Vértigo y sosiego

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Por: Hyacintho Sol

Vértigo y sosiego

***

Seducción.

Mahakali recuerda

en la prominencia eterna

del abismo estamos.

***

Convicción.

Diva bendita

ausculta

desde la hondonada.

***

Decisión.

Siempre orgullosa

augura

vértigo y sosiego…

***

Hyacintho Sol

En honor de Jon Nödtveidt, tras 10 años de su muerte.

Precisión y belleza de un poema de Safo

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E invitación a leer dos textos

Por: Hyacintho Sol

Escribir en este espacio ha sido una oportunidad ideal para desarrollar crítica y libremente diferentes temas, y a la postre, reivindicar algunas manifestaciones culturales que a mi juicio merecen reconocimiento. Tal vez, labor ingenua en un mundo donde los contenidos audiovisuales son por excelencia más accesibles al gran público; donde el interés por lo inmediato y ligero es ley, y el ejercicio de la lectura suele depender de los incentivos «correctos», esos que aquí no poseemos. Escribir en estas circunstancias es como envasar mensajes y tirarlos al mar; pero que grato es cuando algún peregrino los rescata, y esos pequeños triunfos valen la pena.

Safo y las Pléyades

Ahora sin embargo, escribo como entusiasta estafeta, sencillamente porque mis consideraciones sobran a luz del tratamiento que, desde diferentes fuentes, se ha hecho del tema que aquí abordaré. Me limito a divulgar esta nueva con poco despliegue mediático, pero que conmovió a más de uno, incluyéndome, y liberó nuestra imaginación con la sola resonancia de un poema de aproximadamente 25 siglos. Por allá en el 550 a.C., Safo de Mitilene, mejor conocida como Safo de Lesbos, compuso estas líneas:

Δέδυκε μεν ἀ σελάννα
καὶ Πληΐαδες‧ μέσαι δὲ
νύκτες‧ πάρα δ᾽ ἔρχετ᾽ ὤρα,
ἔγω δὲ μόνα κατεύδω.

Y en su versión transliterada:

Dédyke men a selána

 kai pleíades. Mésai de

 nýktes. Pará d’érjet óra.

Égo de móna katéudo

De todas las traducciones descritas en un ensayo al que pronto haré alusión, escogí ésta de Carlos Montemayor y resuelta en dos versos:

Se han puesto la luna y las Pléyades; ya es media

noche; las horas avanzan, pero yo duermo sola.

Melancólico pero sobrio; su belleza es su sencillez. Este Poema de Medianoche, como suele intitularse, es conocido gracias a un antiguo manual de métrica. Como buen ejemplo de la poesía lírica, concibe una comunión entre la soledad percibida allá en el horizonte celeste y aquélla soportada por la narradora en su intimidad. Sin embargo, estos versos también codifican con elegancia el período del año en que fue inspirada su composición: cuando el ocultamiento de dichos astros antes de una media noche. Y solo después de más de dos milenios de avances técnicos y científicos, se logró datar con cierta puntualidad el advenimiento de esa musa en la vida de nuestra poetisa.

No es frecuente que la astronomía como ciencia de los fenómenos celestes se aproxime a un tema tan ajeno como lo es el análisis poético. Sucede que esta investigación ha resultado bien útil para poner a prueba las capacidades de un avanzado software de cartografía astronómica y de paso, comprobar una interesante tesis acerca de la datación de este poema.

En el año 1990, los científicos computacionales Israel Herschberg y Johan Mebius concluyeron que  este poema fue escrito a finales de invierno o principios de primavera, un lapso de tiempo que no es inusual para la composición y quizá declamación ritual de la poesía de naturaleza amatoria. Por su parte, la reciente apuesta de Manfred Cuntz y compañía (2016) consistió en revisar esta conclusión mediante el uso, entre otros, del programa Starry Night versión 7.3, tomando como referencia (valga decir que de manera parcialmente arbitraria) el año 570, fecha en que según sus fuentes presuntamente murió Safo; y suponiendo también a Mitilene, capital de Lesbos, como lugar de avistamiento.

