -encontramos, por ejemplo, paralelismos en la familia real de Amarna, del Reino Nuevo de Egipto-. Esta deformación también pertenece a los actos llevados a cabo para legitimar el poder de estos grupos. En la iconografía mesoamericana encontramos representaciones de dirigentes y élites con rasgos muy característicos: cabezas alargadas y grandes colmillos, comisuras hacia abajo, adornos supraciliares, todos con un aspecto fiero, fuerte, persuasivo e intimidante, inspirando respeto a los que vienen de fuera, inspirando respeto a los que se mantienen cerca. Realmente, si nos fijamos bien, estos individuos tienen apariencia de…jaguares. El jaguar es un animal tremendamente importante para las culturas precolombinas, pues es, junto con el águila, el animal más poderoso de toda la región. Su fuerza real y la conexión de las religiones primitivas con la naturaleza hicieron que los monarcas quisieran parecerse a estos animales, que en cuestión de segundos podrían matar a cualquiera; asimismo, querrían descender de ellos, pues esto les concedería una diferenciación con el resto de seres humanos, una categoría superior y una relación directa con lo divino, de ahí que los investigadores hayan creado un término en la mitología mesoamericana denominado «hombres-jaguar». Estos detalles se observan en el arte mesoamericano representando a la élite en estelas, altares o tronos y esculturas, en muchas ocasiones con rasgos felinos  o de ave rapaz. En las célebres cabezas olmecas, los monarcas representados llevan marcas de garras de jaguar o águila en su parte posterior y, a su vez,  los documentos muestran que algunos de ellos tomaron apodos en los que incluían los nombres de estos animales. En un momento determinado, esta representación se llevó a cabo en la realidad, deformando sus cuerpos de manera voluntaria para intentar parecerse a esas fuerzas, para ellos sobrenaturales, que tanto admiraban.

Estatua de hombre-jaguar olmeca

Estatua de hombre-jaguar olmeca

Bibliografía:
Adams, Richard (2000): Las antiguas civilizaciones del Nuevo Mundo. Barcelona: Editorial Crítica.
Alcina Franch, José (2000): Las culturas precolombinas de América. Madrid: Alianza Editorial.
Amores Carredano, Juan B. et Al (2006): Historia de América. Barcelona: Editorial Ariel.
Cabello, P. (1975): «Iconógrafía y significado del jaguar en pueblos mesoamericanos: chorotegas y nicaraos». Recurso online.
López Luján, L. et Al (2001): Historia Antigua de México. vol. IV, Aspectos fundamentales de la tradición cultural mesoamericana. México : Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
Yates, N. (2007): «Ideologies of subjugation: religious as a form of control in Mesoamerica». Artículo online.
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