¡Algo muy grave va a suceder en este pueblo!

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O acerca de la cultura del fin de los tiempos

Por: Hyacintho Sol

Un viejo cuento de García Marquez relata cómo la ocurrencia profética de una anciana, conduce al desastre de su pueblo. La simple verbalización de sus inquietudes fue el detonante de un catastrófico efecto dominó que acarreó un absurdo destino para toda la aldea. Un escenario demencial que en últimas, como suele suceder en las tragedias griegas, es el retrato literario de una profecía auto-realizada.

El sociólogo estadounidense Robert Merton formuló el concepto de Self-fulfilling prophecy, que se refiere a la definición inicialmente falsa, de una situación que termina promoviendo un nuevo comportamiento, el cual, hace de esta falsa concepción, el principio de un suceso que la convierte en autentica, o en palabras más sencillas, como sentencia el teorema económico de Thomas, sobre el que Merton derivó su formulación: si una situación es definida como real, esa situación tiene efectos reales. Justamente eso fue lo que sucedió a la anciana y su pueblo, e irónicamente, algo semejante podría ocurrir a la civilización occidental, si continúa esa vieja costumbre de señalar fechas de caducidad para el mundo.

Desde los albores del cristianismo, la empresa apostólica ha predicado un discurso centrado en la naturaleza pecadora del ser humano, el redentor sacrificio del mesías y la inminencia del fin de los tiempos. Un discurso que quedó anclado en el corazón de Occidente y su concepción del mundo. La cosmogonía judeocristiana implantó una visión lineal del tiempo y unidireccional de los acontecimientos, a diferencia de otras doctrinas como el budismo, cuya perspectiva cíclica de la vida es ajena a la noción del “fin del fin”. En efecto, la escatología cristiana ha sembrado incertidumbre, a lo largo de dos milenios, sobre la proximidad del advenimiento final, promoviendo la reacción de muchos creyentes que han orientado su comportamiento de acuerdo a esta expectativa.

El 31 de diciembre del año 999, durante el pontificado de Silvestre II, se temió la inminencia del fin de los tiempos. Al acercarse el primer milenio de la era cristiana, muchos consideraron oportuna esta fecha para la segunda venida del mesías. A lo largo de aquel año se observaron innumerables actos de penitencia por toda la Europa cristiana, y una asidua peregrinación a Tierra Santa. Siglos más tarde, en tiempos de la Peste Negra, entre los años 1347 y 1353, Europa experimentó un aturdimiento colectivo debido a la letalidad y rapidez con que se propagó dicha epidemia. En efecto, se especuló que estos acontecimientos eran señal incuestionable de que se aproximaba la tan profetizada fecha. Desde luego, la pandemia cesó, el mundo no terminó y la cristiandad continuó elucubrando sobre su propio destino.

La Ilustración trajo consigo una nueva perspectiva en la comprensión de la naturaleza y del ser humano. Desde entonces, el pensamiento crítico se instauró como una brújula para Occidente. No obstante, a pesar del nuevo ambiente intelectual y científico, la semilla plantada por el cristianismo persistió, y el fantasma del Apocalipsis incluso asumió otras formas en consonancia con los nuevos tiempos.

El 31 de diciembre del año 1999 también fue un día temido. Se cumplían 2 mil años del nacimiento de Jesucristo, pero en esta ocasión un elemento hasta entonces inédito, se sumó a la inquietud colectiva sobre el final del mundo. Debido a un error de programación, eventualmente algunas computadoras sufrirían problemas de funcionamiento con el cambio de milenio. Este acontecimiento fue denominado por la prensa el Efecto 2000. Por supuesto, al acercarse esta fecha surgieron rumores sobre un eventual colapso de los todos los sistemas informáticos, alimentando el temor de algunos sobre un Apocalipsis al estilo The Terminator.

La exhibición mediática entorno al 21 de diciembre del año 2012 es prueba de cómo esta creencia escatológica ha sufrido cierta escisión de la cosmogonía cristiana, ahora, adaptándose a otras esferas culturales. La propaganda relacionada con supuestas “Profecías Mayas” es parte de un fenómeno más amplio y complejo, que probablemente tiene su origen en la mitología judeocristiana, pero que, en sintonía con estos tiempos de avanzada secularización e irrupción de creencias exóticas, como la Nueva Era, ha logrado cierta autonomía de su habitáculo tradicional. Dicho fenómeno puede entenderse como la cultura del fin de los tiempos que ha permeado a Occidente durante cientos de años y que ha evolucionado de acuerdo con el pasar de las épocas y la transformación del pensamiento.

Esta cultura del fin de los tiempos, ya libre de su matiz  judeocristiano, se ha valido de otros recursos discursivos para mantener su vigencia. La secularización de los más profundos cuestionamientos religiosos ha provocado una amalgama de creencias extravagantes como la teoría de los antiguos astronautas, actualmente popularizada por el sensacionalista y tendencioso The History Channel. E incluso, confesiones religiosas como la Cienciología o el Movimiento Raeliano. Creencias todas que tienen al fenómeno ovni como elemento central de sus respectivas doctrinas.

En los últimos años, asociado a esta cultura del fin de los tiempos, se ha desarrollado el movimiento «prepper» o «survivalist», la reacción lógica de algunos creyentes ante la expectativa de futuras catástrofes. Temerosos a cualquier eventualidad que amenace su bienestar, se preparan para afrontar una gran variedad de calamidades, desde crisis económicas hasta catástrofes naturales e incluso, sobrenaturales. Con el propósito de ser autosuficientes ante cualquier coyuntura e interrupción del orden público, construyen sofisticados equipamientos (como refugios antibombas) para sobrevivir a todo tipo de contingencias; adquieren reservas de alimentos y medicamentos; algunos se entrenan en técnicas de defensa personal y el uso de armas, e inclusive, almacenan pertrechos.

En efecto, no sólo el rostro del Apocalipsis ha evolucionado, también ha cambiado la forma como están reaccionado algunas personas al presentimiento de su inminencia. Antaño, la fe era la única herramienta que tenían los creyentes para hacer frente a dichos temores; en la actualidad muchos están buscando hacerse con los recursos y técnicas necesarios que les permita sobrevivir al “Día del Juicio”; se ven a sí mismos como eventuales supervivientes en un mundo post-apocalíptico al estilo Mad Max. Sin embargo, esta nueva raza de “entusiastas” del fin del mundo –adeptos a cavar fosos y coleccionar armas, algunos de ellos viviendo en los países desarrollados y bien conocidos por su recelo del Estado y las instituciones públicas– no han considerado la poco probable, pero irónica posibilidad de que ellos mismos sean un instrumento del destino, el destino labrado por sus propios actos y temores.

Seguramente, algunos despiertan todas las mañanas con una inquietud que ronda sus cabezas y perturba su tranquilidad: ¡Algo muy grave va a suceder en este mundo!

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Cortesía: elombligodelocio.files.wordpress.com

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