Temí que al leer su artículo para la Journal of Astronomical History and Heritage, y titulado Revisión de la datación estacional del Poema de Medianoche de Safo, me toparía con un ladrillo muy técnico y retador, pero descubrí en cambio una amena y metódica indagación de todas las pistas disponibles para dar sentido historiográfico y astronómico a este poema: ¿Cómo pudieron saber con certeza los antiguos lesbios cuándo era la media noche? Bueno, quizás con la clepsidra, un antiguo instrumento que medía el tiempo con la caída del agua en diferentes envases. ¿Acaso la situación geográfica de Mitilene afectó la observación de Alcíone, la estrella más brillante del mítico asterismo? Sin duda, y esto se relaciona con la puesta aparente de las Pléyades siendo observadas a simple vista desde este lugar y en diferentes días del año. Desde luego, para su entendimiento cabal, ciertas explicaciones requieren el manejo de algunos conocimientos especializados como la extinción atmosférica o el método de visibilidad estelar durante los crepúsculos de Belokrylov. No obstante, éstas no son limitantes para que un lector desprevenido comprenda a grandes rasgos el propósito y hallazgos de dicha investigación.

En últimas, un artículo realmente interesante, de cuyos atributos se destaca el vínculo que logra establecer entre saberes de diferentes disciplinas: desde la arqueología hasta la astronomía; desde la geografía hasta la poética. La confirmación de la tesis de Herschberg y Mebius –quienes apropósito tienen el mérito de haber llegado a esta conclusión sin disponer de instrumentos de medición avanzada–, aterriza sin muchos apuros. A manera de epílogo, Cuntz y compañía terminan reconociendo el aporte informal que Safo hizo al antiguo saber astronómico.

Embelesado con esta novedad, decidí buscar más información sobre el misterioso poema con el ánimo de escribir algo al respecto, entonces di con un fascinante ensayo de Gabriel Zaid para la revista Letras Libres y titulado Un poema de Safo. Resultó ser una imponente exégesis, palabra por palabra, de todos sus versos con el pretexto de dilucidar los orígenes de la poesía lírica amorosa. Allí se detiene a repasar algunas traducciones en lengua castellana. Y no solo eso, también se refiere al oscuro asunto de la datación tomando como base el trabajo de Cornelius Castoriadis,[1] un filósofo y psicoanalista griego que, contradiciendo los estudios ya mencionados, ubica la fecha de composición 10 años después, en el 580 a.C, y señalando a la primera luna nueva de la primavera como testigo probable de esta obra de Safo.[2] El mismo Zaid naufraga en su intento de comprobar esta conjetura recurriendo a diversos planetarios virtuales en la web. Finalmente se limita a expresar sus frustraciones y anhelos al respecto:

«Tampoco pude encontrar información segura sobre el calendario agrícola en la antigua Grecia. Ojalá que alguien pueda verificar la tesis de Castoriadis, y de paso las afirmaciones agrícolas de Hesíodo, que no entendí.» (pág. 44)

¿Acaso el misterio en torno a este asunto terminó a la luz de los últimos hallazgos? Me gustaría creer que la última palabra no ha sido dicha, y que aún quedan piezas por encontrar. Lo que sí me quedó claro de este ensayo es que sería advenedizo de mi parte intentar si quiera abordar el problema interpretativo de estos brevísimos versos. Su lectura ha sido un deleite y al mismo tiempo fue una auténtica lección sobre cómo aproximarse a temas de este calibre.

Desde entonces he limitado mis esfuerzos a recrear en mi cabeza esa oscura, mediterránea y fría noche en la que Safo de Lesbos sintió el peso de la soledad cayendo desde las cornisas del firmamento.

Lecturas recomendadas:

Cuntz, M; Gurdemir, L; Gerorge, M. Seasonal dating of Sapphos Midnight Poem’ Revisited. En: Journal of Astronomical History and Heritage, 19(1), 18–24 (2016).

Zaid, G. Un poema de Safo. En: Letras Libres (Edición España), 18(3), 42–45 (2008).

 

[1] Figuras de lo pensable. Encrucijadas del laberinto VI: publicado póstumamente. La edición usada por Zaid es de Cátedra (1999), también hay otra en español del Fondo de Cultura Económica (2001).

[2] Por su parte, el equipo de Cuntz es claro en afirmar que la referencia a la puesta de la luna en el poema de Safo, no ofrece información valiosa para hacer una datación más precisa. Según ellos, la mención de la ausencia de la luna es irrelevante para estos efectos.

