Entrevista a Osuna y Leña

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Por: Hyacintho Sol

«Cantó en el cielo el azul de la noche
y el ruiseñor huyó al umbral del tiempo».

Jorge Gaitán Durán

Osuna y leña es la musicalización de un paisaje. Su poesía y melodías retratan la belleza y sosiego de la altiplanicie cundiboyacense, de sus valles y atardeceres. Pero su sed de saberes no se conforma con las aguas que ofrecen estas tierras, sus raíces también se hunden en dominios ibéricos en busca de memorias lejanas.

La semilla de esta banda fue sembrada una tarde boyacense. La evocadora puesta de sol ha inspirado desde entonces a tres jóvenes bogotanos: Antonio Espinosa, Manuela Cano y Francisco Fernández, que apuestan por un neofolk con aire post-rockero, y distinguido por su bucolismo melancólico. Ós i fusta fue una tentativa inicial, en clave catalana, de descifrar aquella pulsión creativa, esa nueva sensibilidad de los pequeños relatos. Finalmente se decidieron por Osuna y Leña, eso sí, sin olvidar todo ese acervo lingüístico que hace de España un país culturalmente variopinto.

Ahora que lo pienso, los breves temas de su primer EP, El Sol de los Venados, me sugieren alguna sintonía con el concepto nipón de mono no aware: aquella contemplación poética de lo efímero. De esos instantes de la vida, colmados de sentido, que sin embargo colapsan ante la sobreviniente cotidianidad. Las guitarras de Antonio y Francisco y la apacible voz de Manuela, nos revelan algo de ese ánimo contemplativo.

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Desde luego, todas estas impresiones me motivaron a saber más. Entrevistarles sería interesante.

Felizmente, una soleada tarde de Semana Santa quedé con Francisco, quien amablemente resolvió mis preguntas en una tradicional librería-café de Bogotá…

¿Cómo inició este proyecto musical?

Realmente todo comenzó una tarde, una tarde en Boyacá. Estábamos viendo el atardecer con Antonio Espinosa, el otro guitarrista, y pensamos: «alguien tiene que hablar de esto, esto tiene que quedar registrado en algún lugar…, el campo boyacense y nuestra forma de vivirlo y de experimentarlo». Y ahí fue donde nació la idea del primer disco que se llama El Sol de los Venados, un tema recurrente en la poesía colombiana; queríamos darle vida con nuestra música.

Entiendo que esto es un proyecto alterno, si se puede decir, de la banda Cóndor (Death-Doom Metal), y que de cierto modo, también se rescatan un poco las temáticas que maneja esta banda. ¿Cómo ha sido la transición entre Cóndor y Osuna y Leña?   

Más que todo musicalmente. Es lo más extraño. Porque cuando tocamos con Cóndor se siente una atmósfera bélica, de combate… la sangre hierve; y es muy diferente a tocar una música que está mucho más relacionada con el campo colombiano, que también es un lugar violento pero también tiene su calma, sus momentos de quietud y de silencio. Que es un poco lo que trata de recoger esta música.

Resulta fuera de lo común que una agrupación colombiana tenga una evidente influencia del neofolk europeo, ¿Por qué decidieron emprender este camino hacia este estilo de música, muy exótica para Colombia?

No sabría cómo responderle, la verdad. Creo que ha sido el tiempo y un montón de coincidencias las que nos terminaron llevando hacia el neofolk. Y eventualmente, por algún motivo, pareció un lenguaje adecuado para hablar de lo que nos estaba pasando. Más que una decisión consiente, fue un impulso irracional. Simplemente terminó ocurriendo.

¿Qué bandas influenciaron a Osuna y Leña?

Por lo menos de mi parte, en la que más pienso cuando toco es en Vàli, de Noruega. También está Lönndom, una gran banda. Y otros muchos grupos de neofolk también. En cierta parte, especialmente en la técnica de la guitarra, hay mucha influencia de grupos de post-rock como Explosions in the Sky…, Mogwai. Y bueno, también hay mucho de metal, en la atmósfera y el sonido, como la textura de ciertas guitarras acústicas del black metal.

¿Cómo fue el proceso compositivo de El Sol de los Venados?

Comenzamos a hacer una pequeña estructura de cómo podrían funcionar unas miniaturas sobre el atardecer, empezamos a componer cosas y a encontrar canciones que se acoplaran a esa estructura, que funcionaran bien entre ellas, todo en relación con esa idea del atardecer boyacense. Las letras fueron saliendo a medida que salía el proceso…

O sea, fue paralela la composición musical y la elaboración de las letras.

Sí, fue paralelo. En algunos casos, teníamos una letra y pensábamos en una música que se ajustara a ese formato.

Entiendo que este primer lanzamiento fue exclusivamente en línea, de ser así ¿tienen proyectado hacer un lanzamiento en formato físico?

