Corocotta: el bandolero que se burló de un emperador.

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Cuando buscamos en la historia de la Hispania antigua a un bandolero que alcanzara el rango de caudillo y se enfrentara a Roma, siempre viene a la mente la imagen del lusitano Viriato, un pastor que viendo a su pueblo traicionado por las falsas promesas de paz romana, reunió a los pocos hombres armados que pudo y mediante la guerra de guerrillas contra Roma, reunió tal poder que fue reconocido como único caudillo valido de la Lusitana hasta su asesinato.

Este caso, no es ni mucho menos, único. La historia de la Hispania libre y ocupada estuvo adornada por bastantes hombres de estas características, que obtuvieron un lugar similar en la historia, aunque por azares del destino, más sometidos al olvido. Este es el caso del cántabro Corocotta, un bandolero que se situó con el tiempo como líder de la tribu de los Cántabros y dio más de un quebradero de cabeza a Roma, siendo probablemente el único hombre que se burló del emperador Octavio Cesar Augusto y pudo contarlo con vida.

Estatua cántabra dedicada a Corocotta.

Los datos que existen sobre el héroe son bastante pocos, ya que los historiadores romanos remarcaron su existencia desde que empezó a guerrear con Roma hasta que dejó de hacerlo, osease, desde que con una edad adulta alcanzase su poder (obviando su juventud bandolera) hasta su muerte. Así pues, lo que los historiadores romanos narran es que en el año 26 a.C la guerra que se libraba en el inhóspito norte ibérico, en las actuales Cantabria y Asturias, sufrió un vuelco considerable cuando un guerrillero local conocido como Corocotta tomó las riendas de las tribus cántabras conocidas como orgenomescos, vadinianos y concanos y las llevó a la batalla. La dureza del clima y relieve cántabro unida a las tácticas militares de guerrilla de Corocotta, centradas sobre todo en el ataque a la infraestructura de suministro romana y a la guerra relámpago sobre pequeños destacamentos provocó un auténtico destrozo en el éjercito hispano-romano, que acabo exigiendo la presencia de su máximo general en la península para que conquistara todo el territorio que abarca. Este general era el mismo sucesor de César y el vencedor de los republicanos de Pompeyo y los egipcios de Cleopatra y Marco Antonio, el emperador Octavio Cesar Augusto.

Antes de proseguir con la lucha entre Corocotta y Augusto, es imprescindible saber que no estamos ante el prototipo de héroe celta como Vercingetorix, Boadicea, Caro o Viriato, sino que más bien, nos acercaríamos a un héroe un tanto bastante maquiavélico. Corocotta era un bandolero de gran inteligencia y destreza que llegó a más por parecerse a un viejo zorro que a un lobo alfa. Si triunfó y vivió para ello se debió a astucia impregnada por la clásica “El fin justifica los medios” y con esta como máxima combatió en la escarpada Cordillera Cantábrica, desafiando a Roma hasta su último aliento.

Recreacionista armado de guerrero cántabro

Su momento histórico más recordado, para vergüenza de Roma y orgullo cántabro, donde es reconocido como héroe histórico, fue el burlarse del Emperador Octavio Augusto, salir con vida y, lo que es más importante, con la bolsa llena.

Llamado Augusto a Cantabria, se enfrentó durante meses a Corocotta, que a pesar de hábiles batallas de resultados que tan pronto propiciaban tanto a uno como a otro, no conseguía infringir un golpe letal que le quitase del medio, mientras el bandolero cántabro recordaba a las legiones del Cesar un sufrimiento equivalente al de Numancia, llevándoles a la depresión y desgana al combate, equilibrando poco a poco la balanza a favor de los cántabros. Entonces Augusto puso el precio de 200.000 sestercios (1 sestercio era equivalente a cenar y dormir en una mansión de lujo con orgia romana incluida) a la cabeza de Corocotta. Este evitó las traiciones de algunos allegados (De algo tiene que servir no ser el perfecto héroe pagano) y decidió cortar con esto por lo sano.

Al mes de poner la recompensa, un desaliñado guerrero cántabro se presentó en la tienda del Cesar armado y portando un saco. Los pretorianos lo dejaron pasar ya que decía traer a Corocotta con él. El vagabundo vació su saco y los romanos, estupefactos, en vez de ver una cabeza descompuesta vieron gravilla derramarse por el suelo, y con esto el hombre dijo: “Aquí me tienes, yo soy Corocotta, ahora págame lo que me debes”. El emperador sorprendido por el valor y la arrogancia del caudillo cántabro después de un breve diálogo le dejó partir con el dinero prometido por su cabeza. Probablemente esto último no sea del todo cierto, ya que con esto reinó cierta paz durante dos o tres años en la frontera romana con las tribus cantábricas, así que puede que se acordase una tregua que Corocotta aprovechó para rearmar a sus tropas y prepararlas mejor para un nuevo ataque contra las infraestructuras y guarniciones del norte cantábrico. Esto acabo tristemente con la muerte del héroe cántabro en el año 22 a.C en la batalla del Monte Medulio, en la que muchos cántabros, galaicos y astures se suicidaron prefiriendo la muerte a la esclavitud.

Sierra de la Peña Sacra, donde se ubica el Monte Medulio

Escritor/Editor/Redactor: Zierzo

5 criticas en “Corocotta: el bandolero que se burló de un emperador.”

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    Genial artículo 🙂

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    Perfecto comienzo como escritor, Zierzo, muy bueno.

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    Antes de leer tu post, no conocía a este interesante personaje. ¡Los españoles cuando queremos tenemos un par de cojones! Ovarios en mi caso…

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    Cojonudo debut!

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    Muchas gracias zagales y señorita ^^ A ver si el resto de las Guerras Cantabricas salen igual de bien.

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