Precisión y belleza de un poema de Safo

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E invitación a leer dos textos

Por: Hyacintho Sol

Escribir en este espacio ha sido una oportunidad ideal para desarrollar crítica y libremente diferentes temas, y a la postre, reivindicar algunas manifestaciones culturales que a mi juicio merecen reconocimiento. Tal vez, labor ingenua en un mundo donde los contenidos audiovisuales son por excelencia más accesibles al gran público; donde el interés por lo inmediato y ligero es ley, y el ejercicio de la lectura suele depender de los incentivos «correctos», esos que aquí no poseemos. Escribir en estas circunstancias es como envasar mensajes y tirarlos al mar; pero que grato es cuando algún peregrino los rescata, y esos pequeños triunfos valen la pena.

Safo y las Pléyades

Ahora sin embargo, escribo como entusiasta estafeta, sencillamente porque mis consideraciones sobran a luz del tratamiento que, desde diferentes fuentes, se ha hecho del tema que aquí abordaré. Me limito a divulgar esta nueva con poco despliegue mediático, pero que conmovió a más de uno, incluyéndome, y liberó nuestra imaginación con la sola resonancia de un poema de aproximadamente 25 siglos. Por allá en el 550 a.C., Safo de Mitilene, mejor conocida como Safo de Lesbos, compuso estas líneas:

Δέδυκε μεν ἀ σελάννα
καὶ Πληΐαδες‧ μέσαι δὲ
νύκτες‧ πάρα δ᾽ ἔρχετ᾽ ὤρα,
ἔγω δὲ μόνα κατεύδω.

Y en su versión transliterada:

Dédyke men a selána

 kai pleíades. Mésai de

 nýktes. Pará d’érjet óra.

Égo de móna katéudo

De todas las traducciones descritas en un ensayo al que pronto haré alusión, escogí ésta de Carlos Montemayor y resuelta en dos versos:

Se han puesto la luna y las Pléyades; ya es media

noche; las horas avanzan, pero yo duermo sola.

Melancólico pero sobrio; su belleza es su sencillez. Este Poema de Medianoche, como suele intitularse, es conocido gracias a un antiguo manual de métrica. Como buen ejemplo de la poesía lírica, concibe una comunión entre la soledad percibida allá en el horizonte celeste y aquélla soportada por la narradora en su intimidad. Sin embargo, estos versos también codifican con elegancia el período del año en que fue inspirada su composición: cuando el ocultamiento de dichos astros antes de una media noche. Y solo después de más de dos milenios de avances técnicos y científicos, se logró datar con cierta puntualidad el advenimiento de esa musa en la vida de nuestra poetisa.

No es frecuente que la astronomía como ciencia de los fenómenos celestes se aproxime a un tema tan ajeno como lo es el análisis poético. Sucede que esta investigación ha resultado bien útil para poner a prueba las capacidades de un avanzado software de cartografía astronómica y de paso, comprobar una interesante tesis acerca de la datación de este poema.

En el año 1990, los científicos computacionales Israel Herschberg y Johan Mebius concluyeron que  este poema fue escrito a finales de invierno o principios de primavera, un lapso de tiempo que no es inusual para la composición y quizá declamación ritual de la poesía de naturaleza amatoria. Por su parte, la reciente apuesta de Manfred Cuntz y compañía (2016) consistió en revisar esta conclusión mediante el uso, entre otros, del programa Starry Night versión 7.3, tomando como referencia (valga decir que de manera parcialmente arbitraria) el año 570, fecha en que según sus fuentes presuntamente murió Safo; y suponiendo también a Mitilene, capital de Lesbos, como lugar de avistamiento.

