Laocoonte, el sacerdote que no pudo salvar Troya.

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Nos situamos justo en la Guerra de Troya. Tras años de asedio a la urbe, Ulises ideó un plan para poder penetrar en la ciudad sin ser vistos. Construyeron un enorme armatoste en cuyo interior se metieron los mejores soldados. Los griegos fingieron que se retiraban de vuelta a casa explicando que la diosa Atenea los había castigado. Así, cuando los troyanos abriesen las puertas y aceptasen el regalo, los soldados destruirían la ciudad.

Según la Eneída de Virgilio, Laocoonte fue un sacerdote de Apolo troyano casado con Antiopa y que tenía dos hijos.  Fue el único habitante de Ilión que dudó del regalo que los griegos hicieron a la ciudad: un caballo de madera atestado de soldados aqueos. Este sacerdote, clamando “ Timeo Daneos et dona ferentes”( Desconfío de los griegos incluso cuando traen regalos) propuso que quemasen el obsequio.

Los jefes de la ciudad debatieron sobre el presagio del sacerdote. Laocoonte, sin embargo, no se quedó parado, pues a partir de ese momento comenzó a tirar  palos incendiarios para quemar el caballo. Al instante aparecieron dos serpientes, Porce y Caribea, enviadas por el dios Poseidón (otros dicen que fue Atenea), que estrangularon a Laocoonte y a sus hijos.

Los troyanos interpretaron la muerte del sacerdote como un buen presagio, y sin cuestionarse, aceptaron el regalo. El resto es historia. Aquella noche, los griegos salieron del gran caballo y arrasaron Troya, devastándola hasta sus mismísimos cimientos.

El autor Virgilio explica que Laocoonte fue penado por profanar el obsequio de una deidad. Otra versión cuenta que Apolo le castigó por casarse y tener hijos.

Ese fue el final de la única persona que en ningún momento se fió de los griegos y que permaneció firme a sus convicciones. Desgraciadamente, con la muerte de Laocoonte Troya también conoció su final.

Escritor/Editor/Redactor: Kerstin Stanne. 

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