Crítica: The Revenant / El monumento camino al Óscar

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Por: Hyacintho Sol

THE REVENANT Copyright © 2015 Twentieth Century Fox Film Corporation. All rights reserved. THE REVENANT Motion Picture Copyright © 2015 Regency Entertainment (USA), Inc. and Monarchy Enterprises S.a.r.l. All rights reserved.Not for sale or duplication.

Una de las escenas que me superó. Copyright © 2015 Twentieth Century Fox Film Corporation.

Estremecedora y fría si se quiere, pero grandilocuente, y no sobran los adjetivos con esta película. La última obra de González Iñárritu es muestra del genio labrado junto a Lubezki para cincelar una historia. Las impresionantes tomas de paisajes crepusculares y de sus atribulados moradores se hacen al protagonismo de tal modo, que algunas escenas resultan crípticas. Ciertamente, ambos cineastas privilegian la imagen sobre otros recursos narrativos. Vemos la mayor parte del tiempo a un Leonardo DiCaprio silente y delirante, pero la magia de su interpretación se devela en su semblante y en esa coreografía trepidante con un entorno hostil, para sobrevivir al infortunio y a la deslealtad. Su mirada siempre nos deja claras sus intenciones: esta es una historia de supervivencia y venganza.

Basada parcialmente en la novela histórica de Michael Punke, The Revenant cuenta la travesía del célebre trampero Hugh Glass (DiCaprio) quien a principios del siglo XIX se aventura junto a un contingente de exploradores en la cuenca alta del río Misuri. En una mala pasada del destino, Glass queda malherido al tropezar en solitario con una agresiva osa grizzli. Aquí el relato toma un cariz legendario del que Iñárritu se sirve para crear una historia sobre el desencuentro de colonos norteamericanos y tribus nativas en un entorno tan adverso como majestuoso. En efecto, esta es la Norteamérica en los albores de la salvaje expansión al oeste, y el Hugh Glass aquí personificado está en medio de la pugnaz concurrencia de ambos mundos. Con un hijo mestizo y un pasado sombrío a cuestas, intenta sobrellevar sus jornadas de caza valiéndose de su especial destreza como merodeador en tierras indómitas. No obstante, las desgracias se ciernen sobre la compañía desde muy temprano, hasta que se baten sobre él y sobre Hawk (Forrest Goodluck), su único hijo.

La simbología en torno al «renacimiento» es recurrente, tanto que algunos pasajes caen en lo esotérico. Y justamente algunos críticos han encontrado pretenciosa esta apuesta por la imagen, que eventualmente reduce la trama al puro estilo, y que emocionalmente poco transmite sobre la desventurada odisea de Glass. La sabiduría popular alega que una imagen vale más que mil palabras, pero desde Birdman conocemos la propensión de Iñárritu por entronizar lo visual en sus historias. No es gratuita la sensación de que en esta última entrega, el guion es más bien incidental y ciertamente, carece de la fuerza y originalidad que conocimos en Birdman.

El nuevo consentido de Hollywood tiene fama de megalómano y la soberbia es el alma de toda megalomanía. El variopinto anecdotario sobre el embate de las locaciones inhóspitas durante la producción, o la insistencia en grabar con luz natural, son buenos indicios de su prodigiosa arrogancia. Sin embargo, no es la primera vez que un director somete a su equipo a las inclemencias de su imaginación, recordemos a Fitzcarraldo (1982) de Herzog o Apocalypse Now (1979) de Ford Coppola, todavía legendarias por la brutalidad de las condiciones de rodaje. Seguramente para algunos, una comparación a todas luces herética, sin embargo con el tiempo conoceremos el verdadero legado cinematográfico de El Renacido.

En alguna ocasión Iñárritu aseguró que este filme merecía ser visto en un templo. De hecho fue concebido así, como un recinto monumental, enorme, y en este sentido, está para ser contemplado, solo eso. El Renacido es una suerte de misterioso templo, y no propiamente uno erigido a la humildad de su creador. ¡Ah!, pero éstos también se alzan en medio de la Amazonía o de las selvas filipinas. Solo algunos «elegidos» pueden con semejantes proezas.

Por supuesto, El Renacido es una película dependiente de la sala de cine, de otro modo pierde parte de su encanto. Vale la pena verla allí, en su completo esplendor; si bien no es para todo el mundo e incluso algunos mortales no podamos dimensionar a cabalidad su simbolismo. Pero también vale la pena por las excepcionales actuaciones de DiCaprio y de Tom Hardy, quien interpreta a John Fitzgerald; o por aquellas escenas memorables, con toda la magia detrás de su composición, como el casi obsceno ataque de la osa. Inclusive, por aquellas fantásticas escenas numinosas, que seguramente caerán en el pozo de nuestro subconsciente, y con suerte volverán reveladas entre sueños.

Ya que lo pienso, me resultan interesantes algunas similitudes conceptuales con el Abrazo de la Serpiente, además de las singulares circunstancias en que ambas fueron grabadas. Asimismo, coinciden en la gala de los Premios Oscar.

A propósito, veré esta premiación por la curiosidad de saber si dejan nuevamente a DiCaprio con los crespos hechos; si Iñárritu, «el arquitecto», gana de nuevo los galardones a mejor película y dirección; o si Lubezki gana su tercer consecutivo a mejor fotografía. Como para alquilar balcón.

 

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