Sobre islam y corrección política

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Por: Hyacintho Sol

Los recientes incidentes terroristas en Francia y Bélgica enrarecen aún más el ambiente político europeo. Los emergentes partidos de extrema derecha se han valido de esta coyuntura para reforzar su discurso euroescéptico, de antiinmigración e islamófobo. Lo que resulta paradójico de esta situación es que algunos medios de comunicación secundados por una buena parte de la intelectualidad europea arremeten, amparados en el manto de la corrección política, contra la crítica racional del islam, incluso aquella con ánimo reformista, tildándolas de pura islamofobia.

El caso del escritor argelino Kamel Daoud es sintomático de esta incursión de las «buena maneras» en el posicionamiento frente a diversidad de temas especialmente sensibles en Occidente. En un artículo escrito para La Repubblica de Italia y reproducido en Francia por Le Monde, Daoud ofrece una explicitación de la ola de ataques sexuales en Colonia, Alemania, en vísperas del 2016. En Colonia. El cuerpo de las mujeres y el deseo de libertad de aquellos hombres desterrados,[1] señala que en un contexto cultural donde los musulmanes soportan represión sexual, no sorprende que la mujer, como origen de un deseo necesario, sea negada, sufra rechazo, sea objeto de posesión y corra el riesgo de morir. La mujer, así entendida, es culpable de un gravísimo delito: ser fuente de vida, y la vida, para algunos fundamentalistas, es una pérdida de tiempo. Un monstruoso silogismo teológico que termina identificando a la mujer con la causa de la perdida pérdida del alma.

Como era de esperarse, esta interpretación de Daoud condujo a una polémica especialmente en Francia donde un colectivo de intelectuales objetó [original / versión en inglés] las afirmaciones del novelista al considerar que éstas reproducen viejos clichés orientalistas, además de alimentar los temores que los movimientos islamófobos intentan infundir en la opinión pública.

En Project Syndicate, Raphaël Hadas-Lebel señala que estos cuestionamientos son legítimos en la medida que Daoud se ahorra el análisis de las razones económicas, políticas y sociales que desde luego también sirven pare efectos explicativos, en cambio, conformándose con una interpretación «esencialista» que vincula las acciones individuales a todo un aparataje cultural y religioso subyacente. Sin embargo, el mismo Hadas-Lebel advierte que los críticos del novelista cometieron el error de acusarlo de banalizar la crítica racista detrás de una parafernalia humanista. Argumenta que este tipo de críticas terminan deslegitimando las reivindicaciones que hace Daoud del papel de la mujer en el mundo musulmán así como su análisis, aunque muy controvertido, de los tabúes sexuales.

Afilar la crítica ante una argumentación debatible es una cosa, poner en duda, mediante argucias ad hominem, la legitimidad de un interlocutor al acusarlo de defender soterradamente postulados islamófobos, es otra. Resulta curiosa la postura de los críticos de Daoud, que le reconocen en el contexto magrebí como parte de una minoría intelectual enfrentada al puritanismo ocasionalmente violento. Y sin embargo, al sostener los mismos argumentos en Europa, resulta entonces un islamófobo pendenciero; como si en un contexto fuese incorrecto pronunciarse en el mismo sentido como es perfectamente legítimo en otro.

Esta contradicción se explica, a mi juicio, por esa extraña mezcla de mala conciencia y relativismo axiológico que se ocultan en la opinión bienintencionada de algunos intelectuales. Las sombras de los crímenes del fascismo o del pasado colonialista están enquistadas en el imaginario público europeo. No en vano los debates, usualmente políticos, suelen llegar a un punto muerto cuando una de las partes acusa a la otra de ser nazi, o alguna de sus variantes, o en este caso, de islamófoba. Esa huella mnémica en la conciencia colectiva europea, por no decir occidental, suele aparecer como una suerte de tic en los momentos de mayor efervescencia dialéctica, especialmente cuando se sobrepasan los límites de la corrección política. El resultado: la banalización del significado histórico e ideológico del fascismo, además de una caída en la calidad del debate o peor aún, su terminación definitiva.

Ahora bien, al estudiar los valores y normas de una determinada cultura en el marco del relativismo axiológico, se advierte la naturaleza puramente local y convencional de dichos códigos sociales. Es una perspectiva que por definición evita evaluar las calidades ético-morales de las costumbres en cualquier sociedad. Esta negación de un referente axiológico absoluto entra sin embargo en conflicto con postulados de origen occidental, con clara pretensión universalista, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Obviamente, este relativismo permite una compresión de las culturas en el marco de su propio desarrollo histórico, de sus logros y alcances, sin embargo, esto de ningún modo impide hacer una valoración crítica, igualmente legítima, desde los valores concebidos en Occidente, que han evolucionado en sintonía con el avance del conocimiento. Algunos intelectuales, quizá por cierto recelo poscolonialista, se cuidan de herir sensibilidades a la hora de opinar sobre estos temas.