Sí, tenemos pensado sacar en formato físico. Estamos todavía recaudando fondos para poder hacer la impresión. No solo en CD, también en vinilo, podría ser una buena idea. Estaría mucho más restringido en copias por los precios, pero creo que sería estéticamente mucho más agradable.

Escuchando las canciones de Osuna y leña, uno puede observar que hay una gran influencia de tradiciones ibéricas en las letras, ¿a qué se debe esta influencia de tradiciones gallegas o vascas?

Parte del mismo proyecto de Cóndor y Osuna. Es reinterpretar lo qué es nuestra historia, la historia colombiana, y eso implica también reinterpretar de dónde venimos y la lengua que hablaron nuestros antepasados; rescatarla de alguna forma y darle un sentido propio. Son lenguajes que además tienen un potencial poético increíble, muy «explotable». Lastimosamente no hemos escrito nada en vasco todavía, pero es uno de los proyectos que tenemos. Por la cantidad de vascos que llegaron a Colombia, es importante reconocer que son como una sombra en las migraciones que llegaron, de las que casi no se habla. Un capítulo silencioso de nuestra historia.

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De izquierda a derecha: Francisco Fernández, Antonio Espinosa y Manuela Cano.

La letra de la canción «El Regreso», es de hecho un poema de Jorge Gaitán Durán. Esto me lleva a preguntar: ¿Qué otras fuentes literarias han inspirado a Osuna y Leña?

Es una pregunta complicada. Es un proceso que viene de muchísimos sitios. Jorge Gaitán Durán es de las principales influencias. Él tiene una sonoridad muy colombiana, por extraño que suene eso. «El Regreso» es un poema que, creo yo, tiene una sonoridad que solo tiene sentido en un colombiano. Otro gran escritor, cuya influencia no es tanto formal sino filosófica, es Nicolás Gómez Dávila, que es realmente el núcleo compositivo de lo que queremos hablar…

Pero qué interesante, un escritor (Gaitán Durán) muy liberal y el otro (Gómez Dávila) más hacia el lado conservador. Eso suena muy interesante para una banda. No hay un miramiento político, simplemente son las fuentes literarias y la belleza que hay detrás de sus escritos, independientemente de su filiación política.                    

De acuerdo, si hay una filiación política es implícita y como una consecuencia de ciertas consideraciones formales que tenemos del mundo, más que una postura que tomemos a priori sobre él. Gómez Dávila también tiene una particularidad, y es de las influencias que se podrían hablar de él: el tema de las miniaturas, de las pequeñas cosas y el espacio. El manejo de situaciones más bien frecuentadas.

Y yendo a otras influencias literarias, por lo menos de mi parte, comencé con las vanguardias surrealistas, pasé por toda la épica medieval, por mucha poesía medieval, que es de donde sacamos las formas líricas y poéticas que usamos. Las influencias podrían ser millones, es una lista de la que no podría dar cuenta.

¿Cómo fue la experiencia de abrir a Antimatter en el último concierto?

Fue espectacular, la verdad. No pudo ser una mejor audiencia, fue un público muy atento, que se dejó contagiar por la atmósfera que les estábamos brindando. Muy abiertos a bandas nuevas, que fue de las cosas más fascinantes: tener una audiencia que quisiera escuchar eso y que realmente estuviera tan pendiente de nuestra música. Fue una oportunidad espectacular, sin duda, y no podríamos estar más agradecidos con Nelson Varela (organizador del evento), que nos dio la oportunidad de hacer eso.

¿Ustedes lo contactaron a él o él los contactó a ustedes?      

Él nos contactó a nosotros, por medio de… Guarín, otro melómano curioso que encontró nuestra banda. Y unos días antes de que fuera el concierto, habló con Varela y le gustó Osuna y Leña, y pensó que podríamos ser buenos teloneros. Y bueno, esa fue la historia.

¿Qué nuevos planes y aspiraciones tienen como agrupación, hacia dónde van?

En El Sol de los Venados dejamos muchas vías abiertas. Entre ellas, una posibilidad es seguir explorando más la música colombiana. Hay mucho por ir hacia allá. Seguir trayendo influencias, seguir incorporando eso a nuestro proyecto. Vamos a tratar de mantener el formato de miniaturas, pero esta vez en un álbum mucho más largo, mucho más completo. El resto creo que se va a ver en el estudio –como vaya pasando–, ver orgánicamente qué funciona y qué no mientras grabamos. Ahí, más que todo el tema texturas, de instrumentos. Ya teniendo algo más o menos escrito, puedes ver cómo puede sonar, cómo queremos que suene, que es el paso que hace falta. Por junio estamos grabando, tal vez para agosto esté completo.

Muchas gracias Francisco, ha sido un placer hacerle esta entrevista.

Daniel, muchas gracias.

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