Cátaros, herejes en la Edad Media.

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El catarismo era la doctrina de los llamados cátaros, como influencia venida de Bizancio y Tierra Santa, de origen gnóstico y maniqueísta. Se expandió por Europa en el siglo X, sobre todo por el Languedoc francés.

 La doctrina cátara llegó a Europa a través de las rutas comerciales con Oriente, y los primeros cátaros se asentaron en Lemosín y en Toulouse. Pronto se intentó erradicar a los cátaros, pero éstos contaban con la protección del duque de Aquitania, y el pueblo estaba cada vez más maravillado con la forma de cristianismo cátara.

Los buenos hombres, como también eran llamados, seguían unas creencias prácticamente opuestas a la Iglesia Católica. Entre ellas, se cuestionaban la veracidad de los sacramentos, negaban el bautismo y la jerarquía eclesiástica, y pensaban que Cristo dio a todos sus apóstoles por igual. Además creían en la dualidad creadora (Satán y Dios), lo que representaría el bien y el mal del planeta, entre ellos el mundo material, las guerras, y lo más impactante, la Iglesia Católica. Asimismo, creían en la reencarnación y en una forma de vida ascética. Para ellos Yahvé, que aparecía en el Antiguo Testamento, era el Diablo. Su único sacramento era el consolamentum y una Eucaristía sin transustanciación, pues ni el pan ni el vino podían encarnar el cuerpo y la sangre de Cristo.

También negaban que el sacrificio de Cristo fuese una obra para redimir los pecados del mundo, pues encarnaba el sufrimiento; por ello, una de las pruebas a la que eran sometidos los cátaros por la Inquisición era besar una cruz, si escupían eran unos verdaderos Perfectos, condenados a la hoguera.

Poco a poco, el catarismo adquirió más adeptos; la Santa Madre Iglesia no podía permitirlo. Francia estaba poblada de herejes. La primera “cruzada” contra los buenos hombres sume el Languedoc en una guerra entre los años 1209 y 1229, aunque en 1184 ya eran quemados vivos. Sin embargo, la huella cátara no fue exterminada aún.

Castillo de Montségur, prácticamente inexpugnable.

El Papa Gregorio IX envía la Inquisición a la región del Languedoc para acabar con el mal que un año antes el obispo de Toulouse había promovido: establecer Montségur como la sede del catarismo.

La última batalla contra los cátaros terminó con el fin de la resistencia de Montségur. Unas 200 personas fueron quemadas vivas, el 16 de marzo de 1244, entre protectores y Perfectos, en El Prado de los Quemados, a los pies del castillo.

En algunos lugares siguió existiendo el catarismo, como en Italia, hasta que desapareció en el siglo XV.

Guillaume Bélibaste fue el último cátaro documentado, quemado en 1321 por la Inquisición.

Cruz occitana, símbolo cátaro, en el Prado de los Quemados.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne. 

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