Es cierto, hay un extenso dosier colonialista y de aventuras bélicas en Medio Oriente y el norte de África, y desde luego las consecuencias saltan a la vista. El fracaso del proyecto panarabista, en parte debido a los intereses de las potencias occidentales e Israel, es una de las semillas del ascenso del yihadismo internacional. No hablemos de la Guerra de Iraq. Sin lugar a dudas Occidente tiene parte de la responsabilidad de la situación actual en Medio Oriente. No obstante, ¿acaso esta deuda histórica desacredita cualquier lectura crítica de la realidad social y religiosa del mundo islámico o de su relación con fenómenos socio-políticos en el seno de Europa? ¿Cuál es el temor de decir que en el mundo musulmán es cotidiano el maltrato a la mujer y que algunas costumbres misóginas podría estar siendo exportadas a Occidente?

Como pilar de la democracia, la libertad de expresión no se puede restringir en aras de la corrección política. De garantizar una racional y pública exposición de ideas, depende la salud de cualquier democracia. Es justamente en un clima de libertad que el pensamiento crítico, clave para desentrañar aquellas ideas que se precian de interpretar y representar al mundo, permite a los ciudadanos sopesar las opiniones bien informadas que los lleve a tomar decisiones a diferentes niveles, desde su vida cotidiana hasta política. Por eso la labor de académicos y periodistas debe ser honesta y respetuosa, más aún en tiempos de coyuntura sociopolítica.

En su momento Immanuel Kant señaló que la libertad para hacer un uso público de la razón sustenta la construcción histórica e ideológica de la ilustración. Y justamente denunció el papel de la tutoría como un obstáculo en el ejercicio autónomo del pensamiento; nadie puede pensar por otra persona, y en un sentido más contemporáneo, ninguna elite intelectual puede arrogarse el derecho de censurar una opinión que no se ajuste a los cánones del «correcto pensamiento».

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Charlie Hebdo. Dos portadas recibidas de formas muy distintas por el público, pero un solo sentido de la irreverencia.

La defensa de la libertad de expresión exige una continua reflexión sobre la tolerancia con el pensamiento disidente, por más «incorrecto» que éste sea. Un ejemplo es la sorprendente ingenuidad, o quizá el oportunismo, de quienes proclamaron a los cuatro vientos el lema: ¡Je suis Charlie!, tras el atentado terrorista contra el semanario satírico Charlie Hebdo, y meses después se rasgaron las vestiduras con la portada del mismo semanario que satirizaba sobre el horror de los refugiados que morían intentando llegar a Europa. Sencillamente la libertad de expresión es un valor que en sí mismo no está garantizado, y siempre es necesario defenderlo no solo del fanatismo religioso, también de la indignación fácil de quienes se atribuyen una autoridad moral, política o académica. Nadie debería salir del debate, como resolvió Daoud, quien ante la critica agresiva, renunció a sus labores periodísticas y prefirió concentrase en las literarias.

[1] Traducción libre: «Colonia. Il corpo delle donne e il desiderio di libertà de quegli uomini sradicati dalla loro terra».

Entrevista a Osuna y Leña

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Por: Hyacintho Sol

«Cantó en el cielo el azul de la noche
y el ruiseñor huyó al umbral del tiempo».

Jorge Gaitán Durán

Osuna y leña es la musicalización de un paisaje. Su poesía y melodías retratan la belleza y sosiego de la altiplanicie cundiboyacense, de sus valles y atardeceres. Pero su sed de saberes no se conforma con las aguas que ofrecen estas tierras, sus raíces también se hunden en dominios ibéricos en busca de memorias lejanas.

La semilla de esta banda fue sembrada una tarde boyacense. La evocadora puesta de sol ha inspirado desde entonces a tres jóvenes bogotanos: Antonio Espinosa, Manuela Cano y Francisco Fernández, que apuestan por un neofolk con aire post-rockero, y distinguido por su bucolismo melancólico. Ós i fusta fue una tentativa inicial, en clave catalana, de descifrar aquella pulsión creativa, esa nueva sensibilidad de los pequeños relatos. Finalmente se decidieron por Osuna y Leña, eso sí, sin olvidar todo ese acervo lingüístico que hace de España un país culturalmente variopinto.