Temí que al leer su artículo para la Journal of Astronomical History and Heritage, y titulado Revisión de la datación estacional del Poema de Medianoche de Safo, me toparía con un ladrillo muy técnico y retador, pero descubrí en cambio una amena y metódica indagación de todas las pistas disponibles para dar sentido historiográfico y astronómico a este poema: ¿Cómo pudieron saber con certeza los antiguos lesbios cuándo era la media noche? Bueno, quizás con la clepsidra, un antiguo instrumento que medía el tiempo con la caída del agua en diferentes envases. ¿Acaso la situación geográfica de Mitilene afectó la observación de Alcíone, la estrella más brillante del mítico asterismo? Sin duda, y esto se relaciona con la puesta aparente de las Pléyades siendo observadas a simple vista desde este lugar y en diferentes días del año. Desde luego, para su entendimiento cabal, ciertas explicaciones requieren el manejo de algunos conocimientos especializados como la extinción atmosférica o el método de visibilidad estelar durante los crepúsculos de Belokrylov. No obstante, éstas no son limitantes para que un lector desprevenido comprenda a grandes rasgos el propósito y hallazgos de dicha investigación.

En últimas, un artículo realmente interesante, de cuyos atributos se destaca el vínculo que logra establecer entre saberes de diferentes disciplinas: desde la arqueología hasta la astronomía; desde la geografía hasta la poética. La confirmación de la tesis de Herschberg y Mebius –quienes apropósito tienen el mérito de haber llegado a esta conclusión sin disponer de instrumentos de medición avanzada–, aterriza sin muchos apuros. A manera de epílogo, Cuntz y compañía terminan reconociendo el aporte informal que Safo hizo al antiguo saber astronómico.

Embelesado con esta novedad, decidí buscar más información sobre el misterioso poema con el ánimo de escribir algo al respecto, entonces di con un fascinante ensayo de Gabriel Zaid para la revista Letras Libres y titulado Un poema de Safo. Resultó ser una imponente exégesis, palabra por palabra, de todos sus versos con el pretexto de dilucidar los orígenes de la poesía lírica amorosa. Allí se detiene a repasar algunas traducciones en lengua castellana. Y no solo eso, también se refiere al oscuro asunto de la datación tomando como base el trabajo de Cornelius Castoriadis,[1] un filósofo y psicoanalista griego que, contradiciendo los estudios ya mencionados, ubica la fecha de composición 10 años después, en el 580 a.C, y señalando a la primera luna nueva de la primavera como testigo probable de esta obra de Safo.[2] El mismo Zaid naufraga en su intento de comprobar esta conjetura recurriendo a diversos planetarios virtuales en la web. Finalmente se limita a expresar sus frustraciones y anhelos al respecto:

«Tampoco pude encontrar información segura sobre el calendario agrícola en la antigua Grecia. Ojalá que alguien pueda verificar la tesis de Castoriadis, y de paso las afirmaciones agrícolas de Hesíodo, que no entendí.» (pág. 44)

¿Acaso el misterio en torno a este asunto terminó a la luz de los últimos hallazgos? Me gustaría creer que la última palabra no ha sido dicha, y que aún quedan piezas por encontrar. Lo que sí me quedó claro de este ensayo es que sería advenedizo de mi parte intentar si quiera abordar el problema interpretativo de estos brevísimos versos. Su lectura ha sido un deleite y al mismo tiempo fue una auténtica lección sobre cómo aproximarse a temas de este calibre.

Desde entonces he limitado mis esfuerzos a recrear en mi cabeza esa oscura, mediterránea y fría noche en la que Safo de Lesbos sintió el peso de la soledad cayendo desde las cornisas del firmamento.

Lecturas recomendadas:

Cuntz, M; Gurdemir, L; Gerorge, M. Seasonal dating of Sapphos Midnight Poem’ Revisited. En: Journal of Astronomical History and Heritage, 19(1), 18–24 (2016).

Zaid, G. Un poema de Safo. En: Letras Libres (Edición España), 18(3), 42–45 (2008).

 

[1] Figuras de lo pensable. Encrucijadas del laberinto VI: publicado póstumamente. La edición usada por Zaid es de Cátedra (1999), también hay otra en español del Fondo de Cultura Económica (2001).

[2] Por su parte, el equipo de Cuntz es claro en afirmar que la referencia a la puesta de la luna en el poema de Safo, no ofrece información valiosa para hacer una datación más precisa. Según ellos, la mención de la ausencia de la luna es irrelevante para estos efectos.

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