Ahora que lo pienso, los breves temas de su primer EP, El Sol de los Venados, me sugieren alguna sintonía con el concepto nipón de mono no aware: aquella contemplación poética de lo efímero. De esos instantes de la vida, colmados de sentido, que sin embargo colapsan ante la sobreviniente cotidianidad. Las guitarras de Antonio y Francisco y la apacible voz de Manuela, nos revelan algo de ese ánimo contemplativo.

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Desde luego, todas estas impresiones me motivaron a saber más. Entrevistarles sería interesante.

Felizmente, una soleada tarde de Semana Santa quedé con Francisco, quien amablemente resolvió mis preguntas en una tradicional librería-café de Bogotá…

¿Cómo inició este proyecto musical?

Realmente todo comenzó una tarde, una tarde en Boyacá. Estábamos viendo el atardecer con Antonio Espinosa, el otro guitarrista, y pensamos: «alguien tiene que hablar de esto, esto tiene que quedar registrado en algún lugar…, el campo boyacense y nuestra forma de vivirlo y de experimentarlo». Y ahí fue donde nació la idea del primer disco que se llama El Sol de los Venados, un tema recurrente en la poesía colombiana; queríamos darle vida con nuestra música.

Entiendo que esto es un proyecto alterno, si se puede decir, de la banda Cóndor (Death-Doom Metal), y que de cierto modo, también se rescatan un poco las temáticas que maneja esta banda. ¿Cómo ha sido la transición entre Cóndor y Osuna y Leña?   

Más que todo musicalmente. Es lo más extraño. Porque cuando tocamos con Cóndor se siente una atmósfera bélica, de combate… la sangre hierve; y es muy diferente a tocar una música que está mucho más relacionada con el campo colombiano, que también es un lugar violento pero también tiene su calma, sus momentos de quietud y de silencio. Que es un poco lo que trata de recoger esta música.

Resulta fuera de lo común que una agrupación colombiana tenga una evidente influencia del neofolk europeo, ¿Por qué decidieron emprender este camino hacia este estilo de música, muy exótica para Colombia?

No sabría cómo responderle, la verdad. Creo que ha sido el tiempo y un montón de coincidencias las que nos terminaron llevando hacia el neofolk. Y eventualmente, por algún motivo, pareció un lenguaje adecuado para hablar de lo que nos estaba pasando. Más que una decisión consiente, fue un impulso irracional. Simplemente terminó ocurriendo.

¿Qué bandas influenciaron a Osuna y Leña?

Por lo menos de mi parte, en la que más pienso cuando toco es en Vàli, de Noruega. También está Lönndom, una gran banda. Y otros muchos grupos de neofolk también. En cierta parte, especialmente en la técnica de la guitarra, hay mucha influencia de grupos de post-rock como Explosions in the Sky…, Mogwai. Y bueno, también hay mucho de metal, en la atmósfera y el sonido, como la textura de ciertas guitarras acústicas del black metal.

¿Cómo fue el proceso compositivo de El Sol de los Venados?

Comenzamos a hacer una pequeña estructura de cómo podrían funcionar unas miniaturas sobre el atardecer, empezamos a componer cosas y a encontrar canciones que se acoplaran a esa estructura, que funcionaran bien entre ellas, todo en relación con esa idea del atardecer boyacense. Las letras fueron saliendo a medida que salía el proceso…

O sea, fue paralela la composición musical y la elaboración de las letras.

Sí, fue paralelo. En algunos casos, teníamos una letra y pensábamos en una música que se ajustara a ese formato.

Entiendo que este primer lanzamiento fue exclusivamente en línea, de ser así ¿tienen proyectado hacer un lanzamiento en formato físico?

Sí, tenemos pensado sacar en formato físico. Estamos todavía recaudando fondos para poder hacer la impresión. No solo en CD, también en vinilo, podría ser una buena idea. Estaría mucho más restringido en copias por los precios, pero creo que sería estéticamente mucho más agradable.

Escuchando las canciones de Osuna y leña, uno puede observar que hay una gran influencia de tradiciones ibéricas en las letras, ¿a qué se debe esta influencia de tradiciones gallegas o vascas?

Parte del mismo proyecto de Cóndor y Osuna. Es reinterpretar lo qué es nuestra historia, la historia colombiana, y eso implica también reinterpretar de dónde venimos y la lengua que hablaron nuestros antepasados; rescatarla de alguna forma y darle un sentido propio. Son lenguajes que además tienen un potencial poético increíble, muy «explotable». Lastimosamente no hemos escrito nada en vasco todavía, pero es uno de los proyectos que tenemos. Por la cantidad de vascos que llegaron a Colombia, es importante reconocer que son como una sombra en las migraciones que llegaron, de las que casi no se habla. Un capítulo silencioso de nuestra historia.

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De izquierda a derecha: Francisco Fernández, Antonio Espinosa y Manuela Cano.

La letra de la canción «El Regreso», es de hecho un poema de Jorge Gaitán Durán. Esto me lleva a preguntar: ¿Qué otras fuentes literarias han inspirado a Osuna y Leña?

Es una pregunta complicada. Es un proceso que viene de muchísimos sitios. Jorge Gaitán Durán es de las principales influencias. Él tiene una sonoridad muy colombiana, por extraño que suene eso. «El Regreso» es un poema que, creo yo, tiene una sonoridad que solo tiene sentido en un colombiano. Otro gran escritor, cuya influencia no es tanto formal sino filosófica, es Nicolás Gómez Dávila, que es realmente el núcleo compositivo de lo que queremos hablar…

Pero qué interesante, un escritor (Gaitán Durán) muy liberal y el otro (Gómez Dávila) más hacia el lado conservador. Eso suena muy interesante para una banda. No hay un miramiento político, simplemente son las fuentes literarias y la belleza que hay detrás de sus escritos, independientemente de su filiación política.                    

De acuerdo, si hay una filiación política es implícita y como una consecuencia de ciertas consideraciones formales que tenemos del mundo, más que una postura que tomemos a priori sobre él. Gómez Dávila también tiene una particularidad, y es de las influencias que se podrían hablar de él: el tema de las miniaturas, de las pequeñas cosas y el espacio. El manejo de situaciones más bien frecuentadas.

Y yendo a otras influencias literarias, por lo menos de mi parte, comencé con las vanguardias surrealistas, pasé por toda la épica medieval, por mucha poesía medieval, que es de donde sacamos las formas líricas y poéticas que usamos. Las influencias podrían ser millones, es una lista de la que no podría dar cuenta.

¿Cómo fue la experiencia de abrir a Antimatter en el último concierto?

Fue espectacular, la verdad. No pudo ser una mejor audiencia, fue un público muy atento, que se dejó contagiar por la atmósfera que les estábamos brindando. Muy abiertos a bandas nuevas, que fue de las cosas más fascinantes: tener una audiencia que quisiera escuchar eso y que realmente estuviera tan pendiente de nuestra música. Fue una oportunidad espectacular, sin duda, y no podríamos estar más agradecidos con Nelson Varela (organizador del evento), que nos dio la oportunidad de hacer eso.

¿Ustedes lo contactaron a él o él los contactó a ustedes?      

Él nos contactó a nosotros, por medio de… Guarín, otro melómano curioso que encontró nuestra banda. Y unos días antes de que fuera el concierto, habló con Varela y le gustó Osuna y Leña, y pensó que podríamos ser buenos teloneros. Y bueno, esa fue la historia.

¿Qué nuevos planes y aspiraciones tienen como agrupación, hacia dónde van?

En El Sol de los Venados dejamos muchas vías abiertas. Entre ellas, una posibilidad es seguir explorando más la música colombiana. Hay mucho por ir hacia allá. Seguir trayendo influencias, seguir incorporando eso a nuestro proyecto. Vamos a tratar de mantener el formato de miniaturas, pero esta vez en un álbum mucho más largo, mucho más completo. El resto creo que se va a ver en el estudio –como vaya pasando–, ver orgánicamente qué funciona y qué no mientras grabamos. Ahí, más que todo el tema texturas, de instrumentos. Ya teniendo algo más o menos escrito, puedes ver cómo puede sonar, cómo queremos que suene, que es el paso que hace falta. Por junio estamos grabando, tal vez para agosto esté completo.

Muchas gracias Francisco, ha sido un placer hacerle esta entrevista.

Daniel, muchas